
El ámbar dominicano: la piedra del sol del Caribe
Dentro de un trozo de ámbar dominicano del tamaño de la falange de un dedo puede esconderse un mosquito entero, una hormiga o una flor, detenidos en el tiempo hace veinticinco millones de años. No es un mineral en sentido estricto, sino resina de árbol fosilizada, y dentro de ella suele descansar intacto un pedazo de un bosque que ya no existe en ningún lugar del planeta. Por eso al ámbar rara vez se le llama piedra: se le llama una máquina del tiempo que se puede llevar al cuello.
Qué es realmente el ámbar dominicano: química y física de la piedra
El ámbar no es un mineral, sino una sustancia orgánica amorfa: resina fosilizada de árboles antiguos que ha pasado por una polimerización completa. No tiene red cristalina ni una fórmula química fija. Su base son el carbono, el hidrógeno y el oxígeno en proporciones variables, además de ácidos resínicos, terpenos y una pequeña parte de ácido succínico. Por eso el ámbar se clasifica como un mineraloide, un cuerpo natural de origen mineral pero sin estructura cristalina.
Composición, dureza y densidad
En la escala de dureza de las gemas, el ámbar se sitúa en lo más bajo: de 2 a 2,5 en la escala de Mohs. Es más o menos la dureza de una uña y un poco más que el yeso. Cualquier piedra más dura que comparta el mismo joyero le dejará un arañazo. La densidad del ámbar es muy baja para una gema, en torno a 1,05 a 1,10 g/cm³. Esta cifra tiene un uso muy práctico: el ámbar se hunde en agua dulce pero flota en una solución saturada de sal, y sobre eso se basa la prueba casera de autenticidad más fiable.
Su punto de fusión es bajo. Ya a 150 o 180 °C el ámbar se ablanda, y con un calor fuerte arde con una llama brillante y humeante que despide un olor resinoso, a pino y vainilla. También esto es una señal de diagnóstico: el plástico huele a sintético quemado, mientras que el copal y el ámbar prensado dan una nota química más áspera.
Óptica: índice de refracción, brillo, fluorescencia
El ámbar es amorfo, así que es ópticamente isótropo. No presenta birrefringencia ni el pleocroísmo propio de las piedras cristalinas. El índice de refracción es modesto, cerca de 1,54, y no tiene nada del fuego y la dispersión de un diamante. El brillo es resinoso y suave, ligeramente ceroso sobre una superficie pulida. Aun así, el ámbar responde de forma viva a la luz ultravioleta: el dominicano brilla en azul, más raramente en verdoso, gracias a los compuestos aromáticos de la resina. Es esa fluorescencia azulada la que da lugar al famoso efecto del ámbar azul del que se habla más abajo.
Los antiguos griegos apreciaban otra propiedad: frotado contra lana, el ámbar se carga eléctricamente y atrae pajitas ligeras y pelos. La palabra griega para el ámbar, elektron, acabó dando nombre a la electricidad.
Cómo se forma el ámbar en la naturaleza
Un árbol vivo segrega resina para defenderse de insectos, hongos y de los daños en la corteza. Las gotas de resina resbalan por el tronco, caen al suelo y, por el camino, atrapan todo lo que se pega: bichos, polen, hojas, trozos de corteza. Después los sedimentos sepultan la resina bajo arena, arcilla y limo. Bajo esas capas, sin acceso al oxígeno, empieza la polimerización: las moléculas orgánicas dispersas se enlazan en cadenas largas. La resina se endurece, pierde sus componentes volátiles, se oscurece y se vuelve más densa.
El proceso se extiende a lo largo de millones de años y pasa por tres etapas. Primero la resina pegajosa se convierte en un material duro pero aún inmaduro, el copal. Luego se marcha el resto de las sustancias volátiles y la masa se vuelve densa y semitransparente. Por fin la polimerización se completa y se obtiene el ámbar: químicamente estable, insoluble en alcohol y acetona, a diferencia del copal joven. Por eso aquí la edad lo decide todo. El ámbar dominicano tiene unos 25 millones de años, y en ese tiempo la resina ha llegado a ser un material plenamente fosilizado.
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Origen y geología del ámbar dominicano
El ámbar dominicano es fruto de una rara coincidencia de condiciones: el árbol adecuado, un clima tropical húmedo, el rápido enterramiento de la resina y unas capas geológicas tranquilas que la conservaron hasta nuestros días.
El árbol que nos dio el ámbar
La fuente de casi todo el ámbar dominicano fue un árbol extinto, Hymenaea protera, una especie tropical grande emparentada con el género actual de leguminosas Hymenaea, que todavía crece hoy en Centroamérica y Sudamérica. En el antiguo bosque húmedo, bajo la presión constante de insectos y hongos, este árbol producía resina con especial abundancia. La resina era viscosa y se endurecía deprisa en la superficie, y eso marcó el rasgo principal del ámbar dominicano: gran transparencia y una rara riqueza de inclusiones bien conservadas.
La geología de la isla
La Española es una isla geológicamente activa, levantada en el punto de encuentro de las placas tectónicas norteamericana y caribeña. Hace unos 25 millones de años, en el Oligoceno tardío y el Mioceno temprano, un bosque tropical húmedo cubría el territorio de lo que hoy es la República Dominicana. La resina de la Hymenaea se acumulaba en sedimentos costeros y fluviales, y luego quedó enterrada bajo capas de arenisca y limolita. Más tarde, los movimientos tectónicos elevaron esas capas hasta las montañas de la costa norte, donde hoy se extrae el ámbar.
Por qué los insectos se conservan tan bien dentro
Cuando un insecto caía en la resina fresca, esta lo envolvía al instante y expulsaba el aire. Sin oxígeno, las bacterias y los hongos no podían iniciar la descomposición. Luego la resina se endurecía y formaba alrededor del cuerpo una cápsula hermética, y el caparazón de quitina, a veces incluso tejidos más finos, se conservaba durante millones de años. La viscosidad de la resina de la Hymenaea y la rapidez con que fraguaba dieron al ámbar dominicano una proporción inusualmente alta de organismos enteros y bien visibles, mayor que la del ámbar de la mayoría de las demás regiones. Sobre cómo el ámbar con inclusiones guarda ecosistemas antiguos enteros conviene leer aparte.
Los yacimientos
El ámbar se extrae en varias zonas de la isla, y cada una da una piedra con su propio carácter.
- La Cordillera Septentrional, provincia de Puerto Plata (zona de La Cumbre), la fuente principal y más conocida. De aquí procede la mayor parte del ámbar transparente y casi todos los hallazgos con inclusiones de interés científico. La extracción es artesanal: túneles estrechos cavados a mano en las montañas por familias locales.
- Las minas del este (zona de El Seibo), depósitos en una formación sedimentaria más joven. La piedra es algo más frágil y exige un trabajo cuidadoso, pero entre ella aparecen trozos grandes y limpios. Estos yacimientos ganan importancia a medida que se agotan los del oeste.
- Otros puntos del norte dan un ámbar oscuro y ahumado que va más a la joyería que a la ciencia.
La mayor parte del ámbar dominicano se extrae a mano, y el camino desde la mina hasta el escaparate pasa por muchas manos: mineros, clasificadores, pulidores, mayoristas, exportadores. Esa es una de las razones por las que una buena piedra cuesta tanto.
En qué se diferencia el ámbar dominicano de los demás
El ámbar se encuentra en muchas partes del mundo, pero las condiciones de su formación son distintas en cada lugar.
- El báltico, más antiguo, de unos 35 a 50 millones de años, se formó a partir de la resina de coníferas en un clima más frío. Suele ser más turbio, contiene más ácido succínico y las inclusiones son más raras.
- El birmano (burmita), el más antiguo, de unos 99 millones de años, de edad cretácica, contiene a menudo organismos prehistóricos únicos, pero su extracción está ligada a los problemas éticos y políticos de la región.
- El mexicano, el pariente más cercano del dominicano: también procede de resina de Hymenaea, de edad parecida, también transparente y rico en inclusiones. Distinguirlos puede ser difícil incluso para un especialista.
El ámbar dominicano ocupa su propio nicho: lo bastante antiguo para guardar organismos de especies del todo extinguidas y, a la vez, sin degradar a nivel molecular, transparente y rico en inclusiones.
La historia del ámbar dominicano
La historia de esta piedra se compone de épocas concretas, y conviene separar lo bien documentado de las leyendas posteriores.
Los primeros pobladores de la isla
Mucho antes de la llegada de los europeos, el ámbar era conocido y valorado por los pueblos indígenas del Caribe. Los hallazgos arqueológicos de la costa norte muestran colgantes de ámbar con agujeros perforados a mano: se taladraba girando un hueso afilado con arena como abrasivo, y el trabajo llevaba días. El ámbar se asociaba al sol por su color cálido, se llevaba como adorno y como signo de estatus. Estos son hechos bien atestiguados; todo lo demás que a veces se añade sobre rituales y trances son invenciones posteriores sin ningún respaldo.
Colonización y comercio
Después de 1492 el ámbar entró en el intercambio comercial entre los isleños y los europeos. Se conserva la mención de que los adornos de ámbar pasaban de mano en mano junto con las mercancías europeas. Desde allí la piedra fluyó hacia Europa, donde acabó en los gabinetes de curiosidades de la nobleza, salas atestadas de maravillas de todo el mundo. Un trozo transparente con un insecto dentro era una pieza codiciada, objeto de orgullo y de curiosidad científica.
El ámbar y la medicina del pasado
En la Europa medieval y renacentista se recetaba el ámbar para las enfermedades de la garganta y se le tenía por remedio contra muchos males. El razonamiento era ingenuo: la piedra amarilla se asociaba con el oro y con la salud. La ciencia moderna no ha hallado ningún mecanismo curativo en el ámbar, sobre lo que se dirá más en el apartado del simbolismo.
El siglo de la ciencia
Con la difusión de las ideas sobre la evolución y la edad geológica de la Tierra, el ámbar alcanzó un nuevo rango como documento físico. Si las especies de insectos de su interior diferían de las vivas, era que la vida había cambiado con el tiempo. A finales del siglo diecinueve, describir nuevas especies fósiles a partir del ámbar se había convertido en una rama respetada de la ciencia, y el dominicano se valoraba sobre todo por la nitidez con que conservaba los organismos.
El siglo veinte
La extracción industrial sistemática en el norte de la isla empezó a mediados del siglo veinte, una vez que los geólogos describieron los yacimientos del norte. Antes de eso, el ámbar dominicano seguía siendo poco conocido frente al báltico. El interés por él creció de golpe después de que la cultura popular fijara la imagen del ámbar que guarda ADN antiguo. La imagen es bella, pero fantástica: el ADN se descompone en plazos mucho más cortos, y recrear con él un organismo vivo es imposible.
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Tipos y tonos del ámbar dominicano
Las palabras ámbar dominicano evocan la imagen de una piedra transparente de color amarillo miel, pero la paleta real es mucho más amplia. El tono depende de la composición de la resina, de sus impurezas y de las condiciones en que se endureció.
Los colores principales
- Amarillo y miel, el más común y clásico. Transparente, deja pasar la luz de maravilla y muestra bien las inclusiones.
- Marrón y ahumado, cuando la resina se endureció en un entorno rico en restos vegetales; las partículas finas dispersan la luz y la piedra es semitransparente u opaca. Apreciado en joyería por su color profundo.
- Rojo, surge de la oxidación de compuestos orgánicos, a menudo ligado al estrés del árbol. Más raro que el amarillo.
- Naranja, un tono intermedio entre el amarillo y el rojo.
- Lechoso (ceroso), contiene multitud de microburbujas de aire y parece nublado.
- Negro, saturado al límite de material orgánico y por completo opaco.
Los colores raros
El ámbar azul, la carta de presentación de la República Dominicana y una de las variedades de ámbar más raras del mundo. Con luz normal parece un amarillo corriente, pero sobre un fondo oscuro o azul, y sobre todo bajo el sol directo, se enciende con un resplandor azul frío. No es un pigmento, sino fluorescencia: los compuestos aromáticos de la resina absorben el ultravioleta y lo reemiten en azul. La República Dominicana es generosa con las gemas azules raras en general: es el único lugar donde también se extrae el larimar, la variedad azul de la pectolita. El ámbar verde y el violeta son aún más raros que el azul y también están ligados a compuestos luminiscentes especiales.
Fluorescencia y efectos ópticos
El resplandor azul bajo el ultravioleta se valora tanto por su belleza como por ser una importante señal de diagnóstico. Las imitaciones de plástico no suelen brillar en absoluto, o brillan de otro modo, con un tono plano y apagado. El ámbar natural muestra además efectos internos: finas grietas en forma de disco (las llamadas lentejuelas o destellos solares) que aparecen al encogerse la piedra, y el suave brillo ceroso de una superficie ligeramente oxidada. Todo eso son señales de origen natural.
Cómo distinguir el ámbar auténtico de las falsificaciones y de los materiales parecidos
El mercado del ámbar está lleno de imitaciones: plástico teñido, resinas sintéticas, virutas prensadas que se hacen pasar por una piedra entera, y copal vendido como ámbar. Unas cuantas pruebas sencillas descartan la mayoría de las falsificaciones.
- Solución salina. Disuelve cerca de una cucharada de sal en un vaso de agua. El ámbar auténtico flota (su densidad es menor que la del agua salada), mientras que la mayoría de los plásticos se hunden. La prueba casera más fiable.
- Ultravioleta. El ámbar dominicano brilla en azul o verdoso. El plástico no suele brillar, o da un tono ajeno.
- Olor por fricción. Frota la piedra con energía con un paño de lana hasta que se caliente y acércala a la nariz: el ámbar auténtico desprende un aroma resinoso, a pino y vainilla. No hace falta calentarlo de forma destructiva.
- Carga estática. El ámbar frotado atrae pajitas pequeñas y pelos; el plástico no se comporta así.
- La prueba del disolvente delata el copal. Una gota de alcohol o acetona vuelve pegajosa la superficie del copal joven; el ámbar maduro la resiste.
- El ámbar prensado se delata bajo aumento por unas burbujas alargadas, como fluyendo, y por los límites borrosos entre las partículas fundidas. En una piedra entera las burbujas son redondas y la estructura uniforme.
La señal principal de un ámbar azul falso es un resplandor uniforme en todo el volumen en lugar de la fluorescencia natural sobre un fondo azul y bajo el ultravioleta. Una piedra cara conviene comprarla solo a vendedores de confianza y, a ser posible, con certificado.
Cuidado del ámbar
El ámbar es blando y más sensible a su entorno que la mayoría de las gemas, así que el cuidado importa más que con las piedras duras. Una dureza de 2 a 2,5 significa algo sencillo: el ámbar se raya con facilidad y no soporta un uso intenso.
Limpieza
Basta con frotar la piedra con un paño suave y seco. Si hace falta, usa agua templada (no caliente) con una gota de jabón suave y sécala enseguida. Nada de abrasivos, bicarbonato, polvos dentífricos, cepillos duros ni productos de limpieza del hogar: enturbian y rayan la superficie. Los perfumes, las lacas y las lociones con alcohol corroen el ámbar: ponte la joya solo después de que los cosméticos se hayan secado sobre la piel.
Conservación
Guarda el ámbar aparte de las piedras duras y del metal, en una bolsita de tela suave o en un compartimento separado del joyero. Evita el sol directo, la cercanía de radiadores y el aire muy seco: la desecación lleva al enturbiamiento y a una red de grietas finas. No tengas la piedra mucho tiempo en una bolsa de plástico hermética; necesita un aire moderadamente húmedo. Y protege el ámbar de los cambios bruscos de temperatura: son estos, más que el calor o el frío en sí, los que más a menudo lo agrietan.
Cómo influye la dureza en el uso
Por su blandura, los anillos y las pulseras con ámbar se desgastan más deprisa, ya que las manos están en contacto constante con las superficies. Los colgantes y los pendientes duran más. Para un uso frecuente, elige el ámbar en un engaste protector donde el metal reciba los golpes, y quítate la joya al trabajar con las manos, al hacer deporte y cerca del agua. Para un anillo de pedida de diario, el ámbar no es la mejor elección: una piedra dura perdona los descuidos, el ámbar no.
El simbolismo del ámbar dominicano: qué hay detrás
El ámbar tiene un rico simbolismo cultural, y conviene conocerlo como parte de la historia de la joyería, no como una guía de actuación. En distintas tradiciones el ámbar se asociaba al sol por su color cálido y se tenía por piedra de calor, protección y memoria. Un mito griego lo llamaba las lágrimas petrificadas del dios del sol. En la Europa medieval se recetaba para las enfermedades de la garganta.
Aquí conviene hablar con claridad: el ámbar no tiene ningún efecto curativo ni mágico probado. La ciencia moderna no ha hallado ningún mecanismo bioquímico por el que la piedra pudiera influir en la salud. El ácido succínico de su composición existe de verdad, pero en una joya no se libera en cantidades significativas y no convierte el ámbar en un medicamento. La práctica popular de los collares de ámbar para la dentición de los bebés no cuenta con la aprobación de la medicina oficial y es peligrosa por el riesgo de asfixia y de ingestión.
Eso no es motivo para menospreciar la piedra. Una auténtica historia antigua, un calor palpable y una belleza irrepetible bastan para querer el ámbar sin atribuirle lo que no hace.
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Con qué llevar el ámbar dominicano
El ámbar es una piedra cálida y viva, y el conjunto a su alrededor se construye a partir de ese calor. Casi siempre se lee como un acento y no como un fondo, así que la ropa que se le elige se mantiene sobria, para darle a la piedra espacio donde brillar.
Para un día cualquiera, nada funciona mejor que un colgante pequeño y transparente en un tono miel o dorado sobre una cadena fina de plata. Va bien con una camisa blanca, un vestido de lino, un jersey sencillo de punto grueso. El ámbar claro y transparente es de carácter diurno: ligero y soleado, da vida a un armario sobrio sin alboroto. Sienta bien sobre un fondo liso, sobre todo blanco, beis, gris y verdes apagados.
Para la oficina, el ámbar funciona en una forma contenida: pendientes de botón con una pequeña inserción o un anillo discreto en engaste de plata. Aquí importa la mesura, una sola pieza y no tres. Un cuello cerrado o un escote poco profundo le dejan al colgante su espacio, y no riñe con la ropa de trabajo.
Para una salida de noche se luce el ámbar oscuro, rojo y ahumado. Con luz artificial se vuelve más profundo y expresivo, por eso es justo el que pide un vestido de noche. Un escote en pico o un cuello despejado alargan la línea y ponen la piedra en primer plano. Para una ocasión especial puedes permitirte un trozo grande engastado, o un raro ámbar azul que se enciende con un resplandor frío y atrae la mirada sin remedio.
En cuanto al metal, el ámbar se lleva bien con los tonos cálidos: el oro amarillo crea un efecto de unidad, mientras que la plata da un contraste suave y realza el color miel. Cuando lleves varias piezas a la vez, deja el ámbar como acento principal y elige los colgantes vecinos más finos y sencillos, para que no rocen la piedra blanda. Por textura queda más natural con tejidos naturales: el lino, el algodón, la lana y la seda dialogan con la naturaleza de la piedra. Entre las demás gemas, el ámbar combina bien con el cuarzo cristal (un contraste claro), la cornalina (paleta cálida) y la perla (material orgánico afín), mientras que junto a piedras brillantes y vivas como el rubí o la esmeralda se pierde.
Dos consejos para terminar: en verano lleva el ámbar claro y transparente, y al acercarse el otoño el oscuro y rojo, y no recargues el conjunto, una sola pieza expresiva de ámbar casi siempre basta.
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El ámbar en la joyería: tipos de piezas
Colgantes es el formato más frecuente. Un colgante con inclusión es único: dentro del ámbar transparente se ve un organismo antiguo, y no hay dos iguales. Los colgantes sin inclusiones lucen más limpios y serenos. Sobre una cadena fina de plata, ese colgante apenas roza las superficies y por eso se desgasta más despacio que nada.
Pulseras las hay de dos tipos: de cuentas de ámbar ensartadas y de un trozo grande en engaste de metal. Las cuentas son la opción tradicional; el engaste protege la piedra y conviene a quien valora lo sobrio. Una pulsera en la muñeca recibe más golpes que un colgante, así que para ella es preferible un diseño protector.
Anillos con ámbar son llamativos y expresivos, pero son justo los que se desgastan más deprisa. Para que un anillo dure más, elige un engaste en el que la piedra quede hundida y resguardada por el metal en lugar de sobresalir de la superficie.
Pendientes y broches. Los pendientes de botón con una pequeña inserción quedan sobrios, los de gota más expresivos. Los broches de ámbar son más raros y por eso lucen especialmente personales, dando un acento cálido a un abrigo o a una chaqueta.
Sobre el material en sí dentro de la joyería se escribe en detalle en un artículo aparte sobre el ámbar en la joyería.
Preguntas frecuentes sobre el ámbar dominicano
¿Cuántos años tiene el ámbar dominicano?
Unos 25 millones de años: se formó en el Oligoceno tardío y el Mioceno temprano a partir de la resina del árbol extinto Hymenaea protera. A modo de comparación, el ámbar báltico es más antiguo (unos 35 a 50 millones de años), y el birmano, de unos 99 millones de años, es de edad cretácica.
¿Es el ámbar una piedra preciosa?
En sentido geológico estricto, el ámbar no es un mineral, sino un mineraloide: resina orgánica fosilizada sin red cristalina. En la clasificación joyera se agrupa con las gemas orgánicas, como la perla y el coral. Se considera precioso en el sentido cotidiano por su rareza, su belleza y su historia.
¿En qué se diferencia el ámbar dominicano del báltico?
El dominicano es más joven, por lo general más transparente, más rico en inclusiones bien conservadas y brilla en un azul más intenso bajo el ultravioleta. El báltico es más antiguo, más a menudo turbio y contiene más ácido succínico. A simple vista, incluso los especialistas los confunden a veces.
¿Qué es el ámbar azul y por qué es tan raro?
El ámbar azul se extrae casi en exclusiva en la República Dominicana. Con luz normal parece amarillo, pero bajo el sol directo y sobre un fondo oscuro se enciende con un resplandor azul frío. Es fluorescencia debida a raros compuestos aromáticos de la resina, no un pigmento. Las reservas son muy limitadas, así que los trozos grandes y limpios están entre las variedades de ámbar más valiosas.
¿Se puede extraer ADN de un insecto en el ámbar y resucitar criaturas antiguas?
No. El ADN se descompone en plazos mucho más cortos, y al cabo de millones de años solo quedan fragmentos breves. Los científicos pueden leer tramos sueltos de genomas antiguos con métodos avanzados, pero reconstruir un genoma funcional completo y crear un organismo vivo es imposible. El célebre argumento de cine sobre este tema es ficción.
¿Por qué se conservan tan bien los insectos en el ámbar dominicano?
La resina de la Hymenaea era viscosa y se endurecía deprisa, envolviendo al instante el organismo que caía en ella y expulsando el aire. En el entorno hermético y sin oxígeno la descomposición no empieza, y el cuerpo se conserva durante millones de años con gran detalle.
¿En qué se diferencia el ámbar del copal?
El copal es la misma resina de árbol, pero joven: tiene miles o cientos de miles de años y no ha pasado por una polimerización completa. El copal es más blando, se funde con más facilidad y se disuelve en alcohol y acetona. El ámbar maduro resiste esos disolventes. Algunos vendedores sin escrúpulos hacen pasar a veces el copal por ámbar.
¿Brilla el ámbar bajo el ultravioleta?
Sí. Bajo una lámpara UV el ámbar dominicano brilla en azul, más raramente en verdoso, por los compuestos fluorescentes de la resina. Es una señal cómoda de autenticidad: la mayoría de las imitaciones de plástico brillan de otro modo o no brillan en absoluto.
¿Se oscurece el ámbar con el tiempo, y eso es malo?
Con el tiempo el ámbar se oscurece de forma natural por la lenta oxidación de la superficie y adquiere un tono más profundo. Es la pátina de la edad, que mucha gente valora. Lo único malo es un enturbiamiento y un agrietamiento súbitos, fruto del sol directo, el sobrecalentamiento y los cambios de temperatura.
¿Se puede llevar el ámbar a diario?
Se puede, pero con reservas. Por su blandura, los anillos y las pulseras se rayan deprisa, mientras que los colgantes en cadena larga y los pendientes se desgastan más despacio. Para un uso frecuente, elige el ámbar en un engaste protector y quítate la joya al trabajar con las manos, al hacer deporte y cerca del agua y de los productos químicos.
¿Cómo se limpia el ámbar en casa?
Frótalo con un paño suave, y si hace falta con agua templada y una gota de jabón suave, y sécalo enseguida. Nada de abrasivos, bicarbonato, cepillos duros ni productos de limpieza del hogar. Un repulido a fondo de una piedra rayada o enturbiada déjaselo a un artesano: en casa es fácil quitar de más y dañar una inclusión.
¿Se hunde el ámbar auténtico en el agua?
En agua dulce se hunde, igual que muchas falsificaciones, así que esa prueba no sirve. Pero en una solución saturada de sal (cerca de una cucharada de sal por vaso de agua) el ámbar auténtico flota, porque su densidad es menor que la del agua salada. La mayoría de las imitaciones de plástico se hunden en ella.
¿Le va bien el ámbar a las personas con piel sensible?
El ámbar en sí es inerte y normalmente no irrita la piel. Lo más habitual es que la alergia la provoque el engaste o la cadena, por ejemplo una aleación barata con níquel. Elige el ámbar en plata de ley 925 o en oro y quítate la joya si notas enrojecimiento.
Sobre Zevira
Zevira fabrica joyas a mano en Albacete, España. El ámbar dominicano, antigua resina petrificada con una historia de verdad dentro, es justo el material por el que merece la pena trabajar a mano: cada piedra es única, y lo que le importa al artesano es revelarla, no esconderla en un engaste de plantilla.
Lo que puedes encontrar con nosotros en torno al ámbar:
- Colgantes con ámbar transparente en tonos miel y dorados sobre una cadena fina de plata
- Piezas sobrias donde el ámbar va en un engaste protector y vale para un uso frecuente
- Pendientes de botón y de gota con inserciones de ámbar en tonos cálidos
- Anillos con inserción de ámbar en plata de ley 925 para el día y para la noche
- Combinaciones de ámbar con cuarzo cristal, perla y cornalina en clave de paleta cálida
- Piezas que se convierten en reliquia familiar y pasan de generación en generación
Cada joya la hace un artesano a mano, con la opción de un grabado personal. Plata de ley 925 y oro de 14 a 18K.


















