
Abalorios y mostacillas en joyería: el rocalla, las técnicas y las culturas que se leen en una cuenta
Las cuentas son más antiguas que la escritura. Las primeras cuentas de cáscara de huevo de avestruz, halladas en África, se llevaban hace unos cuarenta mil años, mucho antes de que el ser humano grabara sus primeras palabras en arcilla. Una cuentecita con un agujero en medio fue una de las primeras cosas que la gente hizo no por comer ni por protegerse, sino por sentido. Se enhebraba en un hilo para mostrar quién eras, de dónde venías, si estabas casada, de luto o en plena fuerza.
El abalorio de vidrio llegó después, pero repitió esa misma lógica en miles de variantes. Venecia y Bohemia aprendieron a fabricar cuentecitas de vidrio tan iguales como granos, y a teñirlas de todos los colores que sabían fundir. Esos granos se repartieron por todo el planeta: con ellos bordaban sus mocasines los pueblos de las praderas americanas, tejían los reyes zulúes y enhebraban las jóvenes de medio mundo. Por el dibujo de un bordado de cuentas se podía leer una biografía entera, y en eso el abalorio está más cerca de una lengua que de un simple adorno.
Este artículo trata del abalorio como material y como oficio: qué es y en qué se diferencia una cuentecita de vidrio de una cuenta corriente, de dónde viene, qué tipos y tamaños existen, con qué técnicas se teje y se enhebra, qué joyas salen de él, cómo distinguir la mostacilla japonesa bien calibrada de la barata torcida y cómo cuidarla para que el hilo no se desgaste al cabo de un año.
Qué son los abalorios y en qué se diferencian de las cuentas
Una cuentecita de vidrio con agujero
Los abalorios son cuentas muy pequeñas con agujero, casi siempre de vidrio, que se enhebran en hilo o sedal por decenas y centenares. En inglés se llaman seed beads, es decir cuentas semilla: por su tamaño se parecen de verdad a granos de amapola, mijo o mostaza. La diferencia principal entre el abalorio y la cuenta corriente no está en el material, sino en el papel. Una cuenta grande se ve por separado, funciona como elemento autónomo. El abalorio, en cambio, trabaja en masa: de un sinfín de granos iguales se forma un tejido, un cordón, un dibujo o un bordado, donde cada cuenta es un píxel de la imagen futura.
Por eso el abalorio se mide no por unidades, sino por gramos y por hileras. Con él no se ensambla una joya, sino que se teje, se trenza o se borda, como con hilo. Esa diferencia lo cambia todo: la técnica, las herramientas, la cabeza del artesano y el resultado mismo.
En qué se diferencia el abalorio de las cuentas grandes
Si montas un collar con cuentas grandes de vidrio o de piedra, trabajas con piezas terminadas: las eliges, las enhebras, las cierras. De eso hablamos aparte en nuestra guía sobre reensartar cuentas y perlas y sobre cómo montar un collar de cuentas de piedras naturales. Allí la cuenta es el acento.
Con el abalorio la lógica es otra. Una sola cuentecita casi no significa nada, el sentido nace de la cantidad y del orden. Por eso el abalorio no pide tanto buen gusto para combinar como paciencia y precisión: hileras bien contadas, tensión uniforme, geometría limpia. Una cuenta veneciana grande es una pequeña escultura, de esas cuentas hablamos en el artículo sobre el cristal veneciano de Murano. El abalorio, en cambio, es pintura e hilo a la vez, material para un tejido y no para una pieza suelta.
De dónde viene la palabra
La palabra española «abalorio» llegó a través del árabe andalusí. Procede de al-ballūr o al-billawr, que designaba el cristal y, por extensión, las cuentecitas de vidrio que entraban en la península durante al-Ándalus. Es decir, históricamente el abalorio fue el sustituto asequible de la perla y de la piedra fina: granitos brillantes con los que se podía bordar una tela para que tornasolara. En los textos antiguos se llamaba abalorio a casi todo lo menudo y reluciente que se enhebraba o se cosía, desde cuentas de vidrio hasta vidriecitos de colores. La otra palabra de la familia, «mostacilla», es un diminutivo de mostaza: las cuentas más finas parecían granos de esa semilla, igual que en otras lenguas se las llamó cuentas semilla. En América «mostacilla» se impuso como nombre corriente de la cuenta menuda, mientras que en España convive con «rocalla» y «abalorio». El sentido se fue estrechando con los siglos hacia la cuenta de vidrio, pero la idea de imitar algo precioso a bajo coste sigue viva en el propio nombre.
Historia del abalorio: de la cáscara a los hornos venecianos
Conchas y cáscaras: las primeras cuentas de la humanidad
Mucho antes del vidrio, el ser humano hacía cuentas con lo que tenía a mano. Cuentas de cáscara de huevo de avestruz en África con decenas de miles de años, conchas marinas perforadas, semillas, huesos, dientes de animales, trocitos de ámbar. Se perforaban, se pulían, se enhebraban en tendón o en fibra vegetal. Ya entonces la cuenta era un signo: según qué conchas y cuántas llevaba uno en el cordón, así era su rango. El abalorio no empezó por moda, sino por el intento de hacer visible lo que no se puede decir con palabras.
Egipto y los granos de fayenza
En el antiguo Egipto, mucho antes del vidrio transparente, aprendieron a fabricar cuentas de fayenza: cocían cuarzo molido con aditivos de cobre y obtenían granos de un azul intenso y turquesa. Con esas cuentas bordaban mallas que se ponían sobre el vestido de lino, hacían anchos collares pectorales y redes funerarias para las momias. El azul se consideraba el color del cielo y del renacimiento, y las hileras parejas de cuentas menudas convertían la tela en una cota de malla reluciente. Es uno de los primeros ejemplos en que de granos minúsculos se tejía un paño entero para el cuerpo.
El abalorio veneciano y el secreto de la isla de Murano
La verdadera revolución llegó cuando los venecianos pusieron en serie la producción de cuentas de vidrio. En la isla de Murano, adonde en el siglo XIII se trasladaron todos los hornos de la ciudad para protegerla de los incendios y para guardar los secretos, los maestros llevaron a la perfección la técnica del estirado de cañas de vidrio. El vidrio incandescente se estiraba en un largo hilo hueco, se enfriaba, se cortaba en trocitos y se redondeaba para que los cantos vivos se fundieran, y así salían miles de cuentas idénticas. Venecia mantuvo durante siglos el monopolio y vigiló celosamente las recetas: por revelar los secretos del vidrio, al maestro le esperaba un castigo severo. El abalorio veneciano circulaba por el mundo entero como moneda, como adorno y como objeto de lujo.
El abalorio bohemio y las aldeas del vidrio
Poco a poco quebraron el monopolio los vidrieros bohemios. En las aldeas de montaña del norte de Bohemia surgió toda una industria: unos fundían el vidrio, otros estiraban las cañas, otros cortaban y redondeaban las cuentas, otros las clasificaban por tamaño, y todo eso a menudo en las propias casas campesinas. El abalorio bohemio se hizo famoso por sus colores intensos, sus cuentas prensadas de formas complejas y su precio asequible. Para el siglo XIX, Bohemia se había convertido en uno de los principales proveedores de cuentas del mundo, y las palabras «cuenta bohemia» todavía suenan a sello de calidad y paleta rica.
El abalorio de comercio: granos de vidrio como moneda
Desde la época de los grandes viajes, el abalorio se convirtió en una mercancía que cambiaba el curso de la historia. Los barcos europeos llevaban cuentas de vidrio a África, América y Asia y las cambiaban por pieles, oro, especias, marfil. Esa mercancía se llamó precisamente abalorio de comercio. Para unos eran vidriecitos baratos, para otros una rareza preciosa, porque muchos pueblos no tenían vidrio propio de tal calidad. El abalorio fue una de las primeras monedas verdaderamente globales, y tras la apariencia inofensiva de los granos de vidrio hay una historia de intercambio difícil y a menudo injusta.
Wampum y las cuentas de los pueblos originarios de América
Los pueblos originarios del noreste de América tenían su propia tradición de cuentas, el wampum: cuentas de concha, blancas y púrpura, enhebradas en anchos cinturones. El wampum no servía de adorno, sino de registro: el dibujo del cinturón sellaba un tratado, declaraba la guerra o la paz, guardaba la memoria de un suceso. Cuando llegaron los europeos con el abalorio de vidrio, los pueblos de las praderas lo adoptaron al instante. Mocasines bordados con cuentas, cintas para la frente, bolsas y ropa de gala se convirtieron en la seña de identidad de muchísimos pueblos. Los dibujos florales y geométricos de granos de vidrio sustituyeron a la antigua púa de puercoespín y pasaron a ser uno de los tipos de arte popular más reconocibles del continente.
El abalorio africano: una lengua que se lleva sobre el cuerpo
En África el abalorio es un sistema de signos en toda regla. Entre los zulúes y los xhosa existían verdaderos mensajes de cuentas: el color y el dibujo de una pulsera o de un collar hablaban de sentimientos, de estatus, de un sí o de un no. Entre los masái, los anchos collares planos de cuentas y los collares de muchas capas se leen como un documento de identidad: por ellos se ve la edad, el estado civil, la pertenencia a un clan. Las jóvenes tejían esas joyas ellas mismas, y saber trabajar con cuentas era parte de hacerse mayor. Aquí el abalorio está muy cerca de su uso más antiguo: no es decoración, sino una manera de mostrar al mundo quién eres. En África occidental, los propios artesanos locales fabricaban cuentas de vidrio sinterizado en polvo, refundiendo vidrio roto en moldecitos, y esas cuentas se valoraban en los ritos de paso, en bodas y funerales. El color aquí nunca es casual: cada pueblo tiene su gama con sus significados, y elegir mal una paleta ajena equivalía a decir algo inconveniente.
Tradiciones populares del mundo: del bordado eslavo al cuello brillante
El abalorio echó raíces en el traje popular de medio mundo. En Europa central y oriental, con cuentas venecianas y bohemias importadas se bordaban tocados, cuellos y pecheras, y en las aldeas se formaron estilos reconocibles de enhebrado denso y dibujos geométricos. En España, la rocalla y los abalorios entraron en los trajes regionales y en la indumentaria de fiesta, donde brillaban bajo la luz. En los salones del siglo XIX, el bordado con cuentas fue una labor predilecta, lo mismo que un oficio campesino en muchas regiones. Lo interesante es que casi en todas partes se repitió el mismo gesto: tomar el grano de vidrio importado y meterlo dentro de la propia tradición, con la propia paleta y los propios dibujos, hasta que el material extranjero pasaba a sentirse propio.
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Tipos de abalorio: del rocalla a la delica japonesa
Rocalla redondo
El tipo más extendido es el rocalla redondo. Las cuentas son algo achatadas, como minúsculos donuts, con los cantos redondeados. El rocalla es versátil: sirve para enhebrar, para tejer y para bordar. Por su forma redondeada, el tejido sale un poco en relieve, vivo, con un suave juego de luz en los costados curvados. Es el abalorio básico, con el que casi todo el mundo empieza y al que vuelve una y otra vez.
Canutillo cortado y cuentas cilíndricas
El canutillo cortado es abalorio con los cantos serrados, no fundidos. La caña de vidrio se corta en cilindros cortos y las aristas quedan vivas y brillantes, por eso destella más que el rocalla redondo, casi como una piedra tallada. El reverso de ese brillo: los cantos afilados desgastan antes el hilo, así que en las piezas con canutillo cortado importa mucho una base resistente. Se usa allí donde se busca un brillo frío y chispeante.
Canutillo largo: tubitos alargados
El canutillo largo son los mismos tubos de vidrio, pero sin cortar en trozos pequeños, dejados largos, de unos pocos milímetros a un par de centímetros. Las varillas largas y brillantes dan una textura muy distinta: con ellas se hacen flecos, rayos, colgantes con volumen, hileras que se mecen y tornasolan con el movimiento. El canutillo largo fue muy querido en los vestidos de principios del siglo XX por cómo jugaba con la luz a cada paso. Los vestidos enteramente bordados de canutillo pesaban lo suyo y susurraban al moverse, pero bajo las lámparas estallaban en miles de destellos. Fue precisamente el canutillo el que daba ese brillo fluido que se asocia a la ropa de baile de aquella época.
Abalorio prensado y de fantasía
Una familia aparte son las cuentas prensadas: en forma de gota, de cubo, de barrilito, de columna hexagonal. Los vidrieros bohemios se hicieron famosos sobre todo por el abalorio prensado de formas complejas, que se moldea en troqueles en lugar de estirarse en caña. El abalorio de fantasía se intercala entre el redondo para dar ritmo y textura, y con él se arman motivos de flores y hojas. Amplía el lenguaje del trabajo con cuentas más allá de la rejilla regular de granos iguales.
La delica japonesa: el cilindro ladrillo
El abalorio cilíndrico japonés, cuyo representante más conocido se llama delica, dio la vuelta a este oficio. No son bolitas achatadas, sino cilindros parejos de pared fina, con un agujero grande y un calibrado casi perfecto: las cuentas son tan iguales que se juntan pared con pared sin huecos. De la delica sale un tejido denso y liso, parecido a una tela o a un mosaico sin juntas, por eso se adora para dibujos nítidos y piezas pulcras. Es un material premium para quien valora la precisión geométrica.
Los tamaños y el enigma de los números
El tamaño del abalorio se indica con un número seguido del signo cero: 8/0, 10/0, 11/0, 15/0. La lógica es la inversa de lo habitual: cuanto mayor es el número, más pequeña es la cuenta. El tamaño más usado para tejer es el 11/0, una cuenta de unos dos milímetros. El grueso 6/0 y 8/0 va para joyas enhebradas sencillas y para abalorio infantil, y el minúsculo 15/0 para el trabajo calado fino y el bordado. El número indicaba históricamente cuántas cuentas cabían en una pulgada de longitud, de ahí la cuenta al revés. El resumen de tamaños y de usos lo hemos reunido en la tabla de abajo.
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Técnicas de tejido y telar con abalorio
Enhebrado: la técnica más antigua
El enhebrado es, sin más, pasar cuentas por el hilo en hilera. La técnica más antigua y comprensible, con la que la humanidad empezó el trabajo con cuentas. Del enhebrado simple salen collares, gargantillas de varias vueltas, vueltas para la muñeca. Del enhebrado con lazadas e hilos cruzados nacen rejillas caladas, flores, cuellos con volumen. Pese a su sencillez, el enhebrado da un margen enorme: cambiando el número de cuentas, el ritmo y el entrelazado de los hilos, se monta lo mismo un collar sobrio que una gargantilla de rejilla frondosa. El enhebrado paralelo y en cruz con dos agujas permite construir rombos y flores calados, y el enhebrado con vuelta a través de la cuenta fija el dibujo de modo que mantiene la forma sin telar y sin trenzados complejos. Por el enhebrado conviene empezar a conocer el abalorio: perdona los errores y da enseguida un resultado claro.
Punto peyote o mosaico
El peyote, también llamado punto mosaico, es la técnica básica de tejido con aguja, donde las cuentas se colocan al tresbolillo, cada una en el hueco entre dos de la hilera anterior. El tejido sale denso, flexible y un poco parecido a un muro de ladrillo a la traba. Con peyote se tejen cordones, pulseras de tira, fundas para cuentas y cabujones, figuritas con volumen. Es quizá la técnica más popular del trabajo con abalorio actual, y la mayoría de las joyas complejas la usan en mayor o menor medida.
Punto ladrillo
El punto ladrillo se parece por fuera al peyote, las cuentas también van a la traba, como ladrillos en una pared, pero el tejido se construye de otra manera: cada cuenta se sujeta a la brida de hilo entre las cuentas de la hilera anterior. Por eso con el punto ladrillo es cómodo hacer mermas y aumentos, así que se usa mucho para pendientes, colgantes y elementos con forma, donde hace falta un perfil triangular o de gota con un borde limpio y parejo.
Ndebele o espiga
El ndebele toma su nombre del pueblo sudafricano al que se le tomó prestada la técnica. Las cuentas se colocan por parejas en un ligero ángulo, y el tejido sale con un dibujo característico en espiga, suave y algo voluminoso. El ndebele va de maravilla para cordones y trenzas elásticas, que estiran bonito y mantienen la forma. Es una de las técnicas heredadas directamente de la tradición africana de las cuentas, donde se llevó a la perfección.
Telar
El telar de abalorio es trabajar sobre un bastidor, como en un pequeño telar de tejer. Se tensan los hilos de la urdimbre y, atravesándolos, con una aguja se pasa el hilo con las cuentas, una cuenta entre cada par de hilos de urdimbre. Sale un tejido parejo con hileras y columnas perfectas, sobre el que es cómodo tejer dibujos complejos de muchos colores siguiendo un esquema, como por cuadrículas. En telar se hacen pulseras de tira, tiras largas para colgar, marcapáginas, paneles, cuellos anchos. Es la técnica para quien ama el dibujo nítido y está dispuesto a trabajar por esquema.
Bordado con abalorio
El bordado es coser el abalorio sobre una base de tela o de cuero. Las cuentas se cosen de una en una o en hileras cortas, rellenando el contorno del dibujo como pinceladas de color. Con bordado de cuentas se adorna ropa, bolsos, broches, se engastan cabujones y piedras, se crean collares con volumen sobre base rígida. Esta técnica es la más cercana a la pintura: el artesano dibuja literalmente con cuentas, escogiendo los tonos y la dirección de las hileras para que la luz caiga del modo que busca.
Cordones: trenzas de abalorio
El cordón es una trenza de abalorio con volumen, tejida o hecha a ganchillo. Hueco o macizo por dentro, mantiene la forma y parece una cuerda de color de una sola pieza hecha de cuentas. Los cordones se hacen a ganchillo con el abalorio previamente enhebrado según un esquema, y entonces el dibujo se enrosca en espiral, o se tejen con aguja mediante técnicas como el mosaico y el ndebele. De los cordones salen pulseras, lariats, gargantillas largas de las que cuelgan colgantes. Es uno de los resultados más vistosos del trabajo con abalorio: la joya parece compleja, entera y de valor.
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De qué se hace el abalorio: materiales
El vidrio: el material principal
La inmensa mayoría del abalorio es de vidrio, y el vidrio tiene una paleta enorme de acabados. Abalorio transparente y opaco, con color en la masa y con el centro de color dentro de un grano transparente. Abalorio con el agujero teñido por dentro en plata o en color, que parece brillar desde dentro. Tornasolado con un baño irisado, metalizado, mate, con brillo de oro o de perla. Gracias precisamente a la variedad de acabados del vidrio, con abalorio se puede componer una paleta más fina que la de las pinturas, y por eso el vidrio sigue siendo el material insuperable.
Abalorio metálico
El abalorio metálico se hace de latón, cobre, acero, a veces con baño imitación oro o plata. Pesa más que el de vidrio, da un brillo noble y apagado y mantiene bien la forma en piezas rígidas. Las cuentecitas metálicas y los separadores se intercalan a menudo entre las de vidrio para dar acento y brillo. A quien le interese el tema de los metales nobles le conviene echar un vistazo a nuestro análisis sobre la plata 925 y qué significa: los herrajes para las piezas de abalorio suelen ser precisamente de plata.
Madera, hueso y materiales naturales
El abalorio de madera es cálido, ligero y grande, gusta en el estilo étnico y bohemio. El abalorio de hueso y de asta hunde sus raíces en la tradición más antigua de cuentas de materiales naturales. Aquí entran también las cuentas de semillas, de cáscara de coco, de nácar, de cuerno. Estos materiales dan una paleta terrosa y apagada y una textura mate, opuesta al brillo del vidrio, y por eso casan bien con telas naturales y cuero.
Plástico y materiales modernos
Existe también el abalorio de plástico, acrílico: ligero, barato, seguro, por eso se les da a menudo a los niños para sus primeras manualidades. Para joyas serias se usa poco, porque el plástico se ve más pobre y con el tiempo se apaga, se raya y se amarillea. En cambio es insustituible allí donde importa el peso mínimo y el color vivo sin pretensión de durar.
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Joyas de abalorio
Collar gargantilla
El collar gargantilla ancho, que se ciñe al cuello y a los hombros, es un clásico del arte de las cuentas, de los pectorales egipcios a los cuellos masái. El tejido trenzado o hecho en telar se asienta en la base del cuello como una corona de cuentas. Una joya así vuelve solemne el conjunto y atrae enseguida la mirada hacia el rostro. La gargantilla puede ser sobria y geométrica o frondosa y floral, con fleco en el borde inferior o lisa.
Cordones y lariats
El cordón de abalorio se lleva como pulsera por sí solo o como collar largo. El lariat es un cordón largo sin cierre, cuyos extremos se anudan, se pasan en lazada o se rematan con borlas. Permite cambiar la largura y la silueta según el ánimo y el conjunto. Los cordones hechos a ganchillo parecen una cuerda de color de una pieza y mantienen bien la forma, por eso salen de ellos tanto pulseras en espiral como collares de varias capas.
Pendientes de abalorio
Los pendientes muestran toda la riqueza de las técnicas en miniatura. Con punto ladrillo y peyote se hacen colgantes geométricos planos, borlas con volumen de canutillo, gotas caladas, flores y figuritas. Los pendientes de abalorio son ligeros, así que incluso un par grande y frondoso casi no tira del lóbulo. Los pendientes largos de borla de canutillo se mecen bonito y tornasolan con cada giro de cabeza.
Pulseras
La pulsera es el primer proyecto más frecuente en el trabajo con abalorio. Tiras tejidas en telar con cenefa, cintas hechas con peyote y mosaico, cordones, simples hilos enhebrados de varias vueltas. La pulsera se ajusta fácil a la muñeca, en ella es cómodo aprender la técnica y probar dibujos. De abalorio se hacen tanto anchos brazaletes sobre base rígida como finas y delicadas pulseras de hilo.
Fleco: lo que se mueve
El fleco es una hilera de hilos de cuentas que cuelgan, normalmente con una cuenta más grande o de canutillo en el extremo. El fleco se cuelga del borde inferior de un collar, de los pendientes, del canto de un cuello. Su fuerza principal está en el movimiento: a cada paso o giro los hilos se mecen, recogen la luz y dan vida a la joya. El fleco de canutillo y rocalla redondo da ese brillo fluido para el que se inventó. La largura y la densidad del fleco se eligen según el conjunto: ralo y corto añade ligereza, largo y tupido convierte la joya en pieza de gala. La cuenta del extremo adorna y a la vez pesa el hilo, para que el fleco cuelgue parejo y se mezca bonito.
Calidad del abalorio: cómo no comprar torcido
El calibrado: la principal señal de buen abalorio
La calidad del abalorio es, ante todo, el calibrado, es decir la igualdad de las cuentas en tamaño y forma. En el buen abalorio japonés y bohemio los granos son como gemelos: un diámetro, una misma altura, un agujero parejo. De un abalorio así el tejido sale liso, las hileras no bailan, el dibujo queda nítido. El abalorio barato sin clasificar baila en los tamaños: una cuenta más gruesa, otra más fina, otra ladeada, y el tejido se va en olas. Por eso lo primero que distingue una pieza lograda de una chapucera es la calidad de los granos de partida.
Japonés frente a chino
El abalorio japonés, sobre todo la delica y el rocalla redondo de las marcas líderes, se considera el patrón del calibrado: las cuentas son casi perfectas, los agujeros parejos y anchos, el color firme. El abalorio bohemio de calidad es algo menos parejo, pero rico en color y probado por los siglos. El abalorio chino barato es muy variable: lo hay decente, pero a menudo se encuentra mal clasificado, con granos torcidos y tinte que se va. Para manualidades de aprendizaje el abalorio barato sirve, pero para una joya que debe durar años, ahorrar en el abalorio sale caro.
Cómo comprobar el abalorio antes de comprar
El buen abalorio se valora a ojo y al tacto. Echa un puñado sobre una hoja blanca: los granos deben parecerse entre sí, sin claros sobrantes ni mitades. Los agujeros parejos, no obturados, no desconchados. El tinte no debe irse si frotas las cuentas entre los dedos o las pasas por una tela clara. En el abalorio con el agujero teñido por dentro, asegúrate de la firmeza del color: un tinte barato se lava con el tiempo y el grano se apaga. Mejor comprar menos, pero parejo, que mucho, pero torcido.
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Cuidado de las joyas de abalorio
El abalorio teme el roce
El principal enemigo de la joya de abalorio no es el vidrio en sí, sino el hilo en el que se sostiene. Los cantos vivos de las cuentas, sobre todo del canutillo cortado y el largo, con el tiempo desgastan el hilo por dentro, y un buen día la joya se deshace. Por eso las piezas de abalorio no llevan bien el roce constante contra tela basta, correas de bolso, cuellos rígidos. Llévalas con cuidado y no las aprietes bajo la ropa de modo que rocen a cada movimiento.
Cuándo puede desgastarse el hilo
Todo hilo envejece con el tiempo, sobre todo si la pieza se lleva a menudo. Si una pulsera o un collar empiezan a descolgarse un poco, las cuentas se mueven sueltas, el hilo se ha oscurecido o deshilachado en algún punto, es la señal de reensartar la pieza sin esperar a que reviente en un sitio concurrido. Reensartar una pieza de abalorio es cosa delicada, y conviene hacerlo con el mismo cuidado que un hilo de perlas. De cómo se hace hemos escrito en detalle en el artículo sobre reensartar cuentas y perlas.
Agua, cosmética y conservación
No conviene mojar mucho el abalorio. El vidrio en sí no teme al agua, pero la humedad daña el hilo, y en el abalorio con tinte interior y baño metalizado el color puede resentirse con el agua y la cosmética. Quítate las joyas de abalorio antes de la ducha, la piscina y de dormir, y póntelas después del perfume y la crema, no antes. Guárdalas planas, en una bolsita suave o en una caja, sin amontonarlas con cadenas y anillos, para que el metal no raye el baño y los granos no se enganchen entre sí.
A quién le va bien el abalorio y cómo llevarlo
El color a tu medida
El abalorio tiene la virtud de que el color se ajusta a la persona a la perfección, porque su paleta es infinita. A los tipos cálidos les van los tonos ámbar, miel, bronce, terracota; a los fríos, los plateados, azules, esmeralda, los frescos tonos de baya. El abalorio mate y terroso es más sereno y vale para el día a día, el canutillo cortado chispeante y los granos metalizados trabajan para una salida. Un mismo dibujo en distinta paleta se lee ora étnico, ora sobrio, ora festivo.
Con qué combinarlo
Las joyas de abalorio étnicas y frondosas piden ropa lisa y de un solo color, sobre la que suenan como acento principal. Bajo un cuello ancho de abalorio no hacen falta otras joyas junto al rostro, se basta solo. Los cordones finos y las pulseras, al contrario, se combinan fácil entre sí y con el metal, y se pueden llevar a manojo. El abalorio se lleva bien con telas naturales, lino, algodón, cuero, y algo peor con conjuntos muy brillantes y metalizados, donde compite por el brillo.
Cuándo es oportuno el abalorio
Las pulseras y los cordones enhebrados sencillos son oportunos cada día y a cualquier edad. Los cuellos étnicos grandes y los collares de muchas capas piden una ocasión: una fiesta, una sesión de fotos, una salida temática, las vacaciones. El bordado de abalorio en un broche o en un bolso añade al conjunto un aire artesanal y cálido. Si dudas, empieza por poco: una pulsera fina o unos pendientes de gota encajan en cualquier parte y ayudan a entender si es tu material.
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El trabajo a mano y su valor
Por qué el abalorio es siempre tiempo
Tras todo tejido denso de abalorio hay horas, a veces decenas de horas de minucioso trabajo con aguja. Un cuello o un cordón complejo son miles de cuentas enhebradas de una en una, hilera tras hilera, con cuenta constante y tensión pareja. La máquina no sabe hacerlo así: el abalorio cobra vida de verdad solo en las manos. Por eso el precio de una buena joya de abalorio es, ante todo, el tiempo pagado del artesano y su buen ojo, no el coste del vidrio.
Cómo distinguir el trabajo a mano
En el verdadero trabajo a mano con abalorio se nota el carácter: hileras parejas pero vivas, bordes pulcros pero no estérilmente mecánicos, un revés bien pensado, herrajes resistentes. El dibujo no se repite mecánicamente al milímetro, tiene mano. La imitación barata se delata por elementos pegados en lugar de tejidos, por un revés descuidado, por hilos que asoman, por cuentas mal asentadas. De cómo leer en general las señales de la labor a mano en una joya hemos reflexionado en la nota sobre cómo reconocer un anillo de plata artesanal, y muchas de las pistas de allí valen para todo el trabajo a mano.
Qué compras junto con el abalorio
Al comprar una joya de abalorio no pagas por el gramo de vidrio, sino por la habilidad de armar con esos gramos un dibujo que mantiene la forma, no se rompe y se asienta bonito sobre el cuerpo. Por el abalorio calibrado, la base resistente, el cierre fiable y por que la pieza sobreviva a más de una temporada. Una buena joya de abalorio se puede reensartar y renovar, y con un trato cuidadoso sirve durante años, convirtiéndose poco a poco en un objeto personal con historia.
Datos que sorprenden
El abalorio ha dejado huella en la historia hasta el punto de que algunos datos suenan inverosímiles. Aquí van unos cuantos.
Las cuentas de vidrio fueron una de las primeras monedas intercontinentales. Por el abalorio de comercio se cambiaron durante siglos pieles, oro y especias, y tras los inofensivos granos de vidrio hay un enorme estrato, no siempre honesto, del comercio mundial.
Las cuentas conocidas más antiguas no son de vidrio en absoluto. Tienen unos cuarenta mil años y están hechas de cáscara de huevo de avestruz, es decir que el ser humano llevaba adornos mucho antes de inventar la escritura.
Los números del abalorio se cuentan al revés: cuanto mayor es el número, más pequeña es la cuenta. El 15/0 es un grano minúsculo para el trabajo calado fino, y el 6/0 es abalorio grande para collares sencillos y manualidades infantiles.
Entre los zulúes existía una verdadera lengua de cuentas: las combinaciones de colores en una pulsera componían un mensaje sobre los sentimientos y el consentimiento, de modo que una joya regalada se podía leer literalmente.
El wampum, los cinturones de cuentas de concha de los pueblos del noreste de América, no servía de adorno, sino de documento: el dibujo sellaba un tratado, declaraba la paz o guardaba la memoria de un suceso, y un cinturón así se valoraba como un escrito oficial.
Venecia guardaba tanto los secretos del vidrio que trasladó todos los hornos a una isla aparte, Murano, y por revelar las recetas al maestro le esperaba un castigo grave. El abalorio era un secreto de Estado.
En el antiguo Egipto, con menudas cuentas de fayenza se tejían mallas directamente sobre el cuerpo, y esas ropas de cuentas son más antiguas que el vidrio transparente. El ser humano se vistió de cuentas antes de aprender a hacer un cristal de ventana.
La delica japonesa se valora por que las cuentas se juntan pared con pared sin huecos. El tejido sale tan parejo que de lejos se confunde con tela o con esmalte liso.
Preguntas frecuentes sobre el abalorio
¿En qué se diferencia el abalorio de las cuentas corrientes?
El abalorio son cuentas muy pequeñas que trabajan en masa: de un sinfín de granos iguales se teje, se hace en telar o se borda un dibujo, donde cada cuenta es un píxel. Una cuenta grande corriente es una pieza autónoma que se ve por separado. La diferencia no está tanto en el material como en el papel y en la técnica de trabajo.
¿Qué son los seed beads?
Seed beads es el nombre inglés del abalorio menudo, literalmente cuentas semilla. Se las llama así por el parecido de los granitos de vidrio con las semillas de amapola o de mijo. En español es lo que llamamos abalorio, rocalla o mostacilla: la cuentecita de vidrio con agujero que se enhebra y se teje por decenas y centenares.
¿Cuál es el abalorio de mejor calidad?
Como patrón de calibrado se considera el abalorio japonés, ante todo la delica cilíndrica y el rocalla redondo de las marcas líderes: las cuentas son casi idénticas, los agujeros parejos, el color firme. El abalorio bohemio de calidad es algo menos parejo, pero rico en paleta y probado por los siglos. El abalorio barato sin clasificar suele salir torcido y destiñe, se usa como mucho para manualidades de aprendizaje.
¿Qué tamaño de abalorio elegir si empiezo?
Para los primeros proyectos lo más cómodo es el tamaño 11/0, una cuenta de unos dos milímetros, el más usado para tejer. El grueso 8/0 es más fácil de enhebrar y de sujetar entre los dedos, va bien para pulseras y collares sencillos. Recuerda la cuenta al revés: cuanto mayor es el número de la fracción, más pequeña es la cuenta.
¿Se pueden mojar las joyas de abalorio?
El vidrio en sí no teme al agua, pero no conviene mojar mucho la pieza: la humedad daña el hilo, y en el abalorio con tinte interior y baño metalizado el color se resiente con el agua y la cosmética. Quítate el abalorio antes de la ducha, la piscina y de dormir, y póntelo después del perfume y la crema, no antes.
¿Por qué se rompe una joya de abalorio?
Lo que se rompe casi siempre no es el abalorio, sino el hilo de debajo: los cantos vivos de las cuentas, sobre todo del canutillo cortado y el largo, lo desgastan con el tiempo por dentro. Si la pieza se ha descolgado, las cuentas se mueven sueltas y el hilo se ha oscurecido o deshilachado, ha llegado el momento de reensartarla sobre una base nueva y resistente, sin esperar a que se deshaga.
¿En qué se diferencia el abalorio bohemio del japonés?
El abalorio bohemio destaca por sus colores intensos, su tradición y su gran surtido de formas, a un precio asequible. El japonés, sobre todo la delica, gana en calibrado: las cuentas más parejas, los agujeros más anchos, el tejido liso como tela. El bohemio se lleva por paleta y carácter, el japonés por precisión y pulcritud del resultado.
¿Cuánto dura una joya de abalorio?
Con un trato cuidadoso, una joya de abalorio dura años. Lo principal es proteger el hilo del roce, quitarse la pieza antes del agua y de dormir y guardarla aparte de cadenas y anillos. Y cuando el hilo envejezca, la pieza se puede reensartar sobre una base nueva y vivirá otro tanto, convirtiéndose poco a poco en un objeto personal con historia.
Un grano pequeño con una gran historia
El abalorio ha recorrido el camino de la cáscara de avestruz y el wampum a los hornos venecianos y la delica japonesa, y sigue siendo una lengua que se lleva sobre el cuerpo. En las joyas de Zevira amamos esa hechura a mano: una pieza en la que se ha invertido tiempo se siente distinta. Asómate al catálogo y encuentra la tuya.
Abrir el catálogoSobre Zevira
Zevira son joyas que tienen sentido y carácter. Valoramos las piezas con historia y con trabajo a mano, en las que se ve la mano del artesano y no el sello de la cadena de montaje. El abalorio es para nosotros parte de esa gran tradición: un material que durante miles de años enseñó a la gente paciencia, precisión y el arte de contar una historia sin palabras. Si te resulta cercano este enfoque, estás entre los tuyos.
















