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Reensartar cuentas y perlas: cuándo se rompe o se estira el hilo

Reensartar cuentas y perlas: cuándo se rompe o se estira el hilo

Los pequeños nudos entre las perlas no son un adorno ni un homenaje a la tradición. Si el hilo se rompe, el nudo detiene la caída en una sola cuenta en lugar de desperdigar todo el collar por el suelo. También mantiene las perlas separadas entre sí, para que el nácar blando no roce con el vecino ni se llene de arañazos. El nudo es seguro y amortiguador a la vez, y dura unos cuantos años, no para siempre.

El hilo de un collar es un consumible. Envejece más rápido que la propia perla o la piedra, porque carga con todo: sudor, perfume, crema de manos, el peso de las propias cuentas, la flexión constante sobre el cuello. El nácar dura cien años, pero la seda que lo sostiene se rinde en un par de temporadas de uso intenso. El problema es que el hilo muere sin avisar: por fuera está entero y por dentro ya está desgastado, y solo te enteras en el momento en que se rompe. Por eso al hilo se le vigila igual que a los neumáticos del coche, por plazo y por señales, no por el hecho consumado de la avería.

Este repaso trata de cómo saber que toca cambiar el hilo, si se puede reensartar en casa, qué hilo elegir para perlas y para piedras blandas, cuándo es mejor dejar el trabajo a un profesional y cómo guardar el collar para estirar al máximo el tiempo hasta el siguiente reensartado.

¿Qué hilo necesitan tus cuentas?
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¿Qué vas a reensartar?

Por qué hay que reensartar un collar

Cualquier hilo de cuentas vive en régimen de fatiga constante. Cada vez que inclinas la cabeza, te sientas o te pones una bufanda, el hilo se dobla en decenas de puntos, y en cada uno la fibra roza contra el borde del agujero de la cuenta. El agujero de una piedra o de una perla no es un tubo liso, sino una perforación con microscópicos cantos afilados, y funciona como un cuchillo romo. En uno o dos años esa lima desgasta la seda por dentro, aunque por fuera el hilo parezca intacto.

El hilo se estira y cuelga

La seda y el nailon acaban cediendo con el tiempo bajo el peso de las cuentas. Un hilo nuevo sujeta las perlas apretadas, cada una pegada a la vecina, nudo contra nudo. Pasada una temporada u otra aparecen huecos entre ellas, el hilo empieza a bailar y el collar se asienta más abajo y más descuidado en el cuello. Un hilo estirado es la primera señal y la más honesta: el material está cansado y ha perdido elasticidad. Volver a tensarlo es imposible, solo se puede reensartar de nuevo.

El hilo se oscurece y se ensucia

La seda clara bajo las perlas pasa con el tiempo de blanco lechoso a gris. La culpa es de la grasa de la piel, los polvos, los restos de crema y perfume, que se impregnan en la fibra y se asientan en los nudos. El hilo gris se nota especialmente sobre perla blanca y crema: a contraluz, entre las perlas, se ve un hilillo sucio, y todo el collar parece poco fresco aunque las perlas estén perfectas. Lavar el hilo no se puede, la seda mojada pierde resistencia aún más rápido, así que un hilo sucio es motivo de reensartado.

La suciedad se acumula en los nudos

El nudo entre cuentas es un lazo suelto de fibras, y funciona como trampa para el polvo. Cuanto más se lleva el collar, más se compacta en los nudos un poso gris que no se aclara ni se cepilla sin riesgo de romper el propio hilo. Esa suciedad no solo es fea, además retiene la humedad junto a la superficie de la perla, y la humedad constante daña el nácar. Unos nudos limpios y nuevos forman parte del cuidado, no son cosmética.

El desgaste del hilo junto al cierre

El punto de mayor carga de cualquier hilo es el lugar junto al cierre. Aquí el hilo pasa por la anilla del broche y va doblado en dos, y aquí recae el tirón principal cuando el collar se quita por la cabeza o se da un estirón al desabrocharlo. Nueve roturas de cada diez ocurren justo en el cierre. Si te fijas, junto al broche el hilo suele estar ya deshilachado, se separa en fibras sueltas o cuelga más que en el centro. Es el último aviso antes de la rotura.

El perfume y la crema aceleran el desgaste

El hilo envejece por la mecánica y por la química. El alcohol del perfume, los ácidos de la crema de manos, el sudor y los polvos se impregnan en la fibra y la corroen por dentro, volviendo la seda quebradiza antes de tiempo. Esa misma química daña también a las propias cuentas: el nácar se enturbia, el coral se decolora. Un hilo que se rocía a menudo de perfume pide reensartado bastante más a menudo que un hilo igual puesto sobre el maquillaje ya terminado.

Cada cuánto cambiar el hilo

No hay un plazo universal, todo lo decide la frecuencia de uso y las condiciones. Un collar que reposa en el joyero y sale una vez al año puede aguantar una década con el mismo hilo. El que se lleva casi a diario pide atención mucho más a menudo. La referencia es sencilla: cuanto más a menudo está la joya sobre la piel y cuanto más blanda sea la cuenta, más corta es la vida del hilo.

Las perlas que se llevan a menudo

Collar antiguo de perlas con detalles de oro y colgante, trabajo de la antigua Grecia
Collar de perlas con oro, trabajo griego oriental hacia 330 a 300 a. C.: la perla natural ya se ensartaba en hilo en la Antigüedad. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)Pearl and gold necklace with pendant of Eros, ca. 330–300 BCE. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

Para las perlas que se ponen con regularidad, los profesionales aconsejan reensartar una vez cada uno o dos años. La perla es especialmente exigente: se lleva cerca del cuerpo, el nácar lo absorbe todo y el peso de las perlas tira del hilo hacia abajo de forma notable. Si te pones un collar de perlas para trabajar varias veces por semana, considera el reensartado un mantenimiento programado, no una reparación de emergencia. Hay más sobre los tipos de perla y su cuidado en una guía de perlas aparte.

El collar para salidas contadas

El hilo que se saca de vez en cuando, unas pocas veces al año, se desgasta despacio, y se puede cambiar una vez cada varios años o según el desgaste real. Aquí importa menos el calendario y más la inspección: antes de ponerte un collar poco usado, tira de él por los extremos y míralo a contraluz. Si el hilo está elástico, limpio y sujeta firme las cuentas, llévalo tranquilo. Si cuelga o se ha vuelto gris, déjalo para reensartar.

Cómo cazar el momento antes de la rotura

La mejor regla: cambiar el hilo a las primeras señales de fatiga, sin esperar a que se rompa en plena calle. El reensartado planificado cuesta tu tiempo y un hilo barato. La rotura en un sitio concurrido cuesta perlas perdidas que ruedan por el asfalto o caen por una alcantarilla, y nervios. Una vez cada medio año dedica un minuto a inspeccionar el collar de uso frecuente y la avería casi nunca llegará a producirse.

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Para qué los nudos entre cuentas y cuándo no hacen falta

El nudo entre cada par de cuentas es un clásico del collar de perlas, y no se inventó por estética. Tiene dos tareas de ingeniería, y ambas importan justo para las cuentas caras y blandas.

El nudo salva todo el collar al romperse

Si un hilo sin nudos se rompe, las cuentas caen todas de golpe, y recogerlas del suelo no siempre se consigue. Un hilo con nudos se comporta de otra forma: al romperse, como mucho se deslizan una o dos cuentas, las demás las retienen sus propios nudos. Pierdes una perla en vez de todo el collar. Para un collar largo de perla cara esa es la diferencia entre un contratiempo menor y la pérdida de toda la joya.

El nudo protege la perla del roce

Collar de varias hileras de perlas y cuentas en varios hilos, siglo XVIII
Collar de varias hileras (satlari): perlas y cuentas ensartadas en filas, y cada perla la fija su propio nudo. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)Seven-Stranded Necklace (Satlari), 18th century. The Metropolitan Museum of Art, Open Access (CC0 1.0)

Sin separador, las perlas chocan y se rozan entre sí con cada movimiento. El nácar es blando, y del roce constante aparecen marcas y desconchones junto al agujero, sobre todo en las perlas grandes, que pesan más y golpean con más fuerza. El nudo pone entre ellas un tope blando de seda, amortigua los golpes y no deja que el nácar roce con el nácar. Para la perla no es una opción, es protección.

Cuándo no hacen falta nudos

Los nudos entre cuentas no siempre se justifican. En la cuenta de cristal menuda, en piedras duras pulidas como el ágata o el ónice, en collares baratos para cambiar de imagen a menudo, los nudos solo quitan tiempo y alargan el collar con milímetros de más. La piedra dura no teme el roce con la vecina, y un collar barato de cristal no da pena reensartarlo entero si se rompe. Los nudos son obligatorios para la perla y las piedras blandas y caras, y para el resto de la bisutería es cuestión de gusto y de estilo, no de conservación.

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Con qué ensartar: materiales del hilo

El hilo de un collar no es «cualquier cuerda resistente». Cada material se comporta a su manera: uno se estira, otro lo corta el borde de la cuenta, un tercero no aguanta el nudo. Elegir el hilo adecuado para cada tipo de cuenta es la mitad del éxito del reensartado.

Seda natural

La seda es el material histórico para la perla, y sigue siendo la referencia para el hilo anudado. Es blanda, cae bonito, mantiene un nudo limpio y apretado y drapea de modo que el collar de perlas fluye por el cuello. La seda tiene una pega, una y seria: dura poco, se estira con el tiempo y teme el agua. La seda se elige cuando importan el ajuste perfecto y el hilo anudado clásico, y se asume de antemano que habrá que cambiarla más a menudo que las demás.

Hilo de nailon

El nailon es el caballo de batalla del reensartado moderno. Es más resistente que la seda, se estira menos, teme menos la humedad y lo hay de distintos grosores para cualquier tamaño de agujero. El nudo aguanta peor que en la seda, y con mucho calor puede fundirse, pero para la mayoría de los collares el nailon es un compromiso razonable entre precio, resistencia y vida útil. Muchos hilos «de seda» actuales con aguja en la punta son en realidad de nailon.

Cable de acero con cuentas de aplastar

El cable de acero recubierto de nailon, que se llama hilo de abalorios o alambre de bisutería, es la opción más resistente. Casi no se rompe, no se estira y no teme los cantos afilados de la piedra, por eso con él se ensartan collares pesados de piedra e hilos con cuentas facetadas que se cargan la seda en una temporada. En el cable no se hacen nudos, los extremos se fijan con cuentas metálicas de aplastar, que se prensan con unos alicates. La pega: el cable es más rígido que la seda y no drapea tan blando, por eso para la perla fina se usa menos que para la piedra.

El hilo elástico y por qué dura poco

El hilo elástico, la famosa «goma» con la que se ensartan pulseras sin cierre, es cómodo y popular, pero es el material que menos dura de todos. La goma se estira con cada puesta, con el tiempo pierde elasticidad, se reseca con la crema y el perfume y un día se rompe sin avisar, desparramando las cuentas. En hilo elástico tiene sentido ensartar solo pulseras baratas que no den pena reensartar a menudo, y nunca conviene montar perla ni piedra cara en goma. Tómalo como una solución temporal, no como un hilo para años.

El color del hilo a juego con las cuentas

Un detalle fino que a menudo se pasa por alto: el color del hilo se ve entre las cuentas y en los nudos, sobre todo en la perla semitransparente y la piedra clara. Para perla blanca y crema se elige hilo blanco o lechoso, para piedra oscura uno oscuro, para ámbar y cornalina uno dorado beige. Un hilo de contraste se delata en los nudos y abarata el aspecto, mientras que un hilo a tono se funde con la cuenta y deja un trabajo pulcro. En el reensartado profesional el color del hilo se escoge a propósito, y eso forma parte de la calidad.

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Señales de que toca reensartar

El collar rara vez se rompe de repente, normalmente da señales de antemano. Aprender a leerlas es sencillo, y eso evita perder perlas. Esto es lo que hay que inspeccionar.

El hilo se ha vuelto gris u oscuro

Si el hilo claro entre las perlas se ha vuelto gris, sucio o ha perdido su color original, ha llegado el momento. Un hilo gris no solo es feo, también es señal de que en la fibra se han acumulado grasa y humedad que aceleran su envejecimiento. Una perla limpia sobre un hilo sucio parece descuidada, y ninguna limpieza de las propias perlas lo arregla.

Las cuentas se han separado, han aparecido huecos

Cuando entre las perlas o los nudos aparecen claros visibles que antes no había, significa que el hilo se ha estirado. En un hilo nuevo las cuentas van pegadas, nudo contra cuenta. Los huecos son estiramiento, y un hilo estirado ya no vuelve a su forma. Es señal de reensartado, aunque el hilo todavía no se haya roto.

El hilo cuelga de forma notable

Compara cómo se asienta el collar en el cuello ahora y cómo se asentaba nuevo. Si se ha alargado, cuelga flojo y queda más abajo de lo que debería, el hilo se ha estirado bajo el peso de las cuentas. El descuelgue se nota especialmente en la perla: el hilo pierde su arco elástico y cuelga como un lazo lacio. Es el mismo desgaste que los huecos, solo que se ve por la caída general.

Un nudo se ha aflojado o el hilo se deshilacha

Si en un hilo anudado uno de los nudos se ha aflojado, se ha desatado o una cuenta empieza a moverse por él, el hilo está agotado. Lo mismo vale para las fibras deshilachadas y separadas, sobre todo junto al cierre. Un nudo suelto significa que los vecinos aguantan de milagro. No lleves ese collar hasta reensartarlo: un tirón y está en el suelo.

Se puede reensartar en casa y qué herramientas hacen falta

El hilo sencillo de un collar barato es perfectamente posible reensartarlo uno mismo en una tarde. Es un trabajo manual tranquilo que pide paciencia y pulcritud, no habilidades raras. Pero cuanto más caras y blandas sean las cuentas y más compleja la técnica de anudado, mayor es el coste del error, así que conviene empezar por lo sencillo.

Equipo básico de herramientas

Para reensartar en casa hace falta poco. Una aguja de abalorios fina y flexible o un hilo con la aguja ya fijada en la punta, para pasarla por los agujeros estrechos. El propio hilo del grosor adecuado: seda o nailon para perla, cable de acero para piedra pesada. Unas tijeras pequeñas y afiladas. Una gota de pegamento especial para fijar el nudo y la punta del hilo. Para el hilo anudado viene bien un punzón fino o una herramienta específica con la que se ajusta el nudo pegado a la cuenta, para que no quede hueco.

Calotas, terminales de concha y cuentas de aplastar

Para esconder los extremos del hilo y enganchar el cierre se usan piezas pequeñas. La calota, también llamada terminal de concha o «tapanudos», es una diminuta cazoleta metálica en forma de concha que tapa el nudo del extremo del hilo y sujeta la anilla del broche. Para el cable, en lugar de nudos y calotas se usan cuentas de aplastar: se mete por ellas el lazo del cable alrededor de la anilla del cierre y se prensan con los alicates a fondo. Esta menudencia determina lo pulcro y firme que se verá el punto de unión del cierre.

Elegir el grosor del hilo según el agujero

El punto técnico principal: el hilo debe pasar ajustado por el agujero de la cuenta, pero sin bailar dentro. Un hilo demasiado fino deja holgura, la cuenta se mueve y roza, y el nudo puede colarse por el agujero. Uno demasiado grueso no entra o se rompe contra el borde al apretar. Lo ideal es que el hilo pase con una ligera resistencia. Si los agujeros son muy estrechos, como en la perla de río menuda, para ellos se elige el hilo más fino y la aguja más delgada.

Cómo reensartar el hilo: orden general

Una instrucción detallada paso a paso queda fuera de este repaso, pero conviene hacerse una idea del proceso general para entender qué hace exactamente el profesional y por qué pagas. La lógica es la misma para la seda y el nailon.

Quitar las cuentas y recordar el orden

Lo primero es cortar con cuidado el hilo viejo y retirar las cuentas, colocándolas estrictamente en el mismo orden en que iban. Para un hilo simétrico con degradado o con una perla central grande eso es crítico: si confundes el orden, el collar pierde el aspecto. Va bien dejar las cuentas en la ranura de una bandeja específica o sobre una tira de tela con reborde, para que no rueden.

Fijar un extremo y ensartar con nudos

A un extremo del hilo se fija la calota y la anilla del broche, se asegura con un nudo y una gota de pegamento. Luego se ensarta una cuenta, se ata un nudo pegado a ella, se ensarta la siguiente y de nuevo se hace un nudo, ajustándolo con el punzón a la cuenta sin hueco. Así, cuenta a cuenta, se monta todo el collar. Lo más laborioso aquí son unos nudos parejos, apretados y del mismo tamaño: precisamente por la pulcritud de los nudos se valora el trabajo a mano.

Fijar el segundo extremo y comprobar

Al final se pone la segunda calota, se pasa la anilla de la otra mitad del broche, se aprieta el nudo final, se fija con pegamento y se recorta lo sobrante. Tras secar el pegamento, se comprueba la tensión del hilo: debe sujetar las cuentas firme pero drapear blando. Conviene dejar colgado el collar terminado un día, para que los nudos y el hilo se asienten, y solo después llevarlo.

Errores frecuentes del principiante

El error más común del reensartado casero es un nudo flojo o, al contrario, demasiado apretado: el flojo se mueve y deja hueco, el apretado rompe el hilo fino ya durante el montaje. El segundo error es un hilo que no va con el agujero, cuando el fino baila y el grueso se mete a la fuerza y se desgasta contra el borde. El tercero es la prisa con el pegamento: una gota de más se reparte por la cuenta y deja una mancha mate en la perla. Y el cuarto, el más lamentable, es alterar el orden de las cuentas en un hilo con degradado. Si trabajas con prisa y sobre las rodillas, es más fácil estropear la pieza que ahorrarte el profesional.

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Cuándo llevarlo a un profesional

Mucho se puede hacer en casa, pero hay casos en los que ahorrarte el profesional sale por una joya estropeada. Si el collar te importa por su precio o por su valor sentimental, llévalo al taller una vez más. El reensartado profesional de una perla económica cuesta como una cena fuera, y la tranquilidad por la joya no tiene precio.

Perla cara y collares grandes

Un collar de perla cara, sobre todo grande, de mar o con un brillo a juego, se deja al profesional. Aquí hacen falta nudos parejos, un ajuste perfecto, el grosor correcto de la seda y un trabajo pulcro con las piezas, y el coste del error es una perla arañada o perdida que vale como una joya entera. Un buen profesional además revisa cada perla y avisa si toca sustituir alguna agrietada.

Antigüedades y collares heredados

Un collar antiguo, heredado de la abuela, pide un trato especial. La perla antigua y la piedra vieja pueden tener agujeros frágiles, ensanchados o dañados, material debilitado por el tiempo, un cierre fuera de norma. Ese hilo no se puede estirar ni meter prisa, y quien lo desmonte debe ser alguien que haya visto algo así antes. El profesional conserva el cierre histórico, elige el hilo a juego con lo antiguo y no daña las cuentas valiosas. La restauración de joyas heredadas es un oficio aparte.

Cierre complejo y collares de varias hileras

Los collares de varias hileras, los hilos con separadores, los collares con cierre complejo a varias filas o con elementos intermedios es mejor confiarlos a un profesional. Reunir varias hileras en un solo cierre conservando sus longitudes y su orden es técnicamente difícil, y aquí el bricolaje estropea la pieza más a menudo que la arregla. Si el collar tiene más de una hilera o un cierre poco habitual, es señal de taller.

Cierres y piezas en el reensartado

El reensartado es el momento idóneo para poner a punto el hilo y el cierre a la vez. El broche se desgasta junto con el hilo, y cambiarlos de paso es lo razonable. Sobre cómo funcionan los distintos tipos de cierre hay un repaso aparte sobre la gargantilla con cierre.

Revisar y sustituir el cierre

Un broche viejo puede aflojarse, dejar de cerrar con seguridad o simplemente perder el aspecto. Un mosquetón con el muelle flojo, una anilla abierta, el baño de oro gastado del cierre son motivo para poner un broche nuevo justo en el reensartado, mientras el hilo está desmontado de todos modos. Un cierre fiable importa tanto como un hilo resistente: el collar se pierde cuando se rompe el hilo y también cuando se desabrocha sin ruido un mal broche.

Elegir el cierre según el peso y el estilo

El cierre se elige según el peso y el carácter del hilo. Un collar pesado de piedra necesita un broche fuerte con cierre seguro, a una perla ligera le va un cierre delicado que no recargue el conjunto. Para la perla se ponen a menudo broches decorativos de bola o cierres con forma, que se convierten en parte de la joya y a veces se llevan por delante. El estilo del cierre es el toque final del hilo reensartado.

Anillas y elementos de transición

Entre el hilo y el cierre van las anillas de unión y las calotas, y también conviene renovarlas en el reensartado. Una anilla abierta o desgastada es el eslabón débil que fallará antes que el hilo. Unas piezas nuevas y pequeñas del mismo metal que el cierre sujetan firme y se ven de una pieza. Una menudencia en la que no se puede ahorrar, porque es justo ella la que sostiene todo el hilo en el cierre.

El metal de las piezas a tono con la joya

El broche, las anillas y las calotas se notan más de lo que parece, así que se eligen a tono con el propio hilo y el conjunto. A la perla plateada y las piedras frías les va la plata o el rodio, a la perla dorada y la piedra cálida les va el oro o el baño de oro. Una mezcla de metales en el cierre canta cuando el collar se gira con el broche por delante, como se lleva a menudo la perla. En el reensartado lo más fácil es reunir todas las piezas del mismo tono y metal de una vez, para que la unión se vea pensada y no casual.

Con qué ensartar cuentas: comparación de hilos
HiloNudosPara quiénResistencia y duración
Hilo de aceroSin nudos, cuentas de aplastarPiedra facetada pesada
Hilo de nailonAguanta, menos que la sedaCuentas diarias y baratas
Seda naturalAguanta un nudo prieto perfectoPerlas y piedra blanda
Hilo elásticoNo aguanta nudosPulsera barata sin cierre

Particularidades de cada tipo de cuenta

El hilo y la técnica dependen de qué ensartas exactamente. La perla blanda, el coral poroso y el ágata dura piden enfoques distintos, y no hay receta universal. Esto es en lo que hay que fijarse en los materiales más frecuentes.

Perla

La perla es el material más exigente. El nácar blando se araña con facilidad, teme los ácidos, el perfume y el sudor, y los agujeros de las perlas son estrechos. La perla se ensarta con nudos entre cuentas obligatoriamente: tanto por protección del roce como por seguro ante la rotura. El hilo se toma blando, seda o nailon fino, y el grosor se ajusta exacto al agujero. Antes de reensartar conviene limpiar la perla; sobre la limpieza de joyas en casa hay un repaso aparte.

Coral

El coral es poroso y relativamente blando, en fragilidad se acerca a la perla. Teme los ácidos, los productos de limpieza y los golpes secos, se decolora con facilidad por el sol y el sudor. El collar de coral también es razonable ensartarlo con nudos, para que las cuentas no choquen entre sí ni se desconchen por los bordes. El hilo para el coral se elige blando y pulcro, y al propio coral se le protege del perfume y del sol para que el color aguante más.

Turquesa y piedras blandas

La turquesa es blanda y porosa, muchas de sus variedades van tratadas para darles resistencia, y teme el agua, los aceites y los ácidos. Las piedras blandas como la turquesa, la malaquita o la amazonita se arañan y desconchan con relativa facilidad, así que a ellas también les vienen bien los nudos separadores y un hilo cuidadoso. La regla principal con las piedras porosas: menos contacto con la cosmética y el agua, y entonces el hilo y las propias cuentas duran más.

Piedras duras

El ágata, el ónice, el jaspe, el cuarzo de roca y demás piedras duras se comportan de otra forma. No temen el roce entre sí y no necesitan nudos para protegerse, pero sus perforaciones afiladas serran sin piedad el hilo blando. La cuenta dura facetada es mejor ensartarla en cable de acero, que no lo corta el borde de la piedra. Los nudos aquí se ponen a voluntad, por estilo y no por conservación. Sobre cómo montar collares de piedra de varias hileras hay una guía de collares de piedras naturales.

Ámbar y materiales orgánicos

El ámbar, el azabache y demás materiales orgánicos son ligeros, cálidos y a la vez frágiles: el ámbar se parte de un golpe y teme el alcohol, el azabache se araña. El poco peso aquí es una ventaja, el hilo bajo material orgánico envejece más despacio que bajo piedra pesada, pero las propias cuentas piden un montaje cuidadoso y un hilo blando sin tirones bruscos. Los nudos entre cuentas de material orgánico se ponen por protección frente a los desconchones, y el hilo y las piezas se eligen sin detalles afilados contra los que la cuenta frágil pueda golpear.

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Almacenamiento para que el hilo dure más

La mitad del desgaste del hilo no es el uso, sino el mal almacenamiento y el contacto con la cosmética. Unos hábitos sencillos doblan el tiempo entre reensartados, y cuestan un minuto al día. Sobre la longitud del hilo y cómo se asientan los distintos formatos en el cuello hay un repaso de la longitud del collar de perlas.

Ponerlo el último, quitarlo el primero

Vieja regla para la perla y las piedras blandas: la joya se pone la última, después del perfume, la laca y la crema, y se quita la primera, antes de lavarte. El perfume, el alcohol y la cosmética destruyen el nácar y el hilo, asentándose en los nudos. Si te acostumbras a este orden, el hilo se mantendrá limpio y elástico mucho más tiempo, y el poso gris en los nudos tardará en aparecer.

Guardarlo en horizontal, no en un gancho

El collar y el hilo de perlas se guardan tumbados en plano, no colgados de un gancho. Colgado, el hilo se estira de forma constante bajo su propio peso y cuelga antes. Lo mejor es dejar el collar en una bolsita blanda o en un joyero forrado de tela, extendido a lo largo sin dobleces ni nudos. A cada hilo su bolsita, para que las cuentas no rocen con las joyas vecinas.

Protegerlo del agua y de la sequedad

La perla y las piedras blandas temen tanto el agua como el resecado. Con las joyas no se nada, ni se friegan platos, ni se duerme, porque el agua y el sudor debilitan el hilo, y el cloro y la sal dañan el nácar. Por otro lado, el aire muy seco de los radiadores y las cajas fuertes vuelve la seda quebradiza. El término medio es la humedad ambiente normal, una bolsita blanda y pasar un paño seco por el hilo después de usarlo. Sobre qué hacer si la joya se ha apagado pese a todo hay una guía de joyas oscurecidas.

Pasar un paño por el hilo tras cada uso

Un minuto de cuidado tras cada uso es lo que más estira el tiempo entre reensartados. Al quitarte el collar, pasa por el hilo y por las cuentas un paño blando seco o algo húmedo, retirando el sudor, la grasa de la piel y la cosmética asentada antes de que se impregnen en la fibra y los nudos. La perla agradece especialmente este hábito: el nácar limpio y el hilo limpio se mantienen frescos más tiempo, y el poso gris en los nudos aparece mucho más tarde. Es un hábito que cuesta menos que cualquier reensartado.

No enrollarlo en mazo ni anudarlo

Un hilo largo no se puede guardar enrollado en un nudo apretado ni en un ovillo: en los dobleces el hilo se quiebra y las cuentas se aprietan unas contra otras en montón. Los collares largos ópera y sautoir se extienden en un lazo holgado o en varios aros amplios sin apretar. La misma lógica en los viajes: el hilo se mete en un estuche blando aparte, en plano, y no se embute en el neceser común, donde se retuerce y se desgasta contra las demás cosas.

Reensartar cuentas: verdades y mitos
Los nudos entre perlas son solo decoración
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El hilo elástico es eterno y no hay que cambiarlo
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Si el hilo se ve intacto, es pronto para cambiarlo
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Un hilo sucio se puede lavar en vez de reensartar
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Todas las cuentas deben ensartarse con nudos entre ellas
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Datos que sorprenden

El reensartado parece una nimiedad aburrida, pero alrededor del hilo de un collar se ha acumulado bastante curiosidad. Unas cuantas cosas que cambian la forma de ver el nudo y el propio hilo.

El nudo se inventó por ahorrar perlas

La costumbre de anudar entre perlas no la fijaron los diseñadores, sino el sentido común y el precio de la perla. En la época en que la perla natural se valoraba a la par de las mejores piedras, perder un collar desperdigado era la ruina. El nudo garantizaba que, al romperse, al suelo cayera una perla y no una fortuna. El recurso de protección nació de la frugalidad, y solo después se convirtió en señal de trabajo de calidad.

La perla envejece el hilo más rápido que la piedra

El hilo de perla se desgasta bastante más rápido que el de piedra, y no es solo por el peso. El nácar está vivo, absorbe y suelta humedad, y esa humedad junto con la grasa de la piel va constantemente al hilo. La cuenta de piedra es inerte, no le cede nada a la fibra. Por eso hilos de aspecto idéntico de perla y de ágata viven tiempos distintos: la perla pide reensartado más a menudo justo por su naturaleza porosa.

La perforación de la cuenta es un cuchillo oculto

Por fuera el agujero de la cuenta parece liso, pero con aumento el borde de la perforación está sembrado de mellas microscópicas, sobre todo en la piedra. Es justo ese borde, y no la edad en sí, lo que desgasta el hilo por dentro. En un collar barato con los bordes de los agujeros desconchados el hilo muere en una temporada, y en una cuenta bien trabajada con el borde rebajado ese mismo hilo dura años. El precio de la cuenta se esconde a menudo justo en la pulcritud del agujero.

Un collar largo de perla anudada es media jornada de trabajo

Un collar largo en formato ópera o sautoir de perla menuda con un nudo después de cada perla son cientos de nudos, y cada uno se ata y se ajusta a mano. El reensartado de ese hilo en un taller no lleva minutos, sino horas de trabajo minucioso. Cuando veas el precio del reensartado anudado a mano de un hilo largo, recuerda que pagas por cientos de nudos iguales, no por un metro de seda.

La calota de concha se inventó para esconder el nudo

La pequeña cazoleta metálica en los extremos del hilo apareció como solución a un problema puramente estético: el nudo desnudo junto al cierre se veía tosco y se desataba. La calota encerró el nudo dentro de una gota brillante y a la vez unió con firmeza el hilo con el broche. Una pieza diminuta, que casi nadie nota, sostiene todo el hilo y determina si la unión se ve barata o cara.

Preguntas frecuentes

¿Cada cuánto hay que reensartar la perla?

La perla que se lleva con regularidad se reensarta una vez cada uno o dos años. La perla que se pone de vez en cuando, unas pocas veces al año, puede aguantar varios años con el mismo hilo. Guíate por el calendario y por la inspección: un hilo gris, estirado o caído es señal de cambio al margen del plazo.

¿Se puede reensartar la perla en casa?

El hilo sencillo de una perla económica se puede reensartar en casa, si te haces con una aguja fina, hilo de seda o nailon, tijeras y pegamento, y no te das prisa. La perla cara, grande, de mar o antigua es mejor dejarla al profesional: ahí hacen falta nudos parejos y un ajuste exacto, y el coste del error es una perla arañada o perdida.

¿Para qué se anudan los nudos entre perlas?

Los nudos resuelven dos cosas. Al romperse el hilo, de ellos se deslizan una o dos perlas, no el collar entero, las demás las retienen sus propios nudos. Y no dejan que el nácar blando roce con la perla vecina, protegiéndolo de marcas y desconchones. Para la perla los nudos son obligatorios, para la piedra dura y la cuenta de cristal es cuestión de estilo.

¿Qué hilo es mejor para reensartar, seda o nailon?

La seda es más blanda, drapea más bonito y mantiene el nudo perfecto, pero se estira y dura poco. El nailon es más resistente, se estira menos y teme menos la humedad, pero aguanta peor el nudo. Para el hilo anudado clásico de perla se suele tomar seda, para el collar de diario y económico es razonable el nailon. La piedra pesada facetada se ensarta en cable de acero.

¿Por qué no se puede ensartar perla en goma?

El hilo elástico se estira con el tiempo, se reseca con la crema y el perfume y un día se rompe sin avisar, desparramando las cuentas. No aguanta los nudos y no protege el nácar del roce. En goma se ensartan solo pulseras baratas que no dan pena reensartar a menudo. La perla y la piedra cara en hilo elástico son un riesgo de perder la joya.

¿Cómo saber que toca cambiar el hilo?

Las señales principales: el hilo se ha vuelto gris u oscuro, entre las cuentas han aparecido huecos, el collar ha caído y queda más abajo que nuevo, un nudo se ha desatado o el hilo se deshilacha junto al cierre. Cualquiera de estas señales basta. Inspecciona el collar de uso frecuente una vez cada medio año, tirando de él por los extremos y mirándolo a contraluz.

¿Cuánto cuesta reensartar un collar en un profesional?

Dar una cifra directa aquí no tiene sentido, depende de la longitud del hilo, el número de nudos y el material. La referencia es esta: reensartar un hilo corto de perla económica sale más o menos como una cena fuera, y un hilo largo anudado de perla menuda, donde se atan cientos de nudos a mano, cuesta bastante más por las horas de trabajo. El cambio de cierre se cuenta aparte.

¿Hay que cambiar el cierre al reensartar?

No es obligatorio, pero es el momento idóneo. Si el broche se ha aflojado, cierra mal o se ha desgastado, poner uno nuevo conviene justo en el reensartado, mientras el hilo está desmontado. De paso se cambian las anillas de unión y las calotas gastadas. Un cierre fiable importa tanto como un hilo resistente, porque el collar se pierde también cuando se desabrocha sin ruido un mal broche.

El collar y el hilo de perlas en Zevira se montan en un hilo resistente con nudos pulcros y un cierre fiable, y cada cuenta se revisa antes del montaje. Si a tu hilo le toca reensartado o estás eligiendo uno nuevo, empieza por el catálogo.

Sobre Zevira

Zevira son joyas hechas para llevar, no para esconder en una caja fuerte. La perla y el collar de piedra los montamos a mano: elegimos el hilo según el peso y el carácter de las cuentas, atamos nudos donde protegen el nácar y ponemos un cierre que sujeta firme y se ve como parte de la joya. Escribimos guías de cuidado, reensartado y almacenamiento porque queremos que la pieza dure años y pase a otras manos, en vez de acabar en un cajón tras la primera rotura del hilo.

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