
Joyas y resonancia magnética: ¿se puede llevar y qué hay que quitarse
El imán del aparato de resonancia es decenas de miles de veces más potente que el de tu nevera. Es capaz de arrancar una camilla de acero del suelo y lanzarla contra el túnel de la máquina. Al lado de eso, tu cadena fina parece una tontería, pero justo por ella la imagen puede salir estropeada y la piel bajo el anillo puede quemarse. Por eso, antes de una resonancia se quita todo.
La resonancia magnética no atraviesa el cuerpo con rayos como una radiografía. En ella trabajan un campo magnético constante y muy potente y unos impulsos de radiofrecuencia. El metal dentro de ese campo se comporta de forma impredecible: algo se atrae, algo se calienta, algo distorsiona la imagen y esconde del médico justo la lesión por la que te han mandado a la prueba.
Vamos a ordenarlo punto por punto: por qué el metal y el aparato no se llevan, qué tres riesgos son reales, qué hay que quitarse antes de la prueba y cómo actuar con lo que no se puede quitar, como las pulseras soldadas, los piercings y los implantes. Sin alarmismo, pero también sin frivolidad, porque aquí el precio de un error no se mide en dinero, sino en salud.
Por qué el metal y la resonancia son peligrosos, dicho en sencillo
Para entender qué quitarse y por qué, primero hay que saber cómo funciona el aparato. Sin eso, cualquier norma parece una manía de la enfermera, y no lo es.
Es un imán, no una radiografía
El error más común del paciente: la gente confunde la resonancia con una radiografía o un escáner. Allí sí trabaja la radiación, y el metal simplemente proyecta una sombra en la imagen. En la resonancia el principio es otro. Dentro del túnel se crea un campo magnético de una fuerza descomunal. No se apaga mientras el aparato está en marcha, y actúa sobre todo lo que entra en la sala.
La fuerza del campo se mide en teslas. Un imán de nevera doméstico da centésimas de tesla. Un aparato clínico trabaja a 1,5 o 3 teslas, y los de investigación llegan a 7 y más. La diferencia no es de un tanto por ciento, sino de decenas de miles de veces. En un campo así, un objeto metálico deja de ser una joya y se convierte en un objeto físico sobre el que actúan fuerzas enormes.
El campo está siempre encendido, incluso cuando no se hace ninguna imagen
Otra ilusión peligrosa: creer que el imán se enciende un minuto, hace la imagen y se apaga. No. El imán superconductor mantiene el campo de forma constante, las veinticuatro horas, incluso cuando no hay nadie en la sala y el aparato parece estar en reposo. Por eso a la zona del imán no se puede entrar con ningún objeto metálico de ningún modo, y no solo en el momento de la prueba. El caso típico es alguien que entra en la sala con las llaves o unas tijeras en el bolsillo, y ahí está el origen de la mayoría de los incidentes.
El imán se apaga rara vez. Esa descarga de emergencia se llama quench, y sale cara: el helio líquido que enfría las bobinas se evapora, y luego el aparato se recupera durante días. Por eso el personal trata la zona del imán como una fuente de peligro permanente, no como un aparato que se enchufa y se desenchufa. Para ti eso significa una cosa: las normas de entrada rigen siempre, y discutir con la enfermera sobre tu cadena quitada no tiene sentido.
La radiofrecuencia añade calor
Además del imán constante, el aparato emite breves impulsos de radiofrecuencia. Son ellos los que hacen que los tejidos del cuerpo respondan y formen la imagen. Esos impulsos llevan energía, y esa energía la absorben con ganas los lazos conductores de metal. Un circuito cerrado de un conductor en un campo variable funciona como un pequeño elemento calefactor. De ahí nace el segundo gran riesgo, al que pasamos ahora.
Tres riesgos reales: analizamos cada uno por separado
Los peligros son exactamente tres, y son de naturaleza muy distinta. Uno es por la atracción, el segundo por el calor y el tercero por la calidad de la imagen. Las joyas se quitan justo porque cualquier metal cae bajo al menos uno de estos riesgos.
Riesgo primero: calentamiento y quemadura
Los impulsos de radiofrecuencia inducen en el metal una corriente eléctrica. Si el metal forma un lazo cerrado, la corriente circula en círculo y calienta el objeto. Son especialmente peligrosos justamente los circuitos cerrados: aros de pendiente, cadenas finas, pulseras, piercings con barra anular. Un pin recto se calienta menos; un aro, más.
La quemadura en resonancia es un fenómeno raro pero documentado. La piel bajo la joya caliente se enrojece, y en casos graves aparece una ampolla. La persona está dentro del túnel sin moverse, a veces cuarenta minutos, y no siempre nota a tiempo que la joya empieza a quemar, sobre todo bajo sedación o con la sensibilidad reducida. Por eso la regla es sencilla: ningún lazo metálico cerrado sobre el cuerpo.
Conviene recordar aparte por qué el lazo importa tanto. Un trozo recto de metal, por ejemplo el pin liso de un pendiente, induce corriente débilmente y se calienta de forma apenas perceptible. En cambio, un aro, una cadena con eslabón cerrado o una pulsera forman un circuito por el que la corriente da vueltas en círculo sin salida. Cuanto más largo y fino es el lazo, más fuerte es el efecto. Una cadena de oro fina, en este sentido, es más peligrosa que un anillo macizo sin orificios pasantes, y eso contradice la intuición de que lo grande es más peligroso que lo pequeño.
Por separado se calientan los cables y cualquier hilo conductor, por eso no se entra a la sala con auriculares, con ropa de fibras conductoras ni con parches que contengan lámina metálica. Si llevas un parche de nicotina o analgésico, dilo: algunos contienen una fina capa de metal y pueden calentarse. El calor se acumula despacio y no siempre se nota enseguida, por eso se apuesta por la prevención y no por que el paciente se queje a tiempo.
Riesgo segundo: el efecto proyectil
Los objetos ferromagnéticos, es decir, los que contienen hierro, níquel o cobalto en forma magnética, se atraen al imán con una fuerza enorme. En lenguaje profesional esto se llama efecto proyectil. Unas tijeras de acero, horquillas, clips o pinzas se convierten en pequeñas balas que vuelan hacia el centro del túnel a una velocidad que no se frena con la mano.
Para las joyas el riesgo es menor que para los objetos grandes de acero, pero existe. Una horquilla de acero puede saltar del pelo. La bisutería barata de una aleación desconocida puede salir disparada hacia la pared del aparato. E incluso si tu cadena es de oro y no se atrae, el efecto proyectil afecta a todo lo que se te haya podido olvidar encima o en el bolsillo: llaves, monedas, horquillas, hebillas.
La fuerza de atracción crece de forma vertiginosa a medida que te acercas al centro del túnel. En la puerta de la sala la fuerza magnética todavía es débil, y la persona sostiene el objeto en la mano tranquilamente. Dos pasos más allá, ese mismo objeto se le escapa de los dedos. Justo esa no linealidad engaña: parece que si en la entrada todo está tranquilo, más adentro será igual. Por eso la norma de no dejar entrar metal empieza en el umbral, no junto a la máquina.
Los proyectiles más frecuentes no son las joyas, sino los objetos cotidianos: llaves, móvil, tijeras, aerosoles, bombonas de oxígeno, sillas. Las joyas son peligrosas más bien porque la persona se olvida de ellas, tomándolas por una nimiedad. Un pendiente en el cartílago de la oreja, un piercing discreto, una cadena fina de tobillo bajo el pantalón. Por eso el personal pide quitarse todo y cambiarse de ropa, para descartar lo olvidado, y no porque desconfíe de tu oro.
Riesgo tercero: distorsión de la imagen y la lesión escondida
El tercer riesgo no es de lesión física, sino del sentido de toda la prueba. El metal cerca de la zona explorada crea artefactos: huecos oscuros, halos brillantes, distorsiones geométricas a su alrededor. En la imagen aparece una mancha negra, y bajo esa mancha puede esconderse justo lo que el médico buscaba.
Incluso una joya no magnética de oro o titanio distorsiona el campo magnético a su alrededor. Si se explora el cuello y en él hay una cadena, el artefacto caerá justo sobre la zona estudiada. Habrá que repetir la imagen, y eso es una cita nueva, una espera nueva y a veces una nueva inyección de contraste. Por eso, hasta lo que no se calienta ni se atrae, igualmente se quita: estorba para ver.
El tamaño del artefacto puede ser varias veces mayor que la propia joya. Un pendiente pequeño de acero es capaz de ennegrecer todo un lóbulo cerebral en una imagen de la cabeza. Cuanto más potente es el campo del aparato, mayor es la distorsión, por eso en los aparatos modernos potentes las exigencias para quitar el metal son más estrictas, no más suaves. Lo que pasó desapercibido en un aparato viejo y débil, en uno nuevo deja una enorme zona negra.
El problema es que el artefacto se disfraza de lesión o la esconde. Un hueco oscuro en el lugar del metal es fácil de confundir con un foco de enfermedad, y un halo claro alrededor, con una inflamación. El médico pierde tiempo aclarando qué tiene delante: un hallazgo real o el rastro de un pendiente olvidado. En el peor caso, bajo el artefacto se esconde un tumor temprano o un problema vascular, y sencillamente no se ve. Por eso una imagen limpia de metal no es una formalidad, sino una condición del diagnóstico correcto.
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Qué quitarse antes de la resonancia: lista completa
Respuesta corta: todo. La respuesta larga viene a continuación, porque las joyas se esconden en sitios que con las prisas se olvidan. Repasa esta lista en casa, no en la sala delante del aparato.
Pendientes y cualquier piercing
Los pendientes se quitan siempre, sea cual sea el metal. Los aros en las orejas y cualquier piercing del cuerpo son lazos cerrados, es decir, candidatos directos al calentamiento. Tema aparte es el perforado reciente, que da miedo dejar sin barra; de él hablamos en la sección sobre retenedores. No olvides los pendientes pequeños en el cartílago de la oreja y en perforaciones adicionales: es fácil no verlos, y son igual de peligrosos que los grandes.
Cadenas, colgantes y collares
Una cadena en el cuello casi siempre cae en la zona explorada de la cabeza, el cuello o el tórax. Quitamos tanto la cadena como el colgante. El colgante con piedra también: la piedra estropea menos la imagen, pero el engaste metálico y la cadena dejarán artefacto.
Anillos y alianzas
Los anillos se quitan todos, incluida la alianza. Sí, da pena y a veces aprieta, pero el anillo es un circuito cerrado en el dedo, y se calienta. Si el anillo no sale, hay que decirlo con antelación, antes de estar junto al túnel, para tener margen de tiempo. Un anillo apretado suele ceder si enjabonas el dedo con agua fresca y lo sacas girándolo, en lugar de tirar de golpe. Los anillos de pie, en el dedo del pie y los aros de piercing en el ombligo también se quitan, aunque se acuerda uno de ellos en último lugar.
Relojes, pulseras de actividad y anillos inteligentes
Los relojes se quitan por dos motivos a la vez: metal más electrónica. El campo magnético dañará sin remedio un reloj mecánico y estropeará muchos electrónicos. Las pulseras de actividad, los anillos inteligentes y cualquier dispositivo sobre el cuerpo también se quitan: en el campo no pintan nada. Da especial pena el reloj mecánico: el campo imanta el muelle y el volante, después el reloj se adelanta o se para, y hace falta un relojero para desimantarlo. Sale más barato quitarlo antes que arreglarlo después.
Pinzas, horquillas e invisibles
El pelo es el escondite favorito del metal olvidado. Una horquilla invisible de acero es pequeña, pero es un proyectil perfecto y una fuente de artefacto al explorar la cabeza. Antes de una resonancia de cabeza el pelo se suelta y se le quita todo lo metálico, incluidas las gomas con abrazadera de metal.
Metal oculto: hebillas, aros del sujetador, herrajes de la ropa
Aquí entra todo lo que no es joya pero es metal: la hebilla del cinturón, los corchetes, las cremalleras, los aros del sujetador, los remaches de los vaqueros. Por eso en la resonancia a menudo te ponen una bata desechable. No te resistas: no es un capricho, sino una protección frente al proyectil y los artefactos.
Cosmética y accesorios que se olvidan
El metal se esconde donde no lo esperas. Las sombras nacaradas y la máscara de pestañas a veces contienen partículas de metal y, en casos raros, se calientan un poco junto a los ojos al explorar la cabeza, por eso es mejor desmaquillarse antes de una resonancia de cabeza. Las lentillas de color con recubrimiento metalizado también se quitan. El audífono, la prótesis dental removible con ganchos metálicos, la peluca con red metálica, las pestañas postizas con imán: todo eso se retira antes de la prueba.
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Lista de comprobación práctica antes de la prueba
Para no olvidar nada, repasa esta lista en casa, la víspera, con tranquilidad. Junto al túnel ya es tarde para acordarse.
El día antes de la resonancia
Quítate en casa todo lo que cuesta sacar, sobre todo los anillos apretados. Si el anillo no sale, no tires hasta hacerte daño, llama a la clínica y pregunta cómo proceder. Prepara un retenedor no magnético si tienes un piercing reciente. Busca los documentos de los implantes, si los tienes. Quítate el reloj mecánico y déjalo en casa para no llevarlo a la zona del imán.
Qué ponerte para la prueba
Elige ropa sin metal: pantalón de chándal con goma sin cremalleras ni remaches, camiseta sin corchetes, ropa interior sin aros. Eso te ahorra el cambio de ropa y agiliza el proceso. Deja en casa o en la taquilla el móvil, las llaves, las tarjetas bancarias y los pendrives: el campo magnético estropea sus datos.
Qué hay que decir sí o sí al personal
Informa de todos los implantes, prótesis, placas, clavos, marcapasos, bomba, DIU y esquirlas. Menciona el embarazo si es posible. Avisa de las joyas no extraíbles y los piercings difíciles de quitar. No te calles los tatuajes grandes o antiguos en la zona explorada. El cuadro completo en manos del médico es tu seguridad.
Metales magnéticos y no magnéticos: por qué se quitan ambos
Pregunta lógica del paciente: si mi oro no se atrae al imán, ¿para qué quitarlo? La respuesta es que el magnetismo es solo uno de los tres riesgos, y la ausencia de atracción no libra de los otros dos.
Qué se atrae: acero, hierro, níquel
Los que más reaccionan son los materiales ferromagnéticos: el acero corriente, el hierro, el cobalto y el níquel en forma magnética. La bisutería barata suele estar hecha de aleaciones de acero y se atrae de forma notable. El acero quirúrgico, con el que se hacen muchos piercings, también suele ser débilmente magnético. Todo eso son proyectiles y candidatos al calentamiento al mismo tiempo.
Lo traicionero es que la palabra quirúrgico tranquiliza. El acero quirúrgico de calidad 316L es de verdad médico y relativamente poco magnético, pero no es nulo en su reacción al campo, y además se calienta de maravilla y deja artefacto. La bisutería niquelada y cromada parece noble, brilla como el platino, y por dentro lleva una base de acero que sale disparada hacia el imán. El color y el brillo no dicen nada de la composición.
Qué casi no se atrae: oro, platino, plata, titanio
Los metales nobles y el titanio son prácticamente no magnéticos. El oro, el platino, la plata pura y el titanio no saldrán disparados hacia la pared del aparato. Parece que se pueden dejar, pero es una trampa. Igualmente conducen corriente, así que se calientan en un lazo cerrado. E igualmente distorsionan el campo, así que dejan artefacto. No hay atracción, pero los otros dos riesgos siguen ahí.
Conviene tener en cuenta la composición de las aleaciones. Oro puro de ley 999 casi no hay en las joyas, es blando, por eso se usan ligas con cobre, plata y a veces níquel. El oro blanco a menudo lleva aditivos no magnéticos, pero también lo hay con paladio y con níquel. La plata en las joyas suele ser de ley 925, donde el resto es casi siempre cobre. Todos esos aditivos son no magnéticos, pero solo aumentan la conductividad, y con ella el calentamiento. Así que la nobleza del metal no anula las reglas.
Por qué se quita igualmente cualquier metal
La regla de quitarse todo no nació de un exceso de celo, sino de la práctica. La enfermera no tiene por qué adivinar a ojo la aleación de tu cadena, ni tú tienes por qué saber la ley de la pulsera que te regalaron. Es más sencillo y más seguro quitarse todo que andar adivinando si la aleación es magnética y si caerá en la zona explorada. A comparar el comportamiento de distintos metales ayuda nuestro artículo sobre latón, acero y plata: la diferencia de composición explica también la diferencia en la reacción al imán.
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Joyas no extraíbles: qué hacer con las pulseras soldadas
Un dolor de cabeza aparte son las joyas permanentes. Una pulsera o cadena fina sin cierre se coloca y se suelda en la muñeca, para llevarla años sin quitarla. Y entonces a la persona le mandan una resonancia.
¿Se puede hacer una resonancia con una pulsera no extraíble?
Con una pulsera metálica no extraíble en la zona explorada no se puede hacer la resonancia: se calienta y distorsiona la imagen. Si la zona explorada queda lejos de la muñeca, a veces el médico decide caso por caso, pero siempre es su decisión, no la tuya. Confiar por tu cuenta en que pasará desapercibida no vale.
¿Se corta la joya no extraíble?
Sí, antes de la resonancia la pulsera permanente, por regla general, se corta o se lima con cuidado. Es una situación de rutina, el personal lo hace con calma, y la joya luego se puede volver a soldar en el estudio. Es mejor llegar con antelación y resolverlo sin prisas que descubrir el problema un minuto antes de la prueba. Más detalles sobre cómo se hacen estas joyas y cómo se quitan, en el artículo sobre pulseras soldadas no extraíbles.
Cortar una cadena fina con un cortaúñas es sencillo, y el eslabón luego se vuelve a soldar fácilmente. Es más difícil si la pulsera es gruesa o rígida: se lima, y la marca del corte luego se disimula al volver a soldar. Detalle importante: cortar metal justo en la zona del imán con una herramienta de acero no se puede, porque la herramienta misma es un proyectil. Por eso la pulsera se quita en una sala segura, no junto al túnel. Si la zona explorada está en el brazo, por ejemplo la muñeca, no hay ninguna opción de conservar la pulsera, habrá que quitarla sin discusión.
Cómo prepararse si llevas una joya permanente
Si llevas una joya no extraíble y te han mandado una resonancia, avisa a la clínica al pedir cita. Pregunta si hay que quitarla con antelación en una joyería o lo harán allí mismo. Llévate el teléfono del estudio donde la soldaron, para luego restaurarla. Planifica la nueva soldadura como una visita aparte, no como algo de paso. Si la resonancia es urgente y no hay tiempo para el estudio, no te preocupes: la cadena se quita allí mismo y se vuelve a soldar después. La joya en sí no sufre por ello, solo se pierde la soldadura, que es fácil de rehacer. Lo principal es no intentar dejar la pulsera a escondidas: te juegas la imagen y la piel de debajo.
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Piercings y retenedores: cómo no perder la perforación
El piercing es un lazo cerrado, a menudo de acero débilmente magnético, y casi siempre con la zona explorada cerca. Quitarlo es obligatorio, pero el problema está en la perforación reciente, que puede cerrarse durante la prueba. Esto vale en especial para los piercings en sitios incómodos: la lengua, el septum, el piercing íntimo, las perforaciones en el cartílago. No es fácil quitárselos uno mismo con prisas, por eso hay que prepararse en casa.
Perforación reciente: por qué no vale solo sacar y olvidar
Una perforación reciente se cierra en cuestión de horas. Si sacas la barra durante la resonancia y dejas el canal vacío, puedes volver a encontrar el orificio cerrado y tener que perforar de nuevo. Por eso hay que sacar el metal, y mantener el canal abierto con algo que no sea metálico.
Sustituto no magnético: bioplast, vidrio, teflón
La salida está en cambiar la barra metálica por una pieza no magnética, el retenedor. Se hacen de bioplast, de un vidrio médico especial o de teflón. Estos materiales no se calientan, no se atraen ni distorsionan la imagen, y a la vez mantienen el canal abierto. El retenedor de vidrio se pone en la perforación reciente con antelación, en casa, con calma, y no en el umbral de la clínica.
Cada material tiene sus ventajas. El vidrio es liso e hipoalergénico, sujeta bien el canal reciente, pero es frágil. El bioplast y el teflón son flexibles, fáciles de poner, cómodos para piercings en zonas móviles como el labio o la lengua. Para explorar una zona concreta a veces piden quitar incluso el retenedor no magnético, si cae justo en el encuadre: el plástico casi no da artefacto, pero es posible una pequeña distorsión del campo por la pieza. Por eso la decisión sobre el retenedor se acuerda con la clínica, no se toma al azar.
Qué preguntar al médico sobre el piercing con antelación
Al pedir cita para la resonancia, di que tienes un piercing y dónde. Pregunta si puedes ir con un retenedor no magnético o te lo pedirán quitar igualmente. Para las perforaciones recientes, consulta con el profesional que te perforó qué retenedor encaja con tu canal. Es mejor dedicar un día a la preparación que perder la perforación.
Tatuajes, implantes y prótesis: qué comentar con el médico
No todo se quita. Parte del metal está dentro del cuerpo o en la tinta bajo la piel. Aquí decide solo el médico, y aquí no se puede ocultar nada.
Tatuajes con tintas que contienen metal
Algunas tintas oscuras, sobre todo antiguas y caseras, contienen partículas de metal, por ejemplo óxidos de hierro. En casos raros, la zona de un tatuaje reciente o grande puede calentarse un poco o dar un leve hormigueo durante la resonancia. Los casos son raros y suelen ser inofensivos, pero si el tatuaje es grande y cae en la zona explorada, avisa al médico. Los pigmentos modernos de calidad reaccionan poco.
Esto deben tenerlo presente sobre todo quienes lucen grandes trabajos negros o de color de la vieja escuela, y quienes se han tatuado hace poco. El maquillaje permanente de cejas y párpados también entra aquí: el pigmento queda cerca de los ojos, y la exploración de la cabeza es justo esa zona. La solución no es renunciar a la resonancia, sino avisar y, si nota hormigueo, decirlo enseguida con la pera del botón de alarma que se le da a cada paciente. El tatuaje casi nunca es motivo para rechazar la prueba, pero sí motivo para mencionarlo de antemano.
Aparte, sobre las tintas: el mito de que cualquier tatuaje hierve bajo la resonancia está muy exagerado. Un calentamiento serio es la excepción, no la regla. Mucho más a menudo, la persona tatuada pasa la prueba tranquilamente y no nota nada. No hace falta entrar en pánico, hace falta informar.
Implantes, prótesis y marcapasos
Los implantes dentales, las prótesis de articulación, las placas, los clavos, los stents, los marcapasos y las bombas de insulina son una conversación seria aparte. La mayoría de los implantes modernos se hacen compatibles con la resonancia, pero eso lo decide el médico según los documentos del dispositivo concreto, no según una regla general. Nunca te calles los implantes. En algunos modelos de marcapasos antiguos la resonancia está contraindicada de forma categórica.
La diferencia entre un implante compatible y uno peligroso no se mide por el material, sino por el modelo concreto y las condiciones. Una prótesis de articulación de titanio moderna lo más probable es que pase, pero dejará artefacto en su zona. Los viejos clips ferromagnéticos en los vasos del cerebro son una contraindicación absoluta: en el campo pueden desplazarse. Los implantes cocleares, los neuroestimuladores y las bombas de insulina requieren un protocolo especial, a veces se apagan o se retiran temporalmente. Por eso el documento del dispositivo con el modelo y el fabricante vale más que cualquier palabra: con él el médico encuentra en un minuto si el implante es seguro en ese aparato.
Qué es importante decirle al médico antes de la prueba
Cuéntale al médico todo lo metálico que llevas dentro: operaciones, prótesis, esquirlas, DIU, bombas, audífonos. Lleva contigo el documento del implante, si lo tienes. Si no recuerdas qué te pusieron, di al menos la fecha y el lugar de la operación: ayudará a aclararlo. La decisión sobre la realización de la resonancia siempre es del médico, y tu tarea es darle el cuadro completo. Menciona aparte el antecedente de una viruta metálica en el ojo en quienes trabajaron con metal: requiere una comprobación antes de explorar la cabeza. Es mejor decir de más que callar algo importante.
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Joyas con piedras: la piedra está tranquila, el engaste no
Parece que una joya con una piedra grande es más segura, ya que la piedra no es metal. Eso es la mitad de la verdad.
Las piedras en sí no son magnéticas
El diamante, el zafiro, la esmeralda, la perla, la amatista, cualquier piedra natural o cultivada no se atrae al imán ni se calienta. Desde el punto de vista del proyectil y del calentamiento, la piedra en sí es inofensiva. Los minerales son sobre todo cristales de compuestos de oxígeno, y el hierro magnético en ellos es despreciable. Incluso las piedras cultivadas en laboratorio se comportan tan tranquilas como las naturales.
Hay minerales sueltos con un contenido notable de hierro, por ejemplo la magnetita o el hematites, y esos sí reaccionan débilmente al imán. En las joyas se ven rara vez, más bien en collares o pulseras de recuerdo de hematites. Pero aun aquí el problema es más bien teórico: la piedra se quita junto con la joya entera, y no hay que pensar en su magnetismo.
En cambio, el engaste es metal
La piedra casi siempre va asentada en metal: un cierre de oro, garras de plata, un engaste de acero de bisutería. Justo el engaste da tanto el calentamiento como el artefacto. Por eso una joya con piedra se quita igual que cualquier otra: por la parte metálica, no por la piedra.
Caso aparte: piedras con inclusiones de metal
Materiales raros como el hierro de meteorito o las joyas con incrustación metálica reaccionan más que una piedra normal. Si llevas algo inusual por su composición, considéralo metal y quítatelo sin pensarlo. A estos pertenecen también las joyas con recubrimiento, los esmaltes sobre base metálica y los colgantes con mecanismo dentro, como relojes o brújulas. Todo lo que sea más complejo que una piedra homogénea en un engaste simple, mejor quítatelo sin darle vueltas a la composición.
Qué pasa en la clínica: el orden de la comprobación
Para llegar preparado, conviene saber cómo está organizada la prueba en la entrada. Así quitarse las joyas no te pilla por sorpresa ni se convierte en una carrera nerviosa.
Cuestionario de seguridad y entrevista
Antes de la resonancia se rellena un cuestionario sobre metal en el cuerpo, operaciones, implantes, alergias y embarazo. Responde con honestidad y detalle: no es una formalidad, sino un filtro que detecta las contraindicaciones. Si olvidaste anotar algo, dilo de viva voz. El personal hace preguntas aclaratorias justo para pescar el pendiente olvidado o la placa antigua.
Taquilla, cambio de ropa y arco
Las joyas, el móvil, las llaves y las tarjetas se guardan en la taquilla. A menudo te dan una bata desechable sin metal. A la entrada de la zona del imán a veces hay un detector de metales manual o fijo que pesca lo olvidado. Es la última barrera antes del túnel, y que salte por una hebilla o una invisible no sorprende a nadie, simplemente se retira el objeto.
La pera de alarma y la comunicación durante la prueba
Dentro del túnel te dan una pera o un botón que puedes apretar en cualquier momento. Si algo empieza a calentarse, aparece hormigueo, te falta el aire o te entra miedo, aprieta sin reparos. El operador te oye y te ve, y la prueba se detiene. Es una herramienta normal, no un motivo para sentirte un estorbo.
Si no se ha podido quitar la joya
A veces el anillo se ha pegado al dedo, el pendiente no se desabrocha y el piercing está en una perforación reciente que da miedo tocar. No lo resuelvas tú solo en el pasillo. Díselo al técnico antes de empezar: con parte de las joyas de oro y acero quirúrgico no habrá problema, y el médico decidirá según el metal concreto y la zona explorada. Si el objeto está en la zona de interés o es de una aleación desconocida, la prueba se aplaza o se busca otro método. Cortar el arco de un pendiente o forzar un anillo con prisas delante de la cámara no hace falta: es mejor perder un día y volver a pedir cita que estropear la joya o quemarte bajo el aparato.
Mitos sobre las joyas y la resonancia
En torno al tema se ha acumulado mucha verdad a medias, por la que la gente se deja cosas de más encima. Veamos los principales errores.
El oro no es magnético, así que se puede dejar. No. El oro de verdad no se atrae, pero se calienta en un lazo y deja artefacto en la imagen. El magnetismo es solo uno de los tres riesgos.
El titanio es seguro para la resonancia, así que un anillo de titanio no hay que quitárselo. No. El titanio no es magnético y se usa a menudo en implantes, pero el anillo es un circuito cerrado que se calienta, y su conductividad distorsiona el campo junto a la zona explorada.
La cadena fina es demasiado pequeña para estropear algo. No. Justo los lazos finos cerrados son los que mejor se calientan, y la cadena en el cuello cae directamente en la zona explorada de la cabeza y el cuello.
La resonancia es solo una radiografía avanzada. No. En la radiografía trabaja la radiación; en la resonancia, un imán constante potente y la radiofrecuencia. El comportamiento del metal es radicalmente distinto.
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Datos que sorprenden
Algunas cosas sobre la resonancia y el metal que rara vez se le cuentan al paciente.
El imán del aparato no se apaga ni de noche. El imán superconductor mantiene el campo de forma constante. Para apagarlo en una situación de emergencia se hace una descarga de urgencia, y es un procedimiento caro que exige días para recuperar el aparato.
Una bombona o una camilla de acero, al volar dentro del túnel, pueden dejar al paciente atrapado dentro. Por eso a la zona del imán no se mete nada de acero, y el material de limpieza y el mobiliario allí son especiales, no magnéticos.
A veces el piercing se descubre por casualidad en la propia imagen. Pasa que la persona se olvida de un piercing íntimo antiguo o de un pendiente pequeño en el cartílago, y el metal se delata con un artefacto. Es mejor acordarse de todo de antemano.
Los tatuajes oscuros antiguos reaccionan más que los nuevos. Es por la composición del pigmento: antes en las tintas negras había con más frecuencia compuestos de hierro. Los pigmentos modernos de estudio reaccionan poco.
El contraste para la resonancia no contiene yodo, a diferencia del del escáner. Una alergia al contraste yodado del escáner no significa veto al contraste de la resonancia: son sustancias distintas a base de gadolinio.
El campo magnético puede borrar los datos de una tarjeta bancaria y de un móvil viejo. La banda magnética de la tarjeta, los pendrives y los relojes mecánicos mejor no meterlos en la sala en absoluto: es fácil estropearlos.
El ruido del aparato llega al nivel de un martillo neumático. No es por el imán en sí, sino por la rápida conmutación de las bobinas de gradiente. Por eso al paciente se le dan tapones o auriculares.
El color y el brillo del metal no dicen nada del magnetismo. El acero cromado brilla como el platino, pero se atrae, y el titanio mate no es magnético. A ojo no se determina la aleación, por eso se quita todo.
Preguntas frecuentes
¿Se puede hacer una resonancia con joyas, en general? No. Antes de la resonancia se quitan todas las joyas sin excepción: pendientes, cadenas, anillos, pulseras, relojes, piercings. Vale tanto para los metales preciosos como para la bisutería.
¿Por qué no se puede dejar un anillo de oro, si no se imanta? El magnetismo es solo uno de los tres riesgos. El oro no se atrae, pero se calienta en un lazo cerrado y distorsiona la imagen. Por eso se quita igual que el resto.
¿Qué hago si el anillo no sale del dedo? Dilo al pedir cita y ve con antelación. A veces ayuda enfriar el dedo y usar jabón. En el peor de los casos el anillo se corta con cuidado, igual que las pulseras no extraíbles. Esto hay que resolverlo antes de la prueba, no junto al túnel.
¿Me cortarán la pulsera soldada por una resonancia? Si está en la zona explorada o puede calentarse, la cortarán o limarán. Es un procedimiento de rutina. Lleva los datos del estudio donde la soldaron, para luego restaurarla.
¿Qué hago con un piercing reciente para que la perforación no se cierre? Pon un retenedor no magnético de bioplast, vidrio o teflón. Mantiene el canal abierto, no se calienta ni distorsiona la imagen. Hazlo en casa con antelación.
¿Son peligrosos los tatuajes en la resonancia? En la mayoría de los casos no. Rara vez un tatuaje grande o antiguo con tinta que contiene hierro se calienta un poco. Si el tatuaje es grande y está en la zona explorada, avisa al médico.
¿Y los implantes y prótesis son una contraindicación? No siempre. La mayoría de los implantes modernos son compatibles con la resonancia, pero decide el médico según los documentos del dispositivo. Informa sí o sí de todo el metal del cuerpo, en especial del marcapasos.
¿Puedo volver a ponerme las joyas después? En cuanto salgas de la sala, justo después de la prueba. El campo magnético no cambia el metal, solo influye mientras estás dentro. Comprueba el reloj y la electrónica: a veces el campo los deja fuera de servicio.
En resumen
Antes de la resonancia se quita todo lo metálico, y hay tres razones para ello: el calentamiento de los lazos cerrados, el efecto proyectil de los objetos magnéticos y los artefactos que esconden una lesión en la imagen. El oro y el titanio no se atraen, pero se calientan y distorsionan la imagen, por eso también se quitan. Las pulseras no extraíbles se cortan o liman, el piercing se sustituye por un retenedor no magnético, y de los implantes y los tatuajes grandes hay que hablar sí o sí con el médico. Prepárate en casa, repasa la lista con antelación, y la prueba transcurrirá sin imágenes estropeadas y sin sorpresas. Y si la cuestión no es la del paciente, sino la de qué llevar en el turno, eso es otro tema, y está tratado en el artículo sobre joyas para personal sanitario.
Joyas fáciles de quitar antes de la prueba e igual de fáciles de poner después: cierres claros, metal honesto, nada de más.
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Sobre Zevira
Zevira es una marca española de joyería de Albacete. Hacemos joyas con una composición clara y cierres cómodos, para que sea sencillo quitarlas y ponerlas en cualquier situación. Si a veces tienes reacción al metal, échale un vistazo al análisis sobre la alergia al níquel, y sobre el agua, el deporte y el uso diario lo contamos en el artículo se pueden llevar joyas en la ducha, la piscina y el mar.





















