
La fluorita en joyería: química, colores, historia y cuidados
La fluorita dio nombre a dos cosas que usamos a diario: el flúor de la pasta de dientes y la palabra «fluorescencia». Y, sin embargo, el mineral en sí es mucho menos conocido que las gemas a las que iguala en belleza. Sus cristales crecen en cubos perfectos, brilla en violeta, verde, azul y amarillo, a veces todos a la vez, en capas dentro de una misma piedra. Aun así, sigue siendo una de las gemas más asequibles del mostrador.
El precio de esa belleza es la blandura. La fluorita se raya y se astilla con facilidad, así que en joyería no se comporta como un zafiro, sino más bien como una piedra delicada para un colgante o unos pendientes. Veamos de qué está hecha, de dónde salen sus colores, dónde se extrae, cómo distinguirla del vidrio y cómo cuidarla para que no se destiña.
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Qué es la fluorita: química y física
La fluorita es fluoruro de calcio, CaF2. La fórmula no puede ser más simple: un átomo de calcio por cada dos de flúor. En su forma pura, el cristal es incoloro y tan transparente como el vidrio. Todo el espectro de color se lo deben la piedra a las impurezas y a los defectos de la red cristalina, de los que hablaremos más abajo.
El mineral cristaliza en el sistema cúbico, uno de los más simétricos de la naturaleza. De ahí la forma típica de los ejemplares naturales: cubos y octaedros ordenados, de caras rectas. Una piedra con una forma geométrica limpia ya es una buena señal de fluorita auténtica.
Las propiedades clave que conviene conocer antes de comprar:
- Dureza Mohs: 4. La fluorita es el mineral de referencia del cuarto escalón de la propia escala. A modo de comparación: el vidrio ronda 5,5, el cuarzo 7, el zafiro 9. La fluorita se raya con un cuchillo de acero e incluso con arena que contenga cuarzo. Esta es su principal limitación en joyería.
- Densidad: unos 3,18 g/cm3. Bastante más pesada que el vidrio del mismo tamaño. La piedra pesa en la mano más de lo que uno espera.
- Exfoliación perfecta en cuatro direcciones (según las caras del octaedro). El mineral se parte por planos lisos ante un golpe o una presión brusca. Por eso tallar la fluorita exige pulso firme: una exfoliación mal dada arruina la piedra.
- Índice de refracción de unos 1,43, dispersión baja. La luz atraviesa la piedra casi sin distorsión, sin el «fuego» del diamante o el circón. De ahí un brillo suave y vítreo, sin destellos vivos.
- Fragilidad. La fluorita no es dúctil: se quiebra, no se dobla. Un golpe seco puede partir incluso una piedra gruesa.
Estas cifras explican casi todo en el comportamiento de la fluorita: por qué no se engasta en anillos de diario, por qué nunca debe limpiarse con ultrasonidos y por qué se raya con tanta facilidad cuando comparte joyero con piedras más duras.
Fluorescencia y otros efectos ópticos
Bajo una lámpara ultravioleta (la llamada luz negra) la mayoría de los ejemplares de fluorita brillan, casi siempre en azul o violeta, con menos frecuencia en verde o amarillo. Los defectos de la red absorben el ultravioleta y lo reemiten como luz visible. Fue precisamente este mineral el que dio nombre al fenómeno de la fluorescencia en el siglo XIX.
Hay un efecto más raro: la termoluminiscencia y la triboluminiscencia, un destello al calentar o golpear la piedra. Si se parte cierto ejemplar en la oscuridad, se ve un fogonazo por un instante. En la Edad Media esto asustaba y dio pie a relatos sobre una piedra «demoníaca», aunque detrás hay física pura: la energía mecánica se libera del cristal en forma de luz.
Muchos ejemplares presentan pleocroísmo, es decir, cambian de tono según el ángulo de observación. La fluorita violeta puede tirar hacia el gris o casi a transparente al girarla. El vidrio y el plástico teñido no saben hacer eso, así que el pleocroísmo es otra pista de autenticidad.
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La historia de la fluorita
La fluorita tiene una historia poco común para una gema: primero se valoró como material de trabajo y solo después como adorno.
El nombre viene del latín fluo, «fluir». Los metalúrgicos medievales notaron que añadir fluorita al horno rebajaba la temperatura de fusión del mineral y volvía la escoria más fluida. La piedra hacía de fundente: ayudaba a separar el metal de la ganga. Desde la Edad Media se añadía a conciencia en las fundiciones de Alemania e Inglaterra, y para la metalurgia pesada se convirtió en materia prima estratégica.
En la antigua Roma existía la murra, la «piedra murrina», de la que se torneaban copas y vasos preciosos. La mayoría de los historiadores cree que se trataba de fluorita, a menudo bandeada y de color zonal. Plinio el Viejo describió esos recipientes como objetos de valor fabuloso. Tras la caída de Roma se perdió el conocimiento de los yacimientos y, en la Alta Edad Media, la fluorita casi desapareció del uso joyero.
El cambio llegó en el Renacimiento, cuando se hallaron grandes yacimientos locales por toda Europa. El ejemplo más conocido es la fluorita de Derbyshire, en Inglaterra, sobre todo la variedad bandeada azul y violeta llamada Blue John. En el siglo XVIII los artesanos la tornearon en jarrones, copas y piezas decorativas montadas en bronce dorado.
En los siglos XVIII y XIX volvió a primar el valor técnico: con el auge de la metalurgia industrial, las fábricas necesitaron fluorita en grandes cantidades, y su uso joyero quedó de nuevo en segundo plano. Regresó al adorno hacia finales del siglo XIX, en la época victoriana, pero ya como piedra semipreciosa asequible y no como lujo para testas coronadas.
En el siglo XX se sumó a su papel industrial uno óptico: con los cristales sin defectos empezaron a fabricarse lentes para microscopios, telescopios y cámaras. La asociación de la piedra con la «claridad mental» fue una invención de los autores de la New Age en los años setenta y ochenta, apoyada en el eco entre su nombre y la palabra «flujo». Esa lectura no tiene raíces históricas: es simbolismo moderno, no tradición antigua.
Geología: dónde se extrae la fluorita
La fluorita se forma en filones hidrotermales. Soluciones calientes saturadas de calcio y flúor ascienden por las grietas de la corteza terrestre, se enfrían y el fluoruro de calcio cristaliza. El proceso dura millones de años, y por eso en una sola piedra suelen verse capas de distinto color: la composición de la solución fue cambiando con el tiempo.
Las principales fuentes por países:
- China, el mayor productor, en torno al 60% de la extracción mundial. La piedra se da en cualquier calidad, de la técnica a la de gema transparente.
- México (Durango, Chihuahua, Zacatecas), cristales pálidos y muy transparentes, a menudo con capas de color «fantasma» en su interior. Los coleccionistas los aprecian.
- Inglaterra (Derbyshire), la clásica fluorita verde y amarilla, y la bandeada Blue John.
- Alemania (la Selva Negra), yacimiento histórico de fluorita violeta oscura.
- Francia (el Macizo Central), piedra azul y violeta con pleocroísmo marcado.
- Afganistán y Tayikistán, ejemplares de alta calidad con estructura fantasma.
De dónde sale el color
El fluoruro de calcio puro es incoloro. El color lo aportan las impurezas de elementos de las tierras raras y los defectos de la red (los llamados centros de color, donde un electrón atrapado ocupa el lugar de un ion).
- Violeta, el color más frecuente. Responden de él los centros de color y las impurezas de tierras raras. El tono va de la lavanda pálida a un amatista casi negro. Es el color que más teme al ultravioleta y se destiñe al sol con el tiempo.
- Azul, ligado a otro tipo de defecto. Aguanta el color mejor que el violeta. Un azul cielo profundo es raro y muy valorado.
- Verde, producido por impurezas a menudo vinculadas al hierro y las tierras raras. Una de las variantes más resistentes a la decoloración. La fluorita de Derbyshire es a menudo verde con un matiz amarillo.
- Amarillo, relativamente raro, claro y translúcido, a veces recuerda al topacio.
- Incolora (blanca), la más pura, casi sin impurezas. Alta transparencia óptica, se usa también para lentes.
- Multicolor (arcoíris), capas de violeta, azul, verde y amarillo dentro de un mismo cristal. Es el resultado de una cristalización repetida con la composición de la solución cambiante. Se da sobre todo en México y Afganistán.
Conviene recordar una cosa: la fluorita violeta y la azul pueden destiñirse bajo el sol directo y el ultravioleta. Por eso las joyas que las llevan se guardan mejor a oscuras y no se llevan días enteros bajo un sol fuerte.
Blue John: una rara variedad bandeada
Entre las fluoritas, la Blue John de Derbyshire ocupa un lugar aparte: una piedra bandeada que alterna capas violeta-azuladas y amarillo miel. Se extrae solo en dos labores cerca del pueblo de Castleton, en el condado inglés de Derbyshire, y en ningún otro lugar del mundo hay un equivalente natural de esos colores. El nombre, según la versión más extendida, es una deformación del francés bleu-jaune, «azul-amarillo».
El bandeado vuelve la piedra especialmente frágil: se parte por los límites entre bandas, así que casi nunca se talla para anillos. Histórica y actualmente, la Blue John se destina a jarrones tallados, copas y cabujones, y antes de trabajarla las láminas se impregnan a menudo con resina, o el material se desmenuza. La extracción se hace en pequeñas cantidades, unas pocas toneladas al año, y solo en la estación fría, cuando los talleres no atienden al turismo, de modo que las piezas de Blue John auténtica son raras y se valoran por encima de la fluorita corriente. Se hace pasar por ella fluorita corriente teñida o resina con un dibujo impreso; el ejemplar genuino se delata por un bandeado irregular y algo difuso y por un peso apreciable.
La fluorita en la ciencia y la técnica
Más allá de la joyería, la fluorita cumple un enorme papel práctico, y ese papel explica mucho de la propia piedra.
Óptica. Los cristales transparentes sin defectos transmiten la luz casi sin dispersión ni distorsión cromática. Con ellos se fabrican lentes de primera clase para microscopios, telescopios y objetivos de cámara. Esa fluorita óptica debe ser perfectamente limpia y es rara, por eso resulta cara. La joyería no necesita semejante pureza, y por eso la fluorita de gema sigue siendo asequible.
Fuente de flúor y fundente. La industria obtiene de la fluorita el ácido fluorhídrico y los compuestos de flúor. En metalurgia sigue actuando como fundente, rebajando la temperatura de fusión y aligerando la escoria.
Fluorescencia. El brillo bajo el ultravioleta, por el que el mineral dio nombre al fenómeno. Esta misma propiedad sirve de cómoda prueba de autenticidad.
Estabilidad química. La fluorita es inerte ante la mayoría de las sustancias y no se disuelve en agua. Los ácidos actúan sobre ella despacio, pero actúan, así que es mejor evitar el contacto con productos ácidos.
Alrededor de la piedra se ha acumulado bastante mito, desde el miedo medieval a su brillo hasta las exageraciones modernas sobre su «poder mágico». Repasemos las afirmaciones más habituales y separemos los hechos de la fantasía.
Joyas de fluorita: los formatos
Con una dureza de solo 4 en Mohs, la fluorita luce mejor allí donde queda a resguardo de golpes y roces. Cuanto más lejos de las superficies de trabajo, más dura la piedra.
Colgantes
El formato más afortunado. Un colgante cuelga libre, no roza ni la mesa ni el teclado, y la piedra conserva su aspecto mucho tiempo. Formas de trabajarla:
- Piedra rodada de forma irregular en un engaste sencillo o un trenzado de alambre. La opción más asequible y práctica, de aspecto natural.
- Piedra facetada (cojín, pera, cuadrada) juega bellamente con la luz: se ven los cambios de color y los reflejos. Cuesta más que la rodada.
- Cristal en bruto, un cubo u octaedro natural engastado tal cual. Va bien para quien aprecia la forma natural del mineral.
Pendientes
Otro formato seguro para la piedra: los pendientes apenas reciben golpes. Los pendientes de botón son discretos y cómodos para el día a día, mientras que los pendientes largos y de candelabro atrapan la luz con cada movimiento de la cabeza y se prestan a la noche. La fluorita clara da un brillo suave; la saturada, un golpe de color que se nota.
Pulseras
Una pulsera de cuentas de fluorita (en torno a 8 mm) sobre un cordón elástico es una opción común y económica. Tenga en cuenta que la muñeca roza superficies con más frecuencia que el pecho o las orejas, así que la piedra de una pulsera se raya antes. La versión con cadena y cierre de plata dura más que el cordón elástico, que se da de sí con el tiempo.
Anillos
El formato más arriesgado. Con dureza 4, la piedra en el dedo se cubre pronto de rayas, y un golpe puede astillarla por un plano de exfoliación. Si aun así quiere un anillo:
- Elija fluorita verde o azul, algo más resistentes que la violeta y mejores conservando el color.
- Llévelo en la mano menos activa y quíteselo para el deporte, la limpieza, el trabajo con herramientas y el agua.
- Pida al joyero que engaste la piedra en un bisel o con garras que protejan los cantos y las aristas.
- Tómeselo como un anillo de noche y no de diario.
Con qué llevar la fluorita
La fluorita resulta más interesante no por sí sola, sino dentro de un conjunto pensado. El color de la piedra marca el tono, así que parta de él.
Para el día a día, la fluorita violeta y la verde casan bien con ropa lisa de tonos serenos: gris, beige, azul marino, oliva. La piedra se convierte en el único golpe de color, y funciona. Un colgante sobre una fina cadena de plata, encima de un jersey de cuello alto o una camisa abierta, resulta sobrio. Para la oficina, opte por pendientes de botón o un colgante pequeño: la piedra no distrae en las videollamadas, pero aporta cierto aplomo al conjunto.
De noche tiene sentido dejar que la piedra hable del todo. Una fluorita violeta facetada en una cadena bajo un escote profundo, un vestido negro o de color vino, una luz suave y dirigida, y la piedra empieza a jugar con el pleocroísmo, oscilando entre el violeta y lo casi transparente. Para una ocasión especial van bien los pendientes largos o de candelabro: atrapan la luz a cada giro de cabeza. La fluorita arcoíris luce donde uno quiere que la joya lleve la conversación por sí sola, bajo un atuendo sobrio sin otros detalles llamativos.
En cuanto al metal, la fluorita se entiende sobre todo con la plata y el oro blanco: los tonos fríos del metal subrayan la naturaleza fría de la piedra. El oro amarillo, cálido, conviene reservarlo para la fluorita amarilla y la verde. Combine la fluorita con cuarzo transparente, piedra luna, amatista o perla; esos vecinos no riñen con ella por carácter. No recargue el conjunto con piedras de colores vivos al lado: la fluorita ya es multicolor, y la competencia desdibuja la imagen.
Un consejo sobre la longitud: el colgante en una cadena de 45 cm, llévelo cerca del cuello para un aire profesional; uno largo, de 60 a 70 cm, déjelo caer bajo el escote para la noche. Y la regla de la mesura: una pieza de fluorita que se note por conjunto rinde más que tres a la vez.
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Cómo elegir la fluorita
Al elegir una piedra para joyería se miran varias cosas: la transparencia, el color, el dibujo y el acabado.
Transparencia
La piedra ideal es del todo transparente, la luz la atraviesa como un vidrio limpio. Pero la fluorita natural suele guardar microfisuras, zonas turbias, capas de color e inclusiones de gas. Eso no es un defecto, sino un rasgo del mineral.
- Una piedra transparente sin defectos visibles va a la joyería de máxima calidad y cuesta más.
- Una piedra translúcida o algo turbia en el centro, pero de bonito color, es una opción común y asequible para las piezas de diario.
- Los ejemplares con inclusiones y fantasmas los aprecian los coleccionistas por el dibujo, aunque se prestan menos al tallado.
Para un colgante que se sostiene en la mano y se mira a contraluz, elija una piedra más limpia. Para una pulsera de diario basta con una translúcida.
Color
La fluorita natural tiene un tono suave y algo desigual. Un color demasiado parejo y de un brillo neón es motivo para sospechar de irradiación o tinte. Dentro de un mismo color hay gradaciones: la lavanda pálida es más suave y asequible, el amatista profundo, más raro y caro. Recuerde la decoloración: si la pieza está a menudo a la luz, el violeta perderá saturación con el tiempo, y entonces tiene más sentido optar por el verde o el azul.
Fantasmas y capas
En muchos ejemplares de México y Afganistán se ven líneas de color paralelas, los «fantasmas». No es un defecto, sino el registro de la historia de crecimiento del cristal: cada capa cristalizó con su propia composición de solución. Con un buen tallado esas capas lucen llamativas y vuelven la piedra reconocible, por eso muchos eligen la fluorita justamente por el dibujo.
Cómo distinguir la fluorita auténtica de la falsa
Lo que más a menudo se disfraza de fluorita es vidrio o plástico teñido. Comprobarlo no es difícil:
- Peso. La fluorita auténtica (densidad 3,18) es bastante más pesada que el vidrio del mismo tamaño y mucho más que el plástico.
- Brillo. La mayoría de los ejemplares brillan bajo la lámpara ultravioleta. Si compra a distancia, pida un vídeo con luz negra. El vidrio y el plástico suelen no brillar, o brillar de otro modo.
- Temperatura. La fluorita está fresca al tacto y roba pronto el calor de la mano. El plástico es más cálido.
- Inclusiones. En el vidrio se ven burbujas de aire redondas; en la fluorita natural, transiciones de color suaves y microfisuras.
- Forma. Los cristales naturales dan cubos y octaedros de caras rectas.
La fluorita sintética existe, pero se cultiva para óptica, no para joyería: la piedra natural es más barata y accesible, así que falsificarla no compensa. Las marcas de una piedra de laboratorio: una transparencia excesivamente perfecta, un color antinaturalmente parejo y una fluorescencia débil.
Cómo no confundir la fluorita con piedras parecidas
El vidrio se delata por el peso y las burbujas, pero la fluorita también se confunde con gemas auténticas de color parecido. La diferencia se ve en varios indicios.
- Fluorita violeta y amatista. La amatista es cuarzo, dureza 7; ni la uña ni el cuchillo de acero la rayan, mientras que la fluorita, con dureza 4, se raya con facilidad (pruebe solo en un canto oculto). La amatista es más fría de brillo y no se destiñe al sol tan deprisa. Bajo luz negra la amatista suele ser inerte, mientras que la fluorita brilla con más frecuencia.
- Fluorita verde y cuarzo verde (prasiolita). De nuevo deciden la dureza y el brillo: el cuarzo es más duro y calla bajo el ultravioleta. En la fluorita se nota más la zonalidad y las capas de color suaves.
- Fluorita azul y topacio. El topacio es bastante más duro (8) y da reflejos más vivos en las facetas. La fluorita es más suave de brillo, sin «fuego».
- Fluorita arcoíris y vidrio de color que la imita. En la piedra natural las capas fantasma corren paralelas a las caras de crecimiento y nunca se repiten exactas; en la imitación el dibujo parece pintado o arremolinado, como vetas de pintura.
El conjunto de pruebas casero más fiable sigue siendo el mismo: peso, frescura al tacto, brillo bajo el ultravioleta y carácter de las inclusiones. La prueba del rayado, hágala solo con un especialista o en un punto oculto: la fluorita se estropea con facilidad.
Tratamientos: lo que se hace a la piedra con honestidad
La fluorita es barata, así que no se «mejora» de forma masiva, pero aparecen algunas técnicas y conviene conocerlas.
- Irradiación y calentamiento para el color. La irradiación ahonda el tono violeta y azul; el calentamiento, al contrario, lo aclara o lo cambia. La señal de intervención es un color antinaturalmente parejo y de brillo neón, sin zonalidad natural. Ese color reforzado de manera artificial suele aguantar aún peor a la luz.
- Impregnación y estabilización. Los ejemplares porosos y agrietados se impregnan con resina o aceite incoloros para ocultar las microfisuras y reforzar la piedra antes del tallado. Se nota por un brillo antinatural en las grietas y una sensación algo pegajosa en la superficie.
- Recubrimiento (coating). A las cuentas rodadas se les aplica a veces una fina película iridiscente o metálica para dar «efecto». Se borra en los cantos y los puntos de roce, dejando al descubierto la piedra corriente, y eso delata el tratamiento.
- Dobletes. Una lámina fina de fluorita se pega sobre una base de vidrio o cuarzo. La unión se ve de lado, al sesgo, como una línea de separación lisa.
Zevira no irradia, no tiñe ni recubre las piedras con película: la fluorita recibe su color y su juego de luz en la naturaleza.
Del precio sin cifras
La fluorita es una de las gemas más asequibles, y se falsifica poco precisamente porque la piedra natural cuesta poco. En el precio influyen el tamaño, la transparencia, la rareza del color (la violeta y la verde más baratas; la azul, la amarilla y la arcoíris más caras) y el tipo de trabajo (la facetada más cara que la rodada; el talismán tallado, lo más caro). Un precio sospechosamente bajo puede señalar una piedra tratada; uno inflado, un sobreprecio bajo la apariencia de ejemplar «de coleccionista».
Cuidado de la fluorita
La fluorita es blanda y frágil, así que su cuidado se reduce a unas pocas reglas sencillas.
- Limpieza. Solo un cepillo suave, agua templada y un poco de jabón. Nada de ultrasonidos ni vapor: la vibración y el calor parten la piedra por la exfoliación. Los productos ácidos también quedan descartados.
- Luz. La fluorita violeta y la azul se destiñen al sol y bajo el ultravioleta. Guarde las joyas en un estuche o una bolsita, a oscuras, y no las deje mucho tiempo en el alféizar.
- Almacenamiento. Téngala apartada de las piedras más duras (cuarzo, zafiro, diamante), o le rayarán la fluorita. Sirve una bolsita de tela suave o un compartimento forrado del joyero.
- Uso. Quítese las joyas antes del deporte, la limpieza, la ducha y el baño. El sudor es algo ácido y, con el tiempo, puede dejar la superficie mate.
- Golpes y cambios bruscos de temperatura. Protéjala de las caídas y de los cambios bruscos de temperatura: ambos pueden partir la piedra.
Con un trato cuidadoso, la fluorita dura mucho: no se oxida ni se descompone por sí sola, y los riesgos principales, las rayas, las astillas y la decoloración, están por entero en manos de quien la lleva.
Preguntas frecuentes sobre la fluorita
¿La fluorita se destiñe al sol?
Sí, sobre todo la violeta y la azul. Con uso diario al aire libre el color palidece de forma notable en unos meses. La verde aguanta mejor. Guarde las joyas a oscuras y protéjalas del sol directo.
¿Se puede mojar la fluorita?
No se disuelve en agua limpia, y un contacto breve no es peligroso. Pero los ácidos (incluido el sudor ácido) actúan sobre la superficie, así que no conviene nadar con la joya ni tenerla mucho rato en el agua.
¿Cómo se limpian las joyas de fluorita?
Un cepillo suave, agua templada y un poco de jabón. Nada de ultrasonidos, vapor ni productos ácidos: la piedra es blanda y frágil.
¿Sirve la fluorita para el uso diario?
Colgantes y pendientes, sí: están a resguardo de golpes. Los anillos de diario no son la mejor idea por la dureza de 4 en Mohs. Si quiere un anillo, elija fluorita verde o azul en un engaste protector.
¿La fluorita es magnética?
No.
¿Qué color de fluorita elegir?
Según el gusto y el modo de uso. La violeta es la más común, pero se destiñe antes. La verde y la azul resisten mejor la luz. La arcoíris es la más vistosa y rara.
¿La fluorita se asocia a algún signo del zodiaco?
La astrología popular la vincula a veces con Acuario, pero es una asociación cultural sin base probada. Elija la piedra por color y forma, no por el horóscopo.
¿Se puede grabar la fluorita?
Sí; por su blandura se talla con facilidad. El grabado luce bien en una piedra clara. Mejor con buril que con láser: el calor puede provocar microfisuras en este mineral frágil.
¿Es segura la fluorita en contacto con la piel?
Sí, el mineral no es tóxico. El único riesgo es puramente mecánico: las aristas afiladas de un cristal en bruto pueden rayar, y la piedra en sí es frágil.
¿Existe la fluorita sintética?
Existe, pero se cultiva para óptica, no para joyería: la natural es más barata. Las marcas de una piedra de laboratorio: una transparencia demasiado perfecta, un color antinaturalmente parejo y un brillo débil bajo el ultravioleta.
¿Qué simboliza la fluorita?
Históricamente, en Europa se asociaba con la metalurgia y el comercio por su papel de fundente. La lectura moderna como «piedra de la claridad mental» surgió en el siglo XX entre los autores de la New Age y se apoya en el eco entre su nombre y la palabra «flujo», no en una tradición antigua.
Sobre Zevira
La fluorita es una piedra para quien valora en una joya un color y un carácter poco comunes antes que el alarde. Su pleocroísmo frío y la geometría del cristal la hacen reconocible, y al mismo tiempo sigue siendo asequible.
Nuestra colección reúne colgantes, pendientes y pulseras de fluorita en distintos tonos, de la lavanda suave y el amatista profundo al verde bosque, el azul cielo y el arcoíris. No teñimos ni irradiamos las piedras: usted recibe el color natural y el juego de luz natural.
Elegimos cada pieza por su transparencia y la pureza del color y la acompañamos de consejos de cuidado, pues la fluorita es blanda y agradece un trato delicado. Si no sabe qué tono y formato escoger, escríbanos y le ayudaremos a elegir.
















