
Cristal y strass en joyería: por qué el vidrio brilla, y qué pinta el plomo aquí
El brillo del cristal no es magia ni piedra, es plomo. El óxido de plomo dentro del vidrio frena la luz por dentro e intensifica ese juego de facetas que el vidrio corriente sencillamente no tiene. Y el strass brilla, además, porque por debajo lleva un espejito: una lámina finísima bajo el vidrio tallado atrapa la luz y la devuelve hacia el ojo. Nada de misterio, óptica pura.
El cristal y el strass llevan mucho tiempo viviendo su propia vida en la joyería, separada de las piedras preciosas. No fingen ser diamantes en serio ni se avergüenzan de ser vidrio. Los maestros bohemios llevan más de dos siglos tallando este vidrio de tal modo que, de noche, a la luz de velas y lámparas, distinguir el brillo de un strass del de un diamante resulta casi imposible. En eso consistía todo.
Vamos a verlo con honestidad: qué es el cristal de vidrio y en qué se diferencia del vidrio corriente, por qué se confunde una y otra vez con el cristal de roca (que es piedra), cómo se construye un strass, cómo distinguirlo de diamantes y circonitas, cómo se cuida todo esto y por qué el cristal a veces se vuelve mate después del lavavajillas.
Qué es el cristal: vidrio al que se le añadió un metal pesado
El cristal es un vidrio especial, no un material aparte
El cristal es una variedad de vidrio. El vidrio corriente se funde a partir de arena (dióxido de silicio), sosa y cal. Para obtener cristal se añade a esa mezcla un óxido de metal pesado, clásicamente el óxido de plomo. El plomo vuelve el vidrio más denso, más pesado y con mayor capacidad de refractar la luz. El vidrio deja de ser solo transparente y empieza a jugar: en las facetas se encienden chispas iridiscentes que en el vidrio de botella o de ventana no aparecen.
Un detalle importante: químicamente, el cristal no es un cristal mineral. El nombre engaña. Por dentro no tiene una red cristalina ordenada como la de los minerales de verdad. Es una sustancia amorfa, un líquido solidificado, igual que cualquier vidrio. La palabra cristal se le pegó por su belleza y su brillo, por el parecido con el cristal de roca, no por su estructura.
Cuánto plomo convierte un vidrio en cristal
El límite no es arbitrario. Históricamente al vidrio se le llamaba cristal de plomo si contenía una cantidad notable de óxido de plomo. En la tradición europea se consideraba cristal pleno (full lead crystal) el vidrio con un contenido de óxido de plomo del 24 por ciento o superior. Si el plomo es menor, entre un 10 y un 24 por ciento aproximadamente, ya estamos ante un cristal o vidrio plomado de rango inferior. El vidrio con muy poco plomo o sin plomo, con aditivos de otros metales, formalmente no se consideraba cristal según las normas antiguas, aunque pudiera brillar casi igual.
Cuanto más plomo, mayor densidad, más pesa la pieza, más vivo es el refractado y más blando resulta el propio vidrio (se corta y se talla con más facilidad). Por eso las lámparas y copas de cristal caras pesan tanto y deslumbran de ese modo a la luz.
Cristal de bario y otros tipos sin plomo
El plomo es cómodo, pero tóxico, y poco a poco se va dejando atrás. El cristal sin plomo moderno se obtiene sustituyendo el óxido de plomo por óxidos de otros elementos pesados: bario, cinc, potasio, a veces titanio. El cristal de bario da una densidad alta y un buen brillo sin plomo, por eso se usa de buen grado donde importa la seguridad: en vajilla, piezas infantiles, bisutería económica.
En cuanto a brillo, un buen cristal sin plomo apenas le va a la zaga al plomado, sobre todo en joyería, donde las facetas son menudas. La diferencia se nota más en el vidrio de mesa pesado y en las gamas más altas de óptica. Para unos pendientes o un collar, el vidrio de bario funciona de maravilla.
Vidrio tallado, cristal y cristal de roca: la diferencia está en las palabras
En los catálogos una misma pieza puede aparecer con nombres distintos, y eso despista. Vidrio tallado describe el trabajo: vidrio al que se le han dado facetas. Cristal, en bisutería, es el nombre comercial del vidrio tallado y brillante, casi siempre plomado o de bario, y nada tiene que ver con los cristales minerales de verdad. Las tres expresiones describen en el fondo lo mismo en joyería: vidrio transparente de densidad elevada, tallado para que brille. Habrá piedra solo donde se diga con claridad que se trata de un mineral.
En qué se diferencia el cristal del vidrio corriente
Refracción de la luz: de dónde sale el juego de facetas
La diferencia principal no se palpa al tacto, pero el ojo la ve. El metal pesado eleva el índice de refracción del vidrio, es decir, la fuerza con la que el vidrio desvía y frena la luz que lo atraviesa. En el vidrio corriente ese índice ronda el 1,5; en un buen cristal de plomo es bastante mayor. Cuanto más frena el vidrio la luz, con más viveza juega en las facetas y más se descompone en chispas de color.
Por eso el cristal, tallado con multitud de planos pequeños, se enciende al sol y bajo las lámparas, mientras que un vidrio corriente del mismo tamaño se ve apagado y plano. No es cuestión de pureza del material, sino justamente de óptica.
Peso y densidad: el cristal pesa notablemente más
El plomo y el bario son pesados, y el vidrio que los lleva se vuelve más denso. Una cuenta de cristal pesa claramente más que una de vidrio del mismo tamaño. Ese peso suele delatar el material al tacto: coja en la mano un colgante de cristal y otro de vidrio corriente de volumen parecido, y la diferencia se siente al momento. El cristal tiene una pesadez agradable que el subconsciente lee como calidad.
El tañido: por qué el cristal canta
Golpee con la uña una copa de cristal y responderá con un tañido largo y limpio que se prolonga un segundo o más. El vidrio corriente suena corto y sordo. La causa está en la homogeneidad y la densidad del material: un vidrio denso y sin tensiones mantiene la vibración mucho tiempo. Ese sonido cantarín fue durante siglos la prueba casera para reconocer el cristal. En joyería no sirve (la cuenta es demasiado pequeña), pero para la vajilla sigue siendo una comprobación honesta.
Transparencia y limpieza
Un cristal de calidad suele ser más limpio y transparente que el vidrio de gama baja, sin ese matiz verdoso o grisáceo que dan las impurezas de hierro de la arena barata. El buen cristal se funde con materia prima escogida, por eso es incoloro y brilla más. Pero no es regla absoluta: hay vidrio corriente muy limpio y hay cristal teñido. Lo que decide, al final, es la óptica y el peso, no solo la transparencia.
Lleva el símbolo, no solo leas sobre él. Disponibles ahora:
Cristal de vidrio frente a cristal de roca (cuarzo): no confundir
Es la confusión más habitual del tema, y conviene tratarla aparte, porque hablamos de dos cosas completamente distintas que se llaman casi igual.
El cristal de vidrio es vidrio hecho por el hombre
El cristal del que trata este artículo es vidrio. Se funde en el horno a partir de arena con plomo o bario, luego se moldea, se sopla o se prensa y se talla. Es un material fabricado por el hombre, amorfo, sin red cristalina. Su precio es de vidrio y su repetibilidad es total: se puede fabricar un millón de cuentas brillantes idénticas.
El cristal de roca es el mineral cuarzo
El cristal de roca es una piedra natural, la variedad transparente del cuarzo (dióxido de silicio en forma cristalina). Crece en la tierra durante millones de años, tiene una red cristalina ordenada de verdad, prismas hexagonales, inclusiones naturales. No es vidrio. Tiene su propia dureza, su propia estructura, su propia energía en la esoterica. El cuarzo ahumado, la amatista y el citrino son sus parientes de color dentro de la familia del cuarzo.
Cómo distinguir la piedra del vidrio
Unos cuantos indicios prácticos. El cristal de roca natural suele ser más frío al tacto y se mantiene fresco más tiempo, porque conduce mejor el calor; el vidrio se calienta antes en la mano. En la piedra a menudo se ven inclusiones naturales, fisuras tipo velo, a veces burbujas diminutas de forma natural correcta; en el vidrio fundido las burbujas son redondas y están colocadas al azar, y las facetas pueden quedar algo redondeadas por el fuego. El cuarzo es más duro que el vidrio y no se raya con vidrio, sino que es capaz de rayarlo él. Y lo esencial por sentido: el cristal de vidrio se hace tallando para que brille, mientras que el cristal de roca es una piedra por derecho propio, valorada por su origen natural. Si en la descripción de una joya pone cristal sin más, casi siempre se refiere al vidrio; la piedra se suele indicar aparte: cristal de roca natural.
Qué es el strass: vidrio tallado que finge ser diamante
El strass es una imitación de piedra, no una clase de vidrio
El strass es una pequeña piedra de imitación, casi siempre de vidrio tallado (ese mismo cristal), fabricada para brillar como una piedra preciosa. La palabra viene del apellido de un joyero del siglo XVIII que perfeccionó la receta del vidrio plomado brillante para imitar diamantes. Desde entonces, strass es cualquier piedrecita brillante de vidrio o cristal para joyas y adornos.
El strass casi siempre va tallado con multitud de planos, de facetas, igual que un diamante de verdad. La talla no busca la belleza de la forma, sino la óptica: cada faceta refleja y refracta la luz, y cuantas más haya y con más precisión estén dispuestas, con más viveza juega la piedra.
El fondo espejado: el espejo bajo la piedra
El secreto principal del brillo del strass clásico se esconde por debajo. La parte trasera de la piedra se recubre con una capa espejada finísima, una lámina o un pulverizado de metal. Ese fondo trabaja como un espejo: la luz que entró por arriba y llegó al fondo se refleja de vuelta hacia el ojo en lugar de salir de través. Por eso un strass con lámina luce más por dentro que una simple cuenta de vidrio sin fondo.
Este recurso tiene su reverso. La lámina teme el agua y la humedad: si penetra bajo el fondo, el espejito se enturbia, se oscurece a manchas y la piedra pierde el brillo para siempre. Justamente por eso los strass con fondo espejado no se pueden remojar ni lavar de cualquier modo. De esto, con detalle, en el apartado sobre el cuidado.
En qué se diferencia el strass de una cuenta y de un cabujón
Una cuenta es vidrio con un agujero, normalmente liso o con facetas grandes, que se ensarta. Un cabujón es una piedra o un vidrio sin facetas, con la parte de arriba lisa y abombada y la base plana, que se engasta o se pega. El strass es justamente una piedrecita tallada, con facetas afiladas y a menudo con fondo, pensada para brillar. Un mismo cristal puede convertirse en cuenta, en cabujón y en strass; la diferencia está en la forma y el trabajo, no en el material.
Opiniones de clientes
Zevira es una joyería real. Pagos, envíos y agradecimientos de clientes auténticos.
Historia: cómo el vidrio bohemio llegó a ser la capital del brillo
Bohemia: vidrio nacido de los bosques y el cuarzo
La región histórica de Bohemia (la actual Chequia) se convirtió en la capital del vidrio en Europa por motivos nada casuales. Allí coincidió todo lo necesario: arena de cuarzo limpia, bosques extensos para el combustible y potasa de ceniza de leña. Ya en el siglo XVII los maestros bohemios aprendieron a fundir un vidrio potásico duro y claro que se podía cortar y tallar como la piedra. Ese vidrio de Bohemia se hizo célebre por el grabado y la talla sobre un cuerpo transparente y grueso, y se convirtió en competidor del fino vidrio veneciano, que no servía para tallas profundas.
La aparición del strass en el siglo XVIII
El siglo XVIII le dio a Europa la moda de los diamantes, que no alcanzaban para todos. La demanda engendró la solución: aprender a fabricar imitaciones de vidrio que, a la luz de las velas, no se distinguieran de las piedras de verdad. Los maestros mejoraron la receta del vidrio plomado, le añadieron más brillo y se les ocurrió tallarlo y colocarle una lámina por debajo. Así nació el strass como fenómeno, una joya socialmente democrática que brillaba casi como un diamante pero costaba incomparablemente menos. En los bailes, a la luz de las velas, el strass era indistinguible de una joya preciosa, y eso lo hizo enormemente popular.
Gablonz (Jablonec) como capital del strass
En los siglos XIX y XX, el centro de producción de strass y bisutería de vidrio fue la ciudad de Gablonz an der Neisse, en checo Jablonec nad Nisou, al norte de Bohemia. Allí cuajó toda una industria: miles de maestros y talleres fundían vidrio, tallaban piedras, hacían cuentas, botones, broches y herrajes. El nombre vidrio de Gablonz se volvió sinónimo de imitación de vidrio de calidad. Jablonec abastecía de strass y piedras de vidrio al mundo entero: se llevaban a todos los continentes, con ellos se bordaban vestidos, se adornaban sombreros y se fabricaban joyas económicas pero radiantes para millones de personas.
La tradición de la talla y el auge de la bisutería
La fuerza de la escuela checa estaba en la talla. La talla a máquina y a mano de las piedras de vidrio se llevó allí a la perfección: ángulos exactos, facetas limpias, calidad repetible. En el siglo XX eso coincidió con el auge de la bisutería como género propio, joyas que no aspiran a ser preciosas pero juegan con descaro con el color y el brillo. El strass dejó de ser solo una imitación barata del diamante para convertirse en un material expresivo de pleno derecho: de color, vivo, al alcance de cualquiera. Esa tradición sigue viva hoy, y el buen vidrio checo se sigue valorando por la limpieza y la precisión de sus facetas.
Cristal con plomo frente a cristal sin plomo: seguridad y medio ambiente
Por qué se abandona el plomo
El plomo le daba al cristal su magia, pero es un metal pesado y tóxico. El peligro no está en llevar un broche de cristal (a través de la piel el plomo del vidrio prácticamente no penetra), sino en el contacto prolongado con la comida y la bebida. De la vajilla de cristal con plomo este puede migrar poco a poco a las bebidas ácidas que reposan dentro mucho tiempo. Por eso en la vajilla se renuncia al cristal con plomo, y en la fabricación se cuida la salud de quienes respiran el polvo al pulir.
El cristal sin plomo moderno
Hoy la mayor parte del cristal nuevo es sin plomo. El plomo se sustituye por bario, cinc, titanio, óxido de potasio. Ese vidrio es más seguro en el día a día y en la fabricación, y brilla casi igual. Para la joyería resulta especialmente cómodo: el cristal sin plomo da un brillo estupendo, convive tranquilamente con la piel y no plantea dudas de seguridad. Si para usted importa la ecología, busque la indicación sin plomo o cristal de bario.
¿Es peligroso el cristal en las joyas?
En las joyas la inquietud carece casi de objeto. Unos pendientes, un colgante o un broche no entran en contacto con la comida ni reposan mucho tiempo mojados sobre la piel. El plomo de un vidrio denso, en el uso corriente, no se libera en cantidades peligrosas. Los riesgos principales del cristal en joyería son domésticos, no tóxicos: se raya, pesa y teme los golpes. Si aun así está más tranquilo con un vidrio sin plomo, elíjalo, que la bisutería actual lo ofrece de sobra.
Enciende la cámara, elige pendientes, un colgante o un anillo, y verás la pieza sobre ti en tiempo real.
Cambia de modelo con un toque.
Todo se procesa en tu navegador: ninguna foto ni vídeo se sube a ningún sitio.
Cómo se hacen los strass y por qué brillan
La talla: matemática de la luz
El brillo del strass empieza por la geometría. La pieza de vidrio se talla en multitud de facetas planas con ángulos exactos. La parte superior (la corona), con su mesa arriba, recoge y refracta la luz; la parte inferior (el pabellón) converge en cono y trabaja como un sistema de espejos internos. Si los ángulos están bien dispuestos, la luz que entró por arriba se refleja muchas veces dentro de la piedra y vuelve a salir hacia arriba, hacia el ojo, descompuesta por el camino en chispas iridiscentes. Cuanto más precisa es la talla, con más vida juega el strass.
El fondo espejado: amplificador del resplandor
Allí donde la geometría de la talla no basta (por ejemplo, en piedras planas o strass de poca altura) acude en ayuda el fondo espejado. La capa de espejo por debajo impide que la luz salga de través y la devuelve. Es ese fondo el que vuelve tan brillante a un strass plano, cosido a una tela o pegado en un engaste, pese a su forma modesta. Sin el espejito, esa misma piedrecita parecería un vidrio apagado.
Recubrimientos y pulverizados
Sobre la lámina, o en su lugar, a los strass se les aplican recubrimientos metálicos y de óxidos finísimos. Dan efectos de color e iridiscentes de los que hablaremos aparte más abajo. Técnicamente es un nanopulverizado al vacío: sobre la superficie del vidrio se deposita una película fina que juega con el color por interferencia de la luz, como una pompa de jabón o la película de gasolina sobre el agua.
En qué se diferencian los strass de diamantes y circonitas
La dureza: la diferencia principal
El diamante es el material natural más duro, casi nada lo raya. La circonita (óxido de circonio cúbico, circonita cúbica) también es bastante dura y resistente a los arañazos. El strass es vidrio, y el vidrio es blando: se raya con facilidad, las facetas se desgastan con el tiempo y pierden filo, el brillo se apaga. Esa es la primera diferencia y la más fiable. El strass de vidrio vive con intensidad, pero poco en cuanto a brillo; el diamante y la circonita mantienen el resplandor durante años.
Conductividad térmica y el vaho del aliento
El diamante conduce muy bien el calor, por eso en un comprobador específico se comporta de forma distinta a las imitaciones y disipa rápido el calor del dedo. El vidrio y la circonita conducen peor el calor. Variante casera de la prueba: eche el aliento sobre la piedra. El vidrio y muchas imitaciones se empañan y siguen empañadas un par de segundos; el diamante se aclara casi al instante, porque se lleva el calor. La prueba es tosca, pero algo indica.
Juego y brillo a simple vista
El diamante da una mezcla característica de brillo blanco y destellos de color tranquilos. La circonita a menudo juega incluso con más viveza y más arcoíris que el diamante, a veces en exceso. El strass brilla con vida, pero de un modo más de vidrio, más superficial, sin esa profundidad que da el alto índice de refracción del diamante. Sobre la mesa y con luz fuerte la diferencia la ve un ojo entrenado; de lejos y a la luz de las velas, los tres resplandecen parecido, y en eso se apoyó el éxito del strass durante siglos.
Cómo distinguir un strass de un diamante en el día a día
Unos cuantos indicios sencillos. Peso: el diamante, para su tamaño, pesa menos que muchas imitaciones; la circonita pesa más. Facetas: en una piedra de verdad las aristas son afiladas y rectas; en un strass de vidrio suelen quedar algo redondeadas y menos nítidas, y se pueden ver burbujas dentro. Desgaste: en un strass viejo, con lupa, se ven arañazos y facetas gastadas; en un diamante no. Y simple sentido común: si el diamante es grande, llamativo y cuesta lo que una cena en una cafetería, es un strass o una circonita, y no hay nada malo en ello si sabe lo que compra. El tema de las imitaciones del diamante lo trata con detalle el artículo sobre la moissanita y las piedras de laboratorio.
La prueba del periódico y la prueba de la lupa
Dos pruebas caseras que suelen funcionar. Coloque una piedra transparente suelta con la mesa hacia abajo sobre un texto impreso. A través de un diamante bien tallado las letras casi no se pueden leer, la luz se dispersa; a través del vidrio y de muchas imitaciones el texto a menudo se lee o se distinguen las líneas. La segunda prueba es con lupa: busque burbujas internas y facetas redondeadas por el fuego, señal segura de vidrio fundido. La piedra natural puede tener inclusiones, pero no burbujas de aire redondas. Ambas pruebas funcionan mejor en piedras grandes y sueltas, y peor en las menudas engastadas, pero junto con el peso y el sonido dan un cuadro bastante claro.
Colgante navaja CAPAORA de producción artesanal
Una navaja de 40 mm en acero inoxidable con mecanismo plegable real y cierre Palanquilla. Un regalo asequible para recordar.
Un código para lectores del blog:
−10% en tu primer pedido
Auténtico · Garantía del fabricante · Envío desde España
Strass de color y efectos ópticos
Strass transparentes y de color
Los strass los hay incoloros (imitando al diamante) y de color. El color lo dan aditivos de metales directamente en el vidrio: el cobalto da el azul; el cobre y el cromo, el verde; el oro y el selenio, el rojo y el rosa; el manganeso, el violeta. El strass de color no imita al diamante, sino al zafiro, el rubí, la esmeralda, la amatista. Como el color está en el propio vidrio, no se decolora ni se borra, a diferencia de los recubrimientos superficiales.
Aurora boreal (AB): el recubrimiento iridiscente
El efecto más famoso es el recubrimiento Aurora Boreal, que en los catálogos se escribe como AB. Es un pulverizado metálico finísimo que da un tornasol iridiscente, como la aurora boreal, de donde viene el nombre. Un mismo strass con acabado AB, al girarlo, juega ya en rosa, ya en azul, ya en verdoso. El recubrimiento se aplica normalmente sobre la mitad o una parte de la piedra, por eso brilla en muchos colores. Los strass AB se aprecian mucho en el bordado, en los vestidos y en la bisutería de gala por ese tornasol tan vivo.
Camaleón y otros efectos complejos
Además del AB hay recubrimientos más raros: el camaleón (cambia el tono base según la iluminación, de la luz de día a la cálida de la lámpara), tornasoles metalizados y aceitosos, acabados mate satinados. Todos trabajan a base de películas finas sobre la superficie del vidrio. Tienen un único inconveniente: el recubrimiento superficial es más delicado que el propio vidrio, se borra con más facilidad por el roce, la química agresiva y el abrasivo. Por eso los strass con recubrimiento vistoso exigen un cuidado especialmente esmerado.
Efecto ópalo y vidrio mate
Una familia aparte de efectos imita no el brillo, sino un suave resplandor lechoso. El vidrio ópalo o alabastro se hace semitransparente, con una ligera bruma interior, para que luzca con dulzura, como una piedra de luna o un ópalo. El vidrio mate (satinado), al contrario, apaga el brillo seco y da un tono sedoso y tranquilo. Estos efectos los aprecian quienes encuentran el brillo seco del diamante demasiado chillón: un strass lechoso parece más caro y más discreto, más cercano por carácter a una piedra semipreciosa de verdad.
Déjanos tu email y te enviamos el código de descuento. Sin spam, baja en un clic.
El código llega por email, válido en tu primer pedido.
Cuidado: por qué el cristal se vuelve mate y cómo conservarlo
El gran enemigo del cristal es el lavavajillas y la química doméstica
El cristal y el strass no se vuelven mate por viejos, sino por un lavado incorrecto. El agua caliente, los detergentes agresivos y sobre todo el lavavajillas corroen poco a poco la superficie del vidrio y dejan una pátina mate que ya no se quita. Para los strass con lámina es aún peor: el agua penetra bajo el fondo espejado y la piedra se oscurece a manchas para siempre. Por eso las joyas de cristal y los strass nunca se lavan en el lavavajillas, ni se hierven, ni se ponen en remojo.
Perfume, laca y crema
La cosmética es el enemigo número dos. El perfume, la laca, las cremas y los aceites se posan en las facetas formando una película, tapan el relieve de la talla y el brillo se apaga. Los acabados tipo AB pueden deslucirse con los perfumes alcohólicos. La regla de oro: las joyas se ponen las últimas, después del maquillaje, el peinado y el perfume, y se quitan las primeras. Así las facetas se mantienen limpias y el recubrimiento intacto.
Cómo limpiar bien el cristal y el strass
Con cuidado y en seco. Pase por las piedras un paño de microfibra suave, seco o apenas húmedo. Si hace falta llegar más a fondo, use un trapo levemente humedecido con una gota de jabón suave, repase las facetas con cuidado con un bastoncillo de algodón y séquelas enseguida. Nada de remojo, sobre todo en strass pegados y con lámina: el agua bajo el engaste disuelve el pegamento y estropea el fondo. Una limpieza suave en seco después de cada uso es lo que más conserva el brillo. Los principios generales de la limpieza de joyas en casa están reunidos en la guía para limpiar oro y plata en casa.
Temen los golpes y los arañazos
El vidrio es frágil y blando. Un colgante de cristal se quiebra de un golpe contra los azulejos o el lavabo, y las facetas del strass se desgastan con el roce del bolso, las llaves y otras joyas. Guarde el cristal y el strass por separado, en una bolsita suave o en una celdilla, sin amontonarlos con metal y piedras. Quítese las joyas antes del deporte, la limpieza y el sueño. Un buen almacenamiento prolonga la vida del brillo más que cualquier limpieza.
Cómo distinguir el cristal y el strass del plástico corriente
Peso y temperatura
La prueba más rápida es al tacto. El vidrio (cristal) es pesado y fresco, se calienta despacio en la mano y refresca de manera agradable. El plástico es ligero y se vuelve tibio al momento, sin sustancia al tacto. Sostenga la piedra en la palma unos segundos: si se ha quedado fresca y con peso, es vidrio; si se calentó al instante y casi no pesa, es plástico (acrílico, resina).
Facetas, sonido y arañazos
En un strass de vidrio las facetas son afiladas y nítidas, las aristas duras. En el plástico moldeado las facetas suelen ser redondeadas, blandas, con los ángulos como difuminados y a veces con una costura visible del molde. Golpee la piedrecita contra los dientes o con la uña: el vidrio responde con un sonido duro y claro, el plástico con uno sordo. El vidrio no se raya con la uña y no huele; el plástico es más blando y al calentarse puede dar olor químico. Estos indicios juntos casi siempre dan la respuesta correcta.
Formatos: dónde viven el cristal y el strass
Collares, pendientes y broches
El cristal y el strass brillan en las joyas de gala. Collares y pendientes de piedras de cristal talladas dan brillo de noche sin el precio de las joyas preciosas. Los broches con strass son un clásico aparte: estrellas, flores, broches de ramillete enteros formados por piedrecitas talladas menudas sobre metal. Es ese caso en que la viveza y el brillo importan más que la autenticidad de la piedra.
Cuentas de vidrio y hilos de cristal
Las cuentas de cristal talladas (biconos, rondeles, bolitas con facetas) son el caballo de batalla de la bisutería. Con ellas se montan pulseras, hilos, pendientes. Cada cuenta está tallada para atrapar la luz, por eso un hilo de cuentas de cristal chispea con cada movimiento. A su pariente artística, el vidrio de color de Murano, conviene verla en el artículo sobre el vidrio veneciano, que es otro género de vidrio, no una imitación de piedras, sino una belleza de color por derecho propio.
Strass de coser y de pegar
Un gran mundo aparte es el strass para adorno. El strass de coser lleva agujeros o un engaste perforado, y se cose a la tela, a vestidos, bolsos, calzado. El strass de pegar (incluido el termoadhesivo, hotfix) se fija con pegamento o se adhiere con la plancha a través de una capa de termoadhesivo en el reverso. El strass de garras se monta en engastes metálicos con uñas, con los que se arman cadenas de strass y elementos grandes. Este adorno convierte una prenda corriente en una de gala y se usa mucho en ropa, complementos y trabajo artesanal.
A quién y cómo le sienta el cristal y el strass
Cuándo viene a cuento el cristal
El cristal y el strass van de ánimo y de ocasión, no de estatus. Son ideales para la noche, la fiesta, la sesión de fotos, la salida de gala, cuando apetece brillo y juego de luz. De día, en la oficina, unos strass grandes y centelleantes pueden resultar excesivos, mientras que unas cuentas de cristal menudas o unos pendientes de presión discretos con strass funcionan también entre semana. Los strass de color sirven como modo asequible de añadir al conjunto el matiz justo: azul en lugar de zafiro, rojo en lugar de rubí.
Cómo combinarlos
El brillo aprecia la mesura. Si lleva un collar de strass centelleante, los pendientes conviene tomarlos más sobrios, y al revés. El cristal se lleva bien con el metal liso sin piedras propias, que no compite por la atención. Los strass de color se pueden escoger a juego con la ropa o con los ojos. Y recuerde la óptica: el cristal se despliega a la luz, así que los strass más vistosos resérvelos para una noche de lámparas y velas, para lo que se han creado durante siglos.
Envía a un amigo un código de descuento, ahorrará en su primer pedido.
Inconvenientes que conviene conocer con honestidad
Se raya y se vuelve mate
El vidrio es blando. Las facetas del strass se desgastan con el tiempo, aparecen microarañazos y el brillo, por el que todo se montó, se va apagando poco a poco. No es un defecto, es la naturaleza del material. Un uso y un guardado cuidadosos ralentizan el proceso, pero no lo anulan. El cristal es una joya que brilla con intensidad, pero pide cuidado y no es eterna.
El peso de las piezas grandes
El cristal es denso y pesado. Un collar macizo o unos pendientes grandes de piedras de cristal pueden tirar de forma notable. Para llevarlo mucho tiempo, elija joyas más ligeras o de piedras menudas, sobre todo si se trata de pendientes: las piedras pesadas estiran el lóbulo.
El fondo teme el agua
Los strass con lámina y pegados son vulnerables a la humedad. El agua bajo el fondo espejado significa manchas oscuras y pérdida de brillo sin posibilidad de arreglo. Por eso esas joyas no se pueden lavar por inmersión, ni poner en remojo, ni llevar en el agua. Este inconveniente se cura del todo con cuidado, pero no se puede olvidar.
Datos que sorprenden
El cristal canta, y se puede afinar
Ese tañido limpio de la copa de cristal se convirtió en instrumento musical. La armónica de cristal, inventada en el siglo XVIII, y los juegos de copas cantarinas tocan melodías gracias a que el vidrio denso resuena largo y limpio. Cambiando la cantidad de agua de la copa o el tamaño del cuenco, los músicos afinan la altura del sonido. Resulta una sonoridad de una dulzura casi de otro mundo, para la que se escribió música en serio. La raíz de ese canto es la misma que la del brillo: vidrio plomado denso y homogéneo.
El plomo en el vidrio ya se conocía en la Antigüedad
La idea de añadir un metal pesado al vidrio para que brille no es nueva. El vidrio plomado se fundía ya en la Antigüedad, en Mesopotamia y más tarde en el mundo romano, para cuentas, incrustaciones e imitación de piedras preciosas. Los maestros antiguos comprendieron a ojo que el plomo vuelve el vidrio más brillante y más fácil de trabajar, mucho antes de que la química explicara por qué. El cristal moderno es solo una idea muy antigua llevada a la perfección.
La talla checa hizo masivo el brillo
Antes de los maestros checos, el brillo de la piedra tallada era un privilegio de los ricos: tallar sabían unos pocos, y solo piedras preciosas. La talla a máquina del vidrio, puesta a punto en Bohemia y en Jablonec, por primera vez en la historia hizo barata y accesible a cualquiera una piedra tallada y centelleante. Un vestido bordado con miles de strass chispeantes dejó de ser solo cosa de reyes. En el fondo, el vidrio checo democratizó el brillo, y en eso reside su verdadero papel en la historia de la joyería.
Preguntas frecuentes
¿El cristal y el cristal de roca son lo mismo?
No. El cristal (en joyería) es vidrio con plomo o bario, un material hecho por el hombre. El cristal de roca es un mineral natural, la variedad transparente del cuarzo, una piedra de verdad con red cristalina. Los nombres se parecen por una confusión histórica, pero son cosas distintas: vidrio y piedra.
¿El strass es siempre una falsificación de diamantes?
En origen el strass se creó como imitación del diamante, y los strass incoloros funcionan de verdad imitando el brillo del diamante. Pero hoy el strass es un material decorativo por derecho propio: los strass de color imitan zafiros y rubíes, o no imitan nada en absoluto y simplemente dan color y brillo vivos. Es una joya honesta de vidrio, no un engaño.
¿Por qué mis strass se han deslucido y enturbiado?
Casi siempre por el agua, el lavavajillas, el perfume o la crema. La humedad estropea el fondo espejado, la química y el agua caliente corroen la superficie del vidrio, la cosmética tapa las facetas. El cristal enturbiado por el lavado ya no se puede recuperar, así que todo lo decide la prevención: limpieza en seco, nada de remojo, las joyas se ponen las últimas.
¿Se pueden mojar las joyas con strass?
Mejor no, sobre todo si los strass están pegados o llevan lámina. Un contacto breve con el agua en un lavado cuidadoso lo aguantan la mayoría de las cuentas enteramente de vidrio, pero la inmersión, el remojo y el baño con joyas de strass llevan al enturbiamiento y a las manchas oscuras bajo el fondo. Quítese esas joyas antes de la ducha, la piscina y el mar.
¿Cómo distinguir un strass de cristal de uno de plástico?
Por el peso y la temperatura: el vidrio es pesado y fresco, el plástico es ligero y se entibia rápido. Por las facetas: en el vidrio las aristas son afiladas y duras, en el plástico redondeadas y con la costura del molde. Por el sonido: el vidrio suena duro, el plástico responde sordo. Juntos, estos indicios casi no fallan.
¿Es peligroso el cristal con plomo si se lleva sobre la piel?
En las joyas, prácticamente nada. El plomo de un vidrio denso no penetra a través de la piel en cantidades relevantes con el uso corriente. El peligro del cristal con plomo va ligado a la vajilla y al contacto prolongado con la comida, no a unos pendientes o un broche. Si quiere total seguridad, elija cristal de bario sin plomo, que hoy lo hay de sobra.
¿Los strass son más caros o más baratos que las circonitas?
Por lo general los strass son más baratos que las circonitas, porque son solo vidrio tallado, mientras que la circonita es más dura, más resistente a los arañazos y mantiene el brillo más tiempo. El strass es más vivo aquí y ahora y más asequible; la circonita es más duradera. La elección depende del cometido: para un conjunto de gala de una temporada van de maravilla los strass; para una joya de diario que no deba deslucirse, mejor la circonita.
¿Se pueden regalar joyas de cristal en lugar de joyas preciosas?
Por supuesto, si las valora por su brillo y su belleza y no las hace pasar por diamantes. El cristal y el strass fueron durante siglos una joya por derecho propio, con su estética, su color y su juego de luz. No están obligados a fingir ser piedras. A muchos les gustan precisamente por su atrevimiento de color y por una accesibilidad que las joyas preciosas no tienen.
Conclusión
El cristal y el strass son un juego honesto con la luz. Tras su brillo no hay ni magia ni roca preciosa, solo física: metal pesado en el vidrio, talla precisa y un espejito bajo la piedra. A partir de esta idea sencilla, los maestros bohemios crearon toda una cultura que lleva más de dos siglos regalando resplandor sin el precio de los diamantes. Sabiendo cómo está hecho y cómo cuidarlo, obtiene justo aquello que buscaba: brillo de noche, color y carácter, que ni arruinan ni fingen ser lo que no son.
En las colecciones de Zevira hay joyas donde el vidrio y los cristales trabajan el juego de la luz con honestidad y belleza. Elija lo que brille a la medida de su ánimo y su ocasión.
Ver joyasSobre Zevira
Zevira hace joyas que no fingen ser lo que no son. Contamos con honestidad de qué está hecha cada pieza: dónde hay piedra preciosa, dónde cristal, dónde vidrio tallado, y por qué exactamente paga usted. Nos resulta más cercano el brillo que se entiende que el brillo que confunde. Si quiere profundizar en los materiales, eche un vistazo a nuestras guías sobre el esmalte y su cuidado y sobre otros temas en la sección de artículos.













