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El Sello de Salomón: el anillo que mandaba sobre los espíritus

El Sello de Salomón: el anillo que, según la leyenda, mandaba sobre los espíritus

El Sello de Salomón es el legendario anillo del rey Salomón en el que estaba grabado el nombre secreto de Dios. Según la tradición, otorgaba poder sobre los espíritus, los genios y las bestias, y su signo, una estrella de seis o de cinco puntas, lo llevan como amuleto contra el mal tres religiones desde hace más de dos mil años.

Un solo anillo, tres credos y todo un estante de libros medievales sobre magia. El Talmud judío, el Corán árabe y los grimorios latinos discrepan en casi todo, pero coinciden en algo: Salomón tenía un anillo, y funcionaba.

Vamos por partes: qué es ese sello, de dónde nace la leyenda, por qué su signo se confunde con la Estrella de David y con el pentagrama, con qué materiales se hacen estas joyas hoy y a quién le sientan bien.

Qué es el Sello de Salomón

Bajo un mismo nombre se esconden tres cosas a la vez, y la confusión empieza justo aquí. El Sello de Salomón es a la vez un objeto concreto de la leyenda (un anillo con grabado), la impronta que ese anillo dejaba (el sello propiamente dicho, signo de autoridad) y un símbolo geométrico que con el tiempo cobró vida propia en amuletos, muros de mezquitas y cubiertas de libros de ocultismo.

La palabra "sello" aquí se acerca a su sentido medieval. En una época en la que pocos sabían escribir, el anillo sigilar hacía las veces de firma. Se hundía en la cera o la arcilla, y la impronta confirmaba que la orden venía del dueño del anillo. El Sello de Salomón, según la leyenda, confirmaba órdenes no a los hombres, sino a criaturas de otro orden. Por eso quedó en la memoria.

Anillo, impronta y símbolo: tres sentidos de un mismo nombre

Cuando alguien dice "Sello de Salomón", conviene entender de qué habla. Si se refiere al objeto, es un anillo, descrito casi siempre como de cobre y hierro o de oro con piedra, en el que va grabado un signo y, en la versión judía, el nombre impronunciable de Dios. Si habla de la impronta, es la huella con la que Salomón "sellaba" a los espíritus, igual que se sella un recipiente. Si habla del símbolo, es la figura de dos triángulos superpuestos (el hexagrama) o la estrella de cinco puntas (el pentagrama), rodeada por un círculo.

En la joyería actual los tres sentidos operan a la vez. El anillo sigilar remite al objeto. El signo tallado en el escudo remite a la impronta. Y el dibujo de la estrella carga con el peso simbólico. Por eso el Sello de Salomón resulta tan convincente precisamente en un anillo macizo: la forma y la leyenda coinciden.

Hexagrama o pentagrama

La pregunta que más se hace sobre el Sello de Salomón es cuántas puntas tiene la estrella. La respuesta honesta: depende, y no es un error de la tradición, sino un rasgo suyo.

En la mayoría de las fuentes medievales se llama Sello de Salomón al hexagrama, la estrella de seis puntas formada por dos triángulos entrelazados. Uno apunta hacia arriba; el otro, hacia abajo. Pero en parte de los manuscritos griegos y latinos, sobre todo al hablar del "pentáculo de Salomón", aparece el pentagrama, la estrella de cinco puntas. Ambas figuras circularon durante siglos bajo un mismo nombre, y discutir cuál es la "verdadera" equivale más o menos a discutir qué forma debe tener una herradura.

Sí existe una diferencia simbólica entre la estrella de cinco puntas y la de seis, y de eso hablaremos más abajo. Pero para la leyenda del rey y los espíritus no importa la aritmética de las puntas, sino la idea: una estrella cerrada, trazada sin levantar la mano o compuesta de triángulos perfectos, retiene la fuerza dentro de sí y no deja salir el mal.

Jatam Suleimán: el nombre en distintas lenguas

Anillo sigilar de oro antiguo con engaste giratorio grabado, prototipo del anillo del sello del poder
Anillo giratorio de oro con sello tallado, siglo IV antes de nuestra era. Estos anillos se hundían en la cera en lugar de firmar, y de este objeto cotidiano brotó la leyenda del anillo cuya impronta podía sellar no una carta, sino a un espíritu.Gold swivel ring with banded agate scarab, 4th century BCE. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

El Sello de Salomón tiene decenas de nombres. En hebreo se lo relaciona con "jotam Shlomó" y con el Maguen David, el "escudo de David". En el mundo árabe es "jatam Suleimán", el sello de Suleimán, y la propia palabra "jatam" significa "sello, anillo, aquello con lo que se sella". En los libros latinos la figura se llama Sigillum Salomonis, y ese mismo dibujo dio nombre en botánica a una planta, el sello de Salomón (Solomon's seal), en cuyo rizoma se ve, supuestamente, la huella del sello.

Un solo nombre, muchas lenguas y culturas. Es la primera señal de lo hondo que caló el símbolo en el fondo común del Mediterráneo. Más adelante quedará claro cómo ocurrió.

Antes de entrar en la historia, conviene decir lo esencial sobre el carácter de este símbolo. El Sello de Salomón no pertenece a una sola religión ni a un solo pueblo. Nació en el cruce de las tradiciones judía, cristiana e islámica, y durante siglos sirvió de puente entre ellas. Un comerciante en El Cairo, un rabino en Toledo y un monje copista en París podían trazar la misma estrella y darle un sentido cercano: protección, orden, poder sobre el caos. Es un caso raro en que un símbolo une a quienes en tantas otras cosas se separan.

De ahí también su longevidad. Los signos ligados a un solo pueblo o culto viven exactamente lo que vive esa cultura. El Sello de Salomón sobrevivió a los imperios precisamente porque le hizo falta a todos a la vez: a quienes buscaban en él un sentido teológico y a quienes les bastaba con una protección sencilla sobre la puerta. Ese doble apoyo, alta filosofía y superstición doméstica en un mismo signo, se da pocas veces y vuelve al símbolo asombrosamente resistente. Sabe hablar tanto con el sabio como con el niño al que la abuela le colgó una estrellita al cuello contra el mal de ojo. Teniendo esto presente, es más fácil entender por qué la leyenda del anillo se fue llenando de detalles nuevos y nunca pasó de moda.

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Historia: del Templo de Jerusalén a los grimorios medievales

La historia del Sello de Salomón es la historia de una leyenda que creció como una bola de nieve. Partiendo de unas pocas líneas en textos antiguos, en dos mil años se cubrió de demonios, peces, arcángeles y libros enteros de instrucciones. La recorremos por capas.

Salomón en la Escritura: el rey al que obedecían los espíritus

El Salomón histórico gobernó el reino de Israel hacia el siglo X antes de nuestra era y quedó en la memoria como constructor del Primer Templo de Jerusalén y modelo de sabiduría. En la Biblia pide a Dios no riquezas ni larga vida, sino un corazón sensato para juzgar a su pueblo, y recibe una sabiduría sin igual.

Del anillo y del poder sobre los espíritus no se habla de forma directa en el texto bíblico más antiguo. Pero ya allí están las semillas de la leyenda: Salomón entiende el lenguaje de la naturaleza, dispone de recursos enormes, levanta el Templo con fuerzas que parecen sobrehumanas. La tradición posterior completó el eslabón que faltaba: si el rey era tan sabio y tan poderoso, es que no lo servían solo los hombres. Así nació la idea del anillo con el que sometía a esos servidores.

El Talmud: el anillo, Asmodeo y el pez

La versión más viva de la leyenda viene del Talmud judío, de un tratado donde se cuenta la historia de Salomón y Asmodeo, el rey de los demonios. Para levantar el Templo sin alzar el hierro sobre la piedra, Salomón necesitaba el shamir, un gusano o piedra prodigiosa capaz de cortar la roca. Solo Asmodeo conocía el secreto, y el rey mandó a un siervo a capturarlo con ayuda del anillo en el que iba grabado el nombre de Dios.

A partir de ahí, la trama se vuelve casi teatral. Asmodeo arranca el anillo a Salomón con astucia y lo arroja al mar, y al propio rey lo lanza tan lejos que pierde el trono y vaga como un mendigo, repitiendo: "Yo fui rey". Pasan los meses. Un día Salomón compra un pez, lo abre y encuentra dentro su anillo, tragado tiempo atrás entre las olas. El poder regresa. La moraleja es dura: incluso el más sabio lo pierde todo en cuanto confía por un instante en un objeto más que en su propio carácter.

Justo de esta historia crece la imagen persistente: un anillo con el nombre de Dios que da poder sobre los demonios, y la fragilidad de ese poder. El sello es fuerte mientras su dueño sea digno de él.

El "Testamento de Salomón": el sello de manos de un arcángel

Escarabajo sello del antiguo Egipto, que servía a la vez de amuleto y de sello personal
Escarabajo egipcio, hacia los siglos X a VIII antes de nuestra era. La base de estos escarabajos se tallaba como sello y se llevaba como amuleto. Mil años antes de Salomón, la gente ya unía en un mismo objeto el sello y la protección, ese par de sentidos que después confluyó en su anillo.Scarab Amulet, Egypt, ca. 1070-736 BC. The Walters Art Museum, Baltimore, Public Domain

Un texto aparte, conocido como el "Testamento de Salomón", se formó en los primeros siglos de nuestra era en lengua griega. Es en esencia un manual de demonología enmarcado en un relato en boca del rey. Según la trama, a un obrero de la construcción del Templo lo atormenta un demonio, y Salomón reza pidiendo ayuda. Un arcángel (Miguel, en distintas versiones) le trae un anillo con un sello grabado y le dice: con este anillo mandarás sobre todos los espíritus.

Después Salomón convoca a los demonios uno tras otro; cada cual dice su nombre, su especialidad dañina y el ángel adversario que lo somete. Así el rey obliga a las fuerzas impuras a acarrear piedras y agua para el Templo. El "Testamento de Salomón" importa porque por primera vez enlaza con firmeza un objeto concreto, un sello con un signo determinado, y la práctica de gobernar a los espíritus. De ahí sale un camino directo hacia los libros de magia medievales.

La tradición islámica: el anillo, el viento y los genios

En el islam, Suleimán (Salomón) es uno de los profetas venerados, y el Corán pinta su poder con trazos vivos. Le están sometidos el viento, que lo transporta; los genios, que se sumergen en el mar en busca de tesoros y construyen cuanto él ordena; y el lenguaje de los pájaros. Es famoso el relato de cómo una abubilla le trae a Suleimán noticia de la reina de Saba, y de cómo un genio se ofrece a traer al instante su trono.

El anillo no se describe directamente en el Corán, pero la tradición popular y literaria del islam fijó pronto la imagen del "jatam Suleimán", el sello de Suleimán, con el que el profeta sellaba a los genios rebeldes en vasijas de cobre y las arrojaba al mar. De ahí vienen los cuentos de "genios dentro de una botella". El propio signo, con más frecuencia una estrella de seis puntas, a veces de cinco, se volvió en el arte islámico uno de los motivos protectores más extendidos. Se tallaba en amuletos, se acuñaba en monedas, se componía con azulejos en el Magreb, en al-Ándalus y en Oriente Próximo. Para millones de personas es, en primer lugar, un amuleto islámico, y solo después alguna otra cosa.

La estrella de siete puntas y los siete signos de Suleimán

El "jatam Suleimán" árabe tiene una forma casi desconocida en Occidente: la estrella de siete puntas. En parte de los talismanes islámicos, el sello del profeta se representaba justo como una figura de siete rayos, y el siete se tenía en esta tradición por especialmente bendito; de ahí los siete cielos, los siete días, las siete puertas. La estrella de siete puntas se tallaba en anillos sigilares, se acuñaba en amuletos y se integraba en el ornamento geométrico a la par que la de seis.

Aún más frecuente que una sola estrella era una hilera de siete signos sueltos, a la que llamaban precisamente los "siete sellos de Salomón". Es un conjunto de figuras simples: una estrella, un círculo, tres palitos, una letra parecida a la "h" latina, una escalerilla y otras. Se escribían en fila sobre papel, metal o cerámica como una fórmula protectora cuyo sentido con el tiempo se olvidó, pero cuya fuerza, según la creencia, permaneció. Los siete sellos rodaron por los libros árabes de talismanes, fueron a parar a los dinteles de las puertas y a los amuletos para parturientas y niños. Para su dueño, el sello de Suleimán no siempre es, por tanto, una estrella: a veces es todo un abecedario de protección, donde el siete sostiene la estructura entera.

La magia medieval: la "Clave de Salomón" y los setenta y dos espíritus

Al final de la Edad Media, el nombre de Salomón se convirtió en un sello de calidad para los libros de magia. Los más conocidos son la "Clave de Salomón" (Clavicula Salomonis) y la "Pequeña clave de Salomón" (Lemegeton). En ellos se describen con detalle, y con dibujos, los pentáculos, es decir, discos protectores con sellos, y se ofrece una lista de setenta y dos espíritus que el mago supuestamente puede convocar y someter, repitiendo el camino del rey.

Ni con el Salomón histórico ni con los textos religiosos canónicos tienen relación estos grimorios. Se escribieron y copiaron en la Europa cristiana, muchas veces de forma anónima, cubriendo un contenido arriesgado con un nombre de autoridad. Pero fueron ellos los que fijaron en la cultura occidental la pareja "Sello de Salomón más control de los demonios" y regalaron a los ocultistas de siglos posteriores un rico lenguaje visual de círculos, estrellas y signos secretos.

La cábala: la fuerza del nombre y las letras divinas

Una línea de sentido aparte arranca de la mística judía, la cábala. Aquí el centro de atención no fue tanto la estrella como aquello que, según la leyenda, iba grabado en el anillo: el nombre secreto de Dios, el impronunciable Tetragrámaton de cuatro letras. Los cabalistas sostenían que el mundo se sostiene sobre los nombres y las letras divinas, y que quien conoce el nombre justo y sabe pronunciarlo correctamente obtiene poder sobre las fuerzas ocultas de la creación. La leyenda de Salomón encajaba a la perfección en esa idea: el rey mandaba sobre los espíritus porque poseía el nombre, no porque llevara un signo bonito.

En la cábala cristiana bajomedieval y renacentista se empezó a asociar el hexagrama con la estructura del universo: las seis puntas se relacionaban con los seis días de la creación o con las seis direcciones del espacio (arriba, abajo y los cuatro puntos cardinales), y el centro se leía como el séptimo punto, el punto de reposo, el sábado. Así, la simple figura de dos triángulos se convertía en un esquema plegado de todo el mundo creado. Esta tradición erudita explica por qué el Sello de Salomón arraigó con tanta facilidad entre los pensadores europeos del Renacimiento, entregados a la búsqueda de un único lenguaje secreto de la naturaleza.

El símbolo viaja: del Magreb a las catedrales góticas

Mientras los teólogos discutían, la estrella vivía su propia vida. El mismo signo se ve en una mezquita medieval y en un templo cristiano, en un manuscrito judío y en un talismán musulmán. En la Granada española, el hexagrama aparece en la decoración a la par que la caligrafía árabe. En las catedrales góticas se encuentra como símbolo de la armonía y la perfección de la creación.

La razón de tanta versatilidad es sencilla. La figura se compone de elementos simplísimos, triángulos; se lee de lejos, se talla y se dibuja con facilidad y, aun así, parece acabada e "inteligente". Los símbolos con esas cualidades siempre viajan más rápido que las personas. El Sello de Salomón viajó durante siglos y se asentó casi por todas partes donde se cruzaban las tres religiones del Libro.

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Qué significa el Sello de Salomón

Tras la geometría hay toda una capa de sentidos, y son sorprendentemente coherentes. A diferencia de muchos amuletos, cuyo significado se reduce a "para la suerte", el Sello de Salomón lleva una idea meditada sobre cómo está hecho el mundo.

Unión de los contrarios: dos triángulos

Estrella colgante de fayenza del antiguo Egipto, ejemplo temprano de la estrella como joya amuleto
Estrella colgante de fayenza de la época de Amenhotep III. La estrella como adorno y signo de protección aparece mucho antes que cualquier simbología oculta. El Sello de Salomón hereda esa idea antigua: la estrella sobre el pecho aparta la desgracia.Jewelry element in the shape of a star, ca. 1390-1352 B.C. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

La clave del sentido del hexagrama son los dos triángulos. El que apunta con el vértice hacia arriba se lee desde la antigüedad como fuego y principio masculino, impulso hacia lo alto, hacia el cielo. El que apunta con el vértice hacia abajo es agua y principio femenino, descenso, hacia la tierra. Superpuestos, forman un equilibrio: fuego y agua, cielo y tierra, espíritu y materia se sujetan mutuamente, y ninguna parte se impone.

En la alquimia se leía esta misma figura como la unión de los cuatro elementos: los dos triángulos y sus intersecciones daban fuego, agua, aire y tierra en un solo signo. El Sello de Salomón, en esta lectura, es un mapa del mundo entero plegado hasta un único emblema. Llevarlo significa llevar la idea de la armonía de los contrarios, no la elección de un bando.

Poder sobre lo invisible

La leyenda dotó al sello de su función principal: gobernar lo que no se puede ver. Los espíritus, los genios, los miedos, las tentaciones, todo lo que actúa a escondidas se sometía, según la tradición, al dueño del anillo. En una lectura práctica, no de cuento, es un símbolo del dominio de uno mismo. La persona que "manda sobre los espíritus" manda ante todo sobre sí misma: sobre sus impulsos, su ira, su ansiedad.

Por eso el Sello de Salomón se elige a menudo como signo de disciplina interior y cabeza clara. Recuerda que el poder verdadero empieza con el poder sobre uno mismo, no sobre los demás. Para una joya con dos mil años de historia, es un mensaje sorprendentemente adulto.

Protección contra el mal y el mal de ojo

El papel más masivo y cotidiano del sello es el de amuleto. Contra el mal de ojo, la envidia, el maleficio, las malas intenciones. La lógica es la misma que en la mayoría de los signos protectores: una figura cerrada y perfecta no deja entrar el mal y lo aparta de su dueño. La estrella rodeada por un círculo se lee como una pequeña fortaleza sobre el pecho.

En el norte de África y en Oriente Próximo, el Sello de Salomón compite en popularidad, en este papel, con la mano de Fátima y con el ojo azul, el nazar. Se cuelga sobre la puerta, se dibuja en el umbral, se acuña en colgantes para los niños. Aquí el símbolo no funciona como filosofía de los elementos, sino de forma sencilla y fiable: si el signo está en su sitio, la casa está bajo vigilancia.

"Como es arriba, es abajo"

Merece capítulo aparte la célebre fórmula que suele asociarse al hexagrama: "como es arriba, es abajo". La idea es que el mundo grande (el cosmos) y el mundo pequeño (el ser humano) están hechos según las mismas leyes, y que lo que sucede en el cielo se refleja en la tierra. Los dos triángulos en espejo del sello ilustran a la perfección ese pensamiento: lo de arriba repite lo de abajo, lo de abajo repite lo de arriba.

La fórmula viene de la tradición hermética de la Antigüedad tardía y, a través de la alquimia, llegó al ocultismo europeo. Para el dueño de la joya, convierte el Sello de Salomón en un recordatorio de la conexión de todo con todo, de que la persona no es un grano de arena suelto, sino parte de un dibujo mayor. La idea es antigua, pero sobre el pecho suena fresca.

El Sello de Salomón en la alquimia

Los alquimistas de la Edad Media y del Renacimiento se aferraron al hexagrama más que muchos. Para ellos, los dos triángulos encajados eran una fórmula lista de su tarea principal, la unión de lo que la naturaleza mantiene separado. El triángulo con el vértice hacia arriba significaba fuego y su pareja, el azufre, principio activo, cálido, "masculino". El triángulo con el vértice hacia abajo significaba agua y mercurio, principio pasivo, húmedo, "femenino". Reunir estos dos principios en un mismo recipiente sin residuo equivalía a realizar la Gran Obra, obtener la piedra filosofal. El Sello de Salomón se dibujaba en los márgenes de los tratados como emblema de esas bodas químicas.

De ahí también el nombre alquímico de la figura, la "estrella de los sabios" o el "sello de la sabiduría". En ella no leían una estrella del cielo, sino un mapa del proceso: desde abajo asciende el vapor, desde arriba se posa el rocío, y donde los flujos se encuentran nace una sustancia nueva. El símbolo resultaba cómodo además por otra razón: ocultaba el sentido a los ajenos, pues el profano veía solo un signo bonito y el iniciado leía una receta. El Sello de Salomón alcanzó a ser amuleto, esquema teológico e insignia de trabajo de esa tradición de laboratorio de la que después brotó la química.

La geometría de la figura perfecta

Conviene decir también por qué se consideró a la estrella digna de semejante carga. El hexagrama se compone de dos triángulos equiláteros, la más estable y sencilla de las figuras regulares. Superpuestos en ángulo, dan un contorno perfectamente simétrico con seis rayos iguales y un hexágono regular en el interior. El ojo lee esa forma como acabada e "inteligente" al instante, sin explicaciones. El pentagrama, por su parte, se puede trazar con una sola línea continua, sin levantar la mano, y en la magia antigua justamente esa continuidad se tenía por garantía de protección: un contorno cerrado no tiene rendija por la que el mal pueda colarse dentro.

El círculo, en el que a menudo se inscribía la estrella, añadía otra capa. La circunferencia significó desde antiguo plenitud y eternidad, un límite sin principio ni fin. La estrella dentro del círculo se leía como orden encerrado en una cerca protectora, un pequeño modelo del mundo ordenado. Esta lógica geométrica explica por qué una misma figura se valoró de forma independiente en la mezquita, en la sinagoga y en el laboratorio: convencía no con palabras, sino con la forma misma.

La simbología del Sello de Salomón es generosa, pero al final no se lleva como un esquema de los elementos, sino como un objeto. Por eso ahora hablamos del material y de la forma, de con qué se hacen estas joyas y de cómo sientan.

Con qué se hace el Sello de Salomón

En un amuleto, el material está lejos de ser un mero fondo. Cada metal y cada piedra tienen su lógica, y entenderla ayuda a elegir un objeto que dure mucho y signifique lo que uno quiere.

La plata

La elección más frecuente y más adecuada para el Sello de Salomón. La plata se asoció desde antiguo con la luna, la pureza y la protección, y en la magia popular se la tuvo justamente por el metal que ahuyenta lo impuro. En la práctica, la plata de ley 925 es cómoda para el grabado: en ella se leen con nitidez las líneas finas de la estrella, y un ligero oscurecimiento en los huecos, con el tiempo, solo realza el dibujo, como la pátina en una moneda antigua.

Un sello de plata se ve sobrio y no grita. Queda igual de bien en una mano masculina y en una femenina, y no discute con el resto de las joyas. Para el uso diario es la opción óptima.

El oro

El oro añade al símbolo una nota solar y regia, más que apropiada para el anillo de Salomón: al fin y al cabo, se trata de un rey. El oro amarillo da un timbre clásico y cálido; el blanco acerca el objeto a un estilo contemporáneo y sobrio. Un Sello de Salomón de oro es la elección de quien quiere que el amuleto se lea como una joya seria, no como un souvenir.

El inconveniente es evidente: el coste. Pero el oro no se oscurece, mantiene el grabado durante siglos y, en el caso de un anillo de familia, sobrevive tranquilamente a varias generaciones. Para un objeto pensado para heredarse, es un argumento de peso.

Grabado y niel

El corazón de cualquier sello es la talla. El signo de Salomón puede aplicarse de varias formas. El grabado a mano da las líneas más vivas, algo irregulares, en las que se ve la mano del artesano. El estampado es más rápido y barato, pero el dibujo sale más seco. Una belleza aparte es el niel, cuando los huecos se rellenan con una aleación oscura y la estrella resalta gráfica, negra sobre plata. Un Sello de Salomón nielado resulta especialmente expresivo y remite a una técnica antigua con la que se decoraban armas y cubiertas de libros sagrados.

Piedras y engastes

A veces el centro de la estrella o el escudo del anillo se completa con una piedra. Las piedras oscuras, el ónice, el azabache, la obsidiana, refuerzan la simbología protectora, "absorbente del mal", y vuelven el objeto más severo. Las piedras azules, el lapislázuli y el zafiro, dialogan con el tema celeste, estelar. Las rojas, el granate y la cornalina, añaden fuerza vital. La piedra aquí no es obligatoria: la estrella tallada limpia se basta a sí misma. Pero un engaste bien elegido puede llevar el sentido justo al matiz deseado.

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Cómo llevar el Sello de Salomón

El Sello de Salomón es uno de esos raros símbolos igual de convincentes en un anillo y en un colgante. La forma sugiere escenarios distintos, y conviene elegir el propio.

El anillo sigilar

Anillo sigilar de oro con escudo tallado, forma clásica para un sello con signo personal
Anillo sigilar de oro del siglo XIX con escudo tallado. La forma del sigilo procede directamente de los antiguos anillos sello: el escudo ancho y plano está hecho para llevar un signo. Para el Sello de Salomón es la montura más honesta.Signet Ring, Ball Black & Co., 1864. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

La forma más exacta para este símbolo es el anillo sigilar. El escudo ancho y plano está hecho precisamente para portar un signo, y la estrella de Salomón se le ajusta como anillo al dedo. Un anillo así remite directamente a la leyenda: aquí el anillo, aquí el sello, todo como en el relato. El sigilo macizo queda bien en la mano masculina, pero las versiones femeninas, algo más finas y delicadas, entraron hace tiempo en el uso corriente. El sigilo suele llevarse en el meñique o en el anular de la mano no dominante.

En qué dedo

No hay reglas estrictas, pero sí una lógica cómoda. El meñique es el lugar tradicional del anillo sello, de ahí la imagen clásica del "sigilo en el meñique". El anular sirve si se quiere que el anillo se lea como algo significativo, casi nupcial. El índice se asociaba en la simbología antigua con el poder y la voluntad, lo que dialoga con la idea de mando sobre los espíritus, de modo que un anillo sello en el índice resulta coherente. El dedo corazón es neutro y sencillamente cómodo. Lo importante es que el anillo asiente firme y que el escudo no gire: el sello debe mirar al mundo, no a la palma.

Colgante y medalla

Si el anillo parece demasiado llamativo, la estrella de Salomón vive de maravilla en una cadena. Una medalla redonda con el hexagrama tallado o calado es una opción tranquila y de diario, fácil de esconder bajo la ropa o de mostrar. El colgante se acerca al papel cotidiano, de amuleto, del símbolo: se lleva junto al corazón, como la mayoría de los signos protectores. Para un niño o como regalo, el colgante es más práctico que el anillo, ya que no hace falta conocer la talla del dedo.

Con qué combinarlo

El Sello de Salomón es gráfico y se basta a sí mismo, así que se lleva bien con un entorno sobrio. Queda bien en una cadena lisa sin colgantes de más, en un cordón de cuero o tejido para un aire más sencillo, en pareja con la mano de Fátima o el nazar, si apetece reunir un "equipo" de amuletos de distintas tradiciones. Lo único que conviene evitar es la acumulación de símbolos llamativos alrededor. La estrella pide algo de aire: entonces su geometría se lee y no se ahoga en la abigarración general.

A quién le sienta bien el Sello de Salomón

Respuesta breve: a casi todo aquel a quien le sea cercana la idea de la protección y el orden interior. El símbolo no está cerrado a ningún grupo, pero hay personas a las que les sienta especialmente bien.

A hombres y mujeres

El Sello de Salomón es uno de los emblemas más "asexuados" del mundo de la joyería. La geometría sobria sienta igual de bien a la mano masculina y a la femenina, y la amplitud de lecturas, de la filosofía de los elementos al simple amuleto, permite que cada cual encuentre su sentido. Los hombres eligen con más frecuencia un sigilo macizo de plata u oro; las mujeres, un colgante delicado o un anillo fino. Pero aquí no hay ninguna regla, y un anillo grande en una mano femenina hoy se ve fuerte y actual.

Como regalo

El Sello de Salomón es un buen regalo con historia. Va bien para alguien que aprecia el sentido detrás del objeto: interesado por la cultura, la historia, la simbología. Se regala en un hito importante, un nuevo trabajo, una mudanza, el comienzo de un proyecto, como deseo de firmeza y protección. A diferencia de muchos amuletos, esta estrella no está ligada a una fe concreta, así que se puede regalar sin miedo a errar: el sentido "orden, armonía, protección" es universal. Si se quiere reforzar el gesto, elige plata u oro con grabado a mano y añade unas palabras sobre la leyenda: un regalo con su historia contada se recuerda el doble de bien.

Cómo elegir el Sello de Salomón

La elección del Sello de Salomón se reduce a tres decisiones: qué signo, de qué tamaño y de qué calidad de ejecución. Veamos cada una.

Hexagrama o pentagrama: cuál elegir

Si para ti importa más el Sello de Salomón clásico y "correcto" en su forma más extendida, toma el hexagrama, la estrella de seis puntas. Es la variante históricamente principal, reconocible y neutra. Si te resulta más cercana la idea de la estrella de cinco puntas, con su simbología de los cinco elementos y el microcosmos, el pentagrama también es una forma legítima del sello, sobre todo en el contexto de la tradición mágica europea. La diferencia está más en el acento que en la "fuerza". Elige la figura cuyo sentido te sea más próximo, y la que sencillamente te agrade más al ojo.

Tamaño y proporciones

Para un anillo de diario resulta óptimo un escudo de tamaño medio: bastante grande para que la estrella se lea, pero no tanto como para estorbar. Para un colgante son cómodos los diámetros de entre un centímetro y medio y tres: por debajo corre el riesgo de perderse sobre el pecho, por encima empieza a verse aparatoso. Fíjate en el grosor de las líneas de la estrella: las demasiado finas se borran pronto y se leen peor; las demasiado gruesas convierten la geometría delicada en un estampado tosco. Un buen sello es un equilibrio en el que las líneas son nítidas, pero no gordas.

Cómo distinguir una pieza trabajada de una estampada

A un Sello de Salomón de calidad lo delatan los detalles. Las líneas de la estrella son parejas, los ángulos afilados y simétricos, los triángulos coinciden con exactitud en las intersecciones. En el grabado a mano, las aristas de la talla atrapan la luz y varían ligeramente en profundidad; en la fundición barata, el dibujo es turbio, con bordes fundidos. El reverso del escudo, en una buena pieza, está trabajado, no dejado áspero. Comprueba el contraste en el metal: el punzón dice que tienes ante ti plata u oro de verdad, y no un baño sobre una aleación barata que se borrará en una temporada.

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Sello de Salomón, Estrella de David, pentagrama y jamsa: en qué se diferencian

En torno al Sello de Salomón se apretujan símbolos parecidos, y se confunden sin parar. Vamos a ponerlos en su sitio.

Sello de Salomón y Estrella de David

Esta es la confusión principal, porque la figura es la misma: una estrella de seis puntas de dos triángulos. La diferencia está en el contexto y la historia. La Estrella de David, el Maguen David, es ante todo un símbolo del judaísmo y del pueblo judío, convertido en signo nacional y llevado a la bandera de Israel. El Sello de Salomón es un símbolo mágico y protector, común a tres religiones, más antiguo que su papel de emblema judío. El mismo hexágono, en la sinagoga, se lee como Estrella de David; en un talismán árabe, como jatam Suleimán; y en un libro de alquimia, como signo de los elementos. La forma es común; el sentido lo fija el contexto.

De dónde salió el nombre "Estrella de David"

Es curioso que la conexión de la estrella de seis puntas justamente con el rey David sea relativamente tardía. En la antigüedad y en la temprana Edad Media, la figura se llamaba mucho más a menudo Sello de Salomón que escudo de David, y servía como signo protector, no nacional. La propia expresión "Maguen David", escudo de David, se refería en origen a Dios como defensor, protector del rey, y no a la estrella geométrica. La ligazón firme del signo al nombre de David se fue fijando de forma gradual, en buena medida a través de las comunidades judías de Europa central de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, donde la estrella pasó a ser el símbolo distintivo de la comunidad.

La estrella de seis puntas se volvió definitivamente signo judío general en el siglo XIX, cuando se tomó como emblema que dialogaba en reconocibilidad con la cruz cristiana y la media luna musulmana. Después fue a parar a la bandera del movimiento sionista y luego a la bandera del Estado de Israel. El Sello de Salomón, mientras tanto, no desapareció: ese mismo entrelazamiento de triángulos siguió viviendo en el uso islámico y ocultista bajo su nombre anterior. Resultó que una misma figura tiene dos biografías, la antigua, mediterránea común, bajo el nombre de Salomón, y la nueva, nacional judía, bajo el nombre de David.

Sello de Salomón y pentagrama

El pentagrama es una estrella de cinco puntas y, en sentido estricto, se diferencia del sello clásico de seis puntas por el número de rayos y por la simbología. Las cinco puntas se asocian tradicionalmente con los cinco elementos o con el ser humano de brazos y piernas extendidos (el microcosmos). Las seis puntas del hexagrama son la unión de dos principios y la plenitud del cosmos. Con todo, en parte de los textos mágicos también se llama Sello de Salomón al pentagrama, de modo que no hay una frontera rígida. Es más fácil tenerlo así en la cabeza: el pentagrama va sobre el ser humano y los elementos; el hexagrama, sobre el equilibrio del cielo y la tierra.

Sello de Salomón y jamsa

Aquí todo es más sencillo, porque la diferencia de forma es evidente. La jamsa es una mano abierta, a menudo con un ojo en el centro, amuleto contra el mal de ojo, extendido en Oriente Próximo y el norte de África. El Sello de Salomón es una estrella. Ambos protegen, ambos son populares en una misma región y no es raro que se lleven juntos. Pero la jamsa opera con la imagen de la mano que detiene el mal con el gesto de "alto", y el sello, con la imagen de la figura perfecta que no deja entrar el mal. Metáforas distintas de una misma tarea.

Si el tema de los signos protectores te interesa, asómate también a la guía de amuletos, talismanes y protección y al artículo sobre el ojo que todo lo ve, otro símbolo de protección y de mirada superior.

El Sello de Salomón y símbolos afines
SímboloFormaTradiciónSignificado principalVersatilidad
Sello de SalomónEstrella de seis puntas (a veces de cinco)Judía, cristiana, islámicaEquilibrio, poder sobre los espíritus, protección
Estrella de DavidEstrella de seis puntasJudíaSímbolo de un pueblo y una fe
PentagramaEstrella de cinco puntasAntigüedad, magia europeaLos cinco elementos, el ser humano como microcosmos
JamsaMano abiertaOriente Próximo, Norte de ÁfricaProtección contra el mal de ojo, bendición

El Sello de Salomón en el arte y la cultura

Un símbolo que ha vivido dos mil años ha dejado huellas por todas partes. Recorrerlas es ver hasta qué punto el Sello de Salomón echó raíces en la cultura.

En el arte islámico

Fue justamente en el mundo islámico donde el Sello de Salomón se convirtió en un motivo decorativo verdaderamente masivo. La estrella de seis y de cinco puntas se componía con azulejos en mezquitas y palacios, se acuñaba en monedas, se tallaba en amuletos y armas, se entretejía en el ornamento geométrico desde Marruecos hasta Asia Central. En la tradición árabe, el jatam Suleimán es un signo bueno, protector, y su abundancia en los muros se explica de forma sencilla: se creía que el sello del profeta guardaba el edificio y a sus moradores. En la Andalucía española, donde durante siglos convivieron tres religiones, esta estrella se puede encontrar en la decoración junto a la caligrafía árabe.

En la magia y la literatura europeas

En la Europa cristiana, el Sello de Salomón vivió una doble vida. Por un lado, como símbolo inocente de la armonía y de la sabiduría divina en el arte eclesiástico. Por otro, como herramienta de trabajo en la tradición clandestina de los grimorios. De esta segunda línea, la imagen pasó a la literatura. El motivo del mago que somete a un espíritu con un sello o un signo se prolonga desde los cuentos de "Las mil y una noches", con sus genios en vasijas selladas, hasta las historias europeas de demonios convocados. Incluso la estrella de cinco puntas que detiene lo impuro en el umbral pertenece a la misma familia de representaciones: el signo cerrado como trampa y como protección.

En banderas y escudos

El Sello de Salomón tiene también una biografía plenamente estatal. La estrella de cinco puntas de la bandera de Marruecos, el "sello de Salomón" verde, como allí la llaman, es heredera directa de este símbolo: se añadió a comienzos del siglo XX a la enseña, antes de un rojo liso. La estrella de seis puntas apareció durante siglos en sellos, monedas y escudos de distintos gobernantes de Oriente y Europa mucho antes de convertirse en signo nacional exclusivamente judío. La historia del símbolo en las banderas muestra una vez más que una misma estrella alcanzó a ser amuleto, signo de poder y emblema religioso, según quién y cuándo la alzara.

Salomón como antepasado: la línea etíope

Un capítulo aparte y poco conocido de la leyenda se escribió en Etiopía. La dinastía reinante de allí hacía remontar durante siglos su linaje directamente a Salomón y la reina de Saba: según la tradición, su hijo Menelik fue el primer rey de los etíopes y se llevó a su país los objetos sagrados de Jerusalén. Esta dinastía salomónica gobernó oficialmente hasta el siglo XX, y el nombre del rey sabio siguió siendo parte de la ideología del Estado. Aquí Salomón ya no es el dueño de un anillo mágico, sino un fundador, la raíz viva de todo un pueblo. El ejemplo muestra hasta qué envergadura creció la figura del rey bíblico: del anillo en el dedo a la fundación de una sangre real.

Amuleto sobre la puerta: costumbres vivas

Además de la alta historia, el Sello de Salomón tiene una vida doméstica modesta que se prolonga hasta hoy. En Marruecos y Túnez, la estrella se sigue componiendo con azulejos en la entrada y se dibuja en amuletos para los recién nacidos. En las aldeas bereberes de montaña se acuñaba en fíbulas de plata y en adornos frontales de las mujeres, donde el signo funcionaba a la vez como dote y como amuleto. En Andalucía, los antiguos azulejos con esta estrella todavía aparecen en los patios y las fachadas, recordando los siglos en que tres religiones vivían aquí codo con codo. El símbolo por el que discutían los teólogos vive tranquilo en las manos de los artesanos y en los umbrales de las casas, y es justo esa herencia silenciosa la que explica por qué llegó hasta nosotros sin interrupción.

La psicología del símbolo protector

No hace falta creer en los genios para que el Sello de Salomón "funcione". La psicología moderna explica con bastante claridad por qué los signos protectores ayudan a las personas miles de años después de que se formaran las leyendas que los engendraron.

Lo primero es la sensación de control. Cuando alguien lleva encima un signo que "se encarga de la protección", parte de la ansiedad por el futuro queda como delegada en el objeto. La probabilidad real de contratiempos no cambia, pero la inquietud de fondo baja, y con ella crecen la calma y la concentración. El sello, con su idea de poder sobre el caos, lo hace de forma especialmente palpable.

Lo segundo es el ancla de sentido. Un símbolo con una filosofía meditada, el equilibrio de los elementos, el dominio de uno mismo, la armonía del cielo y la tierra, funciona como recordatorio diario de los valores de su dueño. La mirada cae sobre la estrella, y en la cabeza aflora al instante una consigna: mantente firme, guarda el orden. Los psicólogos llaman a estos objetos anclas, y ayudan de forma medible a serenarse en un momento difícil.

Lo tercero es el vínculo con la historia y las raíces. Llevar un signo que tiene dos mil años y que unió a civilizaciones enteras significa sentirse parte de algo grande. Esa sensación de pertenencia, por sí sola, aumenta la resistencia al estrés. Nada místico: así está hecha la conciencia humana. El Sello de Salomón no cambia la realidad, cambia la actitud hacia ella, y lo hace en una dirección provechosa.

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Mitos sobre el Sello de Salomón
El Sello de Salomón y la Estrella de David son lo mismo
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El Sello de Salomón tiene que ser siempre de seis puntas
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Es un símbolo puramente judío
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El Sello de Salomón está ligado a la magia negra
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Solo un creyente puede llevar el Sello de Salomón
Toca
El rey Salomón tuvo realmente un anillo mágico
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Datos sobre el Sello de Salomón que sorprenden

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el Sello de Salomón, en pocas palabras? Es el legendario anillo del rey Salomón con un signo secreto grabado y, en la versión judía, el nombre de Dios. Según la tradición, otorgaba poder sobre los espíritus y los genios. Hoy se llama Sello de Salomón también al propio símbolo, la estrella de seis o de cinco puntas, que se lleva como amuleto.

¿El Sello de Salomón es lo mismo que la Estrella de David? La forma es la misma, una estrella de seis puntas, pero el contexto es distinto. La Estrella de David es ante todo un símbolo nacional y religioso del judaísmo. El Sello de Salomón es un signo mágico y protector más antiguo, común a las tradiciones judía, cristiana e islámica. El mismo hexágono, en manos distintas, se lee de forma distinta.

¿Cuántas puntas tiene el Sello de Salomón, cinco o seis? Con más frecuencia, seis: el sello clásico es un hexagrama de dos triángulos. Pero en parte de los textos mágicos medievales también se llama Sello de Salomón a la estrella de cinco puntas, el pentagrama. Ambas formas se consideran legítimas; la diferencia está en el acento simbólico.

¿El Sello de Salomón es un símbolo islámico o judío? Ambos, y también cristiano. En el islam es el jatam Suleimán, el sello del profeta Suleimán, uno de los signos protectores más extendidos. En el judaísmo se relaciona con el rey Salomón y el escudo de David. En la Europa cristiana vivió como símbolo de armonía y como signo en los libros de magia. Es un raro símbolo común de tres religiones.

¿Puedo llevar el Sello de Salomón si no soy religioso? Sí. El símbolo no exige fe. Se lleva como amuleto, como signo de equilibrio interior y simplemente como una geometría bella con una historia honda. El sentido "armonía de los contrarios y dominio de uno mismo" se entiende con independencia de la confesión.

¿En qué dedo se lleva el anillo con el Sello de Salomón? No hay una regla estricta. El lugar clásico del anillo sigilar es el meñique. El anular vuelve el anillo más significativo; el índice dialoga con el tema de la voluntad y el poder. Lo importante es que el anillo asiente firme y que el escudo con la estrella mire hacia fuera.

¿Es verdad que el Sello de Salomón protege del mal? En la tradición, sí, es su papel doméstico principal: amuleto contra el mal de ojo, la envidia y las malas intenciones. La estrella cerrada y perfecta, según la creencia, no deja entrar el mal. Creerlo o llevar el símbolo solo por su sentido y su belleza es asunto de cada cual. Ambos enfoques tienen igual derecho.

¿En qué se diferencia el Sello de Salomón del pentagrama y de la jamsa? El pentagrama es una estrella de cinco puntas, ligada a los cinco elementos y a la imagen del ser humano, mientras que el Sello de Salomón clásico es de seis puntas y habla de la unión del cielo y la tierra. La jamsa es una mano abierta protectora, una forma del todo distinta. Los tres protegen, pero con imágenes distintas, y a menudo se llevan juntos.

¿Qué había grabado en el verdadero anillo de Salomón? Según la leyenda, un signo secreto y, en la versión judía, el nombre impronunciable de Dios, ese mismo Tetragrámaton de cuatro letras. Era el nombre, y no la estrella en sí, lo que se tenía por fuente del poder sobre los espíritus. La tradición posterior añadió al anillo el cobre y el hierro como metales que los demonios temen.

¿Por qué al Sello de Salomón lo llaman estrella de los sabios? Así lo llamaban los alquimistas. Los dos triángulos encajados los leían como la unión de principios opuestos, azufre y mercurio, fuego y agua, y esa unión era la meta de su Gran Obra. La estrella servía de emblema cifrado del proceso, comprensible para los iniciados e inocente a la vista para los demás.

¿Puedo llevar el Sello de Salomón junto con una cruz u otro símbolo de fe? Sí. El Sello de Salomón no está ligado a una sola confesión y convive bien con otros signos. Se lleva a menudo junto a la mano de Fátima, el nazar o una cadena sencilla. Lo único que conviene recordar es la mesura: la estrella se lee con más claridad cuando a su alrededor hay algo de aire.

¿Hay diferencia entre regalar un anillo o un colgante con el Sello de Salomón? El sentido es el mismo; cambia la comodidad. El anillo sigilar está más cerca de la propia leyenda del anillo, pero exige conocer la talla del dedo. El colgante es más universal para un regalo, se puede poner enseguida y está más cerca del papel cotidiano, de amuleto, del símbolo. Para un niño y por si acaso, es más práctico elegir el colgante.

¿Es verdad que Salomón sellaba a los genios en vasijas? Así lo cuenta la tradición popular islámica: el profeta Suleimán, con su sello, encerraba a los genios rebeldes en cántaros de cobre y los arrojaba al mar. De esta tradición brotaron los cuentos del espíritu liberado de la botella. En el propio Corán no hay cántaros ni sello; allí se dice que los genios obedecían a Suleimán y trabajaban a su palabra.

El sello se graba en oro, y por eso es un sello. El hexagrama pide un pulido limpio y espacio despejado a su alrededor: la geometría no soporta el amontonamiento.
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¿Qué metal favorece más a tu piel?

Cómo montar un look con el Sello de Salomón

La historia y la leyenda ya las hemos visto; ahora hablemos de llevarlo. Reúno aquí lo que de verdad funciona cuando bajas la estrella del estante y la pones sobre una persona de carne y hueso.

¿Qué metal del Sello de Salomón elegir según el tono de piel? Para un subtono cálido (piel con reflejo dorado, melocotón) recomiendo el oro: el sello de un rey debe sonar también a rey, y el grabado sobre oro mantiene las aristas de la estrella durante décadas. Para un subtono frío (rosado, porcelana) aconsejo plata con niel: la aleación oscura en los huecos revela el hexagrama de forma gráfica, negro sobre claro. Si dudas, toma la plata, que sienta a casi todo el mundo y no discute con el resto de los anillos.

¿Elegir sigilo o colgante? Miro la mano y el carácter. El sigilo macizo lo recomiendo a quien tiene una mano firme y quiere que el signo se lea al instante: el escudo ancho está hecho para portar la estrella, y aquí la forma y la leyenda coinciden. El colgante lo aconsejo si el sello se quiere llevar junto al corazón o esconder bajo la camisa, y de paso no pensar en la talla del dedo. Para regalar, casi siempre elijo el colgante: puesto y listo.

¿Con qué combinar el Sello de Salomón y cómo montar capas? Cuando armo un look para un cliente, mantengo la estrella como acento principal y no la cargo de vecinos. La geometría del hexagrama pide campo vacío alrededor, o las líneas se ahogan en la abigarración. Buena compañía son los amuletos de la misma familia mediterránea: la mano de Fátima, el nazar, una cadena lisa sin colgantes. Si te apetecen capas, da al sello una longitud propia, para que el escudo no quede apretado entre otros signos. Los metales en las capas aconsejo mantenerlos en un mismo tono: plata con plata, oro con oro.

¿Para qué ocasión y qué look va el Sello de Salomón? Un sigilo de plata o un colgante en cordón de cuero vive en el look de diario y no exige cuidados. Para una salida formal, de trabajo, elijo un sello de oro con pulido nítido: en una reunión se lee como signo de aplomo, no como souvenir. La estrella nielada la recomiendo para tela oscura y noche, la gráfica negro sobre plata pide contraste. Cuanto más sobria es la ropa, más alto suena el sello.

¿A quién le sienta bien el Sello de Salomón? El sello no está ligado al sexo ni a la edad, porque la forma es sobria y limpia. Sienta especialmente bien a quien aprecia el orden en el look: una sola pieza, geometría nítida, nada de más. El sigilo grande lo recomiendo a la mano ancha y segura; el anillo fino o el colgante delicado, a quien prefiere un amuleto discreto. Y comprueba una cosa antes de comprar: los triángulos deben coincidir con exactitud en las intersecciones, y el escudo mirar hacia fuera, no hacia la palma. Una estrella descuidada pierde toda la fuerza de la forma limpia.

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Conclusión

El Sello de Salomón recorrió el camino desde unas líneas en libros antiguos hasta una joya que hoy se puede poner en el dedo. Por el camino reunió las leyendas de tres religiones, mandó sobre los demonios en los cuentos, adornó mezquitas y catedrales, entró en los grimorios y en una bandera estatal. La forma cambió poco: la misma estrella de triángulos perfectos. Cambió el sentido que se le puso dentro, y en eso está su fuerza.

Creas en el anillo que domaba a los genios o simplemente aprecies la geometría sobria con una biografía de dos mil años, el Sello de Salomón sigue siendo uno de los símbolos más inteligentes y universales que se pueden llevar. Una estrella que habla de equilibrio, orden y dominio de uno mismo suena oportuna en cualquier época.

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