
Espinela roja: la gema que durante seis siglos se tomó por rubí
La mayor piedra roja de la corona británica se llama Rubí del Príncipe Negro. Pesa unos 170 quilates, ha coronado yelmos y regalias durante seiscientos años y tiene un nombre que resultó ser falso. En el siglo XX los gemólogos zanjaron la cuestión: no es ningún rubí. Es espinela. Y no fue la única. En las cámaras del tesoro de Europa se esconden decenas de famosos "rubíes" que, bien analizados, resultaron ser espinela. Dinastías enteras de reyes lucieron espinela roja convencidos de poseer la piedra roja más rara de la tierra.
La confusión tiene su lógica. La espinela y el rubí se forman en las mismas rocas, comparten casi el mismo color y el mismo brillo cristalino. Hasta finales del siglo XVIII nadie tenía un modo fiable de distinguirlos. Lo que viene a continuación es la historia práctica: en qué se diferencia la espinela del rubí por química y física, de dónde sale, cómo se forma, cómo separar una piedra auténtica del vidrio y cómo cuidarla una vez que la llevas puesta.
Qué es en realidad la espinela roja: química y física
Composición y fórmula
La espinela es un óxido de magnesio y aluminio con la fórmula MgAl₂O₄. En estado puro el mineral es incoloro. El rojo lo aportan trazas de cromo que se alojan en la red cristalina en lugar del aluminio. Cuanto más cromo, más profundo y limpio es el rojo. El hierro empuja el color hacia el marrón y el naranja, de modo que las piedras con mucho hierro se ven más oscuras y "sucias".
Hay una coincidencia curiosa: el cromo es exactamente lo que tiñe de rojo también al rubí. Dos minerales completamente distintos se vuelven rojos por la misma razón, lo que explica en buena parte por qué se confundieron con tanta facilidad.
Estructura cristalina
La espinela cristaliza en el sistema cúbico o isométrico. En la naturaleza sus cristales crecen a menudo como octaedros, cuerpos regulares de ocho caras que parecen dos pirámides unidas por la base. En un buen ejemplar mineral se aprecia a simple vista.
Esa estructura cúbica es la diferencia física clave respecto al rubí, que pertenece al sistema trigonal del corindón. Por eso la espinela es ópticamente isótropa: la luz la atraviesa igual en todas las direcciones, de modo que la piedra carece de doble refracción y de pleocroísmo. El rubí es birrefringente y pleocroico, es decir, su color cambia de matiz al girarlo. De ahí que la espinela brille de manera firme y suave, mientras que el rubí ofrece un juego de luz más agudo y centelleante.
Dureza, densidad y óptica
La espinela está en 8,0 en la escala de Mohs. Es más blanda que el zafiro y el rubí (9,0), pero bastante más dura que la mayoría de piedras de color como el granate, la turmalina y la amatista. Para el uso diario, un 8,0 es excelente: la piedra resiste la tela, el papel y el polvo, y pasa años en un anillo sin perder su pulido.
La densidad de la espinela roja ronda los 3,5 a 3,6 g/cm³. El índice de refracción es único, en torno a 1,71 a 1,73. La dispersión (la descomposición de la luz en el espectro, el llamado "fuego") es moderada, menor que la del diamante, así que la espinela centellea en un registro más tranquilo. Muchas piedras muestran fluorescencia roja o naranja bajo luz ultravioleta, de nuevo gracias al cromo.
Cómo se forma la espinela en la naturaleza
La espinela roja nace en rocas metamórficas a alta temperatura y presión, allí donde la caliza y la dolomía se encuentran con intrusiones calientes y recristalizan en mármol. En un medio rico en magnesio y aluminio pero pobre en sílice, crecen los cristales de espinela. Las condiciones adecuadas se dan a varios kilómetros de profundidad.
Después interviene la geología de superficie. Los movimientos tectónicos elevan la roca, y el agua y la erosión deshacen el mármol blando. Los duros cristales de espinela se lavan y se acumulan en las gravas de los ríos y en placeres aluviales. Por eso, históricamente, la mayoría de las piedras no se extrajeron de pozos sino lavando grava en los cauces de montaña, igual que se busca oro.
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Geografía: de dónde viene la espinela roja
La fuente histórica de la mejor espinela roja es la región de Mogok, en Myanmar (Birmania). Las piedras birmanas se aprecian por un rojo limpio y saturado, sin deriva hacia el marrón: la roca local lleva mucho cromo y poco hierro. Mogok también produce rubíes, y por eso precisamente se confundieron ambos durante tanto tiempo.
Sri Lanka es la segunda gran fuente. La espinela de Ceilán suele ser más clara que la birmana, a veces con un tinte rosado o anaranjado. Sale de las mismas gravas que dan zafiros.
Otro nombre histórico es Badakhshán, región montañosa a caballo entre los actuales Tayikistán y Afganistán. Durante siglos envió grandes piedras rojas que los inventarios medievales llamaban "rubíes balaj" o "lales". Hoy la espinela también se extrae en Tailandia, Vietnam y Tanzania. Los hallazgos tanzanos de las últimas décadas han dado al mercado vivos rosa-rojos neón que los coleccionistas adoptaron enseguida.
En España y en el resto de Europa la espinela roja de calidad joyera no aparece en cantidades dignas de mención, lo que explica en parte por qué las piedras de las coronas hubo que traerlas por las viejas rutas comerciales de Asia.
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Historia: una piedra en coronas y tesoros
Un engaño de seis siglos
Las piedras rojas de Badakhshán recorrían las rutas comerciales de Asia hasta las cortes de Persia, India y Europa. Viajaban junto a rubíes sacados de la misma tierra, y nadie los separaba: para un mercader o un rey era simplemente "una piedra roja de noble linaje". La mayoría de los famosos "rubíes" de las viejas regalias resultan ser, al examinarlos, espinela.
El caso más conocido es el Rubí del Príncipe Negro de la Corona Imperial del Estado. Según la tradición llegó a la corte inglesa en el siglo XIV y pasó de monarca en monarca desde entonces. El análisis moderno demostró que era una gran espinela roja sin tallar. El mismo tesoro guarda el Rubí de Timur, también espinela, grabado con los nombres de los gobernantes por cuyas manos pasó.
La favorita de las cortes asiáticas
Los soberanos mogoles de la India sentían un afecto particular por la gran espinela roja. A menudo hacían grabar en sus piedras el nombre y los títulos del propietario, lo que convertía una joya en una suerte de pasaporte heredado. Las miniaturas de corte muestran a emperadores luciendo enormes piedras rojas, y muchas de ellas eran espinela, no rubí.
Reconocimiento como mineral propio
A finales del siglo XVIII la mineralogía había aprendido a medir las piedras: dureza, densidad, el ángulo en que se desvía la luz. Entonces se reveló que buena parte de los "rubíes" de las colecciones reales eran otro mineral. La espinela obtuvo la categoría de gema por derecho propio, pero fuera de los círculos especializados el saber se propagó despacio. Solo en el siglo XX los museos reescribieron sus etiquetas y los laboratorios gemológicos fijaron criterios claros. La historia de cómo se valora el rubí en joyería y por qué se confundió con la espinela durante tanto tiempo la tratamos aparte.
Tipos y tonos
Grados de color
El color es el parámetro estrella de la espinela roja. El tono más apreciado es un rojo profundo y saturado, sin oscuridad excesiva ni matiz marrón; a veces se le llama sangre de pichón por analogía con los mejores rubíes. Un paso por debajo está el rojo vivo y limpio. Luego vienen los rojo-rosados y rojo-anaranjados: más frecuentes y baratos, aunque a mucha gente le encanta la espinela rosa por su suavidad.
La prueba visual principal es sencilla: una buena piedra brilla desde dentro en lugar de verse apagada. Las piedras demasiado oscuras pierden el juego de luz y con poca luz parecen casi negras.
Conviene conocer la espinela estrellada
Si una piedra encierra agujas paralelas de rutilo, al tallarla en cabujón aparece en la superficie una estrella de luz (asterismo), por lo general de cuatro o seis rayos. Estas espinelas estrelladas son raras y se aprecian por sí mismas. Un primo cercano es el efecto ojo de gato, cuando las inclusiones dan una sola banda de luz móvil.
Cómo distinguir la espinela del rubí y de las falsificaciones
Espinela frente a rubí
A simple vista, la guía más fiable es el carácter del brillo. El rubí desvía la luz con más nitidez, lanza destellos puntuales y brillantes y, por su doble refracción y pleocroísmo, cambia ligeramente de matiz al girarlo. La espinela es ópticamente uniforme: brilla de forma pareja y suave en todo su volumen, sin cambio de tono. El tono de la espinela suele ser algo más cálido, a veces con una profundidad como de uva, mientras que el rubí puede tener un leve tinte azulado.
La certeza plena la dan los instrumentos. El rubí es birrefringente, la espinela monorrefringente, y eso salta al instante en el refractómetro. También difieren en densidad y en las líneas del espectro de absorción. Para una compra cara, pide un informe de laboratorio gemológico.
La espinela y otras piedras rojas
El granate es más blando (en torno a 6,5 a 7,5 Mohs) y tiene un índice de refracción más bajo; un buen granate rojo puede confundirse a la vista con la espinela, aunque es menos duradero. La turmalina roja (rubelita) también es más blanda (alrededor de 7 a 7,5) y suele ser más limpia en el carácter de su brillo; de ella hablamos en nuestro texto sobre la turmalina rubelita como piedra roja. El circón rojo puede ser duro pero es más frágil y se astilla con más facilidad por las aristas.
Falsificaciones y tratamientos
La imitación más común es el vidrio coloreado. Es más blando, se raya, y al trasluz da un color uniforme y sin vida, sin inclusiones naturales; a menudo se ven dentro burbujas de gas redondas. La espinela natural, bajo lupa, muestra pequeñas inclusiones cristalinas y huellas de disolución natural.
Asunto aparte es la espinela sintética. Se cultiva en laboratorio; por composición y estructura es espinela auténtica, solo que hecha por el hombre. Las sintéticas se ven sospechosamente limpias y uniformes, sin los "defectos" de la naturaleza, pero solo un gemólogo con microscopio y refractómetro puede separarlas con seguridad de una piedra natural. Por eso, para algo de más de unos pocos quilates conviene pedir un certificado de laboratorio y rogar al vendedor que te deje examinar la piedra con aumento. Un joyero honrado siempre lo permitirá.
Una piedra que casi nunca se trata
Esta es una propiedad rara e importante de la espinela. La mayoría de las piedras rojas del mostrador han pasado por tratamiento: los rubíes se calientan casi sin excepción para quitar el tinte azulado y disolver inclusiones, los zafiros de fantasía se cuecen, los berilos se impregnan de aceite y resina. La espinela roja se sale de ese patrón: su color le viene del cromo de nacimiento y no mejora con el calor, así que la inmensa mayoría de las espinelas del mercado nunca han visto el calor ni la impregnación. Lo que ves en la piedra es su tono natural y su pureza natural, sin cosmética.
La conclusión práctica es sencilla. Al comprar un rubí hay que averiguar el grado y el tipo de tratamiento, porque influye directamente en el precio y la durabilidad. Con la espinela esa pregunta casi siempre se responde sola: una piedra natural sin tratar es la norma, no un golpe de suerte. Si aun así un vendedor afirma algún tratamiento, es motivo para detenerse y pedir un informe de laboratorio.
Talla, pureza y la "ventana"
La espinela se talla casi siempre en formas clásicas de tabla abierta: oval, cojín, redonda, y menos a menudo en talla esmeralda escalonada. La estructura cúbica no impone direcciones de exfoliación, así que el tallador es libre de elegir proporciones y solo trabaja para sacar de la piedra el máximo de color y brillo.
El defecto principal de talla es la "ventana": si la piedra se corta demasiado plana, aparece en el centro una mancha pálida y transparente a través de la cual se lee el dedo o el engaste, y allí el rojo parece desvanecerse. Una piedra con proporciones correctas brilla de forma pareja por toda la tabla. La prueba es fácil: coloca la piedra sobre un texto impreso y mira desde arriba. Si las letras se transparentan por el centro, la talla ha perdido parte del color.
En cuanto a pureza, la espinela tiene sus propios criterios. Las pequeñas inclusiones le son naturales y no son una condena en sí mismas: confirman el origen natural y apenas se ven sin lupa. Lo crítico es otra cosa: las grietas que llegan a la superficie y las grandes zonas turbias. Las primeras reducen la resistencia y estorban en la limpieza ultrasónica, las segundas ahogan el brillo. Una piedra limpia a la vista con leves inclusiones internas es más práctica y más honesta de precio que una "perfectamente vacía", que suele ser sintética o vidrio.
Cuidado y uso
Dureza y uso diario
La dureza de 8,0 hace de la espinela una de las piedras de color más prácticas. En un anillo, en pendientes o en una pulsera aguanta el uso diario sin problema: el contacto corriente no la raya. Los pendientes y las pulseras son aún más seguros que los anillos, porque chocan menos con superficies duras. Un golpe seco contra una arista podría, en teoría, astillar cualquier piedra, así que conviene quitarse el anillo antes del deporte, del bricolaje, de la limpieza con productos agresivos y del manejo de objetos pesados.
Limpieza
El cuidado es sencillo. Cada par de semanas lava la piedra con agua tibia y una gota de jabón suave, pasa un cepillo de dientes blando por las facetas y bajo el engaste, donde se acumulan grasa y polvo, aclara con agua limpia y seca con un paño sin pelusa. Evita polvos abrasivos, disolventes, acetona y ácidos concentrados, que pueden dañar tanto la piedra como el metal. El baño de ultrasonidos del taller sirve para una limpieza a fondo, siempre que la piedra no tenga grietas grandes.
Conservación
Guarda la pieza aparte de las demás, para que piedras más duras (zafiros, diamantes) no dejen arañazos en las facetas. Sirve una funda blanda o un hueco propio en el joyero. La espinela en sí no se decolora: el rojo lo da el cromo de la red cristalina, y esa coloración es estable e indiferente al tiempo, al sol y a las temperaturas domésticas. Si con el tiempo una piedra se ve apagada, la causa es una película de suciedad y cosméticos, no el mineral; una limpieza normal devuelve el brillo.
Simbolismo: en breve y con honestidad
En muchas tradiciones el rojo se asociaba a la fuerza vital, la pasión y el coraje, y las piedras rojas se llevaban como señal de estatus y determinación, lo que forma parte de la historia de la joyería. En la tradición india la espinela se contaba entre las piedras de naturaleza "ígnea". Tómalo como patrimonio cultural y no como instrucción: no existe efecto probado de la piedra sobre el carácter, la salud, el sueño o la suerte. La espinela se valora ante todo por ser un mineral bello, resistente y raro con un pasado interesante.
Con qué llevar la espinela roja
La espinela roja es siempre el acento de color principal de un conjunto, así que la ropa a su alrededor conviene mantenerla tranquila. Para el día a día basta un anillo fino o unos pendientes de tija con una piedra de uno o dos quilates: animan unos vaqueros con camisa blanca o un punto gris sin discutir con nada más. Para la oficina rige la misma contención: una espinela pequeña en plata u oro blanco se lee como un detalle de buen gusto y no como una declaración de lujo, y queda bien sobre tejidos neutros, lana de traje y algodón fino.
Una salida de noche deja a la piedra desplegarse. Un colgante con una espinela grande sobre un escote abierto, o unos pendientes de gota, piden un buen escote y un tejido liso: los fondos negro, azul marino, granate o esmeralda hacen el rojo más profundo. La seda clara o el satén beige, en cambio, suavizan la piedra y le suman calidez. Para una ocasión especial cae bien un anillo de sello con una espinela más grande, rodeada de pequeños diamantes a los lados.
La espinela se lleva bien con otras joyas si respetas una jerarquía. Una pieza roja vistosa más un par de discretas: una cadena fina, un anillo sin piedra, pequeñas tijas. Varias piezas conviene reunirlas en un mismo metal; el rojo cálido aprecia tanto el oro blanco como el amarillo, este último con un aire de antigüedad. Si llevas varios anillos en una mano, ordénalos de fino a algo más ancho y deja la espinela como protagonista. Combinarla con un zafiro azul frío o con perla blanca resulta caro y meditado. Entre las piedras rojas de rango regio de la misma época que la espinela, también se apreciaba el coral rojo de lujo, leído igualmente como señal de estatus.
Una nota sobre la longitud: un colgante en cadena de 45 centímetros cae a la altura de la clavícula y va con los escotes, mientras que 60 centímetros baja el acento y funciona sobre un vestido liso. La regla principal: un solo acento rojo fuerte a la vez, y la espinela siempre será la protagonista del conjunto.
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Qué comprobar al comprar
La luz decide casi todo. Mira la piedra bajo distintas luces: luz de día junto a una ventana, una lámpara incandescente cálida, un led blanco frío. Una buena piedra mantiene un rojo saturado en las tres y no resbala nunca hacia un pardo apagado. Si revive bajo la lámpara pero se apaga junto a la ventana, el color lo sostenía la luz artificial de la tienda.
Gira la piedra con la tabla hacia la luz e inclínala. La espinela limpia se mantiene uniforme de tono, porque no tiene doble refracción ni pleocroísmo. Si el rojo cambia de matiz de forma apreciable al girarla, lo más probable es que tengas delante un rubí u otra piedra, y eso cambia el precio. Las burbujas de aire en el interior, visibles incluso sin lupa, delatan el vidrio.
Pide una lupa de diez aumentos; cualquier vendedor consciente te la dará. Las inclusiones cristalinas naturales y las huellas de facetas disueltas son buena señal de autenticidad. Una pureza sospechosamente estéril, en cambio, es más propia de una sintética. Examina aparte el filetín y la tabla por si hay desconchados y arañazos: una piedra de dureza 8,0 no debería tenerlos, y si los tiene, se ha caído o se ha guardado mal.
Para una piedra de más de dos o tres quilates, pide un informe de laboratorio. En él mira dos puntos: la naturaleza de la piedra (espinela natural, no sintética) y la nota de tratamiento. En la espinela la línea de tratamiento casi siempre dice "no detectado", y esa es su ventaja honesta. Si el documento registra una mejora, pregunta cuál es y cómo influye en el precio.
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia la espinela roja del rubí a simple vista?
La diferencia principal es el carácter del brillo. El rubí desvía la luz con más nitidez y lanza destellos puntuales y brillantes que parecen estirarse hacia la fuente de luz, y por su doble refracción cambia ligeramente de matiz al girarlo. La espinela es ópticamente uniforme: brilla más suave y pareja, dispersando la luz por todo su volumen, sin cambio de tono. El tono de la espinela suele ser algo más cálido, a veces con una profundidad de uva; el rubí puede tener un leve subtono azulado. Sin instrumento es difícil estar seguro al cien por cien, así que para una compra cara conviene pedir un certificado de laboratorio.
¿Puedo llevar un anillo de espinela roja a diario?
Sí. Su dureza Mohs es 8,0, solo un paso por debajo del zafiro y muy por encima de la mayoría de piedras de color. La tela, el papel y el cuero de un bolso no la rayan. Aun así, conviene quitarse el anillo antes del deporte, del bricolaje, de la limpieza con productos agresivos y del manejo de objetos pesados: un golpe seco contra una arista podría, en teoría, astillar cualquier piedra. Las pulseras y los pendientes son más seguros que los anillos en este sentido.
¿Qué color de espinela roja se considera el más valioso?
El mayor valor recae en un rojo profundo y saturado, sin oscuridad excesiva ni deriva marrón en el tono, que a veces se llama rojo sangre o sangre de pichón. Ese matiz lo dan los yacimientos ricos en cromo y pobres en hierro. Un paso por debajo está el rojo vivo y limpio, sin subtonos extraños. Los rojo-rosados y rojo-anaranjados son más frecuentes y más baratos. La guía principal: la piedra debe brillar desde dentro y no verse apagada ni turbia.
¿Por qué la espinela roja es más asequible que el rubí pese a parecerse?
A calidad comparable, la espinela suele costar bastante menos que el rubí. La razón es la rareza y la reputación: los rubíes finos son mucho más escasos y arrastran siglos de fama como la piedra de los reyes. La espinela es una elección sensata para quien quiere una piedra roja con historia y carácter propio sin pagar la prima de un nombre famoso. Dicho esto, la gran espinela de gama alta puede alcanzar precios muy altos en subasta, así que "piedra barata" no es del todo cierto.
¿Cómo cuido las joyas con espinela roja?
Cada par de semanas lava la piedra con agua tibia y una gota de jabón suave, pasando con cuidado un cepillo de dientes blando por las facetas y bajo el engaste. Aclara con agua limpia y seca con un paño suave sin pelusa. Evita polvos abrasivos, disolventes, acetona y ácidos concentrados. Guarda la pieza aparte de las demás para que las piedras más duras no dejen arañazos. Para una limpieza a fondo sirve un baño de ultrasonidos en el taller.
¿Se apaga la espinela roja con el tiempo?
La espinela en sí no se decolora ni se oscurece. Su rojo es consecuencia del cromo en la red cristalina, y esa coloración es estable e indiferente al tiempo, a la luz solar o a las temperaturas domésticas. Hay piezas de varios siglos que conservan su tono original. La pérdida de brillo no se debe a la piedra sino a una película de suciedad y cosméticos en la superficie, que una limpieza normal retira. Si el brillo no vuelve, la causa son microarañazos en las facetas, y entonces ayuda un pulido en el joyero.
¿Es adecuada la espinela roja para un anillo de pedida?
Sí, tanto por belleza como por practicidad. La dureza 8,0 permite llevarlo a diario, y el rojo saturado se ve expresivo y cálido. El engaste clásico es una espinela central en oro blanco flanqueada por un par de pequeños diamantes, pero un anillo minimalista de plata de ley con una sola piedra queda igual de elegante. Si quieres algo menos previsible que una tradicional piedra incolora, la espinela aporta carácter sin renunciar a la resistencia.
¿Cómo distingo la espinela natural de la sintética o falsa?
Las falsificaciones más burdas son de vidrio coloreado: más blando, propenso a rayarse y, al trasluz, de un color uniforme y sin vida, sin inclusiones naturales, a veces con burbujas de gas redondas. La espinela natural bajo lupa muestra pequeñas inclusiones y huellas de disolución natural, mientras que la sintética se ve sospechosamente perfecta y uniforme. Solo un gemólogo con refractómetro y microscopio puede separar con seguridad una buena sintética de una piedra natural, así que para algo de más de unos pocos quilates conviene pedir un certificado de laboratorio.
¿Qué tamaño de espinela elijo para un anillo?
Para un anillo de mujer, un tamaño equilibrado son unos dos a cuatro quilates: la piedra se ve bien pero no estorba. Demasiado pequeña se pierde en el dedo, demasiado grande puede pesar. Para un sello de hombre la norma son tres a siete quilates, ya que los engastes son más recios. En pendientes basta alrededor de un quilate por piedra. El precio sube de forma no lineal: una piedra grande cuesta más que dos pequeñas del mismo peso total, porque los cristales grandes son más raros.
¿Se puede transmitir la espinela roja como herencia?
Sí, la espinela es muy apta para reliquias de familia. La piedra es estable química y físicamente, no se deteriora con el tiempo y conserva su color a lo largo de los siglos. Si se desea, un engaste antiguo puede cambiarse por uno nuevo, trasladando la misma piedra a una joya moderna, y eso no daña la espinela con un trabajo cuidadoso. Muchas piedras históricas han llegado hasta nosotros precisamente porque pasaron de generación en generación.
Sobre Zevira: joyas con espinela roja
La colección de Zevira incluye piezas con espinela roja: anillos, pendientes, pulseras y colgantes en los que una forma clásica se encuentra con un engaste actual. Trabajamos con espinela natural, eligiendo piedras de tono rojo limpio y buena transparencia.
Hacemos los engastes en plata de ley y oro. La plata y el oro blanco subrayan la pureza fría del rojo, mientras que el oro amarillo presta a la piedra un carácter cálido y algo de antaño. Cada pieza se acompaña de información sobre la piedra y de recomendaciones de cuidado.
Las joyas con espinela quedan igual de bien en un conjunto diario y en una ocasión especial. Gracias a su dureza de 8,0, un anillo con esta piedra aguanta con calma el uso diario, mientras que el color saturado lo convierte en un acento claro sin estridencias.
Espinela roja en el catálogo de Zevira
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