
Regalo para un compañero de trabajo y amigo invisible: qué joya regalar en la oficina
Cuando un departamento saca los nombres de una bolsa, casi dos veces de cada tres alguien se saca a sí mismo. Esa probabilidad, cerca del 63%, la calculó a comienzos del siglo XVIII el matemático francés Pierre Rémond de Montmort, y apenas cambia con el tamaño del equipo. El regalo de oficina está lleno de trampas así.
Aquí se tratan tres casos que se parecen y no son iguales: el regalo que haces tú a un compañero, el regalo que hace todo el departamento con un bote común y el amigo invisible, donde te toca regalar a alguien a quien quizá solo saludas en el ascensor. Cada caso tiene su lógica de presupuesto, su margen de error y su lista de piezas que encajan. La guía general por ocasiones está en la guía de regalos de joyería, y los regalos de diciembre para la familia, en el artículo sobre qué joyas regalar en Navidad. Aquí solo hablamos del trabajo: compañeros, sorteo, bote y las normas no escritas que mantienen todo eso en su sitio.
Respuesta rápida: qué joya regalar a un compañero de trabajo
A un compañero se le regala una pieza que no exige saber nada de su cuerpo: ni la talla del dedo, ni si lleva agujeros en las orejas, ni qué largo de cadena prefiere. Eso deja un collar que se vende con su cadena, una pulsera de cordón o de cadena, unos pendientes de clip y, si conoces a la persona, un pin para la solapa. El símbolo, neutro: naturaleza, sol, cielo, viaje. La miniatura de oficio con hoja, solo para quien conoces. El precio, dentro de lo pactado: ni por encima ni muy por debajo. Si regala todo el departamento y nadie conoce bien su gusto, si el compañero teletrabaja o si se marcha a otra empresa, lo más honesto es una tarjeta regalo. Si regalas tú y no sabes nada de su estilo, acierta un collar con cadena incluida o una pulsera; en un amigo invisible de presupuesto corto, pulsera o clips. Abajo se explica por qué.
Tres reglas del regalo en la oficina
La primera regla es de significado. Un regalo a un compañero no insinúa nada: ni sentimientos, ni creencias, ni aspecto físico, ni costumbres. Un corazón, un candado con inscripción, una pieza de pareja, una cruz, un amuleto contra el mal de ojo, todo eso se lee como un mensaje aunque no quisieras decir nada. Una hoja, un sol, una estrella o un mapa del mundo dicen una sola cosa: «me he acordado de ti».
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La segunda regla es de precio. En el trabajo, un regalo no debe dejar a nadie en deuda. Una pieza claramente más cara de lo que se estila en el equipo incomoda a quien la recibe y molesta a quienes se ajustaron a lo acordado. Por eso el techo se respeta con más rigor que el suelo.
La tercera regla es de cuerpo. A un compañero no se le pregunta la talla de anillo ni se le mira si tiene agujeros. Todo lo que pide ese dato cae solo: el anillo, los pendientes de presión elegidos a ciegas, la pulsera rígida a medida de la muñeca. Quedan las piezas que sirven a cualquiera que ya lleve joyas.
Tres cosas que puedes observar sin preguntar
La elección se estrecha con tres observaciones, y ninguna requiere hacer preguntas. La primera: las orejas. Si ves pendientes en tu compañera cada día, los pendientes son una opción; si no los ves o dudas, quedan los clips, la pulsera y el collar. La segunda: el tono del metal. Fíjate en el reloj, en la montura de las gafas, en la hebilla del cinturón, en el cierre del bolso. Si domina un tono, plateado o dorado, un regalo en ese mismo tono se coloca al lado de sus cosas sin chocar.
La tercera: cómo lleva las supersticiones. Si tu compañero toca madera, cruza los dedos antes de una reunión difícil y no quiere ni oír hablar de martes y trece, las miniaturas de navajas y espadas mejor para otra ocasión, aunque la superstición del regalo cortante se aplica poco a una joya. Si no lo sabes, elige una pieza sin hoja: en un sorteo regalas casi a un desconocido, y es más tranquilo no obligarle a pensar en agüeros.
Si no tienes ninguna de las tres respuestas, quedan tres piezas que casi no piden información: un colgante en una cadena de largo neutro, siempre con la cadena incluida, unos clips o una pulsera. El que menos pide es el colgante, si el presupuesto llega: a los clips les queda la duda de si esa persona lleva pendientes, y la pulsera tiene largo. La pulsera puede ser de cordón trenzado con medallón de esmalte o una cadena en tono plata; el largo y el cierre se comprueban en la ficha del producto, y el fallo aquí es suave: una pulsera se regala a otra persona o se cuelga del asa del bolso.
Amigo invisible, bote común o regalo tuyo: tres situaciones distintas
«Regalo para un compañero de trabajo» cubre tres escenas diferentes, y el consejo que vale para una a menudo falla en otra. Cambian tres cosas: quién regala, cuánto conoce a quien recibe y quién fija el presupuesto.
El regalo de tu parte a un solo compañero
Es el caso más arriesgado de los tres, porque no hay cobertura colectiva. Un regalo de una persona a otra en la oficina lo ve todo el mundo, y cualquier pieza algo más personal de lo normal despierta preguntas: por qué a ella, por qué eso, por qué de tu parte. Por eso el regalo individual encaja cuando el motivo es evidente: el cumpleaños de alguien con quien llevas años trabajando codo con codo, las gracias por echarte un cable en un proyecto que se torció, la despedida antes de que se marche a otra empresa.
La regla práctica es sencilla: el regalo tiene que poder entregarse delante de todos. Si te diera apuro sacarlo delante de la mesa de al lado, es demasiado personal para un compañero. Un pin con una navaja en miniatura para quien volvió de Albacete contando maravillas de su tradición cuchillera y se ríe de los agüeros pasa la prueba. Un colgante de corazón no la pasa, sea cual sea la intención.
El segundo riesgo es que el regalo a uno se convierta en la vara de medir de los demás. Si le regalas a una compañera por su cumpleaños y a otra no, se nota. La salida es mantener un mismo listón: o regalas a todos con quienes trabajas de cerca, o te sumas al regalo del departamento.
El bote de la oficina: regalo de todo el departamento
Aquí todo va al revés: hay más dinero, la responsabilidad se reparte y la pieza puede ser más seria. Los motivos del bote suelen ser mayores que un sorteo: una boda, un nacimiento, una baja de maternidad o paternidad, un cambio de empresa, una jubilación. Para esto último hay un artículo aparte sobre la joya para la jubilación, que también trata el regalo del equipo.
El regalo común no se decide por lo que les gusta a los que ponen dinero, sino por lo que va a llevar quien lo recibe. En la práctica elige una persona, la que mejor conoce el gusto del homenajeado, y el resto confía en ella. Si en el departamento no hay nadie así, el bote rinde más convertido en tarjeta regalo: quien lo recibe elige, y en la tarjeta van los nombres de todos.
Cómo recoger el dinero, quién firma la tarjeta y qué decir al entregarlo está explicado en el artículo sobre el regalo para el jefe: la mecánica del bote es la misma, sea para quien sea.
El amigo invisible por sorteo
El sorteo lo cambia todo. No regalas a quien eliges, sino a quien te toca, y puede ser alguien de otro departamento con quien no pasas de los buenos días. El presupuesto está fijado de antemano y es igual para todos. Quien recibe no sabe de quién viene el regalo, al menos hasta el final de la fiesta.
De ahí la exigencia principal: el regalo tiene que funcionar con un desconocido. No sabes si esa persona lleva pendientes, si prefiere oro o plata, si le gustan las joyas siquiera. Por eso un amigo invisible bien organizado empieza con una lista de deseos: cada participante escribe un par de líneas sobre lo que le gusta y lo que prefiere no recibir. Si en tu oficina no se hace, propónselo a quien organice: una sola línea del tipo «llevo plata, no tengo agujeros» quita la mitad del riesgo.
Si no hay lista y no hay a quién preguntar, queda la elección que perdona el desconocimiento: pulsera o clips, y si el presupuesto llega al segmento medio, también un collar con la cadena incluida. El pin con hoja es arriesgado aquí por la superstición de la que se habla más abajo. Para el regalo a alguien cuyo gusto ignoras por completo hay un artículo propio: joya de regalo sin conocer su gusto.
Opiniones de clientes
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A un compañero, pulsera o collar con su cadena; nunca un colgante suelto. Un colgante sin cadena no es un regalo, son deberes para las vacaciones de Navidad.
Cómo llevar la joya que te regalaron en el trabajo
El regalo del intercambio de oficina se estrena en la oficina, para que quien lo regaló vea que la pieza está en uso. Estas son las dudas que aparecen justo en ese momento.
¿Dónde prendo el pin si no llevo americana? En la correa del bolso, en la solapa del abrigo o en la cinta de la acreditación. Te aconsejo no prenderlo en punto fino: la aguja tira de la malla y a la semana queda la marca en el jersey. Si lo quieres en la ropa, recomiendo tela con cuerpo: cazadora vaquera, blazer de tweed, pana.
¿Pendientes y cascos en las videollamadas? La almohadilla del auricular aprieta todo lo que va en el lóbulo, sea clip, botón o aro. Por eso, para un día de muchas llamadas recomiendo llevar el regalo en el cuello o en la muñeca y no en las orejas: el collar sobre un jersey de cuello alto, la pulsera bajo el puño. Si ese día toca pendiente, elijo el que tiene en el lóbulo la pieza más plana y la forma cayendo hacia abajo, como la hoja de monstera sobre su botón pequeño.
¿Pulsera de cordón con traje? No, si hay negociación. El cordón y el esmalte bajo el puño de la camisa encajan el viernes y en la oficina sin código de vestimenta. Con traje recomiendo la pulsera de cadena en tono plata: se esconde bajo el puño y asoma solo cuando se mueve la mano.
Me han regalado dorado y lo mío es la plata. ¿Qué hago? Separar por zonas. Un collar dorado al cuello y unos pendientes de plata conviven, porque entre ellos está la cara. En una misma mano es más difícil: ahí armo el conjunto en un solo metal y paso la segunda pulsera a la otra muñeca.
¿El collar sobre el cuello alto o bajo el cuello de la camisa? Sobre el cuello alto si el colgante es más grande que una uña: sobre punto liso se convierte en el detalle principal. Con camisa y un botón desabrochado elijo el largo corto, para que el colgante quede a la altura de las clavículas y no se esconda tras la tapeta.

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Cómo organizar el amigo invisible del trabajo sin dramas
Las guías que aparecen primero al buscar cómo organizar el amigo invisible de empresa coinciden en cuatro normas: participación voluntaria, presupuesto cerrado, sorteo secreto y fecha de entrega. Detrás de cada norma hay una razón, y conocerla ayuda a elegir el regalo.
Participación voluntaria y lista de deseos
La primera norma es que nadie juega obligado. En un departamento hay quien anda justo a final de mes, quien no celebra la Navidad y quien simplemente prefiere no entrar. Un juego que se vive como impuesto deja de ser un juego, y el regalo que sale de ahí se nota.
La lista de deseos es la segunda herramienta, y la más útil para quien piensa regalar una joya. Basta con una tarjeta o un formulario en el que cada uno anota dos o tres pistas: colores que no se pone, si lleva pendientes, si es de plata o de oro, si prefiere algo para la mesa o algo para llevar puesto. Quien organiza reparte las pistas junto con el nombre. Con esa línea, un regalo de joyería pasa de apuesta a acierto razonable.
El sorteo y el problema de Montmort
La probabilidad del primer párrafo no es una broma. En 1708 Pierre Rémond de Montmort publicó en París su «Essay d'analyse sur les jeux de hazard» y estudió en él un juego de cartas llamado treize, «trece»: el jugador descubre las cartas una a una contándolas en voz alta, y la cuestión es si alguna vez coincide el número de la carta con el número del turno. La solución general la publicó en la segunda edición, de 1713, casi a la vez que Nicolás Bernoulli. Es el mismo problema que la bolsa con los nombres: una carta que coincide con su turno es una persona que se saca a sí misma.
La respuesta sorprendió. La probabilidad de que nadie se saque a sí mismo se acerca muy deprisa al número 1/e, más o menos 0,368, y ahí se queda. Con tres participantes, al menos una coincidencia sale el 67% de las veces; con cuatro, el 62,5%; y a partir de seis personas, alrededor del 63% de forma estable. Es decir, en un equipo de ocho y en una empresa de ochenta la probabilidad de repetir el sorteo es la misma.
Conclusión práctica para quien organiza: no cuentes con la suerte. Hay dos soluciones limpias. La primera: si alguien se saca a sí mismo, todos devuelven su papel y se sortea de nuevo, porque intercambiar dos papeles delata quién regala a quién. La segunda es más segura: quien organiza baraja la lista de participantes y cada uno regala a quien queda justo detrás, y el último al primero. Esa cadena, por construcción, no deja que a nadie le salga su propio nombre, y se monta en una hoja de cálculo cualquiera.
Cuándo se entrega: cena de empresa, último día o Reyes
En España hay dos momentos naturales para el intercambio: la cena de empresa y el último día de trabajo antes de las vacaciones de Navidad. La cena tiene ambiente y público, lo cual está bien para regalos divertidos y peor para una joya, que se abre entre el ruido, pasa de mano en mano y acaba bajo una servilleta. El último día en la oficina es más tranquilo: cada uno abre su paquete en su mesa y tiene tiempo de mirar lo que le ha tocado.
Hay una tercera opción que funciona bien con equipos que se dispersan en diciembre: dejar el intercambio para la vuelta y juntarlo con el roscón de Reyes. Una joya pequeña llega entonces cuando ya han pasado las compras de la familia, y no compite con ellas. Si optas por esa fecha, avisa con tiempo, porque el sorteo se hace antes de irse de vacaciones.
Presupuesto: quién lo fija y por qué no se supera
La cantidad del amigo invisible no es una recomendación, es una regla del juego. Se incumple menos que otras, pero cuando se incumple se nota más que ninguna. La fija quien organiza o se vota entre todos antes del sorteo, y es la misma para cada participante. Lo sensato es atarla a lo que cualquiera del departamento puede gastar sin esfuerzo, incluido el becario. Un sorteo en el que algunos gastan más de lo que querían deja de ser una fiesta.
Pasarse de la cantidad nace de buenas intenciones y sale mal. Quien recibe un regalo claramente más caro que los demás siente una deuda, la misma que describió el antropólogo Marcel Mauss y de la que se habla más abajo, y además personal: no puede corresponder porque no sabe a quién, o lo sabe y sabe que no va a poder devolver algo así. Y los que se ajustaron a la cantidad parecen tacaños al lado de tu caja.
Quedarse corto también está mal, pero tiene arreglo: una pieza más modesta se completa con una tarjeta escrita a mano o un buen envoltorio. Una pieza cara no se abarata.
Presupuesto modesto: ¿llega para una joya?
La respuesta honesta depende del nivel pactado. Si la cantidad del sorteo es la de una caja de bombones o una taza con frase, una joya de metal normalmente no cabe sin grandes renuncias en el material. Una pieza comprada solo para cuadrar la cifra puede estar hecha de un material que no aguanta el uso diario, y el regalo queda peor que un buen paquete de café.
Si la cantidad se parece a lo que cuesta comer a la carta en un restaurante normal, la joya ya es viable. En el catálogo de Zevira eso es la parte baja del escaparate: pendientes y clips de acero dorado, pulseras de cordón trenzado con medallón de esmalte, pulseras de cadena en tono plata, pines de la colección Forja Española. Para un amigo invisible es el nivel ideal: la pieza parece un regalo pensado y no desentona con el resto. Eso sí, todos los pines de esa fila llevan hoja, navaja o espada, así que al destinatario desconocido le van mejor los clips o la pulsera, y los pendientes solo si la lista de deseos dice que tiene agujeros.
Presupuesto más alto: cuándo cabe algo más serio
Hay equipos donde el sorteo se hace con una cantidad parecida a una cena en un buen restaurante, algo que tiene sentido en grupos pequeños que llevan años trabajando juntos. Ahí se abre el segmento medio: collares con colgante y cadena incluida, y colgantes navaja de la colección Forja Española, navajas y machetes en pequeño, de acero, algunos plegables y funcionales. Para un destinatario al azar, de esa fila solo sirven los collares sin amuleto, como Danza Mística. El colgante navaja se vende como colgante sin cadena y lleva hoja, así que es regalo para un compañero conocido que ya lleva su propia cadena al cuello y no cree en agüeros.
Aun en ese sorteo, la plata de autor 925 y las piezas de metal precioso mejor se reservan para el regalo del departamento. La razón es que una pieza seria por sorteo acaba en manos de alguien a quien quizá apenas conoces, y un regalo serio siempre depende de conocer a quien lo recibe. Cómo elegir una pieza de verdad importante lo cuenta el artículo sobre el regalo de joya para quien lo tiene todo.
Costumbres de la oficina española alrededor del regalo
El amigo invisible no es el único regalo compartido que pasa por una oficina española. La temporada tiene sus propios rituales, y el artículo sobre qué joyas regalar en Navidad cuenta su historia con detalle, del décimo compartido al roscón.
De todos ellos, uno enseña algo directo a quien prepara un regalo para un compañero: la participación de lotería que se reparte en el trabajo. Quien la recibe juega al mismo número que el resto de la oficina, y nadie queda por encima de nadie. Es un regalo que iguala, la misma lógica del amigo invisible con presupuesto cerrado. Si el departamento ya comparte número, un amigo invisible con una cantidad desmedida desentona todavía más, porque rompe una igualdad que el equipo ya practica sin decirlo. Lo mismo vale para la joya: la pieza que se sale del nivel pactado deja de ser un gesto del grupo y pasa a ser un gesto tuyo, con todo lo que eso obliga a quien la recibe.
La cesta de Navidad de la empresa no es un regalo entre compañeros
La cesta de Navidad o el lote que da la empresa pertenece a otra categoría: es un regalo del empleador, que baja de arriba abajo, en una dirección con siglos de historia que se cuenta un poco más abajo. Hacienda la trata en general como retribución en especie, y por eso puede aparecer reflejada en la nómina. Si te preguntas cómo te afecta en tu caso, la respuesta la tienen Recursos Humanos o la asesoría de la empresa, no el departamento.
A efectos de este artículo, la cesta importa por una razón: fija una expectativa de regalo útil y comestible. Una joya en el amigo invisible gana precisamente porque se sale de esa fila de turrones y embutidos. No compite con la cesta: ocupa otro lugar, el de la pieza que se lleva puesta y recuerda a quien la regaló.
Sube una foto de tu mascota, de alguien o de un objeto: creamos un modelo 3D y lo fundimos en peltre con colada a mano.
De dónde viene el amigo invisible
El juego de oficina no tiene fecha de nacimiento ni autor. Pero cada una de sus piezas, del papel doblado a la regla del anonimato, tiene su historia y su motivo, y muchas son más antiguas que el nombre del juego.
Un origen sin partida de nacimiento
En la prensa española circulan varias historias de origen. Una sitúa el juego en Venezuela, con el nombre de «compadre secreto de papelito»; otras lo mandan a Escandinavia o a Estados Unidos. Ninguna llega con un documento que la respalde. Lo que sí se puede decir es cómo se llama el juego en cada sitio: en España, amigo invisible; en buena parte de Hispanoamérica, amigo secreto, como en Colombia, Chile, Perú o Paraguay. En Brasil depende de la ciudad: amigo secreto en São Paulo, amigo oculto en Río de Janeiro y Belo Horizonte.
Llama la atención que ninguno de esos nombres hable de Papá Noel ni de la Navidad: hablan de un amigo. Italia y Francia, en cambio, conservaron al repartidor navideño en el nombre del juego: los italianos dicen Babbo Natale segreto, los franceses Père Noël secret, y en las oficinas de ambos países también se oye el inglés Secret Santa. El nombre español pone el acento en lo que de verdad sostiene el juego: alguien que te conoce un poco y no se deja ver.
El regalo del patrón: de Roma a la caja de Navidad
Durante siglos el regalo en el trabajo bajó de arriba abajo, de quien paga a quien sirve. En el Imperio romano tardío, los funcionarios y militares al servicio del emperador llevaban un broche especial para sujetar el manto, una fíbula de tres botones que por su forma se llama «de ballesta». Esas fíbulas salían de talleres imperiales y se entregaban a altos cargos del entorno del emperador, y el metal y el tamaño indicaban el rango. Era a la vez regalo del empleador y distintivo del puesto.
Los documentos ingleses del siglo XVII muestran la misma dirección en la vida diaria. Samuel Pepys anotó en su diario el 19 de diciembre de 1663 que pagó en el zapatero y dejó algo en la caja de los chicos para Navidad, es decir, en la hucha de los aprendices del taller. La caja de Navidad para aprendices era una costumbre en la que daba quien estaba por encima.
Dickens enseñó las dos caras en «Canción de Navidad», de 1843. El viejo señor Fezziwig detiene el trabajo en Nochebuena, despeja el almacén y organiza un baile para sus aprendices, entre ellos el joven Scrooge. Y el Scrooge adulto da de mala gana el día de Navidad libre a su escribiente, Bob Cratchit. El intercambio entre iguales, de compañero a compañero, llegó mucho más tarde, y por eso necesitó reglas propias.
Por qué el anonimato borra la deuda
En 1925 el antropólogo francés Marcel Mauss publicó el «Ensayo sobre el don» y describió las tres obligaciones sobre las que descansa el intercambio de regalos en las sociedades arcaicas que estudió: dar, recibir y devolver. En esa lógica un regalo nunca es gratis. Crea una deuda, y quien lo recibe la siente aunque quien da no espere nada.
Lo fuerte que es esa deuda lo mostró en 1971 el psicólogo Dennis Regan. El participante compartía sala con un supuesto compañero de experimento que, en un descanso y sin que nadie se lo pidiera, le traía un refresco de cola y más tarde le pedía que le comprara papeletas de una rifa. Quienes habían recibido la cola compraron casi el doble de papeletas que quienes no recibieron nada. Y el favor funcionaba incluso cuando el compañero se comportaba de forma antipática: la simpatía dejaba de importar, quedaba la deuda.
El amigo invisible esquiva esa trampa con su diseño. Regalas a una persona y recibes de otra, y nadie sabe a quién debe nada. La deuda no se queda con un compañero concreto sino con el círculo entero, y por eso no pesa sobre nadie. Por la misma razón es tan importante un presupuesto igual para todos: un regalo caro rompe el mecanismo, porque crea una deuda personal justo donde no debía haberla.
El amigo invisible fuera de España
Cada país ha dado al mismo juego un nombre y un calendario propios, y cada variante dice algo sobre cómo se entiende allí el regalo en el trabajo.
Wichteln y Julklapp: Alemania
En Alemania el intercambio por sorteo se llama wichteln. El diccionario DWDS lo define así: echar a suertes dentro de un grupo quién regala a quién un pequeño regalo de Navidad. La palabra viene de Wichtel, el duendecillo doméstico de los cuentos alemanes que ayuda en casa sin dejarse ver. De ahí la imagen: el regalo aparece como si lo hubiera traído un ayudante invisible, que es casi el mismo nombre que le damos aquí.
En el noreste y el noroeste de Alemania se usa además otra palabra para el mismo juego, Julklapp, tomada del sueco hacia el siglo XVIII. La historia sueca de la palabra, con la llamada a la puerta y el paquete lanzado, se cuenta en el artículo sobre qué joyas regalar en Navidad. Aquí importa otra cosa: en una oficina del norte de Alemania oirás los dos nombres y hablarán del mismo juego.
Engerl und Bengerl: Austria
La versión austriaca estira el intercambio durante semanas. Engerl, «angelito», es quien regala en secreto, y Bengerl es su protegido, el que recibe. El sorteo se hace en Adviento, en el colegio, en el trabajo o en el club, y durante días o semanas el angelito deja a su protegido pequeñas atenciones: una nota, un dulce, un detalle sobre la mesa. El protegido tarda en saber de quién vienen.
Para una joya es un buen modelo. Una pieza pequeña entregada en secreto en mitad de ese juego se vive como un hallazgo y no como una parte obligada de la fiesta. Una pulsera que aparece sobre el teclado junto a una nota se recuerda mucho más que la misma pulsera en el montón de cajas bajo el árbol de la oficina.
Mikołajki: el sorteo polaco de San Nicolás
En Polonia el sorteo se suele atar a las Mikołajki, el 6 de diciembre, día de San Nicolás. Las Mikołajki se celebran en las clases y en el trabajo: se hace con antelación un losowanie, un sorteo, y cada uno prepara un pequeño regalo para quien le ha tocado, a menudo dentro de una cantidad acordada.
Nicolás de Mira es en la tradición europea un regalador secreto, y su día encaja con un juego en el que se regala sin dar el nombre. La leyenda de las tres bolsas de oro lanzadas de noche se cuenta en el artículo sobre qué joyas regalar en Navidad. Solo cabe añadir que la Edad Media también llevó al santo a las joyas, como muestra el camafeo de esta página.
Kris Kringle y Pollyanna: los nombres en inglés
Ni siquiera en los países de habla inglesa Secret Santa es el único nombre. En Australia y Canadá el mismo juego se llama Kris Kringle, y en Irlanda, Kris Kindle. Las dos formas vienen, a través del alemán de Pensilvania, del alemán Christkindl, el Niño Jesús que en el sur de Alemania y en Austria trae los regalos a los niños. El repartidor alemán acabó dando nombre a un juego de oficina en inglés.
El nombre más inesperado se mantiene en Pensilvania y alrededor de Filadelfia, incluido el sur de Nueva Jersey: allí el intercambio por sorteo se llama Pollyanna. El diccionario de variedades regionales del inglés estadounidense lo registra, tomado de la novela «Pollyanna» de Eleanor Porter, de 1913, sobre una niña que encuentra motivo de alegría en todo. Los clubes Pollyanna de las parroquias aparecen desde 1916, y el «intercambio de regalos Pollyanna» se ve en los periódicos locales desde finales de los años cuarenta. Por qué el juego tomó el nombre de la heroína no está aclarado.
Pikkujoulu: la fiesta finlandesa antes de Navidad
En Finlandia el intercambio de oficina encaja en el pikkujoulu, la «pequeña Navidad». Así se llaman las fiestas que en noviembre y diciembre organizan empresas, asociaciones, clubes y grupos de amigos. Sus raíces están en las fiestas de Adviento del siglo XIX, y en los años veinte y treinta del siglo XX los estudiantes las convirtieron en fiestas alegres. Tras la guerra el pikkujoulu se extendió por todo el país, y hoy lo celebra casi cualquier lugar de trabajo.
Para el regalo por sorteo eso trae un detalle práctico: la fiesta no cae en el día festivo, sino semanas antes. Se felicita al compañero entre compañeros, aparte de la Navidad en familia. Nuestra cena de empresa funciona igual: el regalo del trabajo se entrega allí o el último día antes de vacaciones. Le basta con ser un detalle agradable y no la pieza estrella de la temporada.
Oseibo y giri choco: la cortesía japonesa del regalo laboral
Japón tiene una cultura muy reglada del regalo laboral. A principios de diciembre, más o menos hasta el día 20, se hace el oseibo: regalos a jefes, clientes, mentores y a todos aquellos con quienes uno está en deuda por el año. En verano se repite con el nombre de chugen. No es una muestra de simpatía personal, sino un mantenimiento de la relación.
Otra forma japonesa de regalo en el trabajo es el giri choco, el «chocolate de obligación». En San Valentín las mujeres lo regalan a compañeros y jefes, y nadie lo toma por una declaración, porque giri significa justamente deber, obligación.
La lección para el regalo de oficina es directa. El regalo en el trabajo sirve a la relación, no al gusto, y por eso en él se valora que sea adecuado antes que original a toda costa. Una joya para un compañero pasa esta prueba japonesa si se puede entregar delante de todos y nadie ve en ella más que cortesía.
Elefante blanco: el intercambio en el que te pueden quitar el regalo
En Estados Unidos, además del Secret Santa, existe otro juego de oficina: el white elephant, que en otros sitios se llama Yankee swap o Dirty Santa. Los regalos se amontonan y los participantes, por turnos, abren uno nuevo o le quitan al vecino uno ya abierto. La gracia está en los robos y en volver a casa con la cosa más rara de la noche.
El nombre viene de la expresión «elefante blanco», una cosa cara e inútil que no se puede usar ni tirar. En inglés está documentada desde 1721. La explicación popular dice que los reyes de Siam regalaban elefantes blancos a cortesanos caídos en desgracia para arruinarlos con su mantenimiento. Es una leyenda sin pruebas históricas. El elefante blanco era en Siam un animal sagrado de la casa real y un signo de poder, no un castigo: si los reyes se desprendían de alguno, era en tratos con otros soberanos, no con cortesanos castigados.
Para una joya, el juego de quitar regalos es mala idea. Una pieza que pasa de mano en mano y se prueba delante de todos pierde intimidad, y es difícil de elegir pensando en un desconocido. Si en tu oficina se juega al elefante blanco, deja la joya para el amigo invisible y lleva al montón algo que no importe a quién le toque.
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Qué joyas regalar a un compañero de trabajo
Estas son las piezas que pasan las tres reglas del regalo en la oficina, con lo que conviene comprobar en cada una antes de comprar.
Un pin para la solapa, la mochila o la acreditación
El pin es por naturaleza la joya más de oficina, y tiene una larga historia de servicio. El broche del manto en Roma, la insignia en la solapa del siglo XX, la acreditación colgada de la cinta: son cosas que se llevan sobre la ropa y no tocan el cuerpo. Por eso un pin nunca resulta demasiado personal.
La colección Forja Española tiene tres pines. El primero es una navaja en miniatura con la empuñadura que imita la veta del olivo, el material tradicional de las navajas de Albacete. El segundo es una navaja con esmalte azul y plata, que destaca más sobre tela oscura. El tercero es una espada con cruceta y pomo detallados, en tono de plata envejecida. Los tres se prenden en la solapa de la americana, en la correa del bolso, en la mochila o en una gorra.
Su gran ventaja: sirve a un hombre, a una mujer y a alguien que no lleva joyas nunca. El pin no hace falta llevarlo encima; se prende en el bolso o en la cinta de la acreditación y sigue estando en uso. El matiz está en la forma: los tres pines son armas en miniatura, navaja o espada, y con la hoja va la conocida superstición del regalo cortante. En una joya esa superstición pesa poco: una navaja diminuta en la solapa se lee como signo de oficio o como amuleto, no como arma. Pero en un sorteo no sabes cuán supersticioso es quien recibe, así que el pin va mejor a un compañero que conoces y al que le interesa el oficio o la historia, y al destinatario al azar es más tranquilo regalarle una pieza sin hoja. La superstición se trata un poco más abajo.
Pendientes, solo si sabes que lleva agujeros
Los pendientes se regalan a una compañera con una sola condición: saber seguro que tiene agujeros y que los usa. Ese dato no hace falta preguntarlo: basta con verla cada día.
Del catálogo encajan aquí pendientes de acero inoxidable dorado con motivos claros: la espiral solar, el laberinto, la hoja de monstera o los aros con un pequeño sol colgante. Se leen como joya con carácter y no como pieza de valor, así que no rompen el listón del trabajo. Son pendientes de forma visible, pensados para quien lleva algo más que botoncitos diminutos: mira lo que lleva ahora y respeta esa escala.
Si no hay certeza sobre los agujeros, la salida son los clips. Los pendientes de clip Gema de Invierno, con una piedra azul de fantasía rodeada de circonitas, se sujetan al lóbulo con una pinza y no necesitan agujero. Se ven como pendientes normales, y quien tiene agujeros también puede llevarlos. La piedra no es preciosa, es un toque de color sobre acero dorado, y se lee como color y no como valor. Si prefieres algo sin piedra, en el catálogo hay pendientes de acero dorado sin engaste, pero esos ya son de agujero. En un sorteo donde de quien recibe solo sabes que es una mujer de otro departamento, los clips son más honestos que unos pendientes de presión a ciegas.
Pulsera de cordón o de cadena
Una pulsera de cordón trenzado con medallón de esmalte es un regalo con carácter y difícil de fallar. En el catálogo hay varias, y para un compañero la que mejor encaja es una, la del mapa del mundo en un medallón redondo: su tema es el viaje y la curiosidad por el mundo, y aunque la ficha la llama talismán de aventura, no promete protección. Las pulseras de cordón vecinas sí la prometen: la hoja de monstera en esmalte rosa se describe como talismán de crecimiento y protección, la cola de ballena se asocia en su ficha con la libertad y la protección, y los significados protectores piden en el trabajo el mismo conocimiento de la persona que cualquier amuleto. El cordón se lee informal, así que esta pulsera va bien en una oficina de vestir relajado y con quien disfruta viajando.
La pulsera del mapa es especialmente buena para el compañero que viaja mucho o que acaba de volver de unas vacaciones que ha contado a todo el departamento. Enseña atención sin meterse en lo personal.
Para una oficina de traje encaja mejor una pulsera de cadena en tono plata, por ejemplo de malla serpiente. Se lleva sola o con un charm colgado. La vara de neutralidad aquí es la misma que en las de cordón: si la ficha le atribuye a la pieza un sentido protector. La nota histórica de que las pulseras de cadena se usaron antiguamente como adorno protector aparece en la ficha de la Cadena Astral, pero es un comentario sobre el género, no una promesa de protección de esa pulsera, y en una cadena lisa no se puede leer insinuación alguna. Antes de comprar cualquier pulsera conviene mirar el largo y el cierre en la ficha: no sabes la medida de la muñeca, y hay que ver hasta qué punto la pieza se adapta.
Un collar que ya trae la cadena
Un error típico al regalar una joya a un compañero: el colgante sin cadena. Con una persona cercana no pasa nada, sabes qué cadena lleva. A un compañero le pones deberes: tendrá que buscar una cadena del largo y el metal adecuados, y el regalo puede quedarse en la caja.
Por eso en la ficha del producto hay que mirar cómo se llama la pieza, qué dicen las características y qué se ve en las fotos. En los collares Danza Mística, Estrella Guardiana y El Ojo que Todo lo Ve, la ficha indica la cadena incluida, con alargador; el largo exacto se comprueba en cada ficha. En los colgantes sueltos no aparece cadena en las características: son colgantes. Para un compañero, elige la pieza que ya viene montada.
Hay un matiz. Dos de esos collares, Estrella Guardiana y El Ojo que Todo lo Ve, están descritos en el catálogo como amuletos: una estrella protectora y un ojo nazar. Son símbolos de protección, y de eso se habla más abajo. Para un compañero cuya relación con los amuletos desconoces, es más tranquilo un motivo celeste sin promesa de protección: el sol y la luna de Danza Mística.
Regalo para un compañero hombre
Para un compañero, la elección es más estrecha pero más segura. Lo primero, el pin: en la americana, en la funda del portátil, en la chaqueta. Lo segundo, la pulsera de cordón, si en la oficina no hay código de vestimenta estricto. Lo tercero, para quien ya lleva algo colgado del cuello: los colgantes navaja de la colección Forja Española, navajas y machetes en pequeño, de acero, algunos plegables y funcionales. Es una pieza para quien se interesa por la cuchillería y reconoce una Capaora o una Punta de Espada.
El colgante navaja se regala solo si sabes que la persona lleva algo al cuello. Si no lo sabes, el pin transmite el mismo interés por el oficio sin la pregunta de la cadena. El pin también lleva hoja, así que los dos son para un compañero del que sabes que se toma los agüeros con calma. Más ideas para hombres, y cómo no fallar con su estilo, en el artículo sobre joyas de regalo para hombre.
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Lo que no se regala en el trabajo
La lista de lo que no se regala es más corta de lo que parece, pero cada punto merece su explicación, porque se incumple con la mejor intención.
Anillos y todo lo que pide talla
Un anillo a un compañero, ni por sorteo ni de tu parte, por dos razones. La primera es práctica: no sabes la talla y adivinarla es casi imposible. Un anillo que no entra en el dedo o que baila acaba en el joyero. La segunda es de significado: el anillo es la joya más cargada de todas. Se regala en la pedida, en la boda, en los aniversarios, y un compañero que recibe un anillo se preguntará casi seguro qué has querido decir.
Hay una excepción que confirma la regla: el regalo de todo el equipo por una jubilación. Ahí un sello grabado con el nombre de la organización y las fechas se lee como signo de trayectoria y no como insinuación, y la talla se puede averiguar a través de la familia. Ese caso lo trata el artículo sobre la joya para la jubilación. En el sorteo y en un cumpleaños normal el anillo sigue vetado, como cualquier pieza que haya que probarse sin poder ajustarla.
Corazones, candados y piezas de pareja
El corazón, el candado con inscripción, las mitades de un colgante para dos, las iniciales: todo eso es el idioma de las relaciones de pareja. En el trabajo crea ambigüedad incluso donde las intenciones son las más simples. Quien lo recibe pensará en lo que querías decir y no en el regalo, y la mesa de al lado también.
La regla vale igual entre compañeros del mismo sexo y en una amistad larga. Si de verdad sois amigos fuera de la oficina, el corazón puede regalarse en un cumpleaños fuera del trabajo. En el intercambio de la oficina, no.
Símbolos religiosos y amuletos
Aquí conviene separar dos grupos. El primero son los símbolos de fe: la cruz, la medalla de un santo, la medalla de San Benito. Hablan de una confesión, y en el trabajo solo se regalan a quien ya los lleva. El segundo son los amuletos: la hamsa, el ojo nazar, el cuerno. Su sentido es amable, un deseo de suerte y protección, y un amuleto presentado como deseo de suerte en el trabajo se recibe con tranquilidad. Pero ese consejo vale para un regalo a alguien que conoces, al que le entregas la pieza en persona y le puedes decir dos palabras sobre su sentido.
En el sorteo esas dos palabras no llegan: el regalo es anónimo, y no hay nadie que explique que ese ojo nazar es un deseo de suerte y no una alusión a la envidia ajena. Por eso al destinatario al azar los amuletos no se le regalan, y al compañero conocido sí, si sabes que el símbolo le dice algo. Si dudas, elige motivos botánicos, celestes o de viaje: no tienen confesión ni segunda lectura.
La broma que solo entiendes tú
Las joyas con humor, sujetapapeles, tijeras, motivos de oficina, pueden ser un regalo estupendo para un compañero, pero solo si el humor es compartido. Una broma sobre su costumbre de llegar tarde o su adicción al café, que entendéis vosotros dos, en un intercambio de grupo se lee como burla, y quien la recibe se ríe por compromiso.
La regla del regalo de broma: hace gracia a todos los que lo vean y no hiere a nadie. Los motivos de oficina en joyería y su historia están en el artículo sobre joyas de oficina y divertidas.
Navajas, espadas y la superstición de lo que corta
El cuchillo como regalo tiene mala fama: según la superstición, lo que corta «corta» la relación. A una joya con forma de navaja, como explica el artículo sobre supersticiones, apenas se le aplica: un pin o un colgante decorativo se lee como amuleto y como signo de oficio, no como arma. Otra cosa son los colgantes de la colección que son navajas plegables funcionales, con hoja que abre: esos ya son una herramienta en pequeño, y se regalan solo a quien sabes que los quiere. Pero en el trabajo no sabes quién se toma los agüeros en serio. Por eso el pin navaja, el pin espada o el colgante navaja encajan cuando conoces a quien lo recibe y su interés por el oficio, y en el sorteo, con un destinatario al azar, es más tranquila una pieza sin hoja.
Si aun así regalas algo cortante, hay una salida antigua: quien recibe le da una moneda a quien regala, y la pieza se considera comprada, no regalada. En el amigo invisible, donde no se sabe quién regala, ese gesto no funciona, y es un motivo más para guardar la hoja para un compañero conocido. El origen de la superstición y cómo esquivarla están en el artículo qué no se debe regalar: supersticiones.
Tarjeta regalo: cuándo gana a la joya
La tarjeta regalo para un compañero tiene fama de salida fácil, y en un regalo personal a alguien cercano a veces es verdad. Entre compañeros del mismo nivel la cosa cambia: ahí la tarjeta acierta a menudo más que una pieza. Con una excepción, el jefe. Una tarjeta de los subordinados al jefe se lee fácilmente como compromiso cumplido, y por eso el equipo le regala una pieza concreta; el porqué está en el artículo sobre el regalo para el jefe.
Cuándo la tarjeta regalo acierta más que una joya
El economista Joel Waldfogel preguntó en 1993 a estudiantes de la Universidad de Yale por sus regalos de fiestas y calculó que entre una décima parte y un tercio del valor de los regalos se pierde: quienes los reciben los valoran por debajo de lo que costaron. Los amigos y la pareja eran quienes mejor acertaban. Un compañero suele quedar en la zona de peor puntería: conoces sus costumbres en el trabajo, pero no su joyero.
De ahí los casos en que la tarjeta gana a la pieza. El primero: el regalo de todo el departamento cuando nadie conoce el gusto de quien lo recibe. El segundo: el compañero que teletrabaja y al que solo has visto en videollamadas. El tercero: la despedida, cuando alguien se va de baja de maternidad o paternidad o a otra empresa y elegirá la pieza para una vida nueva que no conoces. El cuarto: un gusto conocido y complicado, donde cualquier cosa «más o menos de su estilo» será peor que lo que elegiría la persona.
Cómo funciona el certificado de regalo de Zevira
El certificado de regalo de Zevira es electrónico, no hay que esperar ningún envío. El nombre de quien lo recibe, el de quien lo regala o el del departamento y una dedicatoria se imprimen en el propio certificado; esos campos se rellenan en la ficha del producto antes de pagar. El PDF llega al correo de quien compra justo después del pago, así que se puede regalar el mismo día, aunque la cena de empresa sea esa noche.
Con el certificado se paga cualquier pieza del catálogo de la tienda online. Es válido durante 24 meses desde su emisión, y si la compra sale por menos del valor del certificado, el saldo queda en el código y se gasta más adelante, dentro de esos 24 meses. Para el regalo del departamento es cómodo: el compañero no tiene que decidir enseguida y no pierde la diferencia si elige algo más modesto.
El certificado tiene un único valor, y de eso depende en qué situaciones encaja. Está pensado para un regalo serio y no para un sorteo de cantidad pequeña.
Por qué no encaja en un amigo invisible modesto
El valor del certificado está bastante por encima de la cantidad habitual del amigo invisible. Si en tu sorteo se pactó algo parecido a una comida a la carta, el certificado rompe la regla principal del juego: valdrá más que todos los demás regalos y dejará a quien lo recibe en esa posición de deudor. Por eso en el sorteo solo tiene sentido si la cantidad acordada se acerca a su valor.
Para un sorteo normal, la salida es una pieza de la parte baja del catálogo: pulsera o clips, y pendientes si la lista de deseos habla de agujeros. El certificado queda para donde mejor funciona: el regalo del departamento, donde lo paga el departamento entre todos, y el regalo a un compañero con quien te une algo más que un sorteo.
Cómo entregarla sin que parezca un trámite
Un certificado electrónico se convierte fácilmente en un regalo que se toca. Imprime el PDF en papel grueso, mételo en un sobre y escribe el sobre a mano. En la cena de empresa ese sobre se entrega igual que una caja y no se pierde entre los paquetes.
Al compañero que teletrabaja se le puede enviar el PDF en el momento de la videollamada de equipo, cuando están todos, con dos palabras en nombre del departamento. Así el regalo tiene su escena y no llega en silencio a la bandeja de entrada.
Hay un detalle que quien regala suele olvidar. Las investigadoras de comportamiento del consumidor Mary Steffel, Elanor Williams y Robyn LeBoeuf descubrieron que quien regala subestima cuánto tarda quien recibe en usar una tarjeta: en uno de sus experimentos, el 18% de quienes recibieron una tarjeta aún no la había gastado, mientras que entre quienes regalaban solo lo esperaba un 3%. Y cuanto más estrecho es lo que se puede comprar con ella, más se aplaza. Por eso conviene decirle al compañero que el certificado vale dos años y que el saldo sigue en el código mientras esté vigente, y un par de meses después preguntarle de pasada si ya ha elegido algo. No es insistir, es terminar de regalar.
Cómo entregar el regalo a un compañero
La entrega en el trabajo es distinta de la familiar: hay público, hay reglas de juego y muchas veces no hay ocasión de explicar el regalo en persona.
Envoltorio y etiqueta en el amigo invisible
En el amigo invisible, en el paquete se escribe el nombre de quien lo recibe, no el tuyo. El envoltorio, neutro, sin pistas sobre quien regala: si en el departamento saben que te encanta el papel kraft con plantas, usa otro. La joya, mejor dentro de su propia cajita o bolsita, para que no se pierda entre el papel.
Con una joya conviene añadir una tarjeta con dos datos: de qué está hecha y cómo se cuida. Quien recibe no puede preguntarte de qué metal es el pin o si la pulsera de cordón se puede mojar, porque no sabe quién eres. Dos líneas en la tarjeta resuelven la duda y muestran que la pieza se eligió con cabeza.
¿Desvelar quién eres?
Eso lo deciden las reglas del juego y no cada participante. En unos departamentos el secreto se guarda para siempre, en otros todos se descubren al final de la comida, en otros el regalador pasa semanas sin dejarse ver, como el angelito austriaco. Lo importante es que la regla sea la misma para todos y esté pactada de antemano.
Si no hay regla, por defecto es mejor no descubrirse. El secreto protege a las dos partes de la incomodidad: si el regalo no gustó, quien lo recibe no tiene que fingir delante de ti. Y si gustó, lo contará a todo el departamento y lo oirás como un espectador más.
Si el compañero teletrabaja
El participante que teletrabaja es un caso aparte. La pieza hay que enviarla por correo o mensajería, para eso hace falta una dirección, y pedírsela directamente es delatarte. Lo mejor es que las direcciones las recoja quien organiza, con permiso de cada participante, y se las pase a quien regala.
El envío lleva su tiempo, así que el regalo para el compañero a distancia se encarga antes que los de la oficina. Si se echa el tiempo encima, el certificado electrónico resuelve el problema, pero solo si la cantidad del sorteo se acerca a su valor. En el resto de casos es más honesto hablar con quien organiza y mandar el regalo con retraso, explicándolo en una nota.
Si el regalo no te gusta o vale menos que el tuyo
Si te ha tocado algo que no te gusta, la etiqueta es simple: dar las gracias y no comentarlo. No sabes de quién viene, y cualquier comentario puede llegar a quien lo regaló. Una pieza que no vas a llevar puede regalarse fuera del trabajo, donde nadie la reconozca.
Si tu regalo resultó bastante más caro que el que recibiste, eso va en tu cuenta y no en la de quien te regaló: tú te pasaste de la cantidad y esa persona la respetó. Si fue más barato, es que alguien se pasó. En los dos casos lo mejor que se puede hacer es no comparar en voz alta.
Joya, tarjeta o turrón: qué regalo elegir en la oficina
La joya no es la única manera de felicitar a un compañero, y una comparación honesta ayuda a ver cuándo es de verdad la mejor opción.
Joya o turrón, bombones y café
El turrón, una caja de bombones, un buen café en grano son el regalo más seguro en el trabajo. No se falla con la talla, no llevan significado y se comparten con el departamento. Pero la seguridad tiene un precio: ese regalo se come en una semana y se olvida en un mes.
La joya se recuerda más. Un pin en el bolso o una pulsera en la muñeca recuerdan el regalo cada vez que la persona se los pone. Por eso la joya gana cuando el regalo debe quedarse: con un compañero con quien llevas años trabajando, en una despedida, en un aniversario. El dulce gana cuando el regalo debe ser ligero: un sorteo en un departamento grande en el que no conoces a quien te toca.
Si la elección es muy difícil, se pueden combinar: una tableta de buen chocolate y una pulsera de cordón en la misma caja. La pieza se queda, y el dulce pone la fiesta en la entrega.
El mismo regalo para todo el equipo o uno distinto
Quien lleva un equipo, o un compañero generoso, a veces quiere regalar algo a todos con quienes trabaja. Aquí la decisión principal es si regalar piezas iguales o distintas.
Los regalos iguales eliminan la comparación: nadie piensa por qué a ella pendientes y a mí un pin. Pero son impersonales, y se nota. Los regalos distintos muestran atención a cada uno, pero corren el riesgo de que alguien sienta que el suyo es peor.
El camino intermedio es el que mejor funciona: piezas de una misma línea, del mismo nivel y del mismo precio, pero con motivos distintos. Por ejemplo, pulseras del mismo precio: el mapa del mundo en cordón para quien viaja mucho y la cadena serpiente plateada para quien viste más formal. Si a todo el equipo le dan igual los agüeros y le gusta la historia, lo mismo se hace con pines de una misma colección: navaja, espada, navaja esmaltada. Cada uno recibe lo suyo y nadie nota diferencia en el trato.
Amigo invisible o bote para cada uno
A veces el departamento decide cómo felicitar: con un sorteo o poniendo dinero para regalar a cada uno. Para el intercambio de diciembre en un grupo grande, el sorteo es más cómodo: cada uno prepara un regalo en lugar de uno para cada compañero, y las cantidades son iguales.
Para el motivo personal de un compañero, su cumpleaños, su despedida, su aniversario, el sorteo no sirve: recibe una persona y regalan todos. Ahí hace falta un regalo común, y justo ahí el certificado se luce: lo que pone cada uno paga el certificado, y los nombres de todos impresos en él hacen el regalo compartido.
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Datos que sorprenden
El Boxing Day es, según el diccionario, el día del regalo laboral. La expresión Christmas box ya aparece en el diccionario francés e inglés de Cotgrave de 1611, y el Oxford English Dictionary encuentra Boxing Day por primera vez en 1743, en las actas del tribunal londinense de Old Bailey. Su definición es directa: el día en que comerciantes y trabajadores recibían regalos o propinas de clientes y patrones. El regalo del trabajo está escrito en la definición misma de la fiesta.
Los regalos que peor aciertan son los de los abuelos. En la encuesta de Waldfogel, quienes los recibían valoraban los regalos de sus abuelos en torno al 63% de lo que costaron, peor que los de nadie más. Y más de dos quintas partes de sus regalos los hacían en dinero, como si ellos mismos supieran lo difícil que era acertar.
La tarjeta «para lo que quieras» le parece al que la recibe más atenta de lo que cree el que la da. Steffel, Williams y LeBoeuf preguntaron también qué tarjeta elegir: la de la tienda favorita de quien la recibe o una universal. Quienes regalaban escogían la de la tienda en el 65% de los casos; quienes recibían la habrían preferido solo en el 26%. Y la universal la consideraron el regalo más atento el 45% de quienes recibían frente al 18% de quienes regalaban. Al que regala la tienda concreta le parece prueba de conocer el gusto; al que recibe le vale más la libertad.
Los alemanes tienen un sorteo de trastos. El Schrottwichteln, algo así como «amigo invisible de chatarra», es un intercambio en el que se regala a propósito un objeto de casa que no gusta, feo o inútil, pero que funciona. A menudo se juega con un dado, y los regalos cambian de manos según las tiradas.
Por los elefantes blancos hubo una guerra. En 1563 el rey birmano Bayinnaung exigió al rey de Siam dos elefantes blancos, recibió una negativa y la usó como pretexto para invadir. Esa guerra se conoce precisamente como la guerra de los elefantes blancos: el animal que según la leyenda se regalaba a los cortesanos caídos en desgracia fue en realidad motivo de una campaña militar.
Las tarjetas regalo se revenden por debajo de su valor. La economista Jennifer Offenberg comparó en 2007 el valor nominal de las tarjetas regalo con el precio al que se revenden en internet y obtuvo un descuento de alrededor del 15%.
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Caja de Zevira y una tarjeta incluidas en cada pedido.Preguntas frecuentes
¿Cuánto se gasta en el amigo invisible del trabajo? Lo que cualquier participante puede gastar sin esfuerzo, incluido el más joven de la plantilla. La cantidad la fija quien organiza o se vota antes del sorteo, y es la misma para todos. Si es la de una caja de bombones, una joya de metal normalmente no cabe. Si se parece a una comida a la carta en un restaurante normal, cabe la parte baja del catálogo: pendientes y clips, pulseras y, para un compañero conocido, un pin. Los collares con cadena incluida están un escalón más arriba y encajan en sorteos de cantidad mayor.
¿Se puede regalar una joya a una compañera de trabajo? Sí, si la pieza no exige saber nada de su cuerpo y no carga un sentido personal. Una pulsera, unos clips o un collar que se vende con su cadena encajan en cualquier departamento, y un pin con una hoja en miniatura, a una compañera de la que sabes cómo se toma los agüeros. El anillo, el corazón y las piezas de pareja no encajan nunca con una compañera (la única excepción es el sello del equipo por una jubilación); los símbolos religiosos, solo a quien ya los lleva.
¿Queda mal regalar una tarjeta regalo a un compañero? No, cuando regala todo el departamento, cuando el compañero teletrabaja, cuando es una despedida o cuando su gusto es complicado. Sí queda mal en un amigo invisible de cantidad pequeña: el valor del certificado es mayor y rompe la regla de los regalos iguales.
¿Qué le regalo a un compañero de trabajo hombre? Una pulsera de cadena en tono plata para llevar bajo el puño, o una de cordón si en la oficina no hay código de vestimenta estricto. El pin navaja o el pin espada en la solapa y el colgante navaja de la colección Forja Española van bien a un hombre al que le interesa el oficio y no cree en la superstición de lo que corta, pero no en un sorteo, donde puede tocarle a alguien supersticioso.
¿Qué hago si en el amigo invisible me sale mi propio nombre? Decírselo a quien organiza y que todos devuelvan el papel y se sortee otra vez. Cambiarlo con el de al lado no vale: así los dos sabríais a quién regala el otro. Lo más seguro es organizar desde el principio el sorteo en cadena o con una aplicación que descarte esa coincidencia.
¿Cuándo se desvela quién es el amigo invisible? Lo deciden las reglas del juego, iguales para todos. Si no se ha pactado nada, mejor no descubrirse: el secreto libra a quien recibe de fingir entusiasmo si el regalo no le ha gustado.
¿Es obligatorio participar en el amigo invisible de la empresa? No, la participación debe ser voluntaria. Si prefieres no entrar, dilo antes del sorteo y con naturalidad, sin explicaciones sobre dinero. Si no participas, mantente también al margen de las conversaciones sobre los regalos, para no crear situaciones incómodas.
¿Qué regalar a un compañero que se va de la empresa? Si se despide todo el departamento, un certificado con los nombres de todos: la pieza la elegirá para una etapa que vosotros no conocéis. Si regalas tú y lo conoces bien, algo que pueda llevarse al trabajo nuevo, como un pin para la solapa o una pulsera que encaje con su forma de vestir.
Un regalo para el compañero sin fallar
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Conclusión
El regalo en el trabajo se apoya en tres reglas: significado neutro, precio dentro de lo pactado y una pieza que no exija conocer el cuerpo de quien la recibe. Todo lo demás, de elegir entre pin y pulsera a decidir si te descubres o no, sale de ahí. El amigo invisible añade lo suyo: presupuesto igual, anonimato y un sorteo limpio, que los matemáticos saben calcular desde 1713.
La joya gana al turrón donde el regalo debe quedarse, y la tarjeta gana a la joya donde regala todo el departamento sin que nadie conozca el gusto del compañero, donde el compañero trabaja a distancia o se marcha, es decir, donde no hay quien elija la pieza. Si en el equipo hay alguien que conoce el gusto de quien recibe, el regalo común también puede ser una pieza. En un sorteo de cantidad pequeña, su lugar lo ocupan la pulsera y los clips. Y para el jefe, el equipo sigue sus propias reglas, contadas en el artículo sobre el regalo para el jefe.
Sobre Zevira
Zevira reúne joyas alrededor de formas y símbolos con historia: miniaturas de la tradición cuchillera española, motivos botánicos y celestes, plata de autor 925. Para el regalo en el que no conoces el gusto de quien lo recibe tenemos un certificado electrónico con nombre, válido para todo el catálogo: la elección queda en manos de quien lo recibe.



















































