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Cimaruta: el amuleto napolitano de bruja con forma de ruda

Cimaruta: el amuleto napolitano de bruja con forma de ramita de ruda

La cimaruta es una ramita de ruda hecha en plata y cargada de símbolos diminutos: media luna, llave, serpiente, gallo, mano, flor. Un amuleto napolitano de doble función que protegía a los niños del mal de ojo y a la vez servía como seña secreta de una vieja fe donde reinaba la diosa lunar Diana.

El nombre se lee «chima-ruta» y en dialecto napolitano significa literalmente «la punta de la ruda», cima di ruta. La ruda es una hierba de jardín común, de hojas azuladas y olor penetrante. En el Mediterráneo antiguo se la tenía por una planta capaz de ahuyentar el mal. Los plateros de Nápoles convirtieron la rama de esa hierba en un colgante de plata y colgaron de ella todo un juego de signos protectores.

Si el cornetto es una hoja única contra la mirada envidiosa, la cimaruta es un llavero entero del mundo de la magia popular. En un colgante pequeño caben una diosa antigua, la tradición de brujería del sur de Italia, símbolos cristianos y la fe de una campesina que confiaba en que la plata apartaría la desgracia de la cuna de su hijo.

Por qué precisamente una ramita de ruda

Colgante amuleto de plata del siglo diecinueve
La plata era el metal principal de los amuletos populares: se creía que ahuyentaba la mirada envidiosa.Pendant, 19th century. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

La ruda no es una planta cualquiera. En la Antigüedad se plantaba junto a la casa, se añadía a los remedios, se colgaban manojos sobre la puerta. Se pensaba que agudizaba la vista, purificaba el aire y espantaba a las brujas. Los médicos de la Antigüedad la recetaban para casi todo, y el pueblo llano creía que el jugo amargo de la hierba «quemaba» la mirada envidiosa.

Aquí hay también una paradoja. La ruda protegía de las brujas y a la vez era la hierba de las propias brujas. En la tradición napolitana a la hechicera la llamaban jettatura, y la ruda formaba parte de su arsenal junto con las hierbas de la curandera. Llevar una cimaruta significaba jugar en los dos bandos a la vez: protegerse de la brujería ajena y mostrar que una tampoco estaba indefensa.

Los maestros plateros tomaron la forma de la rama, que en la naturaleza se divide en dos y en tres, y coronaron cada brote con un símbolo. Salió un amuleto que se monta por piezas. A continuación repasaremos, por orden, de qué está compuesto, de dónde viene cada signo, por qué es de plata, cómo se llevaba y en qué se diferencia del cornetto que descansa a su lado en el escaparate.

La magia popular del sur de Italia nunca fue un sistema único con manual y reglas. Se fue reuniendo durante siglos a partir de creencias romanas, cultos griegos, simbología cristiana y supersticiones de aldea. La cimaruta es esa mezcla materializada de todo lo anterior, comprimida en un colgante del tamaño de la falange de un dedo. Por eso los signos no coinciden de un ejemplar a otro: cada taller y cada familia añadía lo suyo.

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¿Qué es lo que más te importa en un amuleto?

Qué es la cimaruta

Colgante amuleto de plata medieval
Los colgantes amuleto de plata se llevaban por toda Europa: la cimaruta de Nápoles prolonga esa tradición.Pendant, 9th-10th century. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

Definición y nombre

La cimaruta es un amuleto con forma de ramita de ruda hecho en plata, de cuyos brotes cuelgan o en los que se tallan símbolos protectores. La palabra se compone de dos: cima (la punta, el brote) y ruta (la ruda). En italiano culto sonaría cima di ruta, pero el dialecto napolitano fundió ambas partes en una sola palabra, cimaruta.

Fuera de Italia el amuleto se llama a veces simplemente «ramita de ruda» o «amuleto napolitano». En la literatura folclórica en inglés se ha asentado la grafía cimaruta sin traducir. Al oído hispano le suenan igual de bien «cimaruta» o «chimaruta», y ambas variantes se encuentran.

Cómo es una cimaruta auténtica

Un ejemplar clásico se reconoce enseguida por varios rasgos:

Ramificación. La base es un tallo que se abre en dos o tres ramas principales, y esas a su vez se dividen. La ruda crece exactamente así en la naturaleza, en ramificaciones triples, y el maestro repite ese dibujo en metal. El tres no es casual aquí, y hablaremos de ello con más detalle en el apartado sobre Diana.

Símbolos en las puntas. Cada ramita termina en una figurita pequeña: media luna, mano, llave, gallo, serpiente, flor, corazón, pez, daga. El número de figuras oscila entre tres y diez, y a veces más.

Plata. La cimaruta tradicional auténtica se hace de plata, no de oro ni de coral. Es algo esencial, ligado a la simbología lunar. El metal es casi siempre blanco.

Silueta plana. A diferencia del cuerno voluminoso del cornetto, la cimaruta suele ser plana, fundida o recortada como una placa calada. Resulta cómoda para prenderla en la tela o colgarla de una cadena.

Tamaño. Casi siempre es un colgante de entre tres y seis centímetros. También hubo ejemplares grandes para la casa y otros muy diminutos para el recién nacido.

El juego de símbolos de la ramita

Lo particular de la cimaruta es que no es un signo, sino una constelación de signos. La lógica es simple: cuantos más símbolos de protección se reúnen, más tupida es la coraza. Cada brote responde por su propia amenaza y por su propia deidad protectora.

Parte de los símbolos se repite casi siempre: media luna, serpiente, flor o llave. A esa tríada los estudiosos del folclore la consideran el núcleo del amuleto, vinculado a la diosa lunar. Los demás signos se añadían al gusto del maestro, por encargo de la familia o según la moda local. Por eso apenas se encuentran dos cimarutas antiguas iguales. Más abajo repasaremos cada símbolo por separado, porque detrás de cada uno hay su propia historia.

Hay también una lógica interna en este juego. Los símbolos se dividen en celestes (la media luna, el gallo como heraldo del alba), terrestres (la flor de la ruda, la uva, el pez) y subterráneos (la llave de Hécate, la serpiente). Juntos abarcan los tres niveles del cosmos, tal como lo veía la Antigüedad mediterránea. El dueño de una cimaruta llevaba consigo, por así decirlo, el mapa de un universo entero, con un guardián en cada piso. De ahí esa sensación de plenitud que no tiene un amuleto de un solo signo: el cuerno cubre una dirección, la ramita de ruda las cubre todas de golpe.

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Los símbolos de la cimaruta y sus significados

La media luna: el signo de Diana

La media luna es un elemento casi obligatorio. Remite a la Luna y a la diosa Diana, patrona de la caza, de las bestias salvajes y de las mujeres. En la tradición romana Diana gobernaba el cielo nocturno, y su símbolo era la hoz de la luna nueva. Para la campesina del sur de Italia que colgaba una cimaruta en la cuna, la media luna significaba protección nocturna: cuando el sol se ha ido y el mundo se vuelve vulnerable, la diosa lunar vela por el niño dormido.

La forma de la luna dialoga con la del cuerno. La misma línea curva que desvía la mirada hostil funciona también aquí. Las mujeres de la Antigüedad llevaban la lúnula, un colgante en media luna, con exactamente el mismo fin. La cimaruta absorbió la lúnula dentro de sí como uno más de sus brotes.

La serpiente: sabiduría y renovación

La serpiente en la cimaruta no es una amenaza, sino un aliado. En la cultura mediterránea la serpiente significó desde muy antiguo sabiduría, curación y capacidad de renovarse, ya que muda la piel vieja y parece nacer de nuevo. La serpiente se enroscaba en el bastón de Asclepio, dios de la medicina, y todavía hoy decora el emblema médico.

Para la magia popular del sur, la serpiente se asocia con la tierra y con las fuerzas subterráneas que gobernaba la faz oscura de la diosa. La serpiente en la ramita de ruda añadía al amuleto un sentido sanador: ahuyentaba la enfermedad igual que la media luna ahuyentaba los miedos de la noche.

La llave: las puertas de Hécate

La llave es uno de los símbolos más enigmáticos de la cimaruta. Remite a Hécate, la diosa griega de las encrucijadas, los umbrales y la brujería, que en Italia se fundió con Diana en una sola figura. Hécate guardaba las llaves de las puertas entre los mundos: entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño, entre la casa y la oscuridad de fuera.

En el plano cotidiano la llave significaba la protección del umbral. Una casa con la llave en el amuleto queda, por así decirlo, cerrada a la desgracia. La llave prometía además «abrir» la suerte y los caminos, por eso gustaba regalarla a quien emprendía un viaje o empezaba un negocio nuevo.

La mano: el gesto contra el mal de ojo

La mano en la cimaruta suele estar plegada en un gesto protector. Lo más frecuente es la mano fica, el puño con el pulgar entre el índice y el corazón, un signo antiguo contra la mirada envidiosa. Con menos frecuencia la mano se muestra con la palma abierta, más cerca del gesto de bendición.

La mano es un reflejo directo, físico, contra el mal de ojo, el mismo gesto que los italianos siguen haciendo cuando notan la envidia ajena. En miniatura, sobre la ramita de ruda, trabaja las veinticuatro horas sin necesidad de que el dueño mueva los dedos. Un símbolo emparentado por su sentido, la mano de Fátima o hamsa, viene de otra tradición pero resuelve el mismo problema.

El gallo: el alba disipa la tiniebla

El gallo aporta una nota solar al conjunto lunar. Su canto anuncia el amanecer, y con el amanecer, según la creencia, se dispersa toda la ralea nocturna: brujas, fantasmas, malos espíritus. El gallo en la cimaruta es la promesa de que la noche acabará y la luz volverá.

Hay aquí también un vínculo con la vigilancia. El gallo despierta el primero y es el primero en dar la voz ante el peligro. Al colgar un gallo en el amuleto, la familia ponía junto a la cuna un centinela que nunca duerme. El gallo solar y la media luna lunar cerraban juntos el círculo diario de protección: una figura monta guardia de día, la otra de noche.

La flor: la hierba sagrada y la vida

La flor al final de la rama representa casi siempre la inflorescencia de la propia ruda o la verbena, otra hierba sagrada de Diana. Simboliza la vida, la fertilidad y la continuación del linaje. Para un amuleto que se colgaba ante todo a los niños, el signo de la vida era el central: le deseaba al niño sobrevivir, crecer y dar descendencia.

La flor cierra además la lógica botánica del amuleto. Toda la cimaruta es una rama de ruda, y la flor recuerda que la fuente de la fuerza es aquí la planta misma, y que los símbolos de metal solo refuerzan lo que ya está inscrito en la hierba.

El corazón, el pez, la daga y otros signos

Además del núcleo principal, en la cimaruta aparece toda una segunda fila de símbolos que se añadían según el caso:

Ninguno de estos signos era obligatorio. El maestro montaba la cimaruta como un ramo, combinando el núcleo con complementos según el gusto del cliente. Por eso resulta tan interesante contemplar los ejemplares antiguos: cada uno cuenta su propia historia a través del conjunto de figuritas colgadas.

El número de signos y su sentido

La cantidad de figuras en la rama nunca fue casual para quien creía en ello. El tres remitía a la diosa triple y a la ramificación natural de la ruda, y era el mínimo lunar más frecuente y más «puro». El siete se tenía por número de plenitud y suerte, por eso las cimarutas ricas llevan a menudo siete símbolos, abarcando el cielo, la tierra y el inframundo a la vez. El nueve, el tres de treses, aparecía en los ejemplares de gala más complejos y se leía como una protección reforzada.

Con todo, la tradición no conocía la regla estricta de «cuanto más, mejor». Una ramita modesta de tres signos en manos de una curandera podía valer más que un colgante fastuoso de diez figuras, si detrás había un conjuro cierto y la mano buena de un maestro. El número marcaba el ritmo y el ánimo del amuleto, pero la fuerza se la daba el sentido puesto en cada figura, no la aritmética.

Historia: Nápoles, Diana y la vieja fe

La ruda como planta sagrada de la Antigüedad

Mucho antes de los colgantes de plata, la ruda ya era una hierba de poder. Griegos y romanos la plantaban junto al umbral, la añadían al vino, la usaban en medicina. Se creía que la ruda agudizaba el ingenio y la vista, protegía del veneno y espantaba a los malos espíritus. Su olor penetrante se tomaba como prueba de su fuerza: si la hierba huele así de fuerte, es que el mal huye de ella.

En la época cristiana la ruda no perdió estatus. La llamaban «hierba de gracia» y con ella se rociaba en los ritos. Un manojo de ruda seca sobre la puerta siguió siendo algo corriente en la aldea italiana hasta bien entrado el siglo veinte. De ese antiguo respeto por la hierba nació la idea de llevar su ramita siempre encima, fundida en metal perdurable.

Diana, Artemisa y el culto lunar

En la base de la simbología de la cimaruta está el culto a la diosa que los romanos llamaban Diana y los griegos Artemisa. Es la señora de la naturaleza salvaje, de la caza, del parto y de la Luna. Para el sur de Italia, Diana no era una abstracción de manual, sino una figura viva que la fe popular arrastró a través de milenios bajo distintos nombres.

Especialmente importante es el carácter triple de la diosa. A Diana se la honraba en tres rostros: como Luna en el cielo, como Diana cazadora en la tierra y como Hécate en el inframundo. De ahí la triple ramificación de la ruda y la tríada de símbolos clave: la media luna (cielo), la flor o la hierba (tierra), la llave o la serpiente (inframundo). La cimaruta es, en el fondo, un altar portátil de la diosa triple disfrazado de colgante botánico.

El culto a Diana en el sur de Italia resultó de una tenacidad rara. El cristianismo cambió la fe oficial, pero la magia de aldea se limitó a vestir a los viejos dioses con ropas nuevas. A la señora lunar se la siguió honrando bajo el aspecto de la devoción a distintas patronas, y los ritos junto a las encrucijadas nocturnas y los conjuros de luna menguante llegaron a la época moderna casi sin cambios. La cimaruta era la prueba material de esa continuidad: mientras la campesina colgaba en la cuna una media luna de plata, la diosa antigua seguía en activo, la llamara como la llamara la iglesia.

La stregheria: la brujería del sur de Italia

A la tradición mágica popular de Italia se la llama stregheria, de la palabra strega, bruja. No es una religión organizada, sino un conjunto laxo de prácticas de aldea: conjuros contra el mal de ojo, curación con hierbas, adivinaciones, culto a las fuerzas lunares. A las curanderas y adivinas del sur se las respetaba y se las temía a un tiempo, y a ellas se acudía tanto por un amarre como por la curación de un niño.

La cimaruta era la herramienta de trabajo de esa tradición y a la vez su seña de identidad. Una mujer que llevaba la ramita de ruda con todos sus símbolos mostraba que estaba en buenos términos con las viejas fuerzas. Y al mismo tiempo ese mismo colgante la protegía de la brujería ajena. La ambivalencia aquí no es una contradicción, sino la esencia misma de la magia popular: el mejor escudo contra una bruja es llevar un poco de brujería encima.

Los benandanti: la guerra nocturna por la cosecha

Para entender el mundo en el que la cimaruta tenía sentido, conviene mirar a los benandanti, «los que van por el bien». Así llamaban, en el nordeste de Italia, en el Friuli, a las personas nacidas «con camisa», envueltas en las membranas fetales. Según la creencia popular, una persona así abandonaba el cuerpo en sueños ciertas noches del año y salía a combatir con las brujas por el destino de la cosecha. Los benandanti luchaban con tallos de hinojo, las brujas peleaban con tallos de sorgo. Del desenlace de esa batalla invisible dependía que el año fuera de hartura o de hambre.

La historia de los benandanti llegó hasta nosotros a través de las actas de la Inquisición de los siglos dieciséis y diecisiete, que tardó mucho en decidir qué tenía delante: hechiceros o defensores contra la hechicería. Los propios benandanti insistían con obstinación en que combatían el mal, no en que lo servían. Esa confusión revela el nervio principal de la fe popular italiana: la frontera entre la bruja y el cazador de brujas era movediza, y una misma persona podía acabar a ambos lados. La cimaruta creció de esa misma ambigüedad, donde la ruda espantaba a las brujas y era la hierba de las propias brujas.

Benevento: la ciudad de las brujas

Un lugar aparte ocupa en el folclore la ciudad de Benevento, en Campania. Según la leyenda, alrededor de un enorme nogal que allí crecía se congregaban en aquelarre las brujas de toda Italia. La leyenda del «nogal de Benevento» se contó durante siglos, y la ciudad se ganó la fama de capital de la brujería italiana. No es de extrañar que fuera el sur, con Nápoles y Benevento en el corazón, la cuna de la cimaruta.

La leyenda de Benevento importa no por sí misma, sino como telón de fondo. Muestra que para los habitantes del sur las brujas y las fuerzas lunares formaban parte de la imagen cotidiana del mundo. El amuleto contra ellas no se llevaba por exotismo, sino por sentido común, igual que se cerraba la puerta al llegar la noche.

Siglos dieciocho y diecinueve: el esplendor de la plata

Fue en la época de los Borbones, en los siglos dieciocho y diecinueve, cuando la cimaruta alcanzó su esplendor como pieza de joyería. Los plateros napolitanos montaron la producción de finas ramitas caladas, y el amuleto pasó de artesanía de aldea a talismán urbano reconocible. Se colgaba en las cunas, se prendía en la ropa infantil, se regalaba en el bautizo.

Para entonces cuajó también el juego típico de símbolos. Los talleres de Nápoles ofrecían cimarutas de distinta complejidad: unas más sencillas, con tres o cuatro signos, y otras más ricas, con todo un racimo de figuras. La plata seguía siendo condición ineludible. Una cimaruta de oro se habría tenido casi por un sinsentido: rompía el vínculo con la Luna.

Charles Leland y la «Aradia»

La fama mundial se la dio a la cimaruta el folclorista estadounidense Charles Godfrey Leland. A finales del siglo diecinueve recorrió la Toscana y la Romaña recogiendo los restos de la fe popular, y en su libro «Antigüedades etrusco-romanas» (1892) describió con detalle la ramita de ruda como amuleto de la diosa triple. Más tarde, en la célebre «Aradia, o el evangelio de las brujas» (1899), expuso las leyendas de las hechiceras italianas, donde Diana y su hija Aradia eran las figuras centrales.

Las obras de Leland son discutidas: parte de los estudiosos considera que adornó y completó el material recogido. Pero fue gracias a él que la cimaruta entró en el campo de visión de autores europeos y estadounidenses, y en el siglo veinte se convirtió en uno de los símbolos del interés renacido por las joyas de bruja y la estética oculta. De colgante napolitano de cuna pasó a ser la enseña de todo un movimiento.

Variantes regionales

La cimaruta no tenía un canon único, y la geografía lo explica bien. La ramita clásica de plata con el juego completo de símbolos lunares procede de Nápoles y la Campania de alrededor, donde el culto a Diana y el oficio de los plateros se encontraron con especial densidad. Fue precisamente el tipo napolitano, de triple ramificación calada, el que se volvió «canónico» en las colecciones de museo.

El material que recogió Leland procedía de la Toscana y la Romaña, del centro y el norte de Italia. Las ramitas de allí eran a menudo más simples que las napolitanas y se apoyaban más en el conjuro oral que en un juego rico de figuras. En Sicilia y en el sur continental la protección contra el mal de ojo se confiaba más al cornetto y a la mano cornuta, y la cimaruta era más rara y se veía como cosa de curanderas.

También variaba el juego de signos. En unos sitios predominaba el mínimo lunar estricto de media luna, serpiente y llave, en otros se recargaba la rama de corazones y querubines cristianos, reconciliando el viejo amuleto con la iglesia. Por esos acentos un entendido distingue a veces de qué rincón de Italia procede un ejemplar concreto, más o menos como se reconoce a un paisano por el habla.

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Con qué se hace la cimaruta

La plata como metal de la Luna

La plata en la cimaruta no es la elección de un diseñador, sino una exigencia de la tradición. El metal blanco y frío se asociaba desde antiguo con la Luna, como el oro se asociaba con el Sol. Si el amuleto está consagrado a la diosa lunar Diana, se hace con su metal. Una ramita de plata es, literalmente, un trozo de luz de luna en una cadena.

La plata tiene además su lado práctico. Es más blanda que el oro y se presta mejor al trabajo fino y calado, que es justo el que hace falta para fundir una ramita con todas sus ramificaciones y figuritas. Para el uso diario va bien la plata de ley 925: bastante resistente y sin provocar alergia en la mayoría de la gente.

Por qué no oro ni coral

El cornetto se hace de coral rojo y de oro, y tiene su lógica: el cuerno está consagrado a la fuerza vital, a la sangre, a la suerte solar. La cimaruta juega en otro campo. Su elemento es la noche, la Luna, el misterio, lo femenino. El coral rojo y el oro amarillo no encajan aquí, sencillamente, por sentido.

De vez en cuando aparecen incrustaciones doradas o de coral sobre una base de plata, pero la tradición no conoce un ejemplar de oro macizo. Si le ofrecen una «cimaruta» de oro, tiene delante más bien una estilización moderna que la reproducción de un amuleto auténtico. La ramita de ruda de verdad brilla siempre con luz fría.

Materiales modernos

Hoy la cimaruta se funde tanto en plata como en aleaciones más asequibles. Hay versiones en alpaca, en latón plateado, en acero inoxidable con recubrimiento blanco. Su peso simbólico es el mismo: lo que trabaja es el juego de signos, no la ley del metal.

Para quien lleva el amuleto a diario y no quiere lidiar con el mantenimiento, el acero resulta cómodo: no se oscurece, no deja marcas verdes en la piel y no le teme al agua. Los amantes de lo auténtico, en cambio, siguen eligiendo la plata por su vínculo con la tradición lunar y por el brillo vivo que solo da el metal de verdad.

El cuidado de la ramita de plata

La cimaruta calada pide algo más de atención que un colgante liso, porque la suciedad y el ennegrecimiento gustan de esconderse en las horquillas de la rama y en las ranuras finas de las figuras. La plata se oscurece con el tiempo por el contacto con el aire, el sudor y la cosmética, y eso es una oxidación normal, no un deterioro del amuleto. Muchos aficionados, al contrario, aprecian esa ligera negrura en los huecos: subraya el relieve y da a la ramita un aire antiguo.

La cimaruta se limpia con un paño suave para plata, y los puntos difíciles se repasan con un cepillo de dientes blando y una gota de jabón, secándola después bien. Las pastas agresivas y los abrasivos duros están contraindicados para el calado, ya que borran el trabajo fino de los símbolos. De noche conviene quitarse el amuleto y guardarlo en una bolsita de tela o en un joyero sin acceso de aire, así la plata se oscurece más despacio. El perfume y la crema se aplican antes de ponerse el colgante, no después: así la química de la cosmética no se deposita en el metal.

Cómo llevar la cimaruta

Al cuello, como colgante

La forma más habitual es colgar la cimaruta de una cadena y llevarla junto al corazón. La silueta plana se apoya recta sobre el pecho sin darse la vuelta, de modo que los símbolos miran siempre al mundo por su cara buena. La cadena se elige fina y de plata, a tono con el amuleto, para no competir con la rama calada.

La orientación en cuanto al largo es sencilla. Una cadena corta mantiene la cimaruta a la vista, abierta. Una media permite llevarla tanto por encima del cuello como por debajo. Una larga esconde el amuleto más cerca del cuerpo, para quien prefiere una protección discreta. A diferencia del cornetto, la cimaruta no tiene la regla estricta de «la punta hacia abajo»: se cuelga como mejor caiga la rama.

En casa, sobre la cuna, en el viaje

Históricamente el sitio principal de la cimaruta era el cuarto del niño. El amuleto se prendía en el pañal, se colgaba sobre la cuna, se cosía al gorrito del recién nacido. La lógica es la misma que la de los demás amuletos protectores: el niño es el ser más vulnerable de la casa, y sobre él cae primero la mirada envidiosa.

Los adultos llevaban también la ramita en otras ocasiones: la tomaban para el viaje, la colgaban en la casa nueva, la guardaban en la tienda tras el mostrador. La cimaruta de plata puede prenderse en el bolso, colgarse del manojo de llaves, ponerse a la cabecera de la cama. Reglas hay pocas, lo importante es que el amuleto esté con la persona o con aquello que esta protege.

El amuleto y el conjuro contra el mal de ojo

La ramita de plata rara vez trabajaba sola. En la tradición napolitana formaba parte de todo un rito contra el malocchio, el mal de ojo. El mal de ojo se diagnosticaba de forma sencilla: se echaban unas gotas de aceite de oliva en un plato con agua y se observaba si se extendían o se recogían en un ojo. Si las gotas se dispersaban, se creía que había mal de ojo, y sobre la persona se recitaba un conjuro especial, transmitido a menudo por línea femenina y solo en ciertos días.

La cimaruta, dentro de ese engranaje, respondía por la protección permanente, y el conjuro y el aceite por la «urgencia», cuando la desgracia ya se acercaba. Lo uno no anulaba lo otro: el amuleto se llevaba a diario, y el rito del aceite se hacía cuando el niño enfermaba o llegaba un mal repentino. El conocimiento del conjuro se tenía por un valor de familia, y transmitírselo a la nueva señora de la casa era tan importante como transmitir la propia ramita de plata.

Con qué combinarla

La ramita calada de plata se lleva bien con las piezas sobrias y con otra simbología:

Lo único que conviene evitar es la sobrecarga. La cimaruta ya es de por sí compleja, con una decena de símbolos pequeños, y junto a otra joya igual de menuda se pierde. Necesita aire y un fondo liso para que cada figura se lea.

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Plata, amuletos contra el mal de ojo, simbología, colgantes lunares y protectores.

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A quién le va la cimaruta

Respuesta corta: a quien le resulte cercana la idea de proteger a través de los símbolos y a quien le gusten las piezas que llevan una historia dentro.

La cimaruta no es un signo cultural cerrado ni un objeto religioso en sentido estricto. La llevan personas de convicciones muy distintas, y ninguna tradición prohíbe ponerse una ramita de ruda a alguien sin raíces italianas. Los italianos más bien celebran el interés por su cultura popular, sobre todo si uno sabe qué símbolos cuelgan de la rama.

El amuleto le va bien:

Conviene decir con honradez también a quién le irá peor la ramita de ruda. Si le gustan las joyas grandes y llamativas con un solo acento vistoso, la cimaruta menuda puede parecerle inquieta. Si prefiere el oro cálido antes que la plata fría, el amuleto tradicional discutirá con el resto del vestuario. Y si busca un signo que los de alrededor comprendan a la primera, tenga en cuenta que a la cimaruta la reconocen pocos: a diferencia del cornetto o del ojo azul, sigue siendo un símbolo para iniciados. Para algunos eso es un inconveniente, para otros, al contrario, su mayor encanto.

La psicología del amuleto

No hace falta creer en la diosa lunar para que la cimaruta funcione. Los mecanismos que hacen útiles a los amuletos protectores están estudiados y no requieren misticismo.

Reducción de la ansiedad. La persona que tiene «algo cubierto» le da menos vueltas en la cabeza a las posibles desgracias. Una ramita de plata al cuello da la sensación de que parte de las preocupaciones se ha delegado en el amuleto, y la mente suelta el exceso de inquietud.

Ancla de memoria. Cuando la cimaruta la regala un ser querido, el colgante se vuelve un vínculo material con esa persona. La mirada cae sobre la rama y en la cabeza aflora quien la regaló. Con el tiempo eso funciona como un regulador silencioso del ánimo.

Sosiego táctil. Las figuritas pequeñas de la rama resultan agradables de pasar entre los dedos. La costumbre de tocar el amuleto en un momento de tensión distrae y calma, es una autorregulación simple que tiene muchos siglos.

Refuerzo de la identidad. Para quien siente cercana la magia popular y la simbología lunar, llevar una cimaruta es un «yo soy así» diario. Las anclas de identidad aumentan la resistencia al estrés, por eso la gente aprecia tanto llevar los signos de aquello en lo que cree.

Nada sobrenatural hay aquí. El amuleto no cambia la realidad, cambia la relación de su dueño con ella, y la cambia de forma medible.

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La cimaruta en el arte y las colecciones

Las cimarutas antiguas se conservan en las colecciones etnográficas y de joyería de Europa. Se las aprecia como arte popular y como fuente para la historia de las creencias del sur de Italia. Al contemplar un conjunto de estos amuletos, se ve cómo cambiaba la moda de los símbolos: en unos predomina la media luna lunar, en otros los corazones y querubines cristianos, en otros toda una fauna de serpientes, peces y gallos.

En el siglo veinte la imagen de la cimaruta salió de los límites de la etnografía. Los artistas y joyeros del interés renacido por lo oculto empezaron a repensar la ramita de ruda en joyas contemporáneas. Aparece en colecciones dedicadas al tema de la brujería y lo lunar, en las ilustraciones de libros sobre magia popular, en el trabajo de creadores que se apoyan conscientemente en la tradición mediterránea. Para muchos la cimaruta se convirtió en el símbolo gráfico de «la vieja fe» en general, a la par que el pentagrama y la media luna.

El amuleto tiene una vida aparte en la cultura digital. En las comunidades interesadas por el folclore y la historia de la magia, la ramita de ruda se comenta, se dibuja, se lleva como tatuaje. De ser un amuleto napolitano local pasó a ser una seña reconocible para quienes aman el tema de las diosas lunares y la hechicería popular.

Cimaruta, cornicello y nazar: comparación
AmuletoFormaMaterialOrigenCapas de significado
CimarutaRamita de ruda con símbolosPlata (metal de la Luna)Nápoles, culto de Diana
CornicelloCuerno curvoCoral, oro (Sol)Italia, antigua Roma
NazarOjo azulVidrio, esmalteTurquía, Grecia

Cómo elegir una cimaruta

Tamaño y detalle

Para un colgante de diario lo óptimo son tres a cinco centímetros. Por debajo de tres las figuritas se funden y pierden legibilidad, y todo el encanto de la cimaruta está en sus símbolos reconocibles. Por encima de seis el amuleto empieza a pesar más que el conjunto y a engancharse en la ropa con sus bordes calados.

Fíjese en el trabajo. En una buena cimaruta cada símbolo es reconocible: la media luna es una media luna, no un garabato sin nombre, la llave se lee como llave y el gallo como gallo. Las fundiciones baratas dan a menudo figuritas emborronadas donde la mitad de los signos no se identifica. Un amuleto cuyos símbolos no se pueden leer pierde su sentido principal.

La autenticidad de los símbolos

Antes de comprar, entienda qué es exactamente lo que cuelga de la rama. El núcleo clásico es la media luna, la serpiente, la llave, la mano, el gallo, la flor. Si el vendedor llama cimaruta a la pieza pero en ella hay un juego cualquiera sin un solo signo lunar ni protector, tiene delante más bien una ramita abstracta que un amuleto de verdad.

Pregunte por el juego de símbolos y su significado. Un taller serio le explicará por qué reunió justo esas figuras. Eso es lo que distingue a un amuleto con sentido de una joya que se limita a repetir una forma de moda sin entenderla.

Dónde buscar

Evite los estampados sin alma, donde a la cimaruta se la vende como «un simple colgante de ramita». El valor del amuleto está en el juego de símbolos con sentido y en el vínculo con la tradición, no en la mera forma botánica.

Cómo distinguir una ramita antigua de una réplica nueva

Una cimaruta de anticuario delata su edad por varios rasgos. Se mira el reverso: en una fundición vieja no suele ser tan liso como la cara buena, con huellas de retoque a mano y una pátina suave y profunda en los huecos, difícil de falsificar de forma artificial. Una negrura pareja e igual por toda la superficie habla más bien de un «envejecido» intencionado de una pieza nueva.

Ayuda también el contraste. Las piezas napolitanas antiguas no siempre se marcaban con un estándar único, pero muchas llevan sellos de contraste locales por los que un especialista data la pieza. La ausencia total de sellos no es en sí una condena, pero sí un motivo para preguntar al vendedor por la historia del objeto. Por último, se mira el desgaste de la anilla y el aro de suspensión: en un amuleto que se llevó décadas en una cadena, la anilla suele estar limada y estirada. Una anilla impecablemente fresca en una ramita «centenaria» es motivo para dudar.

Nada de malo hay en una réplica moderna, una buena cimaruta nueva funciona igual que una antigua. Conviene conocer los rasgos de la edad por otra razón: para entender qué se tiene entre las manos y no tomar una fundición reciente por una rara antigüedad.

Cimaruta y cornetto: en qué se diferencian

Ambos amuletos vienen del sur de Italia, ambos protegen del mal de ojo, y a ambos los napolitanos suelen llevarlos juntos. Pero están concebidos de otra manera, y comprender la diferencia ayuda a elegir el propio.

La forma. El cornetto es un único cuerno curvado, voluminoso y liso. La cimaruta es una ramita plana y ramificada con un racimo de símbolos pequeños. Un signo frente a toda una constelación.

El material. El cornetto se hace de coral rojo y oro, jugando con la simbología solar y vital. La cimaruta es de plata, lunar, femenina. Los metales se oponen a propósito.

El sentido. El cornetto apunta a un solo blanco: la punta «pincha» el mal de ojo. La cimaruta es un conjunto de amuletos, donde cada figura cubre su propia amenaza, y juntas remiten a la diosa triple Diana.

La difusión. El cornetto se volvió un símbolo global de Italia, se conoce de Nueva York a Tokio. La cimaruta siguió siendo más rara y esotérica, seña para quienes cavaron más hondo en la magia popular.

Parámetro Cimaruta Cornetto
Forma Ramita de ruda con símbolos Cuerno único curvado
Material Plata (metal de la Luna) Coral, oro (Sol)
Simbología Juego de signos, diosa triple Un signo, punta contra el mal de ojo
Origen Nápoles, culto a Diana Roma antigua, culto al cuerno
Difusión Raro, esotérico Símbolo global de Italia

Se llevan juntos

La oposición aquí es relativa. En la tradición napolitana el cornetto y la cimaruta se colgaban sin problema del mismo cuello o de cadenas vecinas. La lógica es simple: el cuerno responde por el golpe directo al mal de ojo, la ramita por la protección amplia frente a todo un abanico de males. El cuerno solar y la rama lunar se complementan, cerrando el círculo de la defensa.

Si ya lleva un cornetto y quiere reforzar el conjunto, la cimaruta es el paso natural siguiente. Y al revés: a una ramita de plata le va bien añadir un cuerno de coral por el equilibrio solar y lunar. Reunir la protección con varios amuletos de tradiciones distintas es una vieja costumbre mediterránea, no una moda contemporánea.

La diferencia de carácter se nota bien, además. El cornetto lo entiende cualquier transeúnte, se volvió hace tiempo una postal de Italia y no necesita explicación. La cimaruta, en cambio, es una pieza de conversación: casi todo el que la ve pregunta qué ramita es esa y por qué lleva tantas figuritas. Un amuleto funciona como seña de pertenencia, el otro como pretexto para contar toda una historia sobre Diana, la ruda y las brujas napolitanas. Muchos aficionados por eso mismo llevan los dos: el cuerno para el día a día, la rama para las ocasiones en que uno quiere que la joya hable.

Cimaruta, lúnula y nazar

La ramita de ruda no es el único escudo mediterráneo contra el mal de ojo, y conviene verla en la fila de sus parientes. Lo más cerca de ella está la lúnula antigua, un simple colgante en media luna que en la Roma antigua se colgaba al cuello de las niñas para la protección lunar. En el fondo la lúnula es un solo brote suelto de la cimaruta, esa misma media luna crecida hasta ser un amuleto autónomo. La ramita de ruda absorbió, por así decirlo, la lúnula dentro de sí y la cargó de otros signos.

El nazar, el ojo azul de vidrio, llegó de la otra orilla, del Mediterráneo oriental y de Anatolia. Golpea la misma amenaza, el mal de ojo, pero trabaja de otro modo: no con un juego de símbolos de la diosa triple, sino con una mirada de espejo que refleja la envidia de vuelta al envidioso. La mano de Fátima, la hamsa, añade al ojo una palma escudo y viene de la tradición de Oriente Próximo.

La diferencia entre ellos no está en la fuerza, sino en el idioma. La cimaruta habla en la lengua de la Italia antigua y del culto lunar, el nazar en la lengua del amuleto espejo oriental, la hamsa en la lengua de las palmas de Oriente Próximo. Reunirlos, como se hace desde hace mucho en las ciudades portuarias del Mediterráneo, significa cubrir la amenaza a la vez en varios «dialectos».

Mitos sobre la cimaruta
Una cimaruta auténtica debe llevar un número de símbolos estrictamente fijo
Toca
La cimaruta puede ser de oro
Toca
La cimaruta protegía de las brujas y era a la vez señal de las propias brujas
Toca
La cimaruta solo puede llevarla alguien con raíces italianas
Toca
La ruda del amuleto es solo una planta bonita sin mayor significado
Toca
La cimaruta es un objeto puramente pagano, incompatible con el cristianismo
Toca

Mitos sobre la cimaruta

Alrededor de la ramita de ruda han crecido durante siglos muchas creencias, y no todas son exactas. Parte se sostiene en la tradición real, parte en conjeturas tardías. Las tarjetas de arriba desmontan las afirmaciones más frecuentes, y aquí conviene subrayar lo principal: la cimaruta no tiene un canon «correcto» único.

El juego de símbolos, el número de figuras, incluso el significado exacto de algunos signos cambiaban de taller en taller y de siglo en siglo. Discutir si es «auténtica» una cimaruta de ocho símbolos frente a otra «auténtica» de tres carece de sentido. Ambas son auténticas, solo que hablan en dialectos distintos de un mismo lenguaje de amuletos. El valor de la ramita está en el vínculo vivo con la tradición, no en la coincidencia literal con el catálogo de nadie.

Datos que sorprenden

Amuleto contra las brujas y para las brujas. La cimaruta protegía de la hechicería y a la vez era la seña de quienes participaban en esa hechicería. Un mismo objeto servía de escudo y de credencial.

La ruda es venenosa. La planta que se volvió símbolo de protección provoca quemaduras al contacto con la piel bajo el sol, y en dosis grandes es peligrosa. Los antiguos conocían su capacidad de quemar, y probablemente esa «fuerza» de la hierba les convenció de que era capaz de quemar también el mal.

El tres está inscrito en la propia hierba. La ruda se ramifica de tres en tres en la naturaleza, y eso casó a la perfección con el culto a la diosa triple. La planta pareció sugerir por sí sola la forma del amuleto para la diosa triple: Diana, Hécate y la Luna.

La fama la dio un estadounidense. No un sabio italiano, sino el folclorista de Estados Unidos Charles Leland introdujo la cimaruta en la literatura mundial a finales del siglo diecinueve. Sin sus libros la ramita habría seguido siendo una curiosidad napolitana local.

Nunca de oro. A diferencia de casi todos los amuletos de gala, la cimaruta es de plata por principio. La versión de oro rompe el vínculo con la Luna y en la vieja tradición se habría tenido por una cáscara vacía.

El gallo y la luna se reparten el día. En un mismo colgante conviven el gallo solar y la media luna lunar. Juntos dan una guardia de veinticuatro horas: el gallo vela el día y el alba, la luna vela la noche.

La ciudad de las brujas existe. Benevento, en Campania, cargó durante siglos con la fama de ser lugar de aquelarres alrededor de un nogal legendario. De allí procede parte de las leyendas que están detrás de la cimaruta.

Las brujas guerreaban en sueños. En el norte de Italia se creía en los benandanti, «los que van por el bien», que de noche abandonaban el cuerpo y peleaban con las brujas por la cosecha con tallos de hinojo. La Inquisición pasó siglos sin poder decidir si eran hechiceros o defensores contra la hechicería, exactamente igual que la ruda era arma contra las brujas y hierba de las propias brujas.

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Preguntas frecuentes

¿Qué significa la palabra cimaruta? La palabra se compone de las napolitanas cima (la punta, el brote) y ruta (la ruda) y significa literalmente «la punta de la ruda». El amuleto se hace precisamente con la forma de una ramita de esa hierba. La ruda se tenía desde la Antigüedad por una planta que ahuyenta el mal, por eso su rama se convirtió en la base del amuleto.

¿De qué protege la cimaruta? Ante todo del mal de ojo (malocchio) y de la hechicería. Cada símbolo de la rama cubre su propia amenaza: la media luna da protección nocturna, la mano refleja el mal de ojo, la serpiente guarda la salud, el gallo espanta a la ralea de la noche, la llave cierra el umbral de la casa. Juntos componen una defensa amplia.

¿Por qué la cimaruta se hace de plata? La plata es el metal de la Luna, y el amuleto está consagrado a la diosa lunar Diana. El oro y el coral se asocian con el Sol y la fuerza vital, por eso se los dieron al cornetto. Una cimaruta tradicional auténtica es siempre de plata o de metal blanco, y la vieja tradición no reconoce la versión de oro.

¿La cimaruta es un símbolo pagano o cristiano? Los dos a la vez. En su base están el culto antiguo a Diana y la magia popular del sur de Italia, pero con el tiempo se le fueron añadiendo a la rama signos cristianos: el corazón, el querubín, el pez. El amuleto convivió pacíficamente durante siglos con la cruz, igual que el cornetto. Dos sistemas trabajaban en paralelo.

¿Puedo llevar una cimaruta si no soy italiano? Sí. No es un signo cultural cerrado. La ramita de ruda la llevan por todo el mundo personas a quienes les resulta cercano el tema de la simbología lunar y la magia popular. Los italianos toman el interés por su tradición más bien como un cumplido.

¿Cuántos símbolos debe tener una cimaruta auténtica? No hay un número estricto. El núcleo lo componen la media luna, la serpiente y la flor o la llave, y a partir de ahí el maestro añadía figuras al gusto, de tres a diez y más. Un ejemplar de tres signos no es menos auténtico que uno de diez. Lo que importa es que los símbolos se lean y tengan sentido.

¿En qué se diferencia la cimaruta del cornetto? El cornetto es un único cuerno de coral o de oro que «pincha» el mal de ojo con la punta. La cimaruta es una ramita de plata con un juego de símbolos, consagrada a la diosa triple. El cuerno es solar y de un solo fin, la rama es lunar y de muchas capas. Los napolitanos suelen llevar los dos amuletos juntos.

¿La cimaruta se regala o se compra uno mismo? Por tradición el amuleto se regala, igual que el cornetto. Con especial frecuencia la cimaruta se ofrecía por el nacimiento de un niño, colgándola en la cuna. Una pieza regalada con buena intención se tiene por más fuerte que una comprada, aunque nadie prohíbe comprarse uno mismo la ramita.

¿Cómo cuidar una cimaruta de plata? Se limpia con un paño suave para plata, las horquillas difíciles se repasan con un cepillo blando y una gota de jabón, y se seca bien. Las pastas abrasivas borran el trabajo fino de los símbolos, por eso no se usan. Es mejor guardarla en una bolsita de tela sin acceso de aire, y aplicar el perfume y la crema antes de ponerse el colgante. Una ligera negrura en los huecos no estropea el amuleto, sino que subraya el relieve de la rama.

¿Es verdad que la ruda es venenosa? Sí, la ruda fresca es cáustica: su jugo, al contacto con la piel bajo el sol, puede provocar una quemadura, y en dosis grandes la planta es peligrosa. Fue precisamente esa fuerza de la hierba lo que los antiguos tomaron por prueba de su capacidad de ahuyentar el mal. En el amuleto de plata eso no influye en nada, ya que en el metal de la planta solo queda la forma, no el jugo.

¿En qué se diferencia la cimaruta de la lúnula? La lúnula es un simple colgante antiguo en media luna, un único signo lunar. La cimaruta incluye la media luna como uno de sus brotes, pero le añade la serpiente, la llave, la mano, el gallo y la flor, componiendo todo un juego de amuletos en torno a la imagen de la diosa triple. Puede decirse que la lúnula es una cimaruta reducida a un solo símbolo.

¿Se puede hacer un tatuaje de cimaruta? La tradición no impone ninguna prohibición. En las comunidades interesadas por el folclore y el tema lunar, la ramita de ruda se tatúa de hecho como seña de «la vieja fe». El sentido se conserva igual que en el amuleto de metal: protección y vínculo con la magia popular del sur de Italia. La diferencia está solo en que un tatuaje no se puede quitar y regalar, como sí una ramita de plata.

La cimaruta vive en la plata oxidada. Pulida a espejo, la ramita se funde en un bulto brillante, mientras la pátina oscura de las horquillas hace resaltar cada figurita. Sacarle brillo de espejo aquí es casi un acto de vandalismo.
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Con qué llevar la cimaruta

La historia y los símbolos ya los hemos repasado, ahora vamos con la puesta. Reúno aquí lo que de verdad funciona cuando bajas la cimaruta del escaparate y la cuelgas de una persona de carne y hueso.

¿En qué plata elegir la cimaruta? Solo plata blanca, y mejor oxidada. El amuleto está consagrado a la Luna, el oro cálido rompe con él y se ve ajeno. Una rama pulida a espejo se funde sobre el pecho en un grumo brillante donde no se distingue ni la llave ni el gallo. La plata oxidada (ennegrecida) trabaja de otro modo: la pátina oscura entra en las horquillas y las ranuras, levanta el relieve, y cada figurita se lee por separado. Bajo un tono cálido de piel elijo una plata suave, algo mate, bajo un tono frío recomiendo una negrura profunda con mucho contraste. Si duda, coja la oxidada: el calado sale siempre ganando en ella.

¿Una ramita menuda o una grande con un racimo de figuras? Miro el cuello y los rasgos de la cara. Para un cuello fino y rasgos menudos aconsejo una cimaruta compacta de tres o cuatro signos: se lee como una grafía delicada, no como un racimo. A un cuello ancho y rasgos marcados les recomiendo una rama más rica, con siete figuras, tiene sitio para desplegarse. La regla es una: cuanto más pequeñas las figuritas, más importa el trabajo nítido y el ennegrecido, o sobre el pecho colgará un garabato irreconocible en lugar de la llave de Hécate.

¿Con qué combinar la cimaruta y cómo armar las capas? Cuando le armo el conjunto a un cliente, mantengo la ramita como protagonista y no la cargo de rivales. El calado ya es de por sí menudo, junto a otra joya igual de menuda se hunde. Buenos vecinos son las piezas lisas del mismo metal: una cadena fina de plata, una lúnula en media luna, un cornetto de coral en un largo aparte por la pareja solar y lunar. Si le apetecen capas, dele a la cimaruta su propio largo de cadena, para que la rama no quede apretada entre colgantes. Los metales aconsejo mantenerlos en un mismo tono frío: plata con plata, sin toques cálidos.

¿Bajo qué escote y para qué ocasión va la cimaruta? La rama calada gusta del fondo liso, por eso bajo un escote abierto y una prenda de un solo tono se ve mejor que nunca: la piel y la tela hacen de paspartú, los símbolos se leen. Bajo un cuello cerrado elijo una cimaruta más corta, para que se apoye sobre la abertura y no se esconda en los pliegues. Para el día a día recomiendo una plata mate sin brillo de sobra, y para la noche y la tela oscura, al revés, aconsejo un ennegrecido de contraste con destellos por los bordes: con la luz las figuritas se encienden por turnos.

¿A quién le va la cimaruta? Le va a casi todos, porque la grafía es sobria y no tiene género. Sienta especialmente bien a quien le gusta una pieza con historia y no le molesta que se la miren y le pregunten por ella. A los hombres les recomiendo una versión más seca, con el mínimo lunar de media luna, serpiente y llave, sin corazoncitos ni querubines. Y una cosa antes de comprar: despliegue la rama y compruebe que cada símbolo se reconoce a la primera. Una cimaruta en la que no se distingue el gallo de la flor pierde todo el sentido para el que se montó.

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Conclusión

La cimaruta recorrió el camino que va del manojo de ruda sobre la puerta de la aldea al fino colgante de plata con una constelación de símbolos. La ramita absorbió a la Diana antigua, las fuerzas nocturnas de Hécate, el gallo solar y toda una serie de signos de la magia popular del sur de Italia. En una rama pequeña cupo la imagen entera de un mundo en el que la luna, la serpiente y la llave significaban tanto como el cerrojo de la puerta.

Crea usted o no en la diosa lunar, o simplemente aprecie un amuleto hermoso de raíces hondas, la cimaruta sigue siendo uno de los símbolos más complejos y elocuentes de la tradición mediterránea. Junto al cornetto directo se lee como una frase larga junto a una sola palabra precisa. Tanto una como la otra tienen su fuerza.

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Sobre Zevira

Zevira hace joyas a mano en Albacete, España. La cimaruta es de esos símbolos que amamos: detrás de una ramita de aspecto simple se esconde todo un universo de magia mediterránea, y cada uno de sus signos se puede leer como un verso. Reproducimos la ramificación tradicional y las figuras reconocibles, pero en proporciones contemporáneas y con una grafía limpia de plata.

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