
Pendientes candelabro y pendientes cascada: pisos de luz junto al rostro
Los pendientes candelabro reciben su nombre del parecido directo con una lámpara de araña de varios pisos, y florecieron en la misma época suntuosa que las propias lámparas de techo, en el siglo XVIII. Varias barras horizontales, de cada una cuelga una hilera de colgantes móviles, y al girar la cabeza toda la estructura se enciende y tiembla de luz. Una sola forma de pendiente, ideada a imagen de un aparato de iluminación.
Candelabro no es cualquier pendiente largo ni cualquier colgante sin más. Candelabro es arquitectura: pisos, ramas, hileras de elementos oscilantes que atrapan la luz desde una decena de puntos a la vez. La cascada funciona de otro modo, se derrama hacia abajo en torrente sin pisos rígidos. La lágrima cuelga de un solo colgante, el botón se asienta en el lóbulo. Candelabro y cascada van de volumen, movimiento y espectáculo junto al rostro.
A continuación veremos en qué se diferencia el candelabro de la cascada, del pendiente colgante y de la borla, de dónde viene el nombre y cómo la forma sobrevivió a las girandolas del barroco, a las bodas indias, al art déco y a la pantalla de Bollywood. Hablaremos de a quién le favorece según la forma del rostro y el cuello, de cómo no forzar el lóbulo con el peso, con qué peinados y escotes llevarlo, para qué ocasiones reservarlo y cómo elegir el par para una novia. Y, por supuesto, un apartado aparte con datos que sorprenden.
Qué son los pendientes candelabro y en qué se diferencian de los cascada, los colgantes y las borlas
La expresión "pendiente colgante" es un concepto genérico amplio. Cabe dentro todo lo que pende por debajo del lóbulo: la lágrima de un solo colgante, la borla de hilos, la cascada y el candelabro. Por eso llamar al candelabro simplemente "colgante" es técnicamente correcto, pero equivale a llamar "árbol" a un roble. El nombre exacto ayuda a entender cómo se comporta la joya junto al rostro y para qué ocasión sirve. El mapa general de todos los tipos de pendientes lo desplegamos en la guía de tipos de pendientes y forma de cara; aquí tratamos solo la rama de pisos y la de cascada.
Pendiente candelabro: arquitectura por pisos
El rasgo principal del candelabro son las barras o arcos horizontales dispuestos por pisos, uno bajo otro, y de cada piso cuelga una hilera de colgantes móviles. El punto superior se fija en el lóbulo, después se abre hacia abajo, y la silueta general resulta triangular o de abanico, estrecha arriba y ancha abajo. Los colgantes oscilan en varios ejes a la vez, así que al mover la cabeza el candelabro tornasolea como una lámpara de techo en una corriente de aire, en lugar de balancearse en silencio en una sola línea.
El tamaño del candelabro es notable. Lo más habitual es que la longitud parta de unos cuarenta milímetros hacia arriba, y el ancho del piso inferior llega a superar al propio lóbulo. Es una joya que se ve de un extremo a otro de la sala, y está creada a propósito para que la noten.
Pendiente cascada: torrente hacia abajo sin pisos
La cascada se construye con otro principio. Aquí no hay barras horizontales rígidas, los elementos se derraman hacia abajo en un flujo libre, como un pequeño salto de agua. La palabra "cascada" significa precisamente eso, una caída escalonada del agua. Cadenas de distinta longitud, una hilera de piedras, hilos de perlas, colgantes que descienden uno tras otro, todo esto crea la sensación de un movimiento que fluye, en vez de una reja por pisos.
La frontera es fina, y en los casos límite un mismo pendiente es a la vez una cosa y la otra. Si en la joya se leen niveles horizontales claros, está más cerca del candelabro. Si los elementos fluyen hacia abajo sin escalones, en una sola estela, es cascada. La cascada suele ser más suave y móvil, el candelabro más fastuoso y geométrico.
En qué se diferencian el candelabro y la cascada de la lágrima y la borla
La lágrima es un solo colgante por debajo del lóbulo, de unos diez a treinta milímetros de largo, con un balanceo mínimo. Discreta, pulcra, de diario. El análisis detallado de esta forma está en el artículo sobre los pendientes de gota. El candelabro se diferencia de la lágrima por sus varios pisos y su fuerte movimiento: donde la lágrima traza una sola línea vertical, el candelabro despliega todo un abanico.
La borla va por su cuenta. Es un manojo de hilos sueltos, cadenas o fibras de seda recogidos en un punto y colgando en una "cola" uniforme. La borla también fluye y se balancea, pero sin pisos y sin abrirse en abanico: es un torrente de hilos iguales que salen de un mismo vértice. La cascada se diferencia de la borla en que en ella los elementos son de distinta longitud y a menudo de distinto tipo, descienden por escalones y no cuelgan en un manojo parejo.
Dónde está la frontera con los pasantes y los jackets
Junto al candelabro y la cascada aparecen a menudo dos formas vecinas fáciles de confundir. El pasante es una cadena fina pasada de lado a lado a través del agujero, de modo que una de sus colas cuelga por delante y la otra por detrás; no tiene pisos ni abanico, solo un hilo libre. El jacket (un pendiente de dos piezas: el botón por delante y un colgante extraíble que se monta en el vástago por detrás del lóbulo) también da un colgante, pero estrictamente con una sola pieza bajo el lóbulo. La cascada se diferencia del pasante en que en ella varios elementos de distinta longitud descienden por escalones, en vez de un solo hilo pasante. Del jacket, la cascada y el candelabro se distinguen por su multiplicidad de elementos y su movimiento: el jacket cuelga un solo colgante pulcro, el candelabro despliega toda una reja.
En resumen: el botón es estático, la lágrima es dinámica con moderación, la cascada fluye, la borla se balancea en manojo, el pasante cuelga de un solo hilo, el jacket cuelga un solo colgante bajo el lóbulo, y el candelabro se despliega por pisos y tornasolea más que ninguno. Esa diferencia es la que decide qué pendiente ponerse y para qué.
De dónde viene el nombre y cómo el candelabro atravesó los siglos
El candelabro es una de esas formas de joya cuyo nombre llega desde un terreno completamente distinto. Al pendiente lo bautizaron en honor a un aparato de iluminación, y no fue por azar: ambas cosas nacieron de una misma idea, atrapar y multiplicar la luz con multitud de colgantes de cristal.
La girandola: la antepasada barroca
El antepasado directo del candelabro es el pendiente girandola, cuyo apogeo se sitúa en los siglos XVII y XVIII. La girandola (palabra francesa que designaba a la vez un molinete de fuegos artificiales y un candelabro ramificado) significaba en joyería un pendiente de esquema estricto: un elemento superior grande, "lazo" o roseta, debajo un eslabón de unión, y abajo tres colgantes, el central más largo y los dos laterales más cortos. Resultaba un abanico simétrico de tres lágrimas, que repetía el contorno de un candelabro de mesa con tres velas.
Las girandolas se llevaron en las cortes de Luis XIV y Luis XV. Se hacían de plata con talla en rosa de diamante, de topacios, de cuarzo de roca, y en una sala nocturna a la luz de las velas centelleaban igual que los candelabros de verdad sobre las mesas. De ahí la lógica: el pendiente imitaba a la fuente de luz que lo iluminaba, y duplicaba su brillo junto al rostro de la mujer.
Oriente: la India y Próximo Oriente
En paralelo al barroco europeo, una riquísima tradición de pendientes por pisos vivía en Oriente. En la India los pendientes colgantes de varios niveles formaban parte del ajuar nupcial y del adorno de templo mucho antes de que Versalles inventara la girandola. Se hacían de oro de alta ley, se ensartaban con perlas, rubíes y esmeraldas, y se completaban con pequeños colgantes que tintineaban al moverse. Parte del peso de tales pendientes se trasladaba a una cadena fina enganchada tras la oreja en el peinado, para que el lóbulo no sufriera, y de ese recurso volveremos a hablar en el apartado sobre el peso.
En Próximo Oriente y el norte de África los pendientes por pisos y en cascada de oro y plata, con colgantes de monedas y turquesa, eran a la vez adorno y dote portátil, un capital que la mujer llevaba consigo. El tintineo de los colgantes al andar se consideraba parte del conjunto, no un efecto secundario.
Art déco: geometría y línea larga
En los años veinte del siglo XX el candelabro vivió un nuevo apogeo con el estilo art déco. Los cortes de pelo a lo garçon y el cuello descubierto de aquella época pedían a gritos una larga vertical junto al rostro, y el pendiente respondió. El art déco dio al candelabro una geometría estricta: pisos escalonados, líneas nítidas, el contraste del destello del diamante con el color profundo de la esmeralda, el zafiro, el ónice y el coral. El platino permitía hacer una reja calada, casi de encaje, que sostenía las piedras sobre finos puentecillos. Era un candelabro rascacielos, vertical, gráfico, fulgurante.
Bollywood y el regreso de la imagen oriental
En el cine de la India los pendientes por pisos y en cascada se convirtieron en la firma visual de la imagen festiva, nupcial y de danza. Los pesados candelabros de oro con perlas y piedras de color, centelleando en plano con cada movimiento de baile, consolidaron para esta forma su estatus de joya de celebración y de escena. La pantalla de Bollywood devolvió la moda del gran candelabro oriental mucho más allá de la India y aún hoy alimenta toda una corriente de estilo festivo.
El regreso al armario actual
Hoy el candelabro y la cascada han vuelto en dos versiones a la vez. La primera es la clásica de noche: un pendiente fastuoso y centelleante para la celebración, la boda, la escena, la salida especial. La segunda es la versión ligera de diario: una cascada ligera de cadenas finas, perlas menudas o cristal de color, que se lleva con vaqueros y el pelo recogido solo por el gusto del movimiento y el brillo. Una forma nacida del candelabro barroco ha llegado tranquilamente a una época en la que en las habitaciones brillan bombillas y el candelabro en las orejas se lleva tanto a una boda como a un paseo.
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A quién le favorecen los pendientes candelabro según la forma del rostro y el tipo de cuello
El pendiente junto al rostro funciona como el marco de un cuadro: marca la dirección de la mirada y discute o concuerda con las líneas naturales. El candelabro y la cascada son formas fuertes y llamativas, así que aquí las reglas se notan con más fuerza que con un botón discreto. La mecánica general de elegir joyas según los rasgos del rostro la analizamos en el artículo sobre joyas por forma de cara; a continuación tratamos solo el pendiente por pisos y en cascada.
Rostro redondo: el candelabro estiliza
Al rostro redondo el candelabro y la cascada le favorecen casi mejor que a ninguno. La forma vertical, que se estrecha hacia abajo, rompe la redondez de las mejillas y añade longitud al rostro, lleva la mirada hacia abajo y estira el óvalo visualmente. Funcionan mejor los candelabros alargados y estrechos, de vertical marcada, que los abanicos anchos. La cascada de cadenas escalonadas también va bien: el torrente hacia abajo afina.
Rostro cuadrado: la cascada suaviza los ángulos
Al rostro cuadrado y rectangular, de mandíbula marcada, le sientan los pendientes con elementos redondeados y fluidos. La cascada de curvas suaves, el candelabro con colgantes ovales o de gota suavizan los ángulos duros de la mandíbula y añaden dulzura. Conviene evitar la geometría dura con ángulos rectos en el propio pendiente, porque subraya la angulosidad del rostro en lugar de equilibrarla.
Rostro de corazón: equilibrio hacia abajo
El rostro de corazón tiene pómulos anchos y mentón estrecho. Aquí va bien el candelabro que se ensancha hacia abajo: el piso inferior ancho añade volumen en la zona del mentón y equilibra la parte de arriba ancha. Resulta un equilibrio visual, el triángulo invertido del rostro se encuentra con el abanico del pendiente que se abre hacia abajo.
Rostro largo y ovalado: cuidado con la longitud
En cambio, con el rostro largo y alargado hay que manejar el candelabro con cuidado. Un pendiente vertical muy largo alarga el óvalo de por sí largo, y el rostro se estira aún más. Si el rostro es largo, conviene un candelabro más corto y ancho, con el acento en el volumen horizontal de los pisos y no en la longitud. Una cascada redondeada y de abanico añade ancho y equilibra la vertical. El rostro ovalado es el que más suerte tiene: le favorece casi cualquier forma, se puede elegir según la ocasión y el ánimo.
Tipo de cuello: la longitud del cuello decide mucho
El cuello no importa menos que la forma del rostro. Un cuello largo y fino le da espacio al candelabro: la joya cuelga con belleza, no tropieza con nada, la longitud se lee con elegancia. Al cuello corto el candelabro muy largo está contraindicado: acorta aún más visualmente la distancia del mentón a los hombros y "se come" el cuello. Al cuello corto le sienta mejor un candelabro compacto que termine por encima de la línea de la mandíbula, o una cascada pulcra de longitud media. La regla principal es sencilla: cuanto más corto el cuello, más arriba debe terminar el pendiente.
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Longitud y peso: comodidad del lóbulo y salud de la oreja
El candelabro es la categoría más pesada entre los pendientes colgantes, así que aquí el peso no es un detalle cosmético, sino una cuestión de salud de la oreja. Un pendiente bonito que en dos horas convierte el lóbulo en un punto ardiente no sirve para ninguna ocasión.
Cómo cambia la longitud la imagen
La longitud del candelabro marca el volumen de la imagen. Un candelabro corto, que termina en la línea de la mandíbula, resulta vistoso pero contenido, se puede llevar incluso de día. Uno medio, hasta la mitad del cuello, ya es un acento de noche marcado. Uno largo, hasta el hombro, es una joya espectáculo de pleno derecho para la escena, la boda, la salida solemne. Cuanto más largo el pendiente, menos debe haber de todo lo demás en la imagen, o el cuadro se sobrecarga.
El peso y el lóbulo estirado
El principal riesgo de un candelabro pesado es el estiramiento del lóbulo. La piel y el tejido del lóbulo son elásticos, pero no de forma ilimitada: el uso constante de pendientes pesados año tras año alarga el agujero, el orificio se estira en ranura y, en casos extremos, el agujero puede rasgarse. Es especialmente vulnerable el lóbulo fino y el agujero viejo y dado de sí.
Varias reglas reducen el riesgo casi a cero. Para el uso de diario elige candelabros ligeros: metal calado, elementos huecos, piedras ligeras como el cristal y el vidrio en lugar de gemas densas. Reserva el candelabro pesado y precioso para veladas concretas, no lo lleves días enteros. Un cierre de palanca bien ajustado es más seguro que un gancho fino: no deja que el pendiente tire del agujero hacia abajo con todo su peso.
Un viejo recurso: trasladar el peso tras la oreja
Los joyeros orientales resolvieron el problema del peso hace siglos. En los pesados pendientes nupciales indios parte de la carga se traslada a una cadena fina o un gancho enganchado tras la oreja y fijado en el peinado o en el pelo. Entonces el lóbulo soporta solo una parte del peso, y el resto lo sostiene el apoyo tras la oreja. Este recurso sigue vivo hoy: muchos candelabros grandes tienen una cadena de soporte adicional. Si piensas llevar un candelabro pesado mucho tiempo, busca un modelo con ese apoyo o de construcción muy ligera.
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Con qué peinados y escotes llevarlos
El candelabro y la cascada son pendientes de contexto. Necesitan espacio y fondo, o todo su brillo de abanico se pierde en el pelo o discute con el cuello de la prenda. La mitad del éxito aquí no está en el propio pendiente, sino en lo que lo rodea.
Pelo recogido y cuello descubierto
El fondo ideal para el candelabro es el pelo recogido hacia arriba o hacia atrás: moño alto, coleta lisa, recogido tipo concha, cualquier peinado que descubra la oreja y el cuello por entero. Entonces el pendiente se ve completo, desde el punto superior hasta el piso inferior, se balancea libremente y rinde al máximo. El pelo suelto esconde el candelabro: los mechones largos tapan los colgantes, se enganchan en ellos, apagan el movimiento. Si llevas el pelo suelto, recógelo al menos por un lado o elige un candelabro más largo, para que el piso inferior salga de debajo del pelo.
Escotes y línea de hombros
El cuello y los hombros descubiertos son el escenario natural del candelabro. Escote barco, palabra de honor, hombros descubiertos, escote profundo, todo esto le da al pendiente un fondo limpio. El cuello alto, el jersey de cuello vuelto, la camisa abrochada hasta arriba discuten con el candelabro: la joya tropieza con la tela, pierde el aire a su alrededor. Si la parte de arriba es cerrada, o renuncias al candelabro a favor de un botón, o eliges una cascada limpia y gráfica sin fasto, que se lea por la línea y no por el volumen.
Cascada y pelo suelto
La cascada se lleva mejor con el pelo suelto que el candelabro fastuoso. Una cascada fina y fluida de cadenas o perlas menudas asoma con belleza entre los mechones, añadiendo movimiento, y no exige por fuerza un peinado recogido. Aquí funciona la elección de la longitud: una cascada cuyo borde inferior baje bien por debajo de la línea del pelo se lee incluso con los rizos sueltos. Si te apetece llevar un pendiente por pisos con el pelo suelto, escoge precisamente una cascada ligera y larga, y deja el candelabro fastuoso de varios pisos para los peinados recogidos.
Cuando el candelabro es solista
Y la regla principal de combinación: el candelabro casi siempre es solista. De cómo equilibrar con él el resto de la imagen hablamos en detalle más abajo, pero en breve es así: junto al candelabro el cuello queda libre o casi libre, y el pelo y el escote trabajan para darle espacio al pendiente, no para quitárselo.
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Para qué ocasiones están creados los pendientes candelabro
El candelabro y la cascada son joyas del momento. Tienen su territorio, donde suenan a la perfección, y hay situaciones en las que sobran. Entender esa frontera ahorra nervios y dinero.
La noche y la salida solemne
La noche es el elemento natural del candelabro. La luz tenue de un restaurante o una sala, las velas, las lámparas, todo eso lo atrapa y lo multiplica el pendiente, como tenía previsto su antepasado el candelabro. En una cena solemne, un estreno, un aniversario, una velada de fin de año, un gran candelabro centelleante junto al rostro queda justo como debe: festivo y llamativo.
La boda y la imagen de la novia
La boda es un tema aparte y grande, y más abajo le dedicamos su apartado. En breve, el candelabro y la cascada son la elección clásica para la novia: dan al rostro un brillo en plano y funcionan con el peinado nupcial recogido.
La imagen oriental y de danza
Para la imagen oriental, india, folclórica o de escena, el gran candelabro por pisos es casi obligado. Aquí forma parte del vestuario: oro, piedras de color, perlas, el tintineo de los colgantes al moverse. La danza, la escena, la fiesta temática, todo eso es territorio donde el candelabro es necesario, no solo oportuno.
La escena y la sesión de fotos
En el escenario y en plano el candelabro funciona como pocas cosas: se lee de lejos, atrapa los focos, tiembla y tornasolea con cada giro de cabeza. Artistas, presentadoras y modelos se ponen el candelabro precisamente por ese brillo lejano y en movimiento.
Dónde sobra el candelabro
Y el reverso: en la oficina, en una reunión de trabajo, en el deporte, en el día a día, un gran candelabro casi siempre es excesivo. Para lo cotidiano están la cascada ligera o el candelabro corto y ligero, pero el clásico pendiente fastuoso de noche queda fuera de lugar en un contexto de trabajo diurno. Es normal, cada forma tiene su escenario.
Materiales y piedras: con qué se arma un candelabro
El candelabro es una forma generosa, sostiene muchos elementos, y de la elección del material dependen el peso, el carácter y la ocasión. Aquí conviene conocer la paleta, para entender qué eliges exactamente.
Filigrana: encaje de metal
La filigrana (técnica en la que el dibujo se compone con hilo fino retorcido y diminutas bolitas de metal, soldándolos en una reja calada) es ideal para el candelabro. Da un aspecto rico, de encaje, con muy poco peso: la joya parece maciza, pero en realidad es casi ingrávida, porque dentro hay aire y no metal macizo. Los candelabros de filigrana en plata y oro son un clásico del estilo joyero mediterráneo, oriental y español, ligero y a la vez vistoso.
Cristal y vidrio: luz por poco dinero
El cristal y el vidrio tallado son la vía más directa para conseguir ese mismo efecto de lámpara de techo. Los colgantes tallados rompen la luz en chispas, dan un destello fuerte y a la vez pesan poco y cuestan poco. El candelabro de cristal es una entrada ligera en la categoría: brillo máximo, peso reducido, el lóbulo no sufre. Si lo que quieres es justo el abanico centelleante para cada fiesta sin invertir en piedras preciosas, el cristal es una elección honesta.
Perla: un resplandor suave
La perla le da al candelabro otro ánimo, no de chispa, sino suave, nacarado, cálido. Una cascada de perlas menudas fluye hacia abajo con una luz tranquila, sin reflejos bruscos. El candelabro de perla resulta más noble y silencioso que el de cristal centelleante, por eso lo eligen a menudo las novias y las amantes de la clásica contenida. Más sobre los tipos y la elección de la perla en la guía completa de perlas. La perla, además, es más ligera que muchas gemas, lo que para un pendiente grande es una ventaja.
Piedras de color: color y profundidad
Las piedras de color le dan al candelabro color y carácter. El verde de la esmeralda, el azul del zafiro, el rojo del rubí y del granate, el cuarzo ahumado y dorado, el vidrio de color, todo esto convierte el pendiente de simplemente centelleante en uno con color, a juego con el atuendo y el ánimo. El art déco construía sus candelabros precisamente sobre el contraste del destello incoloro y el color intenso. Las gemas densas pesan más que el cristal, así que el gran candelabro de color es mejor hacerlo sobre una base calada y ligera.
Esmalte: pintura sobre metal
El esmalte (recubrimiento vítreo que se funde sobre el metal y se cuece, dando una capa de color resistente) le añade al candelabro un aire pictórico. Flores de esmalte, plumas de pavo real, ornamentos orientales en los pisos del pendiente dan un color profundo y uniforme que no se destiñe. El esmalte es especialmente bueno en la imagen oriental y folclórica, donde el candelabro ya está pensado vistoso y abigarrado.
La base: plata, oro y baño de oro
Bajo las piedras y el esmalte el candelabro siempre tiene una base metálica, y de ella dependen el peso, la durabilidad y el precio. La plata es ligera, de un tono noblemente frío, sostiene bien el calado y la filigrana, pero se oscurece con el tiempo y exige un guardado seco y pulido. El oro pesa más, así que el gran candelabro de oro es razonable hacerlo sobre una base calada y no maciza, o el pendiente cogerá peso y cargará el lóbulo. La plata bañada en oro es un término medio: aspecto de oro con el peso y el precio de la plata, solo hay que cuidar el baño del roce y la química agresiva, para que la capa de oro aguante más. Para el uso diario de un candelabro grande, una base ligera y calada de plata o bañada en oro casi siempre es más cómoda que una maciza y fundida.
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Cómo equilibrar la imagen: el candelabro es solista
El principal error con el candelabro es la sobrecarga. El pendiente ya es ruidoso, de abanico, en movimiento, así que la imagen a su alrededor debe apartarse y darle escenario. La ley es una: el candelabro es solista, todo lo demás es acompañamiento.
Lo mínimo en el cuello
Si en las orejas llevas un candelabro, el cuello queda libre o casi libre. Nada de un collar grande: dos objetos centelleantes junto al rostro se pelean por la atención, y pierden los dos. En el mejor caso, en el cuello una cadena fina e imperceptible o, directamente, nada. El cuello descubierto, además, le da al candelabro ese fondo limpio del que hablábamos arriba. Si te apetece mucho un collar, elige un candelabro más sencillo o una cascada más tranquila, y haz el collar fino y silencioso.
Manos sosegadas y maquillaje de ojos contenido
Como el candelabro lleva la mirada al rostro y a las orejas, lo demás conviene atenuarlo. Las pulseras macizas y los anillos grandes en ambas manos se llevan parte de la atención, así que las manos se mantienen sobrias: un anillo, una pulsera fina, nada más. Con el maquillaje funciona el mismo equilibrio: si los pendientes centellean y tornasolean, el acento en los labios o un tono uniforme es más adecuado que un maquillaje de ojos cargado y brillante, o la parte de arriba del rostro se sobrecarga de brillo.
Un solo acento en la imagen
La regla universal de los estilistas funciona también aquí: en la imagen, un solo acento principal. Si has elegido el candelabro, él es ese acento. Vestido de corte sencillo, peinado liso, el mínimo de otras joyas, y el pendiente suena a plena potencia. Un vestido rico y bordado más un gran candelabro más un collar más pulseras ya no es una imagen, es un escaparate.
Pendientes candelabro para la novia
La boda es quizá la principal ocasión para el candelabro de toda una vida, por eso merece un análisis aparte. Aquí se junta todo: la solemnidad del momento, el peinado recogido, la sesión de fotos en primer plano y las ganas de brillar.
Por qué el candelabro le favorece a la novia
El peinado nupcial casi siempre va recogido: moño, rizos hacia arriba, velo, rostro y cuello descubiertos. Es el fondo ideal para el candelabro, el pendiente se ve completo y rinde al máximo. En un plano cercano, un candelabro de perla centelleante o de luz suave le da al rostro un brillo, anima la fotografía, atrapa la luz del flash y de los focos. No en vano el candelabro y la cascada se mantienen en la clásica nupcial desde hace más de un siglo.
Cómo elegirlo según el atuendo y el peinado
Si el vestido es rico, bordado, con abundancia de detalles en el escote, elige un candelabro más sobrio: limpio, no demasiado ancho, para que no discuta con el atuendo. Si el vestido es de corte sencillo y sobrio, puedes permitirte un candelabro fastuoso, será la joya principal de la imagen. Bajo el velo y el pelo recogido sirve casi cualquier longitud, pero comprueba que el piso inferior no se enganche en el velo ni se enrede en él.
El peso en un largo día de boda
El día de la boda es largo: ceremonia, sesión, banquete, baile, horas de pie y con las joyas puestas. Por eso, para la novia el peso del candelabro es doblemente crítico. Mejor elegir un candelabro ligero (filigrana, cristal, perla menuda) o un modelo con cadena de apoyo tras la oreja, que un pendiente bonito pero pesado que para la noche convierta los lóbulos en dos puntos ardientes. Una belleza imposible de llevar hasta el final de la fiesta es mala elección para el día principal.
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Datos que sorprenden
El candelabro tiene siglos de historia a sus espaldas, y esconde más cosas raras y curiosas de lo que parece a primera vista.
Al pendiente lo bautizaron en honor a un aparato de iluminación, y no al revés. Primero aparecieron los candelabros y las lámparas de techo de cristal, que atrapaban y multiplicaban la luz de las velas, y solo después los joyeros hicieron el pendiente a su imagen, para que se encendiera igual junto al rostro en una sala iluminada.
La palabra "girandola", que dio nombre a la antepasada barroca del candelabro, significaba a la vez tres cosas distintas: un candelabro ramificado, un molinete de fuegos artificiales que esparce chispas en círculo, y el propio pendiente. Las tres las unía una sola idea, lanzar luz o chispas en abanico desde un único punto.
Los joyeros orientales resolvieron el problema del pendiente pesado mucho antes que los europeos. Parte del peso del gran candelabro indio se trasladaba a una cadena tras la oreja enganchada en el peinado, y el lóbulo soportaba solo una parte de la carga. Este recurso se ideó hace siglos, y se usa hasta hoy.
El pendiente cascada tomó su nombre del salto de agua. "Cascada" es la caída escalonada del agua, y el pendiente se llama así porque sus elementos se derraman hacia abajo en torrente, por escalones de distinta longitud, repitiendo el movimiento del agua por los peldaños.
En los años veinte del siglo XX la moda del corte de pelo a lo garçon creó literalmente la demanda del candelabro. El cuello descubierto y la oreja al aire pedían una vertical junto al rostro, y el largo candelabro art déco centelleante respondió a esa petición con más exactitud que ninguna otra joya.
Los pendientes pesados eran a la vez adorno y capital. En Próximo Oriente y el norte de África los pendientes por pisos de oro y plata con monedas servían de dote portátil: la mujer llevaba su fortuna consigo, en las orejas y el cuello, y podía disponer de ella por sí misma.
Cuanto más largo tengas el cuello, más largo puede ser el candelabro, y al revés. No es una regla de gusto, sino geometría de proporciones: un pendiente largo en un cuello corto se come visualmente la ya escasa distancia del mentón a los hombros, por eso al cuello corto le favorece un candelabro compacto que termine por encima de la línea de la mandíbula.
Cuidado y guardado: para que el candelabro no se enrede
Un pendiente de varios pisos con una decena de colgantes móviles tiene un problema de marca: se engancha y se enreda. Un candelabro arrojado al joyero común te recibe por la mañana como un ovillo de cadenas trabadas y pisos doblados. Un poco de disciplina en el guardado lo resuelve todo.
Guardar por separado y colgado
La regla principal: guarda cada candelabro aparte de los demás pendientes y, a ser posible, colgado o extendido, para que los pisos y los colgantes no se enreden entre sí ni con las joyas vecinas. Sirve un organizador con ganchos, celdas separadas en el joyero, bolsitas blandas individuales para cada par. Lo importante es que los elementos móviles cuelguen libres y no se entrelacen.
Cuidarlo de tirones y enganches
Al quitarlo y ponerlo, hazlo con cuidado: los colgantes se enganchan con facilidad en el pelo, en la tela, en una bufanda. Un tirón brusco dobla los pisos finos y arranca los eslabones pequeños. Quítate los pendientes lo primero, antes incluso de sacarte por la cabeza el vestido o el jersey, así nada se engancha.
Limpieza según el material
El candelabro se limpia según su material más delicado. El pendiente de perla y de esmalte no se puede dejar en remojo ni frotar con algo duro: solo un paño suave, seco o algo húmedo, sin química agresiva. El metal con piedras talladas se limpia con un cepillo suave y un paño, llegando a los huecos del calado, donde se acumula el polvo. Al candelabro de plata lo salva del oscurecimiento un guardado seco y un pulido periódico con una bayeta suave para plata.
Pensar de antemano el viaje y el bolso
Para el viaje el candelabro se guarda de modo que no baile: en un estuche rígido o una bolsita firme, aparte de las demás joyas. Colgar cada pendiente de un trocito de tela o de un cartón con agujeritos es un método viejo y fiable para llevar el candelabro sin nudos ni dobleces.
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencian los pendientes candelabro de los cascada? El candelabro está construido por pisos: barras horizontales una bajo otra, de cada una cuelga una hilera de colgantes, la silueta se ensancha hacia abajo en abanico. La cascada se derrama hacia abajo en un flujo libre sin pisos rígidos, los elementos descienden por escalones de distinta longitud, como un salto de agua. El candelabro es más fastuoso y geométrico, la cascada más suave y móvil. En el límite, un mismo pendiente es a la vez una cosa y la otra.
¿A quién le favorecen los pendientes candelabro según la forma del rostro? Sobre todo al rostro redondo: la forma vertical que se estrecha estira el óvalo y rompe la redondez de las mejillas. Al rostro cuadrado le sientan los candelabros con elementos redondeados y fluidos, que suavizan los ángulos de la mandíbula. Al rostro de corazón le va bien un candelabro que se ensancha hacia abajo. Al rostro largo y alargado los candelabros muy largos están contraindicados, le sientan mejor los cortos y anchos. Al rostro ovalado le favorece casi cualquier forma.
Los pendientes candelabro son pesados, ¿no estirarán el lóbulo? Con un uso razonable, no. Para lo cotidiano elige candelabros ligeros de metal calado, cristal o perla menuda, y reserva los pesados y preciosos para veladas concretas. Un cierre de palanca firme es más seguro que un gancho fino. Los modelos grandes a veces tienen una cadena de apoyo tras la oreja, que traslada parte del peso desde el lóbulo. El uso constante durante años de pendientes muy pesados sí alarga el agujero, por eso es importante tener en cuenta el peso.
¿Con qué peinado llevar los pendientes candelabro? Con el pelo recogido hacia arriba o hacia atrás: moño alto, coleta lisa, recogido tipo concha, todo lo que descubra la oreja y el cuello. Entonces el pendiente se ve completo y se balancea libremente. El pelo suelto esconde el candelabro y se engancha en los colgantes. Si llevas el pelo suelto, recógelo al menos por un lado o coge un candelabro más largo, para que el piso inferior salga de debajo de los mechones.
¿Con qué escote combinar el candelabro? Con el cuello y los hombros descubiertos: escote barco, palabra de honor, hombros descubiertos, escote profundo. Eso le da al pendiente un fondo limpio. El cuello alto, el jersey de cuello vuelto, la camisa abrochada hasta arriba discuten con el candelabro, que tropieza con la tela y pierde el aire. Con la parte de arriba cerrada, mejor una cascada gráfica de línea o renunciar al candelabro a favor de un botón.
¿Se puede llevar el candelabro con collar? Mejor no. El candelabro ya es un acento ruidoso junto al rostro, un collar grande al lado le quita atención, y pierden las dos joyas. Bajo el candelabro el cuello se deja libre o con una cadena fina e imperceptible. Si el collar es obligado, elige un candelabro más sencillo o una cascada tranquila, y haz el collar fino y silencioso.
¿Les sientan los pendientes candelabro a la novia? Sí, es la elección nupcial clásica. El peinado de boda recogido descubre la oreja y le da al candelabro el fondo ideal, y en un plano cercano el pendiente añade brillo al rostro. Con un vestido rico se coge un candelabro más sobrio, con uno sencillo se puede uno fastuoso. Lo principal es elegir un modelo ligero o con apoyo tras la oreja, porque el día de la boda es largo y un pendiente pesado fatigará los lóbulos para la noche.
¿Cómo guardar los pendientes candelabro para que no se enreden? Cada par aparte de las demás joyas y colgado o extendido, para que los pisos y los colgantes no se traben. Sirve un organizador con ganchos, celdas separadas o bolsitas blandas para cada pendiente. Quítate el candelabro antes de sacarte la ropa por la cabeza, para que los colgantes no se enganchen en nada, y no des tirones bruscos, los pisos finos se doblan con facilidad.
Pendientes que atrapan la luz
En el catálogo de Zevira hay candelabros fastuosos de noche para la celebración y cascadas ligeras de diario. Elige el par según tu forma de cara, la ocasión y el peinado, y deja que la luz trabaje junto al rostro.
Elegir pendientes candelabroSobre Zevira
Zevira son joyas en las que la forma y el sentido importan más que la etiqueta. Hacemos pendientes, colgantes, anillos y pulseras de modo que tras cada pieza haya una historia, un material con carácter y un ajuste pensado sobre el cuerpo. Los pendientes candelabro y cascada de nuestro catálogo están reunidos con el mismo principio: desde la fastuosa clásica de noche hasta el flujo ligero de diario, con un peso honesto, cierres fiables y materiales agradables de llevar mucho tiempo.
Si no sabes por dónde empezar, mira los análisis vecinos: guía de tipos de pendientes y forma de cara, pendientes de gota y pendientes de aro. Y cuando te apetezca brillo junto al rostro, el candelabro y la cascada ya esperan.
















