Envio gratuito a la Eurozona y EE.UU.Devoluciones en 14 dias sin preguntasPago seguro con tarjetaDiseno inspirado en Espana
Joyas y auriculares: qué molesta, qué se engancha y qué elegir

Joyas y auriculares: qué molesta, qué se engancha y qué elegir

La oreja se ha vuelto un lugar de trabajo

En 1910 la Armada de Estados Unidos encargó auriculares a un hombre que los montaba en la mesa de su cocina, en Utah, de diez pares en diez pares. Un siglo después la oreja sostiene a la vez un auricular durante ocho horas, la varilla de las gafas, la goma de la mascarilla y un pendiente. Cuatro cosas sobre un trozo pequeño de cartílago. Alguien cede, y el que cede es la joya.

El choque entre los cascos y las joyas es diario, y ocurre por uno de tres caminos. La persona se quita el pendiente antes de una llamada, lo deja en el bolsillo, y un día no vuelve. O aguanta, y por la tarde encuentra en el lóbulo una marca roja hecha por su propio cierre. O escucha un chasquido en una grabación, busca la causa en el micrófono y no se le ocurre mirar la cadena.

El tema parece doméstico, pero se resuelve en el momento de comprar. Una joya elegida contando con el equipo no hay que quitársela nunca. Una joya elegida sin ese cálculo vive en el bolsillo y algún día no sale de él. Vamos a ver qué pasa exactamente entre la técnica y el metal sobre la oreja, y qué formas soportan esa convivencia con tranquilidad.

Tres formas de estorbar: presión, enganche y ruido

Los conflictos son tres y conviene no mezclarlos, porque se resuelven de manera distinta. La presión aparece cuando la copa o la almohadilla del casco empuja la joya contra la oreja y la convierte en un punto duro entre dos superficies. Lo peor aquí no es el pendiente por delante, es su reverso: el cierre, la espiga, la mariposa.

El enganche es pura mecánica. Un aro, un gancho o un colgante móvil se meten por el borde de la almohadilla o por la varilla, y al quitar el casco la joya se va detrás. El lóbulo se estira y, en el mal caso, se rasga.

El ruido no toca la oreja, toca la grabación. El metal que queda cerca de un micrófono golpea contra otro metal, roza la tela y suelta chasquidos que no se limpian en la mezcla. Los dos primeros conflictos se sienten; el tercero se descubre cuando la grabación ya está hecha.

Por qué la oreja pierde contra la técnica

La oreja por fuera es cartílago cubierto de piel fina, y grasa debajo casi no hay. La única parte blanda es el lóbulo, y por eso durante siglos los agujeros se hicieron ahí. Todo lo demás aprieta directamente sobre el pericondrio, que duele y se recupera despacio.

La técnica, en cambio, está pensada para una oreja media y sin nada encima. La fuerza de la diadema está calculada para que la almohadilla mantenga el aislamiento, no para que debajo quepa un pendiente. Ningún casco se adapta a la joya, así que le toca adaptarse a la joya.

De ahí una regla de trabajo: entre cambiar el aparato y cambiar el pendiente, siempre sale más barato cambiar el pendiente. La buena noticia es que las formas que conviven con el equipo se ven más adultas que las grandes, no más pobres.

Qué es normal y qué es una señal

Una marca uniforme de la almohadilla en la piel, que se va poco después de quitar el casco, no dice nada. Un punto aislado bajo el lóbulo, que se nota incluso con el aparato ya fuera, es otra cosa: el cierre ha aplastado el tejido. Si esa marca sigue a la mañana siguiente, enseña la oreja a quien te hizo el agujero.

Hay señales con las que no toca improvisar. Un dolor que antes, con el mismo equipo, no aparecía. Un enrojecimiento alrededor del propio agujero, no a lo largo del contorno de la almohadilla. Secreción, hinchazón, la sensación de que el pendiente se hunde más que por la mañana. Con eso se va al pirsista, y si hay hinchazón y calor, al médico: distinguir a ojo una irritación mecánica de una infección no se puede, y este texto no ayuda ahí.

Tu oreja contra tus cascos: ¿quién gana?
1 / 5
¿Cuántas horas al día llevas algo puesto en la cabeza?

Lleva el símbolo, no solo leas sobre él. Disponibles ahora:

Envío gratisDevolución en 14 días sin preguntasPago seguro

Un siglo de aparatos sobre la oreja

El choque de la joya con el equipo parece cosa de la última década. En realidad la técnica se instaló en la oreja hace más de cien años, y las dos partes de este conflicto se han renovado en la memoria de unas pocas generaciones.

El teatro por cable y los auriculares sobre una varilla

Escuchar una función por un par de cápsulas ya era posible en el siglo XIX. En la década de 1890 la compañía británica Electrophone tendió cables hasta los escenarios de los teatros y las salas de ópera de Londres y vendía una suscripción a la retransmisión en directo: el abonado descolgaba en su casa o en su club y oía lo que en ese momento pasaba sobre las tablas.

Se escuchaba por unas cápsulas grandes, unidas por debajo del mentón y montadas en una varilla larga. Una construcción así no se sostenía en la cabeza: la sujetaba el propio oyente, y la varilla estaba justo para no tener que llevar aquel peso con los dedos pegados a las orejas.

Para nuestro tema es un buen punto de partida. Mientras la técnica se aguantaba con la mano, el sonido y la joya no discutían: el oyente decidía cuánto apretar la cápsula y podía aflojar en cualquier segundo. El pendiente bajo esa cápsula estaba lo que durase la retransmisión, no un turno entero, y recibía justo la fuerza que la mano le daba.

Una mesa de cocina en Utah y el encargo de la Armada

En 1910 Nathaniel Baldwin, de Utah, montó sobre la mesa de la cocina unas cápsulas que resultaron bastante más sensibles que aquello con lo que trabajaban entonces los radiotelegrafistas, y mandó las muestras a los militares junto a una carta escrita con tinta lila sobre papel rosa y azul. La Armada las probó, las consideró mejores que lo que había examinado y encargó una partida, aunque el inventor podía hacer alrededor de diez pares por vez.

El montaje era sencillo: dos cápsulas sobre un arco que pasa por encima de la cabeza y las mantiene junto a las orejas con una fuerza constante. El arco se distingue de la cápsula en la mano en una cosa: la fuerza la pone el muelle, no los dedos. La mano aprieta lo que uno quiere y suelta en cuanto se cansa. El muelle del arco mantiene justo aquello para lo que fue calculado, y lo mantiene todo el tiempo que el aparato esté puesto. Cuanto se meta entre la almohadilla y la oreja recibe esa misma fuerza entera.

Para la joya, la diferencia entre esos dos modos de llevar el sonido es enorme. La cápsula en la mano se afloja en el segundo en que el cierre empieza a apretar, y el coste es cero. El arco no da esa opción: para quitar la presión hay que quitar el aparato entero, y uno se lo pone por el sonido y lo aguanta hasta el final de la llamada, del entrenamiento o del turno. Por eso la pregunta de qué se puede dejar en la oreja se refiere justo a lo que se sostiene solo sobre la cabeza.

Tornillo y clip: cómo se sujetaba el pendiente en la oreja sin agujero

El segundo protagonista del conflicto cambió tanto como el primero. La Europa victoriana miraba el agujero en la oreja como algo poco decoroso, y la moda de los pendientes volvió antes que la tolerancia al agujero en el lóbulo. La respuesta fue el cierre de tornillo, aparecido en la década de 1890: la joya se sujetaba con la rosca y apretaba el lóbulo por los dos lados, sin necesidad de agujero.

En los años treinta salió al mercado el clip de charnela, una pinza de muelle que se abría y cerraba de un solo gesto. Resultó más rápido que el tornillo y ocupó su sitio en el día a día.

Las dos soluciones tenían la misma tarea: sujetar la pieza en una oreja sin agujero. Con la técnica no tenían nada que ver. Pero la solución dejó una consecuencia que hoy nota quien se pone un clip bajo el equipo. La pinza sujeta apretando, es decir, por definición se apoya en los dos lados del lóbulo y se levanta por encima de él por ambos lados. El agujero le gana en esto: la barra atraviesa el tejido en vez de abrazarlo, y en su versión plana casi no se levanta sobre la piel.

Qué saca de aquí quien va a comprar

La conclusión es una, pero firme: todo lo que se sostiene solo sobre la cabeza trata a la oreja igual. El arco del casco, la varilla de las gafas, la goma de la mascarilla y el acolchado del casco de moto se distinguen en fuerza, superficie y dirección, no en su naturaleza. Cada uno aprieta contra la oreja lo que haya quedado entre él y la piel, y lo hace todo el tiempo que el objeto siga en la cabeza. La cápsula sobre la varilla, la que se sostenía con la mano, no entra en esa lista: allí la fuerza la ponía la persona y podía retirarla en cualquier momento.

Así que los requisitos para la joya los pone la mecánica, no la moda. Bajo una presión constante sobrevive lo que no concentra la fuerza en un punto: lo ancho pasa mejor que lo alto, lo liso mejor que lo que tiene relieve, lo que atraviesa el tejido mejor que lo que lo aprieta por los dos lados. El cierre de tornillo de finales del XIX y el labret plano lo resuelven de forma distinta, pero se comprueban igual: por lo que queda en el reverso.

Bajo unos cascos de diadema elijo reverso plano y un perfil sin ningún punto que sobresalga. Los aros, para una noche sin auriculares. Una barra con mariposa aprieta por el rabillo de detrás, no por la cara, y la culpa no es de los cascos.
Elige la joya que aguanta tus auriculares
1 / 5
¿Qué llevas más horas en la cabeza?

El estilista: un juego para ocho horas con cascos

Una jornada con el equipo puesto termina muchas veces con los pendientes fuera de juego: sale más fácil renunciar que quitarlos cada vez. Abajo, una conversación con el estilista de Zevira sobre cómo armar un juego que aguante el turno y siga notándose.

¿Por dónde empiezas cuando alguien dice que pasa todo el día con cascos?

Pregunto qué cascos exactamente y cuántas horas seguidas. Lo demás es casi mecánico. Con los de diadema recomiendo reverso plano y un perfil sin ningún punto que sobresalga; con los intraaurales se pueden dejar hasta los colgantes, porque la oreja queda libre. La forma y el metal vienen después de esa pregunta, no antes.

¿Y quien necesita que los pendientes se vean en cámara?

Trabajar la anchura, no la altura. Un disco ancho y plano se lee en pantalla mejor que una bolita pequeña, y no sobresale ni por delante ni por detrás. Aconsejo llevar el acento al segundo agujero o a un ear cuff más arriba, si la parte alta de la oreja está libre de la varilla. De lo que sobrevive en una webcam hay un repaso entero en las joyas para videollamadas.

¿Y la cadena? ¿Fuera también?

La cadena la dejo, pero elijo un largo con el que no caiga bajo el cuello ni bajo el cable. Corta, se sienta en la clavícula y vive tranquila. Larga, se mete en el escote, y ahí empieza todo lo que luego se oye en la grabación. El colgante bajo el equipo lo recomiendo uno y sin piezas móviles: dos colgantes en dos cadenas se encuentran seguro y acaban golpeándose.

Prueba las joyas Zevira online
Pruébate la joya directamente en tu navegador.
Prueba las joyas Zevira online

Enciende la cámara, elige pendientes, un colgante o un anillo, y verás la pieza sobre ti en tiempo real.

Cambia de modelo con un toque.

Todo se procesa en tu navegador: ninguna foto ni vídeo se sube a ningún sitio.

Cómo se apoya cada tipo de casco en la oreja

Antes de elegir la joya conviene entender la geometría: cada tipo de equipo toca zonas distintas de la oreja, y las formas prohibidas no coinciden entre unos y otros.

De diadema: la copa rodea la oreja por completo

El casco de diadema abarca todo el pabellón, y la almohadilla se apoya en un anillo a su alrededor: delante junto a la sien, arriba por encima de la oreja, detrás y también por debajo del lóbulo. Arriba, delante y detrás, muy cerca bajo la piel está el hueso del cráneo; abajo no hay hueso, están los tejidos blandos de la mejilla y el cuello, y la almohadilla se hunde ahí más adentro. La oreja dentro de la copa está en teoría libre, pero eso vale solo para una oreja vacía.

En cuanto aparece un pendiente, cambia el cuadro. Con el aparato puesto, el lóbulo queda apretado contra la cabeza por el borde inferior de la almohadilla, y el borde de cartílago roza la pared de la copa por arriba. Es decir, los cascos de diadema aprietan el cartílago alto y la base del lóbulo, y dejan intacto el centro del pabellón.

Supraaurales: la almohadilla cae sobre el pabellón

Par de orejeras de oro con figuras e incrustaciones de piedra, Java, siglos IX-XIV
Orejeras con figuras e incrustaciones de piedra, Java, siglos IX-XIV, oro. The Metropolitan Museum of Art, CC0Pair of Earplugs Ornamented with Figures and Inlaid Stones, Indonesia (Java), early 9th-14th century. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

El modelo supraaural es más pequeño y se apoya sobre la oreja, no a su alrededor. Toda la fuerza cae sobre el pabellón, y cualquier joya bajo la almohadilla queda atrapada entre la técnica y el cartílago.

Es el formato menos amable con las joyas. Aquí molesta hasta un pendiente plano si tiene algo con que apoyarse: un cierre que sobresale, un canto, una arista, la punta de la espiga asomando. Un aro lo hunde la almohadilla en la oreja a lo largo de todo el arco. El lóbulo sufre primero, porque el borde de la almohadilla cae con frecuencia justo sobre él.

Si los supraaurales son tu herramienta principal de trabajo, el juego se arma pensando en ellos, y no al revés. Lo demás viene después.

Intraaurales: el auricular se sujeta en el conducto

Los modelos intraaurales entran en el conducto auditivo y se sostienen por sus paredes. El pabellón queda libre, y con pendientes grandes en el lóbulo no hay conflicto ninguno.

A cambio aparecen sus propios puntos delicados. Todo lo que queda cerca de la entrada del conducto, es decir el trago, el antitrago y la parte baja del pabellón, empieza a competir con el auricular por el mismo sitio. Y hay una segunda cuestión, de dedos: el auricular se saca a ciegas, y la mano engancha el colgante que cuelga al lado.

Los modelos con almohadilla de silicona se sujetan en el conducto con más firmeza y piden un gesto más decidido al sacarlos, así que el riesgo de rozar la joya con ellos es mayor.

Abiertos y de conducción ósea: la oreja queda libre

Los auriculares abiertos no tapan la oreja, se apoyan a su lado, y el sonido entra en el pabellón desde fuera. Los de conducción ósea van más lejos y ni siquiera usan el conducto: el emisor se apoya contra el pómulo, delante de la oreja, y el sonido llega al oído interno a través del hueso.

Para las joyas es el mejor de los mundos. El pabellón, el lóbulo y el cartílago quedan libres, y se puede poner cualquier cosa. A cambio aparece otra zona de atención: el arco que pasa por encima y por detrás de la oreja, justo donde se sientan los ear cuffs y los agujeros altos.

O sea, la libertad aquí no es total, solo se ha mudado. La parte baja de la oreja se ha soltado, la de arriba está ocupada.

Qué le pasa al pendiente bajo el casco

Conviene ahora ver la mecánica con detalle, porque la intuición engaña. Suele culparse al tamaño de la joya, y quien decide es el reverso y la altura.

El cierre de detrás aprieta más que la joya de delante

El pendiente de presión clásico se sujeta con una espiga y una mariposa. La mariposa está por detrás del lóbulo, tiene dos aletas metidas en la espiga y una cola de espiga que la atraviesa y asoma más allá. Ese lado es justo el que se clava en la cabeza cuando por encima cae la almohadilla del casco.

Sale una aritmética incómoda: por fuera valoras una parte frontal cuidada, y bajo la almohadilla se mete la construcción entera con su cierre, que es bastante más alta. El metal se hunde en el tejido blando por dentro, donde la piel es más fina y donde no ves nada. La marca de la mariposa dura más que la de cualquier elemento decorativo.

De ahí la primera regla del juego bajo cascos: hay que mirar no la parte de delante, sino lo que queda detrás.

El enganche en la almohadilla y el lóbulo desgarrado

La almohadilla del casco tiene un borde y una costura. Un aro, el gancho de un cierre a la francesa y cualquier colgante móvil cazan ese borde al ponerse el casco, y sobre todo al quitarlo, cuando el gesto es brusco y a ciegas.

A partir de ahí hay dos desenlaces. En el leve, la joya se queda en la almohadilla y cae al suelo, y se encuentra o no. En el grave, se queda en la oreja y el lóbulo recibe el tirón. El desgarro del lóbulo por un tirón así es una lesión corriente que los cirujanos plásticos cosen con una operación pequeña aparte.

Por eso los aros y los colgantes de gancho se quitan antes de ponerse los cascos de diadema, no después de que algo haya pasado.

Metal contra metal: rayas, tintineo y recubrimiento gastado

Ornamento de oreja con corredor alado, cultura moche, años 400-700
Ornamento de oreja con corredor alado, cultura moche, años 400-700, oro, turquesa, sodalita y concha. The Metropolitan Museum of Art, CC0Ear ornament with winged runner, Moche artist(s), Moche, 400-700 CE. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

Hay también un daño en sentido contrario, en el que se piensa menos. La superficie exterior de la copa en muchos modelos es plástico o metal pintado, y una joya dura trabaja sobre ella como una gubia. Y la propia joya sufre igual: el pulido se empaña y el recubrimiento fino se gasta en un punto.

Capítulo aparte para los recubrimientos. El baño de oro sobre plata dura mientras no se frota, y desaparece por donde pasa cada día el borde de la almohadilla: no en mancha ni de manera uniforme, sino en una banda estrecha justo por la línea de contacto. El mismo mecanismo se lleva por delante el recubrimiento de color sobre el acero. De cómo se portan los distintos baños hay un repaso aparte de las joyas sin detalles de más, donde la forma está pensada justo para el uso diario.

El tintineo es el tercer efecto. Un pendiente metálico que roza la carcasa del auricular transmite a la copa sus propios golpecitos, y el sonido entra directo en la oreja, sin pasar por el aire.

Pendientes con cascos supraaurales y de diadema

El escenario más duro de todos, y conviene desglosarlo por los tres parámetros que deciden el resultado.

La altura importa más que el diámetro

La intuición dice que molesta lo grande. En realidad molesta lo alto. Un disco ancho y plano pasa bajo la almohadilla sin consecuencias, porque la presión se reparte por toda su superficie. Una bolita pequeña crea un punto y hunde la piel, aunque ocupe en la oreja mucho menos sitio.

Igual funciona el grosor. Un aro fino, pegado al lóbulo, se lleva mejor que una cuenta con volumen. La física es sencilla: la misma fuerza de presión, dividida por una superficie mayor, da menos presión.

La referencia práctica es esta: para los supraaurales coge una forma sin ningún punto que sobresalga ni por delante ni por detrás, y no te limites en anchura. Los pendientes de presión y sus variantes están vistos con detalle en la guía de los pendientes de tuerca, donde se ve además qué bases hay planas.

Reverso plano en vez de mariposa y espiga

El segundo parámetro resuelve la mitad del asunto. Un cierre de base plana, al que en el pirsin llaman labret, pone por detrás un disco fino y liso en vez de la mariposa saliente. La oreja recibe una superficie lisa en lugar de dos aletas.

La razón de esa elección es puramente mecánica y se ve con los dedos: bajo presión, un disco plano reparte la carga por toda la superficie, y una pinza con aletas concentra esa misma fuerza en dos puntos.

La segunda opción por comodidad es el cierre de tornillo con el reverso redondeado. Es más alto que el disco plano, pero no tiene aletas afiladas y no se engancha en la tela de la almohadilla.

Aros, colgantes y lo que se puede dejar puesto

Pendiente de aro de oro liso, hacia 1648-1540 a. C.
Pendiente de aro, oro, hacia 1648-1540 a. C. The Metropolitan Museum of Art, CC0Hoop Earring, ca. 1648-1540 B.C.. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

Los aros bajo cascos de diadema pierden con independencia del tamaño. El diámetro no decide: se engancha en el borde de la almohadilla tanto uno pequeño como uno grande, y el grande además choca con el cuello al girar la cabeza.

Los colgantes se portan de dos maneras. Un colgante largo sobre base rígida cuelga por debajo del lóbulo y por debajo del borde de la almohadilla, así que con cascos de diadema a veces pasa mejor que uno corto. La pregunta clave aquí no es el largo, es el cierre: el gancho a la francesa caza la tela, y un pendiente de presión con colgante no.

Los ear cuffs y los clips no sirven ni con supraaurales ni con cascos de diadema, y la razón de las dos prohibiciones es la misma. La pinza queda por fuera y se levanta por encima de la oreja por los dos lados. La almohadilla supraaural cae encima; la de diadema atrapa el cartílago alto y la base del lóbulo, es decir justo las dos líneas por donde el cuff y el clip se sujetan. En cambio con los intraaurales van de maravilla, y conviene tenerlo presente al leer el repaso de las joyas de oreja sin agujero.

Opiniones de clientes

Zevira es una joyería real. Pagos, envíos y agradecimientos de clientes auténticos.

100% compra verificadapedidos reales a España, Francia y EE. UU.
Capturas de pagos y agradecimientos
Pedido enviado por correo, España
Nuestra pieza en un buzón de Correos
Pagos reales de los últimos días
Un cliente nos da las gracias por WhatsApp
Siempre disponibles en WhatsApp y Telegram¿No es para ti? Devolución del dinero en 14 días sin preguntas
🥰🥰🥰 gracias
Colgante Navaja Jerezana Mini
Pedro L. · Jaén, España
Compra verificada
Ok, ¡gracias! 🙂
Pendiente Navaja
Raphaël C. · Toulouse, France
Compra verificada

Pendientes con auriculares intraaurales

Aquí las reglas se dan la vuelta. El pabellón queda libre, y el conflicto baja y entra hacia dentro, hacia la entrada del conducto.

Trago, antitrago y el sitio del auricular

El trago, ese pequeño saliente de cartílago delante de la entrada del conducto, y el antitrago, que queda enfrente por abajo, llevan los dos nombres a la par, y en las guías de pirsin aparecen más las formas de origen griego. El auricular se sujeta por las paredes del conducto, y su cuerpo ocupa el hueco del pabellón entre esos dos salientes. Una joya puesta en el trago o en el antitrago queda justo en el camino del cuerpo del auricular.

El agujero en sí no molesta, molesta la altura de la cabeza. Si el auricular deja de sujetar después de que hayas cambiado la barra, la causa está en la cabeza nueva, no en el aparato: la posición es sensible a cualquier volumen de más cerca de la entrada del conducto.

El mapa completo de los agujeros de oreja, con sus nombres y sus tiempos de cicatrización, está reunido en la guía de los tipos de piercing, y con ella es cómodo comprobar qué punto tienes ocupado.

El gancho de oreja de los modelos deportivos

Los intraaurales deportivos se sujetan a menudo con un gancho que rodea la oreja por arriba y por detrás. Ese gancho pasa por el hélix, es decir por el borde externo, y por la zona de detrás de la oreja.

Para quien lleva agujeros altos es el peor de los casos: el gancho aprieta la joya durante todo el entrenamiento y además se mueve con la cabeza, así que a la presión se le suma el arrastre. Qué aguantará un agujero concreto lo dice quien lo hizo: conviene nombrarle el gancho deportivo al pirsista de forma directa, porque para eso te pondrá otra barra.

La solución es sencilla y desagradable: durante el entrenamiento, la barra alta se cambia por una plana y lo más corta posible, o se quita. El lóbulo mientras tanto queda libre y puede llevar lo que sea.

Ear cuffs y cadenas de oreja

El ear cuff abraza el borde del cartílago por fuera, y las cadenas de oreja unen dos agujeros o un agujero y un cuff. Con los intraaurales son compatibles, porque el auricular no toca el borde de la oreja.

Una salvedad, sobre sacarlos. El auricular se saca con dos dedos y a ciegas, y la mano pasa justo por el borde externo de la oreja. Una cadena entre dos puntos caza el dedo con facilidad. La costumbre de sacar el auricular con un gesto hacia abajo, y no hacia fuera, resuelve el asunto entero: los dedos se alejan del borde en vez de recorrerlo.

Un segundo punto es el peso. Un cuff con cadena larga tira del borde del cartílago hacia abajo, y junto a muchas horas de cascos eso da sensación de pesadez al final del día. Una cadena ligera no produce ese efecto.

Piercings y cascos: una conversación aparte

Si la oreja está recién perforada, la técnica pasa de aliada a fuente de complicaciones. Aquí conviene ser preciso, porque el precio del error se mide en meses de cicatrización.

Cartílago recién perforado y cascos de diadema no van juntos

El cartílago cicatriza despacio, y aquí los plazos no se cuentan por semanas, sino por medios años. El piercing de hélix cicatriza del todo de seis a nueve meses, y a algunas personas les lleva hasta doce; la concha, el agujero en la copa del pabellón, se mueve en esos mismos seis a doce meses. Nuestro propio mapa de agujeros da para los dos la misma horquilla, y conviene tenerla entera en la cabeza y no por su límite bajo: un canal que por fuera parece tranquilo a los tres meses, por dentro sigue reorganizándose.

Se trata de medio año largo, no de un par de meses, y eso cambia toda la práctica. Medio año sin cascos de diadema no es aguantar una semana, es una decisión sobre con qué escuchas música las dos estaciones siguientes.

Todo ese tiempo la joya está en un canal sin cicatrizar, y la presión desde arriba trae dos problemas a la vez. El primero, mecánico: la almohadilla desplaza la barra, y mantenerla recta todo el turno no sale. El segundo es que quien vigila la reacción a esa presión lo hace a ciegas, desde dentro del canal no se ve nada. Por eso la decisión no la toma quien lee un artículo: el plazo, la joya y la carga admisible durante la cicatrización los fija el pirsista, y si hay hinchazón, calor y secreción el asunto pasa al médico.

De ahí la conclusión práctica: mientras cicatriza un agujero de cartílago, los cascos de diadema y los supraaurales se retiran del todo, y se escucha por intraaurales, que no tocan el borde externo de la oreja. El plazo concreto para tu agujero lo dices al que te lo hizo, porque depende del sitio, de la técnica y de cómo haya ido la cicatrización.

El lóbulo cura antes, pero no de inmediato

Con el lóbulo la cosa es más suave: ahí hay tejido blando y buen riego, y el plazo de cicatrización se mide en semanas, no en meses. Pero también aquí un agujero reciente bajo la almohadilla del casco se porta mal.

El peligro está en otro lado: casi no duele, así que la persona se pone el equipo antes de tiempo y descubre el problema ya por la secreción y el enrojecimiento. Además, un pendiente recién puesto va normalmente en una barra larga con margen para la hinchazón, y una barra larga es justo lo que sobresale y se engancha.

El orden razonable es este: las primeras semanas lleva intraaurales, luego pasa a una barra corta de reverso plano, y solo entonces vuelve al equipo de siempre.

El labret plano como solución de trabajo

El labret de disco plano por detrás no se inventó para los cascos ni siquiera para la oreja: el nombre le viene del latín labrum, labio, y designaba una joya que se ponía en el labio. Bajo el equipo esta forma funciona por la misma razón por la que funcionaba allí: el disco se apoya liso sobre la piel, no sobresale nada, y la almohadilla pasa por encima sin punto de presión.

Tiene una segunda virtud, importante para dormir y para el gorro: no se engancha en la tela. A quien lleva cascos a diario le compensa pasar a esas barras todos los agujeros de una vez, y cambiar las cabezas decorativas según el humor.

Aparte, conviene vigilar el metal. Si la oreja reacciona con enrojecimiento a cualquier barra, la cosa puede estar en la aleación y no en la presión, y para eso viene bien leer el material sobre la alergia al níquel antes de cambiar de cascos.

La cadena y el micrófono de corbata

A partir de aquí el conflicto baja de la oreja al cuello y cambia de naturaleza: deja de ir sobre el dolor y pasa a ir sobre el sonido.

De dónde sale el clic en la grabación

El micrófono de corbata es una cápsula del tamaño de un guisante que se prende a la ropa a la altura del pecho, normalmente a quince o veinte centímetros de la boca. Es sensible a lo que ocurre a pocos centímetros de él, y no distingue la voz de un ruido ajeno.

La cadena da dos tipos de interferencia. El primero es el clic metálico: un eslabón golpea contra otro, o un colgante contra la cápsula al girar la cabeza. El segundo es el roce, cuando el metal frota contra la tela de la camisa cerca del micrófono. Los dos sonidos son cortos y de banda ancha, y sacarlos de la pista es casi imposible, porque se montan sobre la voz.

La regla de los técnicos de sonido es directa: la cápsula se aleja de las joyas, los cierres y las cremalleras. El metal cerca del micrófono es una fuente garantizada de ruidos sueltos.

Dónde meter la cadena con petaca

Hay tres opciones que funcionan, y no son iguales. La más sencilla: desplazar el micrófono a un lado para que entre él y la cadena quede una separación clara. La segunda: meter la cadena entera bajo la ropa, con lo que deja de tocar la cápsula, aunque puede empezar a susurrar contra la tela.

La tercera es más fiable que las otras dos: cambiar el largo. Una cadena corta se apoya en la clavícula, por encima de la línea donde se prende la petaca, y sencillamente no se cruza con ella. Cómo calcular el largo para tu cuello y tu escote está desglosado en la guía de los largos de cadena.

El colgante que no golpea

La cuestión no está en el colgante en sí, sino en el número de uniones móviles. Un colgante en una cadena tiene al menos un punto de charnela, y ahí es donde nace el golpe. Cuantas más piezas, más fuentes.

Una construcción silenciosa se ve así: un solo colgante, sujeción fija, forma plana sin cavidades. Un colgante hueco trabaja como caja de resonancia y suena más fuerte que uno macizo del mismo tamaño. Los colgantes por capas en varias cadenas son los que peor suenan, porque se golpean entre sí incluso con la respiración tranquila.

Joyas en la grabación de un podcast

El micrófono de estudio sobre un pie se porta distinto que la petaca, y sus prohibiciones son otras.

El micro de pie oye las manos, no el cuello

El micrófono grande está sobre un pie delante de quien habla y apunta a la cara. La cadena del cuello queda bastante más lejos de la cápsula que con la petaca, pero en la zona de escucha entra todo lo que hacen las manos: pulseras, anillos, reloj.

De ahí un cambio de prioridades. Con la petaca se quita la cadena; con el micro de estudio se quitan las pulseras. Quien gesticula al hablar suena en la grabación como una sonaja, y la culpa la tiene un puñado de pulseras en una muñeca, no la técnica.

Mesa, teclado y todo lo que suena con ellos

La segunda fuente es el contacto de la joya con una superficie. Un anillo contra la mesa, una pulsera contra el canto, el reloj contra el reposabrazos. El sonido va por la mesa directo al pie del micrófono si está sobre la misma superficie, y sale un golpe seco en cada movimiento.

La solución no pide renunciar a las joyas. Los anillos se pueden dejar si bajo las manos hay algo blando, y el pie del micro se pone sobre un apoyo aparte o sobre una sujeción amortiguada. Las pulseras, durante la grabación, mejor subirlas por el brazo o quitarlas: es la única categoría sin término medio.

Una disposición silenciosa de joyas para grabar

La regla de reparto es simple: todo lo que pueda golpear una superficie o una pieza vecina sale de las manos, y en las orejas queda lo que calla por su propia posición. Un pendiente no suena, porque hasta el micrófono hay distancia y no tiene con qué golpear. Un anillo en una mano quieta también es mudo.

De ahí la disposición silenciosa para grabar: un par de pendientes, un anillo en la mano quieta, nada en las muñecas. La cadena se deja si el micro está sobre un pie, y se quita si está prendido a la ropa. Esa disposición se comprueba con los oídos, no con los ojos: pon a grabar, gira la cabeza, mueve las manos y escucha la pista antes de que empiece la emisión.

10% en tu primer pedido

Déjanos tu email y te enviamos el código de descuento. Sin spam, baja en un clic.

El código llega por email, válido en tu primer pedido.

La cadena bajo el cuello del headset

El headset con arco y micrófono de brazo vive sobre la cabeza de otra manera que los cascos de música, y su zona de influencia baja bastante por debajo de las orejas.

Diadema, arco y la línea del cuello

El headset profesional de operador tiene a menudo un arco de nuca o un segundo aro que se apoya en la parte de atrás de la cabeza. Los modelos con cable añaden un cordón que baja por el cuello hacia el cinturón o hacia la mesa.

Una cadena por debajo de la clavícula entra en la zona de ese cable. Y empieza lo de siempre: el cable se apoya sobre la cadena, al girar la cabeza tira de ella a un lado, el cierre se desliza hacia delante y los eslabones se retuercen. Al final del turno la cadena está o retorcida o abierta.

El largo y el cierre lo deciden todo

Hay dos largos de trabajo. El corto, que se ajusta bien en la base del cuello y no se cruza físicamente con el cable. Y el claramente largo, que se mete bajo la ropa y reposa sobre el pecho por debajo de la tela, fuera de la zona del cuello.

El peor es el largo intermedio, que reposa justo en la línea del cuello de la prenda. Sale por fuera y se mete por dentro, y a lo largo del día lo va haciendo por turnos. Aparte, conviene comprobar el propio cierre: un mosquetón con anilla grande se engancha en el punto del cuello mucho más que un cierre de reasa plano. De por qué la cadena se retuerce y cómo evitarlo hay un repaso con trucos de guardado y desenredo en esta guía.

Por qué el cierre se va hacia delante

El cierre no se desliza por azar ni por mala calidad. Pesa más que un eslabón, así que con cualquier movimiento busca el punto más bajo de la circunferencia, y el punto más bajo del cuello es la hendidura de delante. El cable del headset acelera el proceso: empuja la cadena en una dirección cientos de veces por turno.

Pelearse con la física no sirve, así que o se hace el cierre ligero y plano, o se pone una cadena con colgante cuyo peso mantenga la joya delante y el cierre detrás. El segundo método es más fiable: el colgante pesa más que el cierre, y el papel de punto más bajo le toca a él.

Joyas y gafas

Las gafas añaden a la oreja un quinto objeto, y pasa justo por el sitio que prefieren los agujeros altos.

La varilla y el borde alto de la oreja

La varilla de las gafas se apoya por encima, sobre el hélix, y descansa en el hueso de detrás de la oreja. Ahí se sientan los agujeros de hélix, el forward helix y los ear cuffs altos. Las gafas los aprietan de forma constante, no puntual, porque se llevan todo el día.

El lóbulo, en cambio, no sufre nada con las gafas. Por eso a quien lleva gafas le conviene poner el acento en la parte baja de la oreja y dejar libre la alta, y no al revés. Las varillas finas de titanio aprietan menos que las de plástico, sencillamente porque son más estrechas y más ligeras.

Hay una segunda razón para dejar la parte alta libre, y ya no va de comodidad. La montura es de por sí una pieza grande en la cara, y una joya pegada a ella le disputa la atención. Separarlas por altura es más fácil que ajustarlas por forma: un pendiente en el lóbulo vive por debajo de la línea de la montura y se lee aparte.

Gafas más cascos: dos presiones en un punto

La peor combinación de todas se ve así: gafas, cascos de diadema y agujero de hélix. La almohadilla del casco hunde la varilla de las gafas, la varilla hunde la joya, y la joya se clava en el cartílago. Tres capas, y las tres aprietan sobre un punto del tamaño de una uña.

Se descarga por orden. Primero se quita la joya de la zona alta, luego, si se puede, se cambia la varilla por una más fina, luego se afloja la diadema. Si las tres medidas no están a mano, queda la opción de los auriculares abiertos, que no tapan la oreja.

Equipo y joya: qué se queda puesto
Qué llevasZona ocupadaSe quedaSe quita
Auriculares de diademaBorde superior y base del lóbuloBarra plana de reverso lisoAros, ganchos, ear cuffs, clips
Auriculares supraauralesTodo el pabellónSolo plano, sin salientesEar cuffs, clips, bolas
Auriculares intraauralesConducto y tragoEl lóbulo queda libre: casi todoCabezas altas en el trago
Deportivos con ganchoBorde externo y detrás de la orejaTodo lo del lóbuloLos agujeros altos durante el entreno
Conducción óseaPómulo y arco sobre la orejaLóbulo y centro del pabellónEar cuffs del borde alto
Auricular con micrófono de brazoOreja más la línea de la mejillaCadena corta en la base del cuelloCadenas superpuestas y colgantes móviles
Casco con orejerasToda la oreja y la piel de detrásSolo una barra plana en el lóbuloTodo lo que sobresale: aros, colgantes, cabezas gruesas
Gafas más mascarillaEl surco tras la orejaEl lóbulo y su segundo agujeroTodo lo del cartílago alto

Joyas y casco

El casco se distingue de los cascos de música en que se pone y se quita de un tirón, y por dentro lleva un acolchado apretado.

Casco de moto: fuera todo lo que sobresale

El forro interior del casco de moto abraza la cabeza con firmeza, y el casco se pone con esfuerzo: los bordes se abren con las manos y la cabeza pasa dentro. Cualquier pendiente en ese momento queda entre la tela y el cráneo.

La mecánica es la misma que bajo la almohadilla del auricular, solo que más dura. El reverso del pendiente de presión se clava en la cabeza a través del forro apretado, y al quitar el casco la joya puede irse detrás. Una forma lisa pasa mejor que una afilada, sencillamente porque no tiene con qué enganchar la tela.

La diferencia entre agujeros aquí no está en la profundidad, sino en el orden en que el forro llega hasta ellos. El casco entra por arriba, así que el acolchado recorre primero el borde externo: ahí se sienta el hélix, y a él le tocan la presión y el arrastre de la tela.

El rook, que en las guías de pirsin también aparece con ese nombre, queda más adentro. Es la perforación de la cresta del antihélix, esa cresta que en las guías llaman antihélix y que el hélix cubre por arriba. El forro llega a él más tarde y ya no lo arrastra, pero lo aprieta a través de la capa densa con toda la fuerza. Una joya en el fondo del pabellón, en el trago o en la concha, el borde del forro tampoco la roza ni la arranca, aunque recibe la presión como las demás.

Por eso la regla del casco es más estricta que la de los auriculares: debajo se retira todo lo que sobresale, no solo lo que está en el borde.

Y hay un truco que baja el riesgo si no se puede quitar la joya. El casco se pone abriendo las correas con las manos hacia los lados: el forro se separa y la cabeza entra con menos roce contra las mejillas y las orejas. Se quita con el mismo gesto, no tirando hacia arriba.

Casco de bici, casco de obra y orejeras antirruido

El casco de bici es más suelto y no abraza la cabeza, pero tiene una correa que pasa por debajo de la oreja y a su alrededor. La hebilla de ajuste queda a menudo justo bajo el lóbulo, y un pendiente largo cae bajo ella.

El casco de obra suma su propio asunto: se le montan orejeras antirruido sobre soportes, y trabajan como unos supraaurales, solo que con más presión, porque de ella depende la protección del oído. Con ese conjunto rige la regla más estricta del texto: solo plano y solo en el lóbulo.

Joyas y mascarilla

La mascarilla de gomas crea una carga en la que antes se pensaba poco, y que ahora conocen bien quienes la llevan por turnos.

La goma detrás de la oreja y el pendiente

La goma de la mascarilla pasa por el mismo sitio que la varilla de las gafas: por arriba, sobre el cartílago y por detrás de la oreja. La diferencia está en el tipo de carga: la goma tira de la oreja hacia delante, mientras que la varilla de las gafas aprieta de arriba abajo.

Para las joyas eso significa dos cosas. Un ear cuff en el borde alto de la oreja, bajo la goma, se desplaza y roza, porque la goma resbala sobre él en cada movimiento de la mandíbula. Un pendiente en el lóbulo no sufre nada: la goma pasa por encima.

Un soporte en vez de las orejas

Cuando la mascarilla se lleva mucho rato, la goma roza la piel de detrás de la oreja incluso sin joya ninguna. Por eso en 2020 aparecieron unos soportes sencillos: una tira en la nuca a la que se enganchan las gomas en vez de a las orejas.

Esa tira resuelve también lo de las joyas: con ella el borde alto de la oreja queda libre, y el ear cuff o el hélix se pueden dejar. El segundo truco es cruzar las gomas por detrás, que da un efecto parecido sin objetos añadidos.

Turno con mascarilla: el orden que ahorra oreja

A quien lleva mascarilla varias horas seguidas le ayuda no la elección de la joya, sino el orden de los gestos. La mascarilla se pone antes que los cascos y se quita después, porque si no la goma pasa por encima de la almohadilla y en cada retirada arrastra todo lo que pilla.

La segunda regla va sobre los descansos: la presión conviene aliviarla al menos un rato, cuando la situación lo permite. La piel de detrás de la oreja, antes de un turno largo, se cubre con una capa fina de crema, y la joya de la zona alta simplemente no se pone ese día. Si la piel de detrás de la oreja se irrita igualmente, la pregunta ya no es para la joya ni para la mascarilla, es para el médico.

Seis creencias sobre orejas y auriculares
Los auriculares inalámbricos no enganchan los pendientes
Tap to reveal
El titanio no se raya
Tap to reveal
Los imanes de los auriculares estropean la plata
Tap to reveal
Cuanto más caros los cascos, menos aprietan
Tap to reveal
Dormir con auriculares daña menos el pendiente que una jornada laboral
Tap to reveal
La oreja se acostumbra si aguantas una semana
Tap to reveal

Materiales: qué aguanta el roce

El contacto constante con la técnica es una carga abrasiva, y cada metal responde de una manera.

La plata es más blanda de lo que parece

La plata está en la escala de Mohs alrededor de 2,5-3, es decir por debajo del acero y bastante por debajo del titanio. Eso quiere decir que la copa de plástico o de metal del auricular puede dejarle marca, y que el pulido se empaña con el roce constante.

De ahí no se sigue renunciar a la plata, se sigue elegir la forma. Un pendiente de plata con superficie mate lleva el equipo diario con tranquilidad, porque en lo mate la raya no se lee. El pulido espejo sobre una joya que roza cada día la almohadilla se empaña bastante antes que la superficie mate de la misma aleación: en el espejo se ve cada trazo, en lo mate ninguno.

Titanio y acero bajo el uso diario

El titanio tiene una dureza de alrededor de 6 en Mohs, el acero quirúrgico de alrededor de 5,5. Los dos soportan tranquilos el contacto con el plástico y con la tela, y los dos rayan la copa del auricular antes que rayarse ellos.

El titanio tiene además una segunda ventaja: pesa menos que el acero al mismo tamaño, y el peso cuenta para los agujeros de cartílago, que se estiran hacia abajo bajo carga. Para una joya que vive bajo cascos todo el día, más ligero quiere decir mejor.

Los recubrimientos se gastan por puntos

El baño de oro, el rodio y el recubrimiento de color se portan distinto que el metal macizo. Son finos, y su desgaste no es uniforme, es justamente puntual: por donde pasa el borde de la almohadilla, el recubrimiento se gasta en una banda, y alrededor queda intacto.

Se ve peor que una raya honesta, porque aparece un contraste entre la parte gastada y la nueva. De ahí una regla simple: para el equipo diario coge una joya de metal entero, y las recubiertas déjalas para las ocasiones sin técnica.

Cómo armar un juego para tu equipo

Queda reunir todo en un orden de gestos que ocupa una tarde y libra de quitarse cosas cada día.

Mira el perfil, no el tamaño

Coge un pendiente, ponlo sobre la mesa con la cara hacia arriba y míralo de lado, a la altura de los ojos. Así se ve lo que decide el asunto. Una cúpula suave y una base ancha pasan enteras bajo la almohadilla, porque la fuerza de presión se reparte por toda su superficie. Una bolita sobre un pie, un canto, una arista, un borde afilado dan un saliente, y toda esa misma fuerza se concentra en él solo.

Aparte, valora el reverso, porque el principal culpable se esconde ahí: una mariposa sobre una espiga larga se levanta sobre la piel más que cualquier detalle de delante y se clava en el lado del lóbulo que no ves.

La regla a la que se reduce todo es sencilla: bajo la almohadilla no molesta el tamaño de la joya, sino el saliente que concentra la presión en un punto. Lo ancho y plano pasa, lo estrecho y alto no. Vale para los cascos de diadema y los supraaurales, para el casco de moto y para el de obra con orejeras antirruido. Con los intraaurales no rige, porque ahí nada cae sobre el lóbulo, y el tamaño lo eliges con libertad.

La prueba de la palma y la almohadilla

La prueba práctica no pide ni el equipo ni un espejo. Ponte el pendiente, aprieta la oreja con la palma con la fuerza con la que aprieta normalmente el auricular, y aguanta así hasta que aparezca una sensación clara. Si es un punto, y no una presión uniforme por todo el pabellón, ese pendiente no vale para el equipo.

La segunda prueba, de enganche: pasa el dedo por la joya de arriba abajo con un leve apoyo, imitando el borde de la almohadilla. Si el dedo se engancha en algo, la tela se enganchará también.

Qué se puede ajustar en el propio casco

Cambiar los cascos por un pendiente sale más caro que cambiar el pendiente, pero si el equipo lo vas a elegir de todos modos, tres de sus rasgos deciden la suerte de la joya. El primero es la profundidad de la copa en un modelo de diadema: cuanto más honda, más posibilidades de que la oreja quede libre dentro y la almohadilla se apoye en el anillo a su alrededor, no sobre el pabellón.

El segundo es la forma de la almohadilla. La ovalada sigue el contorno de la oreja y la rodea por el hueso; la redonda del mismo tamaño se apoya a menudo con el borde inferior justo sobre el lóbulo, es decir sobre el pendiente. El tercero es el grosor y la blandura de la propia almohadilla: la gruesa reparte la presión por una superficie amplia, la fina la transmite casi sin pérdida. El recubrimiento de terciopelo es más blando que el de polipiel y resbala menos sobre el metal, aunque acumula pelusa y todo aquello en lo que un gancho puede engancharse.

Aparte, conviene revisar el ajuste de la diadema. Mucha gente lleva el equipo en la posición de fábrica y no cae en que el arco se puede separar un punto más ancho: las copas se abren, la presión baja, el aislamiento pierde una pizca y la oreja gana bastante sitio. Es el único ajuste de esta lista que no cuesta nada y se hace en un segundo.

Dos juegos en vez de uno universal

La solución más fiable parece aburrida: separar las joyas en las de trabajo y las demás. El juego de trabajo son barras planas de reverso liso y una cadena corta, que viven en la oreja de forma permanente y no se quitan.

Todo lo demás se pone cuando el equipo no está en la cabeza. Ese orden quita la causa principal de las pérdidas: la joya no se pierde bajo los cascos, se pierde en el bolsillo donde la metieron antes de una llamada.

Joyas que no se quitan antes de una llamada

Formas planas, reverso liso, metal entero. Piezas que se quedan en su sitio cuando el equipo está en la cabeza.

Ver el catálogo

Regala a un amigo un 10%

Envía a un amigo un código de descuento, ahorrará en su primer pedido.

WELCOME10
💬✈️

Datos que sorprenden

Preguntas frecuentes

¿Se pueden llevar pendientes con cascos supraaurales?

Se puede, si es una forma plana de reverso liso y sin partes que sobresalgan por separado. El modelo supraaural aprieta directamente sobre el pabellón, así que cualquier saliente se vuelve un punto de presión. Los aros y las cuentas con volumen no valen con estos cascos.

¿Qué pendientes no molestan con los intraaurales?

Vale casi cualquiera, incluidos los colgantes grandes y los aros: el auricular se sujeta en el conducto y no toca el borde externo de la oreja. Solo hay que ir con cuidado con las joyas en el trago y el antitrago, y al sacar el auricular, cuando la mano pasa cerca del colgante.

¿Cuánto tiempo después de un piercing de cartílago puedo ponerme cascos de diadema?

La cicatrización completa del hélix lleva de seis a nueve meses, y a algunas personas hasta doce; la concha se mueve en esos mismos seis a doce meses. Todo ese tiempo la presión desde arriba impide que el canal se forme recto, así que durante el plazo se pasa a intraaurales, que no tocan el borde de la oreja. La fecha exacta para tu agujero la dice el pirsista, no el calendario.

¿Por qué el pendiente raya los cascos y se estropea él también?

Porque un pendiente de acero o titanio es más duro que el plástico de la copa. La propia joya pierde el pulido, y el recubrimiento fino se gasta en un punto, por donde pasa el borde de la almohadilla. Las superficies mate y el metal entero lo llevan mejor.

¿La cadena molesta al micrófono de corbata?

Sí, y más de lo que parece. Los eslabones dan clics cortos, y el roce del metal contra la tela da un susurro, y los dos sonidos se montan sobre la voz. Ayuda un largo corto, que se ajusta por encima de la línea de sujeción, o desplazar la cápsula a un lado.

¿Qué hago si las gafas y los cascos aprietan el mismo sitio?

Descargar el punto por orden: quitar la joya de la zona alta de la oreja, pasar a una varilla fina, aflojar la diadema. Si con eso no basta, quedan los auriculares abiertos o los de conducción ósea, que no tapan la oreja.

¿Hay que quitarse los pendientes para el casco de moto?

Se quita todo lo que sobresale. El casco se pone con esfuerzo, y el reverso del pendiente de presión se clava en la cabeza, mientras que al quitarlo la joya se arranca junto con el forro. Sufre primero el hélix del borde externo, porque el forro pasa por él antes que por nada. Al rook, en la cresta del antihélix, y a las joyas del fondo del pabellón, el forro llega más tarde y ya no las arranca, aunque las aprieta a través de la capa densa igual.

¿Qué metal aguanta mejor el roce contra los cascos?

El titanio y el acero quirúrgico: su dureza en Mohs es de alrededor de 6 y 5,5 respectivamente. La plata es más blanda y coge microrrayas antes, así que en el juego de trabajo se lleva en acabado mate. Las piezas recubiertas no valen para el equipo diario.

Para regalar

¿Lo quieres para regalar? Cada pieza llega lista para entregar.

ZeviraCaja de Zevira y una tarjeta incluidas en cada pedido.
Estuche de regalo incluidoCertificado de autenticidadDevolución en 14 días sin preguntas
¿No sabes cuál elegir? Encuentra el regalo →

Lo que queda cuando se quitan los cascos

El conflicto de las joyas con la técnica no se resuelve renunciando a las joyas, sino cambiando la geometría. Plano en vez de alto, liso en vez de aletas, entero en vez de recubierto, corto en vez de intermedio. Cuatro cambios tras los cuales no hay que quitarse nada antes de una llamada o un entrenamiento.

La oreja es una sola para toda la técnica, y no se vuelve más resistente porque aguantemos. En cambio lleva tranquila una pieza elegida contando con lo que va a caer encima. Esa pieza se queda en su sitio por la tarde, cuando el equipo ya cuelga del gancho, y por eso se ve más que la de gala, que vive en el joyero.

Sobre Zevira

Zevira reúne joyas que significan algo: símbolos, historia y formas con oficio detrás, en la herencia de una tierra del sudeste español donde el metal se trabaja desde hace siglos. Pensamos en cómo vive una pieza en un día real, incluido ese día que uno pasa con el equipo puesto.

Ver el catálogo · Inicio

¿Te ha resultado útil?
SíguenosPregunta por WhatsApp