
Ópalo de fuego: química, geología, historia y cómo elegir la piedra
El fuego que en realidad no está ahí
Coge un ópalo de fuego y notarás que reposa frío en la palma, como cualquier otro mineral. Nada de calor. Todo el "fuego" de esta piedra es óptica pura: el cálido tono naranja rojizo nace dentro de la sílice endurecida, no en la superficie. Y a diferencia del rubí o el granate, que deben su color a impurezas cromóforas, el color del ópalo de fuego descansa en diminutas inclusiones de óxidos de hierro repartidas por una masa amorfa y rica en agua.
A partir de aquí, sin esoterismos ni récords de subasta inventados. Veremos de qué está hecha esta piedra, dónde se forma en la tierra, qué hicieron con ella distintas culturas, cómo distinguirla de piedras parecidas y de falsificaciones, y cómo cuidarla para que no se enturbie ni se agriete.
Qué es un ópalo de fuego: composición y física
Sílice amorfa con agua
El ópalo de fuego es una variedad de ópalo noble, un mineraloide de fórmula SiO2·nH2O. La base es el dióxido de silicio, el mismo del cuarzo, pero con una diferencia fundamental: el ópalo no tiene red cristalina. Es una sustancia amorfa cuyas moléculas no se ordenan en una disposición geométrica regular. La gemología lo clasifica como mineraloide y no como mineral en sentido estricto, precisamente por la ausencia de estructura cristalina. El ópalo no tiene sistema cristalino.
La segunda particularidad es el agua. La estructura del ópalo contiene entre un 3 y un 10 por ciento, a veces hasta un 20. El agua queda atrapada entre las esferas de sílice y en los poros. Si se evapora poco a poco, la piedra se enturbia y puede agrietarse. Este fenómeno se llama craquelado, y es la razón de todas las reglas estrictas de conservación a las que volveremos más abajo.
Dureza, densidad, óptica
En la escala de Mohs el ópalo se sitúa entre 5,5 y 6,5. Eso es bastante más blando que el cuarzo (7) y mucho más que el corindón (9). La piedra se raya con facilidad con arena, vidrio y muchas partículas cotidianas, lo cual influye directamente en cómo se puede llevar.
La densidad es baja por los poros y el agua: alrededor de 1,98 a 2,25 g/cm3, normalmente más cerca del extremo bajo en el ópalo de fuego. La piedra resulta ligera para su tamaño.
Óptica:
- El índice de refracción es bajo, aproximadamente de 1,37 a 1,47. En el ópalo de fuego suele estar entre 1,40 y 1,45. Es menor que en la mayoría de las gemas facetadas, y una de las razones por las que el ópalo se faceta con menos frecuencia.
- El ópalo es ópticamente isótropo (sustancia amorfa), por lo que no presenta pleocroísmo.
- La dispersión en el sentido habitual (como en el diamante) tampoco existe en el ópalo; el "juego" se debe a otro mecanismo, la difracción.
De dónde vienen el color y el juego de luz
El ópalo de fuego tiene dos efectos ópticos distintos, y a menudo se confunden.
El primero es el cuerpo mismo de la piedra: un color cálido entre amarillo, naranja y rojo. Lo dan los óxidos e hidróxidos de hierro finamente dispersos en la masa de sílice. Cuantos más hay y más concentrados están, más se acerca el resultado a un rojo saturado.
El segundo es la opalescencia, esa chispa irisada. Aparece cuando las microesferas de sílice se ordenan en capas de tamaño aproximadamente igual (del orden de 150 a 300 nanómetros). Esa red funciona como una red de difracción: la luz, al atravesarla, se descompone en colores del espectro. Es la misma física que en un ópalo arcoíris corriente, solo que el de fuego le añade un fondo cálido procedente del hierro.
Una advertencia importante: no todos los ópalos de fuego muestran un juego irisado vivo. Muchos son simplemente transparentes y anaranjados, sin reflejos, y eso es una variedad normal y plenamente válida, no un defecto.
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Geología: cómo y dónde nace el ópalo de fuego
Cómo se forma en la naturaleza
El ópalo se deposita a partir de disoluciones ricas en sílice a baja temperatura. Las aguas subterráneas e hidrotermales saturadas de sílice se filtran por rocas porosas y cavidades. A medida que se enfrían y evaporan, la sílice precipita, capa a capa, rellenando grietas, las cavidades almendradas de las rocas volcánicas y otros huecos. El proceso es lento y dura miles y millones de años.
Para el ópalo de fuego el entorno volcánico es decisivo. Suele formarse en riolitas y otras rocas volcánicas ácidas: las disoluciones calientes lavan la sílice, mientras que los compuestos de hierro de la roca circundante tiñen la futura piedra en tonos cálidos. Por eso el ópalo de fuego casi siempre está ligado a zonas de vulcanismo joven.
Los yacimientos principales
La fuente clásica y más conocida de ópalo de fuego es México, sobre todo los estados de Querétaro, Hidalgo y Jalisco. El material mexicano se aprecia por su color naranja rojizo limpio y transparente; para la mayoría de los compradores y gemólogos es justo este material el que evoca el nombre "ópalo de fuego".
El ópalo de fuego aparece también en otros países con la geología adecuada:
- Etiopía se ha convertido en las últimas décadas en una fuente importante de ópalo, incluidas variedades de naranja vivo.
- Brasil da un ópalo, por lo general, más pálido y amarillento.
- Estados Unidos (Nevada, Oregón), Australia, Turquía, Kazajistán, Guatemala y Honduras también producen algo de ópalo de fuego, normalmente en menor cantidad.
Australia sigue siendo el principal proveedor de ópalo noble en general, pero su seña de identidad no es el de fuego, sino el ópalo blanco y el ópalo negro con un fuerte juego irisado.
Mexicano y etíope: por qué se comportan como piedras distintas en la mano
Hoy se venden bajo el único nombre de "ópalo de fuego" materiales de dos escuelas muy distintas, y para el comprador la diferencia no es la geografía, sino cómo se comporta la piedra.
El ópalo mexicano es en su mayoría no hidrófano. Es denso, casi no absorbe humedad y resulta estable y previsible. El ópalo etíope de los yacimientos de Welo llegó al mercado de forma masiva después de 2008 y por naturaleza es más a menudo hidrófano, es decir, poroso y ávido de agua.
Un hidrófano se comporta así: si se moja, absorbe el agua despacio, en minutos u horas, y durante ese tiempo cambia de aspecto. Una piedra lechosa se vuelve más transparente, una transparente se enturbia, y el color y el juego se apagan temporalmente. Vuelve a secarse aún más despacio, a veces durante varios días. En sí mismo no es un defecto, pero una gota de perfume, agua jabonosa o crema de manos puede apagar el ópalo durante medio día justo en la mano.
El riesgo serio está en otra parte: al saturarse y secarse de golpe, un hidrófano puede agrietarse. Por eso, al elegir un ópalo etíope conviene preguntar directamente al vendedor si la piedra es hidrófana, y mantenerla más alejada del agua y los cosméticos que un ópalo mexicano. Si lo que valoras es la máxima estabilidad y el mínimo de sorpresas, el material mexicano resulta más tranquilo en este sentido.
La historia de la piedra
La antigua Mesoamérica
El ópalo se conocía en Mesoamérica mucho antes que en Europa. Los hallazgos arqueológicos y las crónicas vinculan la extracción de ópalo con el territorio del actual México, y allí el ópalo se considera todavía la piedra nacional. Las fuentes describen cómo los pueblos locales valoraban las piedras tornasoladas y las usaban en joyas y objetos de culto. Aquí es mejor no inventar nombres ni fechas concretos: lo documentado es la presencia del ópalo en la región, no leyendas detalladas sobre sacerdotes.
Tras la conquista española en el siglo XVI, las gemas mexicanas llegan a Europa, pero el ópalo de fuego sigue siendo durante mucho tiempo una rareza en el mercado europeo; la explotación sistemática de los yacimientos mexicanos se desarrolla más tarde, ya en el siglo XIX.
La Antigüedad y Europa
La palabra misma procede del latín opalus y, más atrás, probablemente del sánscrito upala, "piedra". Los romanos apreciaban mucho el ópalo; se conserva un testimonio escrito que lo sitúa entre las piedras más costosas, junto a las esmeraldas. Eso sí, se refería sobre todo al ópalo noble con juego de luz, y no en concreto al de fuego.
En la Edad Media y después, al ópalo le acompañó una reputación doble: para unos piedra de suerte y de buena vista, para otros presagio de desgracia. El salto de desconfianza supersticiosa suele atribuirse al siglo XIX y a una novela popular que retrataba al ópalo como piedra siniestra; después la moda de los ópalos decayó durante un tiempo. Es un hecho cultural sobre la percepción, no una propiedad del mineral.
Su apogeo en la joyería
El ópalo floreció de verdad en la joyería en el cambio del siglo XIX al XX, en la época del modernismo. Los maestros de esa corriente amaban el juego tornasolado de la luz y las formas cálidas y orgánicas, y el ópalo encajó a la perfección en ese lenguaje.
Tipos y variedades
El ópalo de fuego no es una sola piedra, sino todo un grupo, ordenado por transparencia y color.
Por transparencia
- Transparente ("cristal"). Limpio como el vidrio, con un cuerpo cálido naranja rojizo. El más vistoso para el facetado, y el más valorado cuando el color es vivo.
- Translúcido. Una ligera lechosidad suaviza el color y dispersa la luz con más delicadeza. Una opción frecuente y cómoda para joyería.
- Opaco. Denso, sin que pase la luz, de tono cálido; suele ser el más asequible.
Por color
El cuerpo va del amarillo pálido, pasando por el naranja amielado, hasta un rojo saturado. Cuanto más cerca de un rojo puro sin matiz pardo, más rara y cara es la piedra. Los ópalos amarillos y naranjas no son "peores"; simplemente son más comunes.
Con y sin juego
Una parte de los ópalos de fuego muestra chispas irisadas (opalescencia), otra parte no. Una piedra con cuerpo vivo y, además, juego irisado es la más rara y deseada. Un ópalo naranja transparente y liso sin reflejos es una variedad plenamente válida, que a menudo se faceta para realzar la pureza de su color.
Cómo distinguirlo de piedras parecidas y de falsificaciones
El ópalo de fuego se confunde con facilidad con la hessonita, la espesartina (un granate naranja), el citrino naranja, el cuarzo Madeira o el vidrio. Unas cuantas referencias objetivas.
- Peso en la mano. El ópalo tiene baja densidad y se nota bastante más ligero que los granates y el cuarzo del mismo tamaño.
- Refracción y brillo. El bajo índice de refracción (en torno a 1,40 a 1,45) da un brillo menos "centelleante", más vítreo y resinoso que el del granate o el citrino.
- Dureza. El ópalo es blando (5,5 a 6,5): le salen antes pequeñas rayas y desgastes en las aristas, mientras que el cuarzo y el granate aguantan mejor. No conviene rayar la piedra a propósito, claro; es solo un indicio que advierte un gemólogo.
- Inclusiones y estructura. El ópalo natural suele tener una leve "onda" interna, una falta de homogeneidad apenas perceptible en el cuerpo. Una piedra naranja perfectamente uniforme, sin la menor heterogeneidad, es motivo para mirar con más atención.
- Vidrio y burbujas. En las imitaciones baratas de vidrio se ven con lupa burbujas de gas redondas y, a veces, vetas en remolino; el ópalo natural no las tiene.
- Ópalo sintético. La síntesis se hace desde hace tiempo; se reconoce por el mosaico de chispas demasiado regular, en "piel de lagarto", y por la estructura columnar de los segmentos, visible de lado con aumento.
- Dobletes y tripletes. A veces se pega una fina lámina de ópalo sobre un fondo oscuro y se cubre con cuarzo o vidrio. De lado se ve la junta del pegado, una línea recta y uniforme entre las capas.
Para una compra cara el argumento decisivo es un informe de laboratorio gemológico: fija la naturaleza de la piedra y la existencia de tratamiento. Si un vendedor, en lugar de los parámetros de la piedra, insiste solo en la "energía", es motivo para hacer más preguntas sobre origen, transparencia y tratamiento.
Tratamientos: qué se le hace de verdad al ópalo
El ópalo es poroso, y esa porosidad es una puerta abierta al tratamiento. Un vendedor honesto lo declara, porque del tratamiento dependen tanto la estabilidad de la piedra como el precio. Esto es lo que se encuentra en la práctica.
Impregnación con resina o cera. Los poros del ópalo se rellenan con polímero o aceite para reforzar la piedra y subir su brillo. Es el tratamiento más inofensivo, pero cambia la estabilidad de la piedra y debe declararse.
Ahumado (smoke treatment). El ópalo se envuelve en papel y se calienta: el hollín obstruye los poros y el cuerpo se oscurece. Suele hacerse para convertir un ópalo etíope claro en una imitación de uno oscuro. Con lupa se ven partículas de hollín depositadas en las grietas y los poros.
Tratamiento con azúcar (sugar treatment). La piedra se sumerge en una disolución de azúcar y luego en ácido, y en los poros se deposita carbono oscuro, que oscurece el cuerpo hasta el gris, el pardo o casi el negro. Los indicios son los mismos: partículas y manchas oscuras a lo largo de los poros con aumento.
Teñido. Los poros se rellenan con colorante para lograr un tono vivo. Una prueba casera sencilla para un colorante hidrosoluble: se mete el ópalo en agua a temperatura ambiente toda la noche, y si el agua se tiñe de naranja, el colorante se ha disuelto. El color natural no se comporta así.
La regla principal es sencilla. El ópalo de fuego mexicano natural es cálido y transparente de por sí, sin oscurecimiento. Si te ofrecen algo sospechosamente oscuro, "negro" o de un cuerpo brillante y uniforme de manera poco natural a precio asequible, es motivo para preguntar por el tratamiento y pedir un informe de laboratorio: el ahumado, el azúcar y el colorante se detectan con fiabilidad justo ahí.
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Cuidado: cómo la dureza y el agua dictan las reglas
El ópalo de fuego pide más atención que el corindón o el cuarzo, y la razón es puramente física: es blando y contiene agua.
Cómo llevarlo
Una dureza de 5,5 a 6,5 significa que la piedra se raya y se astilla con más facilidad que muchas gemas. La pieza más vulnerable es un anillo: golpea sin cesar contra mesas, teclados y picaportes. Lo más seguro es un colgante o unos pendientes, que casi no reciben golpes. Si de verdad quieres un anillo, lo sensato es un engaste cerrado o protegido que cubra el filetín, y no llevarlo a diario.
Limpieza
- Solo un paño suave o un cepillo suave, agua templada (no caliente) y, si hace falta, una gota de jabón suave. Aclarar a fondo y secar.
- Nada de limpieza por ultrasonidos ni vapor: la vibración y el calor brusco provocan grietas.
- Nada de productos químicos agresivos, ácidos, álcalis, lejías domésticas ni abrasivos.
- Quítate la pieza antes de limpiar la casa, de la piscina, la ducha, el deporte y de aplicar cosméticos o perfume.
Conservación
Evita cambios bruscos de temperatura y humedad, y la exposición prolongada al sol directo y al calor; todo eso reseca la piedra y amenaza con enturbiarla y craquelarla.
Guárdalo aparte de piedras duras (diamante, zafiro, cuarzo) que la rayarían con facilidad: una bolsita suave o un compartimento separado del joyero.
No le conviene al ópalo una conservación prolongada en un lugar completamente seco y caluroso. Un ambiente de habitación estable es lo que mejor le sienta.
Si el ópalo ya se ha agrietado por dentro, no se puede "curar"; las grietas son irreversibles. Por eso es más fácil no llegar a ese punto.
Simbolismo: en breve y con honestidad
En distintas tradiciones se le han atribuido al ópalo muchos significados: para unos piedra de esperanza y de buena vista, para otros presagio de desgracia, símbolo de mutabilidad y creatividad por su juego de color. Al ópalo de fuego, por su tono cálido, se lo asociaba con la energía, la pasión y el calor.
Todo eso son asociaciones culturales, no propiedades del mineral. No existe ninguna influencia confirmada de la piedra sobre la salud, el ánimo, el sueño, la tensión arterial o el curso de los acontecimientos, y el ópalo ni cura ni "carga" nada. Tiene sentido llevarlo porque es bonito e interesante, no por un efecto que sencillamente no se ha registrado en la piedra. Si te atrae el tema del "fuego óptico" en una piedra más dura y resistente al uso, mira la ágata de fuego, que tiene la misma paleta cálida pero mayor dureza.
Con qué llevar el ópalo de fuego
El ópalo de fuego adora un fondo oscuro. Para el día a día dale una base tranquila: un jersey de cuello alto negro, punto gris, vaqueros oscuros. Sobre ese fondo, los destellos cálidos rojizos y anaranjados se ven desde lejos, y basta un solo colgante en una cadena media para que el conjunto cuaje. Para la oficina funciona la misma lógica, pero más sobria: una camisa color marfil o una americana grafito, unos pendientes de cabujón discretos o un anillo fino. Aquí el ópalo aporta calidez a una paleta fría y profesional sin romper el código de vestimenta.
Una salida de noche es el terreno donde la piedra se revela del todo. Un vestido de un vino profundo, esmeralda o negro, un escote abierto o tirantes finos, y un colgante grande que se posa en el escote. A la luz de las velas y con luz cálida, el ópalo se enciende literalmente. Para una ocasión especial (una boda, un aniversario, una celebración) elige un solo acento más grande y deja el resto en segundo plano: que el fuego de la piedra sea la única nota brillante.
La regla en cuanto al color de la ropa es sencilla: los tonos cálidos de tejido (terracota, óxido, arena) apoyan y refuerzan el ópalo, mientras que los fríos (azul, esmeralda, negro) dan contraste y lo hacen brillar con más fuerza. Entre los tejidos, los mejores compañeros son los mates y con textura: terciopelo, lana, algodón grueso, lino. El raso brillante junto al ópalo compite por la atención.
Combinado con otras joyas, el ópalo prefiere los metales blancos: el oro blanco y la plata dan un aro frío que subraya la calidez de la piedra. Usa el oro amarillo con cautela y solo con ópalos rojos, o los colores se fundirán. Se puede llevar por capas, pero según el principio de "un solo protagonista": el ópalo en una cadena, al lado una cadena fina y lisa sin colgantes, sin una segunda piedra de color. Varios anillos en los dedos también funcionan, siempre que el ópalo quede aparte y los anillos vecinos sean lisos y finos.
Un consejo sobre la longitud: un colgante en una cadena de 45 centímetros se posa en las clavículas para el día, mientras que alargado a 60 centímetros lleva el acento al escote para la noche. Y lo principal: un solo ópalo por conjunto. Esta piedra no tolera la competencia; ella misma es el centro de atención.
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Cómo elegir una piedra de calidad
Al elegir un ópalo de fuego se atiende a varios parámetros objetivos.
- Color. Cuanto más limpio y saturado el tono naranja rojizo, sin turbiedad parda, más valioso. El rojo es el más raro de todos.
- Transparencia. Las piedras transparentes de tipo cristal se valoran por encima de las translúcidas y opacas a igualdad de color.
- Juego de luz. Una opalescencia irisada viva eleva el valor, pero incluso sin ella un ópalo transparente y limpio es estupendo.
- Pureza e integridad. Importa la ausencia de grietas visibles y de cualquier indicio de craquelado incipiente (una red de pequeñas grietas, zonas turbias).
- Talla. Los ópalos transparentes se facetan a menudo por el color y el brillo; los translúcidos y opacos se tallan con más frecuencia en cabujón para recoger la luz y el juego con suavidad.
- Tratamiento. El ópalo puede impregnarse con resinas o aceites y rellenarse en los poros. Eso afecta a la estabilidad y al precio, así que declarar el tratamiento con honestidad es lo normal.
Para piedras de un valor apreciable un informe de laboratorio despeja la mayoría de las dudas: la naturaleza, el origen en lo posible y la existencia de tratamiento.
Tamaño y por qué un ópalo rojo grande es raro
En joyería, un ópalo de fuego mexicano facetado aparece casi siempre en una franja de medio quilate a unos cinco quilates. Hay piedras mayores, y se conocen ejemplares de decenas de quilates, pero eso ya es una rareza, y cada paso hacia arriba en pureza y tamaño estrecha de golpe la elección.
Aquí confluyen varios factores. El material transparente sin inclusiones visibles ya es poco frecuente de por sí, un tono rojo saturado sin turbiedad parda es más raro que el amarillo y el naranja, y la combinación de "grande más transparente más rojo y, encima, con juego irisado" es la cima de la pirámide, que casi nunca se da. Por eso la subida del precio con el tamaño en el ópalo de fuego no es suave: una piedra roja pequeña y limpia puede costar, en proporción, más que una grande pero pálida.
La conclusión práctica para la compra. Si el presupuesto es limitado, es más sensato llevarse una piedra pequeña pero limpia y viva que una grande y turbia: sobre un fondo oscuro, en un colgante o unos pendientes, lo que funciona es la pureza del color, no los milímetros. Y perseguir un ópalo grande "rojo como un rubí" a un precio sospechosamente modesto no merece la pena; lo más habitual es que detrás haya tratamiento o teñido.
Preguntas frecuentes
¿Son lo mismo el ópalo de fuego y el ópalo rojo?
No del todo. El ópalo de fuego es el grupo de ópalos con un cuerpo cálido entre amarillo, naranja y rojo. El ópalo rojo es su variedad más saturada y rara. Todos los ópalos rojos son de fuego, pero no todos los de fuego son rojos.
¿Por qué tiene el ópalo de fuego un color tan cálido?
Por las finísimas inclusiones de óxidos e hidróxidos de hierro en la masa de sílice. Es color del propio cuerpo de la piedra, no el juego irisado de luz, que surge por un mecanismo aparte, la difracción en microesferas ordenadas.
¿Qué dureza tiene y se puede llevar a diario?
La dureza es de 5,5 a 6,5 en Mohs, así que la piedra es relativamente blanda. Para el uso diario lo más seguro es un colgante o unos pendientes, donde recibe pocos golpes. Un anillo conviene llevarlo con cuidado y en un engaste protegido.
¿Por qué puede enturbiarse o agrietarse un ópalo?
En la estructura del ópalo hay agua. Con mucha sequedad, calor y cambios bruscos de temperatura, esa agua se va, y la piedra se enturbia o se cubre de una red de grietas (craquelado). Por eso importan un ambiente estable y la protección frente al sobrecalentamiento.
¿Se puede limpiar el ópalo con ultrasonidos o vapor?
No. La vibración y el calor brusco son peligrosos para el ópalo. Se limpia con un paño o cepillo suave en agua templada, con una gota de jabón suave si hace falta, y luego se aclara y se seca.
¿En qué se diferencia el ópalo de fuego del granate naranja o del citrino?
El ópalo es bastante más ligero (baja densidad), tiene menor índice de refracción y un brillo más suave, resinoso y vítreo, y además es más blando. El granate y el citrino son más densos, más duros y más "centelleantes".
¿Hay falsificaciones y cómo se reconocen?
Sí: vidrio, ópalo sintético, dobletes y tripletes pegados. El vidrio se delata por las burbujas de gas; el sintético, por un mosaico de chispas demasiado regular y una estructura columnar vista de lado; los dobletes, por una línea recta de pegado en el corte lateral. Para una compra cara, lo más fiable es un informe de laboratorio.
¿Dónde se extrae el ópalo de fuego?
El clásico es México (Querétaro, Hidalgo, Jalisco). También Etiopía, Brasil, Estados Unidos, Australia, Turquía y otros países con vulcanismo joven.
¿Es una piedra preciosa o un mineral?
Desde el punto de vista de la mineralogía, el ópalo es un mineraloide: no tiene red cristalina. En sentido joyero, el ópalo noble y el de fuego son gemas plenamente válidas.
¿Se puede reparar un ópalo agrietado?
Las grietas internas y el craquelado son irreversibles; no se puede "pegar" la estructura. Una mella en el filetín a veces se puede suavizar en parte volviendo a tallar, con pérdida de tamaño, pero es más fácil proteger la piedra de antemano.
Plata, oro, alianzas, piezas con símbolo, juegos a juego.
Sobre Zevira
Las joyas Zevira con ópalo de fuego significan una selección de piedras por sus parámetros objetivos y trabajo a mano sobre el engaste. Miramos el color, la transparencia, la pureza y la integridad de la piedra, la comprobamos en busca de grietas y de indicios de craquelado, y solo los ópalos adecuados entran en producción.
El engaste para el ópalo lo hacemos protector y, a la vez, realzador del color: el oro blanco y la plata dan un aro frío sobre el que el cálido cuerpo de la piedra se lee con más fuerza. Así la pieza es a la vez bonita y cuidadosa con una piedra blanda en el uso.












