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Flor del mes de nacimiento: qué flor corresponde a tu mes y qué significa

Flor del mes de nacimiento: qué flor corresponde a tu mes y qué significa

Introducción

Una joven de la época victoriana no podía decir «te quiero» en voz alta. En lugar de palabras, enviaba un ramo. El clavel, la violeta, el lirio de los valles: cada flor llevaba su propio mensaje, y se leía como una carta. De esa costumbre nació la tradición de la flor del mes de nacimiento, donde cada mes tiene su flor y su sentido.

Hoy se recuerda sobre todo al elegir un regalo de cumpleaños. Casi todo el mundo conoce la piedra de nacimiento. En cambio, que cada mes tenga también su flor es un pequeño descubrimiento para muchos, aunque esa tradición sea más antigua, más popular y más cálida que el calendario de piedras preciosas.

A continuación repasamos mes a mes qué flor le corresponde a cada uno, qué significa y a quién le va bien. De paso veremos de dónde viene esta costumbre, en qué se diferencia la flor de la piedra y cómo llevar todo eso con gracia en una joya que se usa a diario.

¿Qué flor del mes va con tu carácter?
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Qué es la flor del mes de nacimiento

Cada mes del año tiene una flor asignada, y a veces incluso dos. A enero le toca el clavel, a febrero la violeta, a marzo el narciso, y así sucesivamente hasta diciembre. Esta lista se formó dentro de la tradición angloamericana y sigue viva: las floristerías la imprimen en las tarjetas, los joyeros hacen colgantes según ella y las madres regalan a sus hijas «tu flor» el día de su cumpleaños.

La idea es sencilla y bonita. La planta que florece en tu mes o que se asocia a él por viejas creencias se convierte en un símbolo personal. Detrás de cada flor hay un rastro de significados: amor, fidelidad, esperanza, memoria, renovación. Estos sentidos no se inventaron ayer. Crecieron a partir de la observación de la naturaleza, de los mitos, de las fiestas religiosas y de ese «lenguaje de las flores» victoriano del que hablaremos más abajo.

Conviene aclarar algo desde el principio: no existe un canon único. En distintos países, e incluso en distintos gremios de floristas, las listas varían un poco. Para agosto, en un sitio ponen la amapola y en otro el gladiolo. En diciembre discuten el acebo y el narciso paperwhite. No es un error ni un lío, sino una tradición viva que nunca fue una ley. Aquí ofrecemos la versión más extendida, la que aparece con más frecuencia en el mundo occidental.

La flor del mes va de la mano de las piedras de nacimiento por mes y del mundo más amplio de los símbolos de la naturaleza en la joyería. La diferencia está en que la flor es más suave, más íntima y casi siempre transmite algo cálido: no «riqueza» ni «poder», sino cariño, ternura, comienzo.

La flor del mes y la flor del signo del zodiaco

La flor del signo del zodiaco y la flor del mes de nacimiento se confunden a menudo, aunque son dos sistemas distintos. La flor zodiacal se ata a un tramo entre dos fechas y al elemento del signo: a Aries se le atribuyen flores silvestres vivas, a Cáncer las blancas y acuáticas, a Libra la rosa por su amor a la armonía. La flor del mes es más simple: se asigna al mes natural entero, del primer al último día, y no lo parte en dos como hace el zodiaco. Si alguien nace en la frontera entre dos signos, la flor del mes disipa la confusión, porque el mes siempre es uno solo. Ambas tradiciones conviven en paz, y muchos toman los dos símbolos a la vez: el mes para tener claridad y el signo para el carácter. Elige el que te resulte más cercano por su significado.

La flor del mes y el santo

A veces se confunde la flor del mes con la flor de la onomástica, el día del santo, y son ocasiones distintas. El cumpleaños se ata a la fecha en que uno vino al mundo, mientras que el santo corresponde al día del santo cuyo nombre se lleva, y en el calendario no suelen coincidir. La flor del mes se cuenta estrictamente desde el mes de nacimiento, así que con el santo no tiene relación directa. Aun así, nada impide regalar por el santo una flor con un significado adecuado o una flor ligada al propio santo: muchas plantas en la tradición europea llevan nombres de santos y de la Virgen. El lirio de los valles y el clavel, por ejemplo, se relacionaban con las lágrimas de la Virgen al pie de la cruz. Así, un mismo lenguaje floral sirve para las dos celebraciones, aunque se cuenten por calendarios diferentes.

Cómo se llama la flor del mes en inglés

En la tradición anglosajona, de donde procede la lista, la flor del mes se llama birth flower, literalmente «flor de nacimiento», por analogía con birthstone, la piedra de nacimiento. Precisamente de las tarjetas y los gremios florales ingleses nos llegaron tanto los pares «mes, flor» como sus significados. Por eso, cuando se busca una joya o una tarjeta en fuentes extranjeras, conviene saber el nombre inglés: al teclear birth flower aparece la misma tabla de meses que en español. La lista de flores coincide casi por completo; solo cambian pequeños detalles en los meses que tienen dos plantas. Conocer el término resulta útil también para pedir una pieza personalizada en catálogos internacionales, donde la flor de cada mes suele aparecer con su nombre en inglés junto al botánico.

Qué flor significa amor, esperanza y memoria

Si partimos no del mes sino del sentimiento, cada estado de ánimo encuentra su flor. El amor es ante todo la rosa, y su tono precisa el sentido: la roja habla de pasión, la rosada de ternura, la amarilla de amistad. La esperanza la sostienen la campanilla de invierno y el paperwhite, que se abren camino hacia la luz en la época más oscura del año. De la fidelidad responden la violeta y la madreselva; de la memoria, la amapola, el aster y el crisantemo, que desde antiguo se ponían como señal de despedida y de buen viaje. La modestia se asocia a la violeta y al lirio de los valles, la fuerza de carácter al gladiolo, la renovación y el nuevo empiece al narciso. Esta forma de elegir es cómoda cuando importa más transmitir un deseo que acertar con el calendario: tomas la flor por su sentido, no por la fecha, y el regalo se lee con más precisión.

Por qué el color de la flor cambia su significado

En muchas flores el significado lo decide no la forma, sino el color, y conviene tenerlo presente al elegir el esmalte de un colgante. La rosa roja habla de pasión; la blanca, de pureza; la rosada, de un cariño tierno; la amarilla, de amistad, no de amor. El clavel blanco se liga a la suerte y la pureza; el rojo, a un sentimiento ardiente; el rosado, a la ternura materna. Incluso la amapola cambia de tono: la escarlata se lee como memoria, y las tonalidades más suaves como sueño e imaginación. Por eso el color de la flor en una joya lleva un mensaje aparte, y se elige con la misma conciencia que la flor en sí. El metal amarillo y cálido refuerza los significados solares; la plata fría subraya los tonos blancos y azules con sus temas de pureza y dignidad.

La flor se lleva según la piel: oro en piel cálida, plata en fría. Equivócate y se marchita en el cuello.
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Con qué llevar un colgante con la flor del mes

En estos años de sesiones de fotos y de armar looks, el colgante con la flor del mes ha pasado por mis manos en decenas de conjuntos. Reúno aquí lo que de verdad funciona, ordenado por ocasiones.

¿Cómo elegir el metal según la piel? Lo primero que miro es el subtono de la piel, no el color favorito. A la piel cálida le recomiendo el oro: un narciso, una rosa o una caléndula en oro parecen iluminarse desde dentro sobre ella. A la piel fría le aconsejo la plata, que da un contorno limpio y gráfico y sostiene bonito las flores blancas y azules, el lirio de los valles, la violeta, la espuela de caballero. Si el subtono es neutro, elijo por la flor misma: la flor cálida a oro, la fría a plata.

¿Qué largo y con qué escote? El largo lo ajusto al escote, no al revés. Con un escote en V abierto recomiendo un colgante más largo, de 45 a 50 cm, para que la flor se apoye en la zona despejada de las clavículas, que es su mejor posición. Con un cuello alto y cerrado aconsejo una cadena más corta, de 40 a 42 cm; así la flor descansa sobre la tela y se lee, en lugar de esconderse bajo el cuello. Una flor grande en esmalte luce sobre una parte de arriba lisa y de un solo tono, y una silueta menuda vive tranquila bajo una camisa.

¿Esmalte a color o metal liso? Depende de lo alto que se quiera sonar. Para un acento vivo elijo el esmalte en el color real de la planta: narciso amarillo, amapola escarlata, espuela de caballero azul. El esmalte traslúcido plique-à-jour deja pasar la luz y hace que el pétalo parezca vivo. Para un look diario y sobrio recomiendo el metal liso sin color o un grabado fino de la silueta; una flor así no discute con la ropa y encaja en cualquier sitio.

¿Y cómo vestirse para una salida o una sesión? Para una salida o una sesión elijo una sola flor como acento sobre una tela lisa de color intenso: burdeos, esmeralda, negro. La flor de oro o de esmalte atrapa la luz cálida y se lee bien ante la cámara. Un solo consejo: no ahogar la flor en un enredo de cinco colgantes; necesita su propia línea. Si quieres capas, deja a la flor una línea de largo aparte para que no se pierda entre las demás cadenas.

¿Cómo elegir la flor como regalo de cumpleaños? Aquí gana la precisión. Recomiendo tomar la flor justo del mes en que la persona nació, un acierto personal ya hecho, sin adivinar gustos. Si quien lo recibe es indiferente a las joyas, aconsejo un colgante fino de plata con la silueta de la flor y la fecha grabada: el sentido se capta enseguida y la pieza no abruma con lujo. Para un ser querido al que le gusta el color, elijo una flor en esmalte más vivo. Y recuerda que la flor es flexible según la ocasión: de un pequeño detalle a un regalo serio para una fecha redonda, el símbolo sigue siendo el mismo.

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La flor de cada mes y lo que significa

Enero: clavel y campanilla de invierno

El clavel florece cuando casi nada florece. Por eso se lo quiere tanto: es la flor de pleno invierno, la que mantiene su forma y su color allí donde las demás se rinden. En el lenguaje de las flores, el clavel significa admiración y afecto profundo. El rojo habla de amor; el blanco, de pureza y buena suerte; el rosado se liga a la ternura materna. Los primeros cristianos veían en el clavel rosado una flor nacida de las lágrimas de la Virgen.

La segunda flor de enero, la campanilla de invierno, tiene que ver con la esperanza. Es la primera en abrirse paso entre la nieve, antes incluso de la primavera, y por eso se convirtió en símbolo de renovación y de que la racha oscura llega a su fin. En viejas creencias europeas se la consideraba flor de consuelo: según la leyenda, un ángel convirtió los primeros copos de nieve en estas flores para dar a los expulsados del paraíso una señal de que el invierno no es eterno. Por eso suele regalarse a quien atraviesa una etapa difícil.

A quienes cumplen años en enero, el clavel y la campanilla de invierno les van por espíritu: a las personas que empiezan el año con la hoja en blanco, que valoran la firmeza y saben mantenerse en el frío. Un colgante de clavel o una fina campanilla en plata le sientan bien a quien no alardea de sí mismo pero no se quiebra. El clavel, además, es en muchos países la flor del Día de la Madre, así que un colgante de enero se convierte con facilidad en una muestra de agradecimiento hacia mamá.

Febrero: violeta y prímula

La violeta es pequeña, modesta, crece pegada al suelo y se esconde fácilmente entre la hierba. Precisamente por eso la convirtieron en símbolo de la modestia, la fidelidad y la lealtad callada. En la antigua Grecia se la asociaba a Atenas y se llevaba como señal de constancia. Los victorianos regalaban una violeta cuando querían decir «te seré fiel» sin necesidad de más palabras.

La prímula, segunda flor de febrero, es una de las primeras en florecer y en el lenguaje de las flores significa juventud y primer amor. Su nombre viene del latín primus, primero. En el folclore inglés se decía que un sendero de prímulas era el camino hacia el mundo de las hadas, y que la flor misma protegía de la tristeza en el rincón más oscuro del invierno.

A quienes cumplen años en febrero, estas flores les favorecen: a las personas delicadas, de fiar, esas que no persiguen la atención pero son profundamente leales a los suyos. Una violeta en esmalte o el grabado de una prímula en un colgante se lee como una promesa de constancia, tranquila y sin grandilocuencia. El tamaño menudo de ambas flores es una ventaja en joyería: un colgante fino se apoya cerca del cuello y se lleva bien bajo el cuello cerrado de la ropa de invierno.

Marzo: narciso

El narciso es el heraldo oficial de la primavera. Estalla en amarillo cuando la tierra aún está desnuda, y por eso en todo el mundo significa nuevo comienzo, renacimiento y llegada del calor. En Gales es la flor nacional y se prende el día de San David. En China, que el narciso florezca cerca del Año Nuevo se considera señal de suerte y prosperidad para el año entero.

Al significado del narciso se asocia una creencia elegante: hay que regalarlo en ramo, no en flor suelta. Se decía que un solo narciso trae desgracia, mientras que un manojo promete alegría y abundancia. El nombre de la flor se remonta al mito griego del joven Narciso, que se quedó prendado de su reflejo en el agua; pero con el tiempo el sentido luminoso de la primavera desplazó la historia del ensimismamiento, y hoy la flor se lee como un deseo limpio de nuevo comienzo.

A quienes cumplen años en marzo, el narciso les va por carácter: a los optimistas, a los que saben empezar de nuevo y buscan la luz. Un narciso de joyería, con la copa de la flor abierta, resulta generoso y primaveral, sobre todo en oro amarillo. La forma de la flor, con la corona saliente en el centro, da al artesano una bonita profundidad, y el metal cálido subraya el carácter soleado de marzo.

Abril: margarita y guisante de olor

La margarita parece un dibujo infantil del sol: pétalos blancos alrededor de un corazón amarillo. Por esa sencillez la hicieron símbolo de inocencia, pureza y amor fiel. Hay una vieja creencia: la margarita «guarda un secreto», de ahí el juego de «me quiere, no me quiere» arrancando pétalos. La palabra inglesa daisy viene de day's eye, «ojo del día», porque la flor se cierra de noche y se abre con el amanecer.

La segunda flor de abril, el guisante de olor, huele tan fuerte y dulce que se regala en señal de gratitud y de tierna despedida, un «gracias por un tiempo maravilloso». A quienes cumplen años en abril, estas flores les favorecen: a las personas sinceras, ligeras, esas que llevan la primavera dentro todo el año. Una margarita en esmalte o un colgante con guisante de olor le van bien a quien aprecia la belleza sencilla, sin recargamiento.

Mayo: lirio de los valles y espino albar

El lirio de los valles es diminuto, pero perfuma toda la habitación. Sus campanillas blancas se convirtieron en símbolo del regreso de la felicidad, la pureza y la humildad. En Francia, el primero de mayo se regala un ramillete de lirio de los valles para atraer la suerte, una tradición que lleva más de un siglo viva. En la leyenda cristiana, estos lirios nacieron de las lágrimas de la Virgen al pie de la cruz, de ahí su segundo nombre, «lágrimas de María».

El espino albar, segunda flor de mayo, florece en una espuma blanca y rosada justo en plena primavera. Entre los celtas se ligaba a la esperanza y al amor primaveral, y sus ramas se colgaban para proteger la casa. En la tradición inglesa, el espino en flor era el corazón de las fiestas de bienvenida a la primavera, y se le llamaba simplemente «el árbol de mayo».

A quienes cumplen años en mayo, estas flores les van por espíritu: a las personas modestas y luminosas, esas que traen calor a una habitación con solo aparecer. El lirio de los valles, con su rociada de campanillas menudas, luce bonito en plata, delicado y primaveral. Una hilera de florecillas a lo largo del arco de un colgante da un ritmo tierno que atrapa bien la luz al moverse.

Junio: rosa y madreselva

La rosa es la reina de las flores y la más cargada de significados de toda la historia. Su sentido principal es el amor, pero el matiz lo decide el color: la roja habla de pasión; la blanca, de pureza; la rosada, de ternura; la amarilla, de amistad. La rosa acompaña al ser humano desde hace miles de años, de los banquetes romanos a los escudos medievales, y sigue siendo el signo universal del sentimiento.

La madreselva, segunda flor de junio, trepa y abraza su soporte, por lo que se hizo símbolo de vínculos fuertes, de devoción y de felicidad en el hogar. Su dulce aroma vespertino le añadió el sentido de un amor tierno y duradero. En los jardines victorianos se plantaba junto al umbral y sobre la puerta: se creía que su abrazo protegía la casa y guardaba el amor de quienes vivían dentro.

A quienes cumplen años en junio, estas flores les favorecen: a los románticos, a las personas cálidas y apegadas en el buen sentido. La rosa en una joya es un clásico eterno: un colgante en forma de capullo, un anillo con una rosa, un grabado; todo se lee al instante y sin explicaciones. Juega bonito también el número de pétalos: un capullo entreabierto habla de un sentimiento que nace, una rosa plenamente abierta de un amor maduro.

Julio: espuela de caballero y nenúfar

La espuela de caballero, o delfinio, se alza en altas velas azules y violetas. En el lenguaje de las flores significa ligereza, corazón abierto y ánimo positivo, y el tono azul le añade dignidad y nobleza. El nombre «delfinio» viene del griego delfín: la forma del capullo recuerda a la cabeza de este animal.

El nenúfar, segunda flor de julio, se abre sobre el agua por la mañana y se cierra al caer la tarde. Tiene una simbología honda de pureza de corazón e iluminación: en el budismo y en la cultura egipcia, el loto, su pariente, significa el despertar espiritual desde el agua oscura hacia la luz. Los egipcios veían en la apertura de la flor al amanecer la imagen del sol naciente, y por eso la asociaban al nacimiento y a la renovación de cada día.

A quienes cumplen años en julio, estas flores les van por carácter: a las personas alegres, abiertas, de alma clara. Una espuela de caballero en esmalte azul o un nenúfar en nácar le dan a la joya una fresca profundidad veraniega. El nácar viene aquí especialmente al caso: su reflejo húmedo repite el agua sobre la que descansa la flor y hace que el colgante parezca fresco a la vista incluso en pleno calor.

Agosto: gladiolo y amapola

El gladiolo crece alto y recto, como una hoja de espada. Su nombre procede del latín gladius, espada, de ahí su apodo popular de «espadaña» en varias lenguas. En el lenguaje de las flores, el gladiolo significa fuerza de carácter, honor y fidelidad, y también «corazón traspasado», una alusión a un enamoramiento profundo. Los romanos ligaban la flor a los gladiadores y a la firmeza en el combate.

La amapola, segunda flor de agosto, lleva un doble sentido. Por un lado, imaginación y consuelo; por otro, sueño eterno y memoria: la amapola escarlata se convirtió en símbolo del recuerdo de los caídos. En la antigüedad se asociaba a los dioses del sueño por sus propiedades soporíferas, y los griegos la ponían junto a las imágenes de Hipnos y Morfeo. La misma amapola que adormece regala también sueños vívidos, de ahí su vínculo con la fantasía y la creatividad.

A quienes cumplen años en agosto, estas flores les favorecen: a las personas fuertes de espíritu, directas, con un eje interior. El gladiolo aporta una bonita vertical al diseño de un colgante, y la amapola un intenso acento escarlata. El contraste de las dos flores de agosto se aprovecha bien en pareja: la forma severa del gladiolo y el pétalo blando y arrugado de la amapola se completan, como la fuerza y el sentimiento en una misma persona.

Septiembre: aster y campanilla

El aster se parece a una estrellita, y eso mismo encierra su nombre: en griego, aster significa estrella. Según la leyenda, los asteres brotaron allí donde cayeron a la tierra las lágrimas estelares de una diosa. En el lenguaje de las flores, el aster significa sabiduría, fe y amor, y también se ponía sobre las tumbas como señal de memoria y como deseo de buen viaje. En otoño, cuando el verano se apaga, el aster mantiene el jardín en flor.

La campanilla, segunda flor de septiembre, se abre al amanecer y se marchita al caer la tarde de ese mismo día. Por esa brevedad se hizo símbolo de lo fugaz, del cariño tierno y de que la belleza hay que apreciarla ahora. En el lenguaje victoriano de las flores, la campanilla significaba además los lazos que unen a dos personas, por la manera que tiene la planta de enroscarse en todo lo que la rodea.

A quienes cumplen años en septiembre, estas flores les van por espíritu: a las personas sabias, reflexivas, esas que ven belleza en el declive sereno del año. El aster-estrella queda bonito en un colgante geométrico de rayos nítidos, y la campanilla en una forma tierna y aérea con la copa de la flor abierta. La pareja del aster severo y la campanilla suave transmite bien la dualidad de septiembre, cuando el verano ya se despide y el otoño apenas entra.

Octubre: caléndula y cosmos

La caléndula arde en naranja y amarillo hasta las primeras heladas. Se la llama la flor del sol del otoño: significa calor, creatividad y devoción, y se abre y se cierra siguiendo al sol. En México, el cempasúchil, pariente cercano de la caléndula, es la flor del Día de Muertos, y con sus pétalos se traza el camino de la memoria hasta la casa.

El cosmos, segunda flor de octubre, recibió su nombre del griego kosmos, orden y armonía. Sus pétalos están dispuestos con tal regularidad y simetría que los antiguos veían en él la imagen del equilibrio del mundo. En el lenguaje de las flores, el cosmos significa armonía, calma y belleza en equilibrio. A quienes cumplen años en octubre, estas flores les favorecen: a las personas cálidas, creativas, esas que aportan a la vida tanto color como orden. Una caléndula en esmalte naranja suena otoñal y generosa, y un cosmos fino de pétalos parejos funciona bonito en un colgante gráfico, casi geométrico, donde importa la simetría limpia de la forma.

Noviembre: crisantemo

El crisantemo florece cuando el jardín ya se duerme, y aguanta hasta los primeros fríos. Por esa firmeza se lo quiere de maneras muy distintas en los dos extremos del mundo. En Asia, el crisantemo es símbolo del sol, la longevidad y la alegría: en Japón es la flor del emperador y la más alta condecoración del Estado, y la fiesta otoñal del crisantemo se celebra desde hace siglos. En Europa, en cambio, se lo asocia más bien a la memoria y se lleva a los cementerios el Día de Todos los Santos.

En el lenguaje de las flores, el crisantemo significa amistad, abundancia y un afecto fiel y duradero. Su flor exuberante y de muchas capas resulta rica y festiva. El propio nombre se traduce del griego como «flor de oro»: los primeros crisantemos que conoció Europa eran precisamente amarillos, solares, a juego con el mes que se asoma al invierno.

A quienes cumplen años en noviembre, el crisantemo les va por carácter: a los amigos fieles, a las personas firmes, esas que florecen cuando las demás ya se han escondido. El crisantemo, con su multitud de pétalos, le da al joyero una bonita textura, con volumen y presencia. Una flor así luce bien en un colgante de volumen, donde las capas de pétalos atrapan la luz de distinta manera y la pieza cobra vida con cada movimiento.

Diciembre: narciso paperwhite y acebo

El paperwhite es un narciso tazetta blanco que florece justo hacia el invierno, a menudo para la mismísima Navidad. Sus delicadas estrellas blancas de aroma intenso se convirtieron en el símbolo de diciembre de esperanza, renovación y fe en lo mejor en medio del mes más oscuro. A diferencia de su hermano primaveral amarillo, el paperwhite es todo blanco y resulta especialmente adecuado en un interior invernal.

El acebo, segundo símbolo de diciembre, son hojas perennes, brillantes, y bayas escarlata. Con sus ramas se adorna la casa en las fiestas de invierno por toda Europa, y sus raíces se hunden en ritos precristianos de protección del hogar en la época oscura del año. Los romanos regalaban ramas de acebo en las Saturnales como deseo de buena salud, y los celtas creían que la planta perenne guardaba la vida mientras el resto del bosque dormía.

El acebo significa protección, firmeza y calor del hogar en medio del frío. A quienes cumplen años en diciembre, estos símbolos les favorecen: a las personas que sostienen la luz y el calor cuando alrededor hiela. El paperwhite blanco queda precioso en esmalte, y el acebo con sus bayas escarlata da un colgante festivo y cálido. La combinación de la hoja verde oscura y la baya roja ofrece una paleta de gala ya lista, especialmente oportuna en un regalo para las fiestas de invierno.

Historia de la tradición: de dónde salió la flor del mes

El lenguaje victoriano de las flores

La fuente principal de la tradición es la floriografía, el «lenguaje de las flores», que floreció en la Gran Bretaña y la Francia del siglo XIX. En una época en la que hablar de los sentimientos de forma directa se consideraba poco decoroso, la gente aprendió a explicarse con ramos. Cada flor llevaba un significado fijo, y la combinación de flores, su color e incluso con qué mano entregabas el ramo componían todo un mensaje.

La floriografía era tan popular que se publicaban diccionarios de flores, decenas de ediciones con las que las señoritas componían y descifraban ramos. La rosa por el amor, la violeta por la fidelidad, el gladiolo por la fuerza, la amapola por la memoria. Precisamente de esos diccionarios pasaron los significados a las listas de flores del mes, cuando a alguien se le ocurrió asignar a cada mes su flor a imitación de las piedras de nacimiento.

Raíces romanas y populares

La floriografía no inventó los significados, sino el sistema. Los sentidos en sí son mucho más antiguos. Los romanos adornaban sus banquetes con rosas y consagraban flores a los dioses: la rosa a Venus, la amapola a Ceres y a los dioses del sueño, el laurel a Apolo. Las creencias populares europeas ligaban las flores al momento de su floración: la campanilla de invierno con el final del invierno, el espino con la plenitud de la primavera, el crisantemo con el umbral de los fríos.

Muchos significados vinieron de la tradición cristiana. El lirio de los valles y el clavel se asociaban a las lágrimas de la Virgen, el lirio a la pureza, la rosa al amor celestial y terrenal a la vez. El calendario de fiestas de la Iglesia se superpuso al calendario de las floraciones, y poco a poco cada estación, y luego cada mes, tuvo su flor protectora.

Cómo se fijó la lista

La lista que hoy conocemos se formó en la cultura angloamericana a finales del siglo XIX y a lo largo del XX, en buena medida por obra de los gremios florales y de los editores de tarjetas. Tomaron los viejos significados, los relacionaron con el momento de la floración y los ordenaron en una cómoda tabla de «mes, flor». Así, la tradición pasó de un folclore difuso a una lista lista para usar, cómoda tanto para el florista como para el joyero.

Por eso mismo el canon es flexible. A distintos gremios y países les salieron tablas ligeramente distintas: en un sitio el mes tiene una sola flor, en otro dos, y a veces compiten tres plantas a la vez. No existe una lista «correcta» única, ni puede existir, porque la tradición creció desde abajo, de las creencias populares, y no bajó desde arriba como una ley uniforme.

Colgante de Lalique con anémona de bosque, oro y esmalte plique-à-jour, hacia 1900
La anémona de bosque de Lalique muestra cómo el joyero convierte una flor en un símbolo que se puede llevar. El esmalte verde y traslúcido, la técnica plique-à-jour, deja pasar la luz de parte a parte, como si fuera un pétalo vivo. Así funciona también la flor del mes de nacimiento: detrás de la forma hay un sentido, y la joya lo vuelve personal. El colgante viajó a Rusia en 1903, sobrevivió a un siglo de convulsiones y no regresó a París hasta cien años después.Pendentif Anemone des bois (Wood Anemone pendant), Rene Lalique, circa 1900. Petit Palais, Paris Musees, Open Access (CC0 1.0)

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En qué se diferencia la flor del mes de la piedra del mes

La piedra y la flor del mes son dos tradiciones paralelas, y no conviene confundirlas. La piedra de nacimiento se apoya en antiguas listas de gemas cuyas raíces se remontan al pectoral del sumo sacerdote de la Biblia y a la astrología. La flor creció de las creencias populares y del lenguaje de las flores. Una va de minerales, la otra de plantas, pero funcionan de forma parecida: atan un símbolo personal al mes de nacimiento.

La diferencia está también en el carácter de los significados. Las piedras hablan más de protección, riqueza, salud, fuerza: el zafiro de sabiduría, el rubí de pasión, la esmeralda de fidelidad. Las flores son casi siempre más suaves y cálidas: esperanza, modestia, cariño, renovación, memoria. Si la piedra es un escudo de armas, la flor es una nota escrita a mano.

Hay también una diferencia práctica. La piedra en una joya es más cara y más duradera; se elige como inversión y como reliquia de familia. La flor es más flexible en el diseño: se pinta con esmalte, se graba, se funde en metal, y un colgante así suele ser más accesible y se lee con más facilidad como un regalo personal y cálido. A muchos les gusta unir los dos símbolos: la piedra del mes en el engaste y los pétalos de su flor alrededor.

Conviene recordar además que la flor se entiende sin pistas. No todo el mundo recuerda que el granate es la piedra de enero, pero un clavel lo reconoce casi cualquiera. Por eso la flor suele ganar como regalo para una persona ajena al mundo de los minerales: el sentido se capta de un vistazo, sin tablas ni explicaciones. Y quien ama ambas cosas reúne una pareja donde la piedra responde del brillo y el estatus, y la flor del calor y la historia.

Qué regalar, ¿la flor o la piedra del mes?

La elección entre la flor y la piedra del mes depende de la persona y de la ocasión. La piedra gana cuando hace falta un regalo para una fecha redonda, una reliquia de familia o una pieza que se valora como inversión: es duradera, valiosa y con estatus. La flor gana por su suavidad y su claridad: su significado se lee sin tablas, un clavel o una rosa los reconoce cualquiera, y los sentidos cálidos como la ternura y la esperanza están más cerca del corazón que «riqueza» o «poder». Si la persona es ajena al mundo de los minerales, la flor casi siempre acierta más. Para un aniversario o una boda encaja mejor la piedra; para una muestra de afecto sincera y un regalo a mamá o a una amiga, la flor. Y quien quiere los dos símbolos los une en una sola joya, de lo que hablamos a continuación.

La flor y la piedra del mismo mes en una sola joya

Donde más bonito funcionan la flor y la piedra del mes es juntas, en una misma pieza. El artesano coloca la piedra del mes en el corazón de la flor de ese mismo mes: granate en el clavel de enero, esmeralda en el lirio de mayo, rubí en la rosa de julio según la lista occidental de piedras. Sale un talismán doble, donde la planta responde del calor y la historia, y el mineral del brillo y la luz. El recurso es especialmente logrado en un colgante y en un anillo: los pétalos enmarcan la piedra, como un engaste, y la pieza se lee a la vez en dos idiomas, el floral y el mineral. Para un regalo de familia se reúnen varias parejas en una sola joya, una flor y una piedra por cada hijo, y el colgante se convierte en una pequeña crónica de la familia junto al corazón.

Cómo se traslada la flor del mes a las joyas

Colgante-flor y esmalte

La forma más directa de llevar tu flor es un colgante con su forma. Los joyeros funden los pétalos en oro y plata, y el color lo aporta el esmalte: narciso amarillo, espuela de caballero azul, amapola escarlata, lirio de los valles blanco. El esmalte es aquí insustituible, porque solo él transmite el color verdadero de la flor. La técnica plique-à-jour deja pasar la luz a través del esmalte traslúcido y hace que el pétalo parezca vivo, semitransparente, como uno de verdad.

La forma de la flor le viene bien al joyero: es simétrica, escala bien desde un pendiente diminuto hasta un colgante grande y juega bonito con la luz. Una flor fina de oro en una cadena resulta sobria y va para el día a día, mientras que un gran broche-flor en esmalte se convierte en un acento vivo sobre una tela lisa.

Grabado y personalización

No hace falta llevar la flor de forma literal. A menudo resulta más elegante el grabado: la silueta de la flor en el reverso de un medallón, un contorno fino en un anillo, una rociada de pétalos menudos a lo largo de un colgante. El grabado añade una segunda capa: por fuera una joya, por dentro una señal personal que solo tú ves.

La personalización es lo que hace de la flor del mes un regalo tan acertado. A la silueta de la flor es fácil añadirle la fecha de nacimiento, una inicial o una palabra corta. Sale una pieza que es imposible comprar al azar: está armada para una persona concreta y su mes. Sobre cómo se integran las imágenes florales en el diccionario general de símbolos en la joyería conviene recordar una cosa: la flor se lee al instante, sin aclaraciones, y esa es su fuerza.

Metales y piedras

El oro cálido hace buenas migas con las flores cálidas: el narciso, la caléndula, la rosa. La plata fría subraya las blancas y azules, el lirio de los valles, la violeta, la espuela de caballero. Para una persona de subtono de piel cálido, una flor de oro brillará; para un subtono frío, la plata dará un aire más limpio y gráfico.

Las piedras añaden profundidad al color. Un rubí menudo en el corazón de una rosa, un zafiro azul en la espuela de caballero, una gota de perla en el lirio de los valles. Queda bonito unir la flor del mes con la piedra de ese mismo mes: sale un talismán doble, donde planta y mineral se refuerzan. Para quien ama la textura, se hacen los pétalos mate y se pule el corazón, de modo que el juego de luz subraye la forma.

Anillo y pendientes con la flor del mes

El colgante no es la única forma para la flor del mes. Un anillo con flor se lleva como señal diaria: un pequeño motivo de pétalos en el aro o una única flor con volumen en lugar de piedra. Los pendientes permiten que una pareja de flores iguales se balancee bonito al moverse y atrape la luz, sobre todo si los pétalos van cubiertos de esmalte en el color real de la planta. Para un anillo lucen las flores compactas de forma nítida, la margarita, la violeta, el cosmos: no se enganchan y aguantan el aspecto durante años. Los pendientes admiten motivos más exuberantes, la rosa o el crisantemo, donde importa el volumen. El grabado también viene al caso: una silueta fina de flor por el borde del anillo resulta sobria y le va a quien no gusta de lo llamativo. El anillo y los pendientes se reúnen con facilidad en un conjunto con un colgante de la misma flor.

Pulsera y broche con la flor del mes

La pulsera y el broche le dan a la flor del mes más espacio que un colgante fino. En la pulsera se alinean las flores en fila, una por cada ser querido, y la pieza se convierte en un amuleto de familia en la muñeca. Un único charm-flor en la cadena de una pulsera funciona como una señal personal, siempre a la vista. El broche recupera la moda de los retratos antiguos: una gran flor en esmalte sobre una tela lisa se convierte en un acento vivo que se lleva toda la atención. Para el broche lucen los motivos exuberantes de pétalos con volumen, el crisantemo, la rosa, la amapola, donde el artesano juega con la luz y la textura. La pulsera prefiere flores más pequeñas y parejas, para que la fila se lea limpia. Ambas formas se personalizan con facilidad con una fecha o una inicial en el reverso, y entonces la joya ya no se compra al azar.

La flor del mes en el tatuaje

La flor del mes no se lleva solo en metal. El tatuaje con la flor de nacimiento se ha vuelto una manera callada de fijar el símbolo personal de por vida, sin cadena ni cierre. Lo más habitual es tatuar una silueta fina y gráfica de la flor del mes propio, a veces con la fecha de nacimiento o una inicial al lado. También son populares las variantes familiares: varias flores en una misma composición, una por cada ser querido, entrelazadas en un tallo común. El lugar del dibujo se elige según el carácter: la muñeca y la clavícula para una silueta menuda, el antebrazo para una rama más grande. El sentido es el mismo que el de un colgante: el clavel por el cariño, el narciso por la renovación, el lirio de los valles por el regreso de la felicidad. La diferencia está en que el tatuaje siempre va contigo y se lee como una promesa a uno mismo. A quien no está listo para un dibujo permanente, ese mismo motivo se traslada con facilidad a una joya y se lleva según el ánimo, dejando para más adelante la decisión de pasarlo o no a la piel.

Regalo de cumpleaños

La flor del mes está hecha para el regalo de cumpleaños. Se ata a la fecha de forma literal, lleva un significado cálido y no obliga a adivinar el gusto en piedras o estilos. Regalar a alguien su flor equivale a decir: sé cuándo naciste y he elegido una señal justamente para ti. Esto funciona incluso con quien es indiferente a las joyas: el sentido se capta de inmediato.

Es cómodo también que la flor sea flexible en cuanto al presupuesto. Un colgante fino de plata con la silueta de una flor suena tan cálido como uno grande de oro con esmalte y piedra. El símbolo es uno solo, y la forma se ajusta a la ocasión y al bolsillo, de un pequeño detalle a un regalo serio para una fecha redonda.

Las flores del mes en el arte y las leyendas

Flores en la pintura y el bordado

Mucho antes de las floristerías y los catálogos de joyería, la gente ya llevaba sus flores en la tela y las guardaba en los lienzos. Las damas medievales bordaban violetas y lirios de los valles en los pañuelos, poniendo en las puntadas los mismos sentidos que más tarde pasarían al lenguaje de las flores: fidelidad, pureza, memoria. Un ramo en un retrato se leía como una firma: el pintor ponía una flor en las manos de la dama para decir sin palabras al espectador quién era y de qué vivía.

Los maestros holandeses del bodegón llevaron la pintura floral a su cima. En sus ramos exuberantes, la rosa convivía con la amapola y el narciso, y cada flor llevaba su alusión: la rosa al amor, la amapola a la fragilidad de la vida, el tulipán marchito a que la belleza es corta. Más tarde, en la época del art nouveau, la flor volvió ya en metal y esmalte: los joyeros modelaban los pétalos con tal precisión que parecían el molde de una planta viva, y fue entonces cuando el colgante floral se convirtió en una obra de arte que se puede llevar puesta.

Leyendas detrás de los pétalos

Casi cada flor del mes tiene su leyenda, y explica el significado mejor que cualquier diccionario. El narciso, según el mito griego, creció allí donde el joven se quedó prendado de su reflejo en el agua, de ahí el matiz de ensimismamiento que luego se cambió por el sentido luminoso de la primavera y la renovación. El aster, según otra leyenda, brotó de las lágrimas de una diosa que miraba desde la tierra las estrellas lejanas, y por eso lleva el nombre de «estrella».

Al lirio de los valles la tradición cristiana lo ligó a las lágrimas de la Virgen al pie de la cruz, por lo que lo apodó «lágrimas de María». El jacinto, pariente de muchas flores primaverales, según el mito creció de la sangre de un joven muerto al que lloraba un dios. Estas historias no son un adorno de la flor, sino su corazón: precisamente del mito y de la creencia nació el significado que hoy ponemos en un colgante.

Flores en la poesía y las creencias

Los poetas hablaron con flores durante siglos, y el pueblo les respondía con creencias. La rosa se hizo la flor principal de la lírica amorosa, la violeta se cantaba por su fidelidad modesta, la amapola por el sueño y el olvido. En las creencias campesinas, las flores predecían el tiempo y el destino: la margarita se cerraba antes de la lluvia, y por sus pétalos se echaba la suerte del «me quiere, no me quiere». En Francia, todavía hoy, el lirio de los valles se lleva el primero de mayo para atraer la suerte, continuando una creencia de más de un siglo.

Las creencias solían variar de un país a otro, y conviene tenerlo presente al elegir una flor de regalo. Donde un pueblo veía alegría en la flor, otro leía tristeza. Pero es precisamente esa multiplicidad de capas lo que hace de la flor del mes un símbolo vivo: detrás de ella no hay una sola línea seca, sino todo un coro de voces, mitos y creencias que cada uno es libre de escuchar a su manera.

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A quién se regala la flor del mes

A mamá

Para una madre, la flor del mes es un regalo casi ideal. Puede tomarse su propia flor por el mes de nacimiento, o pueden reunirse en un colgante las flores de todos los hijos: para una madre de dos, dos flores juntas; para una madre de tres, tres. Una pieza así se convierte en un retrato de familia callado que ella lleva junto al corazón. El clavel, por cierto, es en muchos países la flor del Día de la Madre.

A una amiga

A una amiga se le regala una flor como señal de que la ves y recuerdas su fecha. Aquí funcionan bien los significados cálidos: la amistad del crisantemo, el cariño del aster, la fidelidad de la violeta. Puede jugarse con su carácter, y no solo con el mes: a la audaz le va una espuela de caballero viva en esmalte; a la serena, un lirio de los valles fino en plata. El regalo sale personal sin el riesgo de fallar con la talla o el gusto.

A uno mismo

La propia flor también se compra para uno, y no hay nada raro en ello. Es una manera tranquila de celebrar el propio cumpleaños y llevar cada día una pequeña señal personal. Muchos eligen no su mes, sino una flor con un significado afín: la esperanza de la campanilla de invierno, la firmeza del gladiolo, la renovación del narciso. El símbolo funciona como un recordatorio callado de lo que a uno le importa ahora. Una pieza así viene bien para marcar el comienzo de una etapa nueva: un cambio de trabajo, una mudanza, la recuperación tras una racha difícil, cuando apetece llevar consigo una señal callada del cambio, visible solo para uno mismo, que funciona como un talismán personal de un nuevo comienzo.

A la pareja y a la persona amada

La flor del mes va bien también como regalo a la persona amada, porque detrás de ella hay atención a la fecha, y no una elección al azar en un escaparate. A la pareja se le regala su propia flor o una flor de significado afín al sentimiento: la rosa por el amor, la madreselva por los vínculos fuertes, el lirio de los valles por el regreso de la felicidad. Funciona bonito la idea en pareja: dos flores, la de su mes y la de ella, en un mismo colgante o en un par de joyas, como señal callada de que los dos están juntos. A un hombre, el símbolo floral se toma en una forma sobria, con un grabado en un medallón o una silueta severa, para que la pieza se lea tranquila. Un regalo así habla sin palabras de la atención a la persona y a su fecha, y ahí está su fuerza para un aniversario o una primera cita seria.

Por el nacimiento de un hijo

La flor del mes es un regalo cálido también por el nacimiento de un hijo. El bebé llega al mundo en un mes concreto, y ese mes ya tiene su flor con un significado luminoso: en marzo el narciso y el nuevo comienzo, en mayo el lirio de los valles y el regreso de la felicidad, en septiembre el aster y la sabiduría. A la madre, como recuerdo del nacimiento, se le regala un colgante con la flor del mes del bebé, al que a menudo se le añade la fecha de venida al mundo. Cuando hay varios hijos, las flores se reúnen en una misma joya, y esta crece con la familia. Un regalo así sobrevivirá a los primeros años y se quedará con la persona mucho tiempo, a diferencia de los juguetes y la ropa. Más adelante, la flor de su mes puede pasarse al propio hijo, cuando crezca.

A la novia y para la boda

La flor del mes también encuentra su sitio en una boda. A la novia se le regala un colgante con su propia flor como talismán personal y callado bajo el vestido, y a veces se entreteje esa misma flor en el ramo, para unir la joya y las flores en un solo tema. Para la pareja es bonita la idea de dos flores, la del mes del novio y la de la novia, unidas en una misma joya como recuerdo del día. Aquí se eligen significados luminosos: la rosa por el amor, el lirio de los valles por la felicidad, la madreselva por la firmeza de los vínculos, el espino por la esperanza primaveral. El regalo es oportuno de parte de los padres, de los invitados y del novio a la novia la mañana antes de la ceremonia. A diferencia del ramo, que se marchitará, la flor en metal se queda con la pareja durante años y se completa con facilidad con la fecha de la boda grabada.

A un colega, a un profesor y por un cambio de casa

La flor del mes saca del apuro también allí donde un regalo personal parece arriesgado: a un colega, a un profesor, a un vecino por su cambio de casa. Aquí se toman significados neutros y cálidos y una forma sobria, para que el gesto se lea como una atención y no como una insinuación. A un colega le va, según el caso, un colgante fino con la silueta de su flor del mes o un grabado sin esmalte vivo. A un profesor le viene bien una flor con significado de gratitud, como el guisante de olor, o un crisantemo como señal de respeto. Por un cambio de casa se regala la flor del dueño de la casa o el acebo, cuyo sentido es la protección y el calor del hogar. Un regalo así no abruma con cercanía y, a la vez, muestra que has averiguado la fecha o el carácter de la persona. Su tamaño pequeño y un metal tranquilo lo hacen oportuno en cualquier ambiente.

Qué flor regalar según la fecha de nacimiento

Para elegir la flor según la fecha de nacimiento basta con saber el mes; el día y el año no hacen falta. Mira en qué mes nació la persona y toma la flor asignada a ese mes de la lista; y si el mes tiene dos, elige aquella cuyo significado sea más cercano. Nació en enero, regala clavel o campanilla de invierno; en junio, rosa o madreselva; en noviembre, crisantemo. Después ajustas la forma a la persona: una flor en esmalte a color para los caracteres vivos, un grabado fino para los sobrios. Si la flor formal del mes no gusta, nada impide tomar una flor con el significado deseado de otro mes, porque la lista es un marco, no una ley. La fecha de nacimiento añadida al reverso hace del regalo algo con nombre y a medida.

La flor del mes como regalo de cumpleaños

La flor del mes parece hecha para el cumpleaños: se ata a la fecha de forma literal y lleva un deseo cálido sin palabras de más. Regalar a alguien su flor significa mostrar que recuerdas cuándo nació y elegiste una señal justo para él, y no la primera cosa que encontraste. Esto ayuda cuando la persona es indiferente a las joyas o a las piedras: el sentido de la flor se capta de inmediato, sin explicaciones. Es cómoda también la flexibilidad de presupuesto: un colgante fino de plata con la silueta suena tan cálido como una gran flor de oro con esmalte. Al regalo es fácil añadirle una fecha o una palabra corta, y entonces la pieza se vuelve de verdad personal. Para una fecha redonda, la flor del mes se une a menudo con la piedra de ese mismo mes.

Flores de cada mes: significado y a quién le van
MesFlorSignificadoA quién le vaPopularidad en joyería
EneroClavel, campanilla de inviernoAdmiración, esperanzaA los tenaces, a quienes empiezan de nuevo
FebreroVioleta, prímulaModestia, fidelidadA los sensibles y leales
MarzoNarcisoNuevo comienzo, primaveraA los optimistas
AbrilMargarita, guisante de olorInocencia, gratitudA los sinceros y despreocupados
MayoLirio de los valles, espinoEl regreso de la felicidadA los modestos y luminosos
JunioRosa, madreselvaAmor, lazos firmesA los románticos
JulioEspuela de caballero, nenúfarLigereza, purezaA los alegres
AgostoGladiolo, amapolaFuerza, memoriaA los de espíritu fuerte
SeptiembreÁster, campanillaSabiduría, afectoA los reflexivos
OctubreCaléndula, cosmosCalidez, armoníaA los creativos
NoviembreCrisantemoAmistad, longevidadA los amigos leales
DiciembreNarciso paperwhite, aceboEsperanza, protección del hogarA quienes guardan la calidez

Las tradiciones varían según el país

Conviene repetirlo con honestidad: no existe una lista única. Lo que en un país es la flor de agosto, en otro es la de julio, y en algún sitio el mes tiene directamente otra planta. Los cánones inglés y estadounidense coinciden la mayoría de las veces, pero incluso ellos difieren en los detalles, sobre todo allí donde el mes tiene dos flores en competencia.

También varían los propios significados. El crisantemo es en Japón alegría y símbolo del emperador, mientras que en Francia y en Italia se lleva al cementerio, y regalar allí un ramo de crisantemos puede entenderse mal. La amapola es para unos imaginación y consuelo, y para otros un símbolo severo del recuerdo de los caídos. Incluso el clavel, cálida flor del Día de la Madre en unos países, se considera en otros un regalo poco afortunado.

La conclusión es sencilla: la lista de flores del mes no es una ley, sino un bonito marco. Si tu flor personal te resulta más cercana por su significado que la que le toca formalmente al mes, toma la que te responda. La tradición siempre fue de sentimiento, y no un código de reglas, y en eso está su calor.

La flor del mes en Oriente

En Oriente hay una mirada propia sobre las flores del mes, y a veces difiere de la occidental. En Japón, el crisantemo es símbolo del sol, la longevidad y la casa imperial, y no de la memoria de los caídos como en parte de Europa, y la fiesta otoñal del crisantemo se celebra allí desde hace siglos. En China, el narciso que florece cerca del Año Nuevo se considera señal de suerte y prosperidad para todo el año, y se regala con el sentido más amable. El loto, pariente del nenúfar occidental, significa en la tradición budista el despertar espiritual y la pureza que se eleva del agua oscura hacia la luz. Por eso una misma flor se lee de forma distinta en los distintos extremos del mundo, y un regalo en el extranjero conviene contrastarlo con la costumbre local, para que un gesto cálido no se entienda al revés.

La flor de la semana y la flor del día de nacimiento

Además de la flor del mes, existen sistemas más finos: la flor de la semana e incluso la flor del día de nacimiento. Son más jóvenes y menos estables, y a menudo los inventan floristas y elaboradores de calendarios para un mercado concreto, por lo que aquí no hay ninguna lista única, ni mucho menos. La idea es la misma: atar una planta a un tramo de tiempo y darle un significado. En la práctica, la flor del día apenas prendió, la división es demasiado fina, mientras que la flor del mes sigue siendo la más cómoda: los meses son justo doce, la lista es fácil de recordar y coincide con el familiar calendario de las piedras de nacimiento. Por eso, si apetece un símbolo floral personal, es más seguro atenerse al mes: la tradición es más antigua, más estable y más comprensible tanto para el florista como para el joyero y para quien recibe el regalo. Los sistemas finos conviene tomarlos como un juego y un añadido agradable, y no como sustituto de la tabla habitual de meses, en la que se apoyan las tarjetas florales, los catálogos de joyería y las tradiciones familiares de regalos por todo el mundo.

Mitos y verdades sobre la flor del mes

Mitos y verdades sobre la flor del mes
La flor del mes de nacimiento es un invento moderno de las floristerías
Toca
Cada mes tiene estrictamente una sola flor correcta
Toca
El crisantemo significa lo mismo en todas partes
Toca
Las joyas florales solo son para mujeres
Toca
Regalar un solo narciso trae mala suerte
Toca

Datos que sorprenden

Un narciso trae desgracia, un ramo trae suerte. Una vieja creencia británica aconseja no regalar nunca un solo narciso: se decía que traía mala suerte. En cambio, un manojo entero promete lo contrario, alegría y abundancia para todo el año.

El gladiolo se llama así por la espada. Su nombre viene del latín gladius, la espada corta romana, por la forma de sus hojas largas y afiladas. Su nombre popular de «espadaña» en varias lenguas dice exactamente lo mismo.

La margarita es el «ojo del día». La palabra inglesa daisy se contrajo de day's eye: la flor cierra los pétalos de noche y los abre con el amanecer, como si parpadeara siguiendo al sol.

El crisantemo es la máxima condecoración de Japón. La Orden del Crisantemo es la más antigua y honorable distinción del Estado, y la flor misma es símbolo de la casa imperial. El trono de Japón se llama, precisamente, el Trono del Crisantemo.

El aster nació de lágrimas estelares. Según la leyenda griega, las flores del aster brotaron allí donde cayeron a la tierra las lágrimas de una diosa que miraba las estrellas. De ahí el nombre: aster en griego significa estrella, y la forma de la flor es, en efecto, estrellada.

La espuela de caballero es un pequeño delfín. El nombre latino delfinio se le dio a la flor por la forma del capullo cerrado: los antiguos veían en él la cabeza de un delfín. Una misma planta lleva dos nombres distintos, espuela de caballero y delfinio.

El cosmos se llama así por el orden del universo. El griego kosmos significa orden y armonía. Los botánicos dieron a la flor ese nombre por sus pétalos impecablemente parejos y dispuestos con simetría, viendo en ella la imagen del equilibrio del mundo.

El lirio de los valles se regala en Francia una vez al año para la suerte. El primero de mayo los franceses intercambian ramilletes de lirio de los valles, y ese día está permitido venderlo incluso sin licencia. La tradición lleva más de un siglo.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la flor del mes de nacimiento?

Es la flor asignada al mes en que una persona nació, como una piedra de nacimiento, pero del mundo de las plantas. Cada mes tiene su flor, a veces dos, y cada una su significado: amor, esperanza, fidelidad, memoria. La tradición creció de las creencias populares y del lenguaje victoriano de las flores, donde uno se explicaba en los sentimientos con plantas.

¿Cuál es la flor de los nacidos en marzo?

La flor de marzo es el narciso, heraldo de la primavera y símbolo de nuevo comienzo, renacimiento y suerte. Según una vieja creencia, es mejor regalarlo en ramo, no en flor suelta. Para quienes cumplen años en marzo, el narciso se lee como un deseo de un comienzo luminoso y de prosperidad, sobre todo en oro amarillo.

¿En qué se diferencia la flor del mes de la piedra del mes?

La piedra de nacimiento se apoya en antiguas listas de gemas y habla más de protección, fuerza y riqueza. La flor creció del lenguaje de las flores y lleva significados más cálidos y personales: ternura, cariño, renovación. La piedra es más cara y duradera; la flor, más flexible en el diseño y más fácil de leer como un regalo con alma. Muchos unen los dos símbolos en una sola joya.

¿De verdad cada mes tiene una sola flor?

No siempre. Parte de los meses tienen tradicionalmente dos flores: enero, clavel y campanilla de invierno; abril, margarita y guisante de olor; mayo, lirio de los valles y espino. Salió así porque las listas se formaron de distintas creencias populares y gremios florales. Puede elegirse la de las dos que resulte más cercana por su significado.

¿Se puede regalar la flor del mes a un hombre?

Sí, y los símbolos florales los llevaron históricamente personas de cualquier sexo. El gladiolo significa fuerza de carácter y honor; la amapola, memoria y firmeza; el acebo, protección del hogar. En una joya masculina, la flor se toma normalmente en una forma gráfica y sobria: un grabado en un medallón, una silueta severa en un sello, un esmalte oscuro. Importan la escala y el carácter de la pieza.

¿Las listas de flores del mes son iguales en todas partes?

No. Las variantes inglesa y estadounidense coinciden la mayoría de las veces, pero en los detalles los cánones difieren, sobre todo en los meses con dos flores. También varían los significados: el crisantemo en Occidente se liga a la memoria, y en Japón a la alegría y al sol. No hay una ley única, y es normal: la tradición creció de la costumbre popular.

¿Qué joya con la flor del mes elegir de regalo?

Parte de la persona. Para una madre va bien una variante con las flores de todos sus hijos en un solo colgante. Para un carácter romántico, una flor en esmalte a color; para uno sobrio, un grabado fino de la silueta. Al subtono de piel cálido le va el oro; al frío, la plata. Añadir la fecha de nacimiento o una inicial convierte la pieza en un regalo que no se puede comprar al azar.

¿Hay que llevar obligatoriamente la flor de tu mes?

No. La lista es un bonito marco, no una regla. Si por su significado te resulta más cercana la firmeza del gladiolo o la renovación del narciso que la flor que le toca formalmente a tu mes, toma la que te responda. La tradición siempre fue de sentimiento, así que el significado personal importa más que el calendario.

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Conclusión

La flor del mes de nacimiento es una manera cálida, casi olvidada, de decirle a alguien que recuerdas su fecha y elegiste para él una señal personal. Detrás de cada flor hay su sentido: la esperanza de la campanilla de invierno, la fidelidad de la violeta, la renovación del narciso, la firmeza del crisantemo. Estos significados no los inventaron los publicistas: crecieron de las creencias populares, de los mitos y del viejo lenguaje de las flores.

La belleza de la tradición está en su suavidad. La piedra del mes habla de riqueza y protección; la flor, de ternura, cariño y comienzo. Es fácil trasladarla a una joya: fundirla en metal, pintarla con esmalte, grabar su silueta, añadir una fecha. Sale una pieza que se lleva a diario y que recuerda en silencio algo propio.

Y si la flor que le toca formalmente a tu mes no te resulta cercana, toma aquella cuyo significado te responda. La lista nunca fue una ley. Siempre fue de sentimiento.

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Sobre Zevira

Zevira crea joyas en las tradiciones artesanas de Albacete, España. Los motivos florales y naturales son uno de los lenguajes principales de nuestras colecciones: detrás de cada flor hay un sentido concreto que procuramos transmitir con precisión, apoyándonos en la historia del símbolo y no de forma aproximada.

Lo que puedes encontrar entre nosotros sobre la flor del mes de nacimiento:

Es posible el grabado personal y añadir una fecha. Plata de ley 925 y oro de 14-18K.

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